Sexta carta: es posible el viaje familiar en confinamiento

Admirados, admiradas estudiantes, padres y madres de familia.

Tal como lo anuncié (aquí pueden acceder a la quinta carta), la sexta carta también se ocupa de las condiciones que caracterizan el viaje familiar en tiempos de pandemia en dos situaciones específicas a saber:

1.     Ya les pasó a otras personas, aprendamos de ellas.

La sabiduría está en aprender de la experiencia de los demás

Adagio popular

reza un adagio popular. En China murieron miles de personas y gracias a las autopsias que los médicos hicieron a los muertos se logró conocer qué daños causaba el Coronavid -19 y en qué partes del cuerpo. Igualmente estudiaron todo el proceso desde que ingresa al cuerpo hasta que mata a la persona y con base en ese conocimiento es que nos han indicado qué hacer. Como leerán más adelante, el virus entra en contacto con la célula, hace que ella lea algo y repita aquello que lee y, además, que le copie muchas veces, y finalmente se destruya por lo que ha leído y repetido.

Hasta ahora no hay una vacuna como la hubo para la viruela, el sarampión, la rubeola, la influenza, entre otras enfermedades, pero está el remedio más barato que es la prevención con los cuidados enunciados. Sin vacuna y sin cuidados la mortalidad parece incontrolable, pero sin vacunas y con cuidados coexistiremos con los virus controlando la mortalidad y la morbilidad.

Las autopsias de los médicos también nos advierten que las personas más débiles ante el virus son los ancianos, aunque las y los más jóvenes no están fuera de riesgo. Por esa razón se requiere cuidar de manera especial a las personas mayores de 60 años, pero esto no quiere decir que haya personas de otros grupos poblacionales exentas, pues es el sistema inmune es el juez definitivo en el nivel de riesgo. 

2.     Esta no es la primera ni será la última vez que habrá pandemia o epidemias. 

La viruela, el sarampión, el tifo, la peste, la rubeola, la tuberculosis, la influenza, el SIDA y el cáncer (Sontag, 2003), el dengue, el Ébola, la malaria, la fiebre amarilla, el insomnio y la peste del olvido en Macondo (Ospina, 2001), la locura de la venganza, la ignorancia de nosotros  mismos que nos hace incapaces de resistir a la dependencia, a la depredación y al saqueo y otras enfermedades que han atacado a la humanidad… y la humanidad sigue su rumbo, no se ha dejado destruir. El mundo ya ha pasado por esto y lo ha sobrellevado, la ciencias de la salud han avanzado e incluso han eliminado algunas de la faz de la tierra, como la viruela de la cual pueden compartir relatos los abuelos.    

Cierro esta carta coligiendo que hasta acá nuestro equipaje está bien aforado con trajes que nos dan protección de las inclemencias del viaje, a lucir sentimientos, inteligencia, emociones y capacidades, a airear nuestras emociones negativas para desintoxicarnos y seguir adelante en el viaje familiar en tiempos de pandemia.

En adelante los contenidos de las cartas se ocuparán del acercamiento de ustedes: estudiantes y padres de familia con experiencias narradas en textos literarios como Cien años de soledad, La peste, el Ensayo sobre la ceguera, el Decamerón, entre otros, porque de lo que se trata es que comprendamos el por qué son tan potentes las pandemias y el cómo salir de ellas sin pagar altos costos económicos, sociales y sobre todo en vidas humanas.    

Hasta pronto chicas y chicos.

Aquí pueden acceder a la séptima carta

Recuerden consultar: 

Ospina, W. (2001). Colombia en el planeta. (Imprenta departamental de Antioquia, Ed.), Gobernación de Antioquia. Medellín.

Sontag, S. (2003). La enfermedad y sus metáforas. El sida y sus metáforas. (S. L. Suma de Letras, Ed.). Madrid España.

Quinta carta: La cuarentena es inevitable, el sufrimiento es opcional. El Covid-19 es evitable

Queridos estudiantes, madres y padres de familia

En las cartas anteriores ya se hice alusión a determinadas características del viaje y a la motivación para realizar la travesía. En esta nueva epístola y en la sexta los emplazo a que miremos algunas condiciones que caracterizan el viaje familiar en tiempos de pandemia.

  1. La situación es grave, pero tiene solución. Lo primero que debemos tener en cuenta chicas, chicos, madres y padres de familia es que estamos pasando por una situación calamitosa, dura de resolver, dolorosa y muy fuerte, pero que pese a la gravedad tiene solución. La pregunta que hay que responder, parafraseando a Michael Serres, es ¿dónde estamos? antes de decidir ¿adónde ir?
  2. ¿Dónde estamos? La respuesta es elemental: Estamos en la casa reunidos todos: hijas, hijos, madre, padre, hermanos, abuelos, tíos, mascotas. Es la primera vez que nos ha tocado estar en casa aislados de los vecinos con tal de salvaguardar la vida de ellos, de nosotros y de muchas personas. Hasta hace unos días la noche nos juntaba, la comida nos hermanaba, pero hoy nos juntamos y nos hermanamos las 24 horas del día, los 7 días de la semana y si aplicamos el remedio que, como nos lo dicen hasta el cansancio, está en nuestras manos, pronto volveremos a abrazarnos, a jugar, a mercar, a saludarnos con las palmas de la mano, a conversar frente a frente sin tapabocas y a reponernos de las consecuencias de este aislamiento social.
  3. ¡Sabemos cuál es el mal y cuál es el remedio! Si sabemos que lo mejor para calmar la sed es el agua, pues tomamos agua. Si sabemos que el fuego quema, pues no metemos las manos al fuego. Es una ventaja enorme saber cuál es la enfermedad y también cuál es el remedio. No siempre las personas saben qué enfermedad tienen y menos cómo curarla. Si un animal se fractura una extremidad está condenado a morir por desangre, por infección o porque algún depredador se aprovecha de su inmovilidad para atacarlo y devorarlo. El ser humano es el único que sabe que existen enfermedades y sabe cómo tratarlas.

Los animales no saben que la muerte existe ni siquiera saben que viven, nosotros sí. El ser humano es el único ser que sabe que va a morir. “El conocimiento de la muerte es la condición absoluta del conocimiento de la vida” (Zuleta, 1996), por eso valoramos la vida y nos da miedo morir. La planta de café no tiene movimiento propio como los animales ni como el ser humano, de tal modo que si le llega a caer la roya la destruye, pero como el agricultor es quien cultiva y se beneficia de ella entonces la salva de morir.

Si el ser humano salva animales y plantas de morir ¿Por qué no salva a sus hijos, a sus padres y a sus vecinos con unas exigencias tan sencillas y nada costosas como bañarse las manos, toser sobre el codo, tomar agua tibia, hidratarse, no llevar las manos a la cara, porque el virus ingresa por las membranas de los ojos, la nariz y la boca? Si no supiéramos eso pues nos contaminaríamos rápido como sucedió con la nominada Peste española o con otras epidemias. Este es el remedio individual, pero también está el remedio colectivo: reitero, aislarnos socialmente de todas las personas durante varios días hasta que el virus vaya desapareciendo. Esa es la llamada cuarentena que no es más que un tiempo de cuidado y autoprotección. No es la trinchera para atacar a un enemigo inexistente, ni para ganar una batalla imaginaria, es el tiempo para impedirle ser buenos huéspedes a esa molécula que al ingresar a nuestro organismo entra en contacto con la célula, hace que ella lea algo y repita aquello que lee y, además, que le copie muchas veces, y finalmente se destruya por lo que ha leído y repetido. el Coronavirus

¡Chao pescados!

Nota. Recuerden consultar los siguientes libros para ampliar el contenido de la carta:

Zuleta, E. (1996). Lógica y crítica. Lecciones de filosofía. (U. del Valle, Ed.). Calí.

Zuleta, E. (1997). La Educación un Campo de Combate. (Fundación Estanislao Zuleta, Ed.). Cali.