Historia de un león que no glorifica al cazador. Pt. 2.

Historia de un león que no glorifica al cazador: de la escuela rural a la escuela urbana de varones.

De la escuela rural a la escuela urbana de varones

La escuela de el batán, año 1964

El ingreso a la escuela era a los 7 años, edad en la que según los eruditos del sentido común, empezaba “el uso de razón”. La vereda que me vio nacer tenía una profesora para tres cursos, un tablero de madera color negro, tiza, almohadilla, un salón amplio hecho en adobe, con techo de caña brava, pañetado con muñiga de caballo y tierra y pintado con cal. El piso era de listón, ventanas de vidrio y una sola puerta de madera. Los alrededores estaban demarcados con árboles de eucaliptus, una cerca de piedra y el camino real. No había preescolar ni en el campo ni en el casco urbano.

Mis compañeros de primero vestían pantalones de dril de variados colores y con múltiples remiendos, alpargatas de tela, botas de caucho, camisa de manga larga y franela de bayetilla, terciaban su ruana y lucían el sombrero de paja o de pasta, para proteger la cabeza del sol y del aguacero. Las niñas siempre cubrían su cuerpo con falda y blusa, algunas usaban la ropa de las hermanas mayores. Calzaban sus píes con alpargatas o con zapatos de caucho, de su cabeza, también cubierta con un sombreo, adornado con plumas de gallineta y pavo real, descendían los moños tejidos en forma de crineja por las mamás, colgaban en su espalda o en el hombro el carriel con los útiles escolares, que no eran otra cosa que un cuaderno Cardenal de 100 hojas, el lápiz, los colores, la cartilla Charry y el catecismo…Pero no todos poseían los útiles ni todos calzaban sus píes, hubo quienes concurrían descalzos y prácticamente con el mismo traje de lunes hasta el sábado al medio día, cuando terminaba la semana escolar.

Rostro actual de la escuela. Inicialmente (1960) contó con la construcción que se ve al fondo.

Los de segundo y tercero vestían de manera análoga. Las clases iniciaban a las 8 de la mañana, hora en la que la profesora hacía sonar un cacho de res. Todos sabíamos que el sonido era la voz de la normalista rural, quien se paraba en un mojón de arena en la cabecera del corredor grande, para dar esa orden militar que todavía se oye en los patios de algunos colegios: “a discreción, atención, firmes”. Cada curso organizaba una fila india alternando niños y niñas. Ahí, todos firmes entonábamos el himno Nacional… en seguida a discreción, tarareábamos la oración matutina: “Esclarece la Aurora del bello cielo…” y, para completar, se rezaba el rosario, finiquitando con la persignación.

Culminada la ceremonia inaugural, se llevaba a cabo el ingreso al aula, un salón cuyo aseo era hecho al finalizar el día, por los alumnos, de acuerdo con el orden de lista, ayudados con ramas de hayuelo…Dentro del salón nos esperaban unas bancas de madera, largas y altas en las que acomodaba la profesora entre 6 y 8 niños. Generalmente la primera clase para los 18 niños de primero era de matemáticas, la profesora pasaba por los puestos y con un lápiz rojo imprimía un chulito en la hoja, luego explicaba el tema en el tablero y copiaba ejercicios para que los desarrolláramos, mientras ella dictaba las clases en segundo y tercero. El niño que iba terminando los ejercicios corría a donde estaba la educadora, para que le revisara y le diera el veredicto. Si todo estaba bien, el niño sacaba la cartilla Charry y se ponía a leer la lección que correspondía para ese día y a pasar los dibujos al único cuaderno que cargábamos en la chácara de fique, urdida en el telar de Don Sagrario.

A las 10 era el recreo. Todos presurosos desfilábamos a la finca de Don Polo, a refrescar los Tunacones con la urea expelida por los orines de los niños varones. Para las niñas y para quienes no querían que sus glúteos fuesen acariciados por las bajas temperaturas del aire andino, hacían fila para ingresar a una letrina o al pozo séptico. Cumplido este ritual retornábamos al patio sin cementar y cada niño sacaba del bolsillo el avío o la merienda, que en algunos casos era un mendrugo de arepa derivado de los granos de trigo Pelirroja Pardito o Colnariño, trillaos en la era de la casa, un bollo de mazorca, en otros, un pedazo de panela con una boruga de queso, había quienes llevaban harina de maíz tostado; no faltaba el niño que cargaba en un frasquito una porción de guarapo y lo ingería a escondidas, bajo su gabán de lana.

Las fronteras de la escuela.

Las medias nueves y las onces eran compartidas junto con cuentos y noticias del vecindario. La ingesta no demoraba mucho, porque el tiempo se prefería para jugar al Soldado libertador, las pichas, al botellón, al trompo, a la coca, al yoyo y quienes no portaban esos juguetes o no querían participar en los juegos de carreas, entonces trepaban en los árboles del entorno,  accedían a construir carros con piedras, palos, tusas y a recrearse con ellos en las carretas ingeniadas por los mismos estudiantes. No faltaban quienes siguiendo el ejemplo de los adultos, organizaban equipos de tejo, bolo y turra, apostando una cerveza dulce, imitando a los mayores.

 

 

Fisionomía actual de la escuela.

Media hora después volvía a sonar el cuerno para revelar el ingreso al salón. Casi siempre después del descanso un curso se quedaba en Educación Física, con el esposo de la profesora, un hombre que dedicaba el tiempo a cuidarla y en ocasiones cazaba palomas y torcazas con una carabina de cartucho. Entre tanto, la maestra del programa de enseñanza extractaba los temas para los grados restantes y colocaba al niño “más adelantado” de cada curso, a dictar, mientras que ella iba a la cocina a prender el fogón de leña y colocar el arroz para el almuerzo…llegadas las 11 AM, todos encumbrábamos las ruanas y los sombreros, nos santiguábamos y partíamos presurosos a la casa a recibir el almuerzo, preparado por la mamá, los abuelos, hermanas o vecinos.

A la 1 PM sonaba otra vez el cacho divulgando la continuidad de las clases… Generalmente uno, luego de caminar entre 30 y 60 minutos de la casa a la escuela, llegaba sudado y muy entusiasmado, entraba al salón a recibir las clases de sociales y de Ciencias Naturales. La profesora explicaba el tema y nos ponía a copiar con el lápiz y a dibujar en el cuaderno con colores. El lapicero solamente se usaba del grado segundo en adelante. A las 3 tañía el cuerno para el segundo recreo con características muy afines al de la mañana…a las 5 PM, luego de copiar las tareas venía el rezo y la largada para la casa, lugar donde los padres esperaban a los escuelantes para ir a ordeñar, recoger agua del aljibe, apiñar leña, asegurar el ganado, cenar y escuchar en el canto de la abuela, junto al fogón, el rosario emitido por la radio Sutatenza.

El examen para ingresar a segundo en la escuela urbana de varones      

…Recuerdo que los niños del campo, para poder ingresar a la única escuela urbana del pueblo, debíamos presentar un examen oral. Los jurados eran el jefe de grupo del municipio, el sacerdote, el alcalde, el gerente de la Caja Agraria, el médico, el personero municipal y algunas señoras y señores de familias prestantes, generalmente dueños de tiendas, devotos de  la legión de María y militantes asiduos del “glorioso” partido conservador. Ellos escuchaban con atención y cada uno hacía sus propias preguntas relativas a la historia del municipio, geografía, urbanidad de Carreño, catecismo Astete y contenidos propios del curso…la profesora sentía mucho miedo, porque lo que estaba en juego era su reputación, por eso insistía hasta el cansancio en memorizar y cuando algo se le olvidaba al examinado, ella trataba de darle pistas con señas y palabras, para que uno respondiera. Las coplas, los cuentos de la región y las adivinanzas eran muy aplaudidas…

Acá funcionaba la  escuela urbana de varones.

Aprobada la curiosa prueba, ingreso a segundo con la profesora Tulia, una señora viuda, proveniente del municipio de Socha, con una voz de soprano y muy rigurosa. Siempre mantenía sobre la mesa un florero con azucenas y brisa, el cuaderno de la lista y unos libros. Sobresalían las varas de pino y el yugo de madera con el cual se hacía efectiva la sentencia lancasteriana de castigar a los niños desaplicados e indisciplinados. De manera parecida a la escuela rural, las clases de matemáticas estaban en la mañana y las tareas eran tomadas por la profesora desde su silla de madera, estando ella sentada… Solamente se levantaba para castigar a quien “no daba ni atrás ni adelante” o a quien estaba distraído o atrasado en copiar.

Todos los días calificaba las tareas y los ejercicios… con el lapicero rojo registraba las notas de las previas menores de 3 y con azul las que iban de 3 a 5… Así eran consignadas en la libreta de jarabe Padrax, para que las leyeran los padres de familia sin tanta dificultad. La maestra dedicaba la mayor parte del tiempo a dictar de unos cuadernos forrados con papel a cuadros. También se valía de los niños más aptos para dictar, destacando la colocación de la ortografía con color rojo… para mitigar el cansancio de la mano y para romper la monotonía, sin alterar el orden, uno expresaba cosas como: “con quien pasamos hoja”, “quién me presta el tajalápiz”, “con quién jugamos palo libertado”, hasta que la profesora, dejaba de comer frutas en el escritorio para gritar: “silencio… silencio, ya no más…si siguen así los dejo sin recreo”…

En ese año me fue muy bien, obtuve el segundo puesto…mi abuelo, con quien yo viví desde los 6 meses, volvió a matricularme en los demás cursos hasta que culminé la primaria, conquistando una beca… los profesores de 4 y 5 eran los únicos hombres, uno de ellos compositor y escritor. La Sativeña (canción) y el libro: Destino histórico de un Pueblo son dos de sus magnas obras. El libro escrito por el profesor Parra, era una guía para aprender Historia, Geografía y cultura sativeña. Par el examen de 1º a 2º nadie podía ignorar versos aprendidos de ahí: “De las ciencias de hoy en día/bellas, cultas e importantes,/ como en las piedras diamantes,/ descuella la Geografía…Una ciencia del programa/que este alumno reclama/ por lo instructiva y lo bella./ Y repito que descuella/y es de las ciencias soporte/ y no hay nada que más me importe/en esta culta nación/que poder dar yo razón/de este gran Sativanorte”.

Para el aprendizaje de las veredas y sus características todos los niños recitábamos versos como los siguientes: Comiendo por ser vecinos,/ ya la verdura o la fruta,/ encontramos campesinos/ de El Hato y Baracuta…Si quieres clima caliente/ o buscas agua termal/debes ir directamente/ a la vereda El Datal. De la señorita Chava, otra brillante maestra-poetiza aprendimos las 15 estrofas en las que plasmó la tragedia del deslizamiento del legendario Sátiva, en 1933: “/…/Entre tanto los muertos asombrados/ al abrirse colérica la tierra,/ deajron ver sus cráneos maltratados/ y yertos cual la nieve de la sierra…De los jardines las mejores flores/sus corolas dolientes doblegaban/al ver que su fragancia y sus colores/para siempre las grietas sepultaban…”

Pero no nos enseñaban apenas aquello que los profesores ingeniaban, había lugar para personajes que deambulaban por la población viviendo de la caridad, como María Tuturuta, Domingo Muchillas y El Balaguera. De ellos aprendimos versos como: “Quisiera pero no puedo/hacer mi casa en el aire/para no servir de estorbo/y no molestar a nadie. En la puerta de un molino/me puse a considerar,/ las vueltas que ha dado el mundo/ y las que tiene que dar…calla y no llores así/que me duele la amargura/ calla mujer que la pena/ con aguardiente se cura…Mi suegra porque me quiere/ me ha regalado un rosario/ y yo con mi suegra tengo/corona, cruz y calvario…”

Lástima que no podamos seguir evocando esas rimas con las que esas inmortales maestras y maestros, sin poseer formación universitaria, incluso ni normalista, nos encantaron con sus producciones. Los versos para enseñar los meses, la ortografía y la Expedición Botánica, por ejemplo, son composiciones olvidadas hoy por el avasallador mundo del consumo y por el empuje de la alienación cultural…Antes de volver a relacionar a los profesores de 4o y 5º, liquido mi repertorio con El Soneto a la Morcilla: “En el negro platón yo te imagino/ con el cuero sutil que te reviste;/ nadie, al olerte, tentación resiste/ de morderte con hambre de canino…Sé que tu pobre padre fue un cochino/ que tus entrañas son de pura papa,/ tus dos ombligos con fique te tapan/ y que morir fritada es tu destino…Al percibir tu deliciosa aroma/un chorro de saliva al labio asoma/ que sin querer, se escurre silencioso./Cuánto no diera por comerte ahora/morcilla morenita y tentadora,/bocado de marrano silencioso”…

Casa donde pasó la segunda infancia el autor de este relato.

…El compañero de formula de nuestro maestro escritor, músico, compositor y cantautor, era un desertor de la Escuela Militar de Cadetes, músico, jugador de billar y amigo del Tiro al Pichón…su fuerte era “sacarnos la leche” mediante la milicia, las cuclillas, el trote, el balón sexto y preparar revistas gimnásticas para las efemérides patrias, para las fiestas reales y los Tedeum…Ese hombre de ojos verdes, con voz de mando y discursos elocuentes, es artificie de mi amor por la historia, la Geografía y la escritura… Los horarios en la escuela urbana eran los mismos de la rural, asunto que exigía de los muchachos del campo más tiempo para llegar a clase…el tramo a recorrer requería en promedio una hora.  Las niñas tenían su propia sede, muy cercana a la nuestra, pero  nadie podía pasar de un lado al otro, porque era castigado bañándolo con agua fría en el patio…de las veredas no había niñas en la escuela urbana.

Escuela urbana de señoritas, hoy colegio del Rosario.

…Por esa época no se hablaba de capacitación a los profesores, cada uno con lo que sabía y apoyados en sus cuadernos de apuntes y en los programas de Enseñanza primaria y secundaria, impuestos para cada grado por el MEN, publicados por la editorial Bedout. El programa en sí lo estructuraban los contenidos, los procedimientos y las actividades. Las áreas de estudio fueron: Educación Religiosa y Moral, Castellano, Matemáticas, Estudios Sociales, Ciencias Naturales, Educación Estética y Manual, Educación Física…El total de días de clase era de 198, incluyendo 36 sábados, con tres horas, los otros días los profesores laboraban 6 horas, para un total de 1080…para el curso 5 femenino, la maestra debía tomar la mitad del tiempo determinado, para enseñar Puericultura y Educación Hogareña.

Los supervisores de primaria de la SEPB visitaban a los profesores en las escuelas y en los cursos, les revisaban los libros y en cada salón examinaban, al azar, a los niños con preguntas sobre los contenidos de las materias curriculares…Había asuetos a mitad de año, en Semana Santa, a finales de noviembre, todo diciembre y  enero, el año escolar empezaba en febrero…Las aulas de la escuela urbana tenían techo de guadua, piso de madera, paredes de ladrillo, tableros grandes de madera, material didáctico, sobretodo mapas y láminas, cancha múltiple…algunas personas vendían enseres perecederos como limonada, ponche, melcochas, ariquipe, empanadas, morcilla, envueltos, jalea y roscones. En varias ocasiones, a la hora del recreo las profesoras repartían leche Klin en polvo, sobre las manos de los educandos.

José Israel González Blanco.

La escuela: Una llama vacilante en los Cerros de Usaquén y de Macondo.

 La escuela: una llama vacilante en los Cerros de Usaquén y de Macondo.

La llama de la transformación del Agustín Fernández.

En el relato acerca de las Cápsulas de la Convivencia hice la alusión a un personaje de la historia de Colombia llamado Desquite. Él fue un mortal que no eligió la violencia sino que la violencia lo escogió a él, un aliado de la muerte, un hombre que nunca fue a la escuela, y a quien un poeta nadaísta le hizo una elegía, en la que de modo hipotético expresa: si Desquite hubiese tenido las mismas posibilidades de Gonzalo Arango, seguramente su tumba no estaría cavada en una montaña, sino que su cuerpo rugiría en los paraninfos, haciéndonos comprender, con sus poesías, que la mano que maneja la pluma vale tanto como la que conduce el arado. Pero no, Desquite escribió en los corazones de algunos colombianos versos de dolor con el esferográfico de las armas, por falta de oportunidades. Cuenta la historia, que en el filo del puñal se leía: “Esta es mi vida”. (Arango, 1958)

Bueno, ¿Y que relación tiene Desquite con nuestras escuelas?

La llama prometedora de Usaquén

Pues sencillo, que en Los Cerros de Usaque, hoy convertidos en noticia nacional e internacional por la violencia y la muerte, hay miles de niños, adolescentes y jóvenes carentes de oportunidades para hacer valer su pluma. Prácticamente la única oportunidad es la Educación Básica y Media, en los colegios estatales, con serias falencias en calidad, dotación, cobertura, sentido, autonomía y reconocimiento.

Es un modelo de escuela que pende de políticas extranjeras, que ha heredado la huella homogenizante, normalizadora, que sigue siendo excluyente, muy desatendida por los gobernantes y vilipendiada por la sociedad; no obstante, es una de las pocas esperanzas que tienen la infancia y la adolescencia de los Cerros y del país. Es, evocando a Cortázar (1963) en la Rayuela: La luz de la paz del mundo.

En el libro: Culturas para la Paz, compilado por Suzy Bermúdez (1995, 305), Matilde Ocampo, hace más de tres lustros, recomendaba: “La escuela debe estar más centrada en el reconocimiento que en el conocimiento…la educación hincada en el conocimiento forma para actuar en una sociedad basada en la competencia y en el logro de la eficiencia económica y política: generalmente los valores se dejan de lado. Los responsables del saqueo del erario y de la violencia no son exclusivamente iletrados o personas de poca escolaridad, sino profesionales o bachilleres que han estado sometidos a nuestros sistemas educativos y que han aprendido a competir de manera eficiente.”

La llama empoderada  de Unión Colombia

“Somos una sociedad sentimental en la que prima el gesto sobre la reflexión, el ímpetu sobre la razón, el calor humano sobre la desconfianza. Tenemos un amor casi irracional por la vida, pero nos matamos unos a otros por las ansias de vivir.” Escribe García Márquez. Si todos los decesos que han enlutado a los pobladores de los Cerros, desde el inicio de su poblamiento, y a los colombianos a partir el descubrimiento de América, hasta hoy, causados por la violencia, no hubiesen jugado su corazón al azar, como en la Vorágine, “otro gallo cantaría”, no el gallo de pelea sino el que anuncia la alborada.

Y si sobre esas tumbas, además de rezar y poner flores, familiares, vecinos y compatriotas nos preguntáramos con el autor de la elegía: ¿No habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir? ¿No habrá manera de que en Colombia, en lugar de que las personas se maten unas con otras, potencien mejor la vida? Entre tanto, Guillermo Hoyos, refiriéndose a Desquite, nos insta a escribir un epígrafe distinto.

 

Pero, “en juego largo hay desquite”

La llama de la acogedora del Aquileo Parra

El desquite, con minúscula, en el adagio popular, hace hincapié a otra oportunidad. Volviendo a nuestro Nobel, “la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía”. Es la oportunidad para que los chicuelos de los Cerros de Usaque y de Macondo deshagan ese inri de que en Colombia – como lo escribió Moreno Durán- “todos nacemos sospechosos y morimos culpables”, pero para ello se demanda el apoyo de la sociedad, del estado y de una ciudadanía y una cuidadanía que, a cambio de estigmatizar, aliente, que con sus palabras no mate sino de vida, como diría Huidobro.

Y no es cualquier apoyo, se trata de de pasar de de la formulación de políticas centradas en bienes y servicios a una planificación con énfasis en las capacidades, entendidas éstas como la libertada positiva, que liga justamente la posibilidad de SER con el hacer. En palabras de Amartya Sen (1998), se trata de sostener una ligadura entre la habilidad y el bien. Así, aduce el premio Nobel de Economía, “se logran niveles adecuados de funcionamiento social.”

La llama refulgente de Saludcoop

Los adolescentes y jóvenes de los Cerros y de Macondo tienen mucha capacidad de pensamiento y de acción; les agrada bastante el deporte, tanto que a veces hasta contravienen normas comunes por acceder al él, pero la oferta que hacen los planes de desarrollo es mínima. A los estudiantes de nuestros colegios les encantan las salidas pedagógicas, sobre todo al mar y a las regiones, pero en el Plan de Desarrollo Local, por ejemplo, se ocupa tangencialmente de ello, pese a propuestas concisas como la defendida por los educandos del Nuevo Horizonte, en los Encuentros Ciudadanos: “Vive a Colombia, estudias por ella.”

Entonces así ¿Cómo se pueden potenciar las capacidades de la población? ¿Cómo auscultar el ser con el hacer en una práctica que supere esa mirada pobre de las competencias curriculares? Nuestros estudiantes, verbi gracia, no están pidiendo grado 12, tampoco jornada extendida ni única, porque esos bienes no mantienen vínculo real entre el ser, el hacer y la libertad positiva, pues es “más de lo mismo”, sobre unas bases muy discutibles, acomodadas por el Banco Mundial, tal como lo demuestra el historiador Jorge O. Melo en: Malas propuestas (El Tiempo: 30 01 2013); igualmente, el columnista Diego Arsitizábal (El Espectador febrero 3 2013) para quien el problema no es tiempo sino de fondo: “No se trata de tiempo ni de inventar esas estúpidas pruebas al final de cada ciclo”.

La llama ondeante del Cristóbal Colón

Bueno, y dadas esas circunstancias de tanto improvisación en las políticas sociales, de tanto dolor, de tanta pobreza asumida como la ausencia de bienes y servicios, al lado de la violencia intrafamiliar, y junto a esa carencia de oportunidades, el gobierno local, distrital y nacional no debería seguir pensando para el pasado sino para el aquí y el ahora, es decir, que todos estos acontecimientos deberían verse como los síntomas de una sociedad enferma que pide al unísono: equidad, reconocimiento legítimo, trato digno, justicia social, libertad positiva y desarrollo de sus capacidades básicas.

Y debería pensar más en los niños y en sus maestros, porque tanto los unos como los otros reclamamos apoyo de la sociedad y del estado, para que esa llama vacilante, denominada escuela, no se extinga con los severos vendavales de la violencia cotidiana que viene resurgiendo en la ciudades y en el campo.

La llama inapagable del General Santander

Cuando el alto oficial de la Policía Metropolitana de Bogotá manifestó, refiriéndose al problema de Los Pascuales, que se estaba medellinizando la ciudad, al entender de algunos humanos, llamó fue la atención acerca de la necesidad de ponerle cuidado al problema, a la urgencia de trazar políticas de prevención, más que a la estigmatización, para que el flagelo de la violencia no se encarne más, ni viva entre nosotros. Claro está, que en la prevención no se deben confundir las causas de las cosas con las condiciones que las hacen posible, como lo advertía Estanislao Zuleta.

En el documento: Política Nacional del Campo de la Salud Mental (2008), se afirma que Colombia tiene uno de los más altos índices de violencia entre los países de América. Se calculaba que el 85% se debe a conflictos cotidianos y el 15% a causas políticas. En una investigación del año 2012 se asevera que el 85% de la violencia en Colombia, “es generado por transnacionales y explotadores de los recueros naturales” (Vernot, 2013). “La violencia es nuestra mejor industria nacional de exportación” anota Jesús Zárate (1972) en su novela: La Cárcel.

La llama iluminadora del Toberín

Lamentablemente, en la formulación de las políticas sociales remediales y de prevención, los agentes de la escuela, quienes hacemos parte visible del panorama geosocial, no aparecemos; nuestras voces no se escuchan, porque todo se reduce a un asunto de seguridad policial y militar, como si el problema no fuese cultural y político. Y si el lío es cultural y político, la salida no puede ser otra que por la vía de la cultura y de la política, y en eso la institución que más tiene que aportar es la escuela. Si la tripulación de esa barca llamada Colombia no reconoce en su integridad a la escuela primaria, básica y universitaria como su faro, el hundimiento en el océano de la violencia será inminente.

¿Por qué hay que pensar en los niños, en los maestros y en la cultura?

La llama inconfundible del Divino Maestro.

Porque el currículo oculto que evidencia los duelos de los niños, adolescentes, jóvenes y adultos atraviesa el corazón de la escuela, prácticamente la tiene contusionada y en esas condiciones es muy difícil centrar la atención en el currículo formal. La tristeza del niño, el llanto del adolescente, la desconcentración de unos y otros en las clases, como consecuencia de la falta de elaboración del duelo, la huerfanidad, el miedo, entre otras emociones negativas, marchitan los pétalos del educador. Y así, el color de la alegría, el aroma estimulante del aprendizaje y el pedúnculo de la salud se transmutan. “Al colombiano sin corazón lo pierde el corazón.”

También hay que pensar en los niños y en los maestros, porque, como suele ocurrir, algunos medios de comunicación “tiran la piedra y esconden la mano”. Dicho de otro modo, avivan intrigas, imprimen estigmas, desinforman, condenan inocentes y absuelven culpables, sin pensar en las consecuencias o en las secuelas que quedan en la mente de millares de infantes y adolescentes, correspondiéndole a la escuela hacerse cargo de enmendar unos males sufragados por otros, de asistir procesos de desaprendizaje, de pungir vómito para despertar el apetito. “La adolescencia grita lo que la infancia calla” y esos gritos se oyen en las aulas. En el desarrollo de los acontecimientos y en la implementación de las políticas, la prevención brilla por su ausencia.

Pero los maestros y directivos docentes, para poder observar el bosque, necesitamos dejar de mirar la claridad del afuera por medio de la hendija del obscuro salón de clase. Se requiere condescender que la luminiscencia entre al salón para que ahuyente la obscuridad. En otras palabras, la situación de violencia que se vive en Los Cerros y en Macondo hay que leerla, contemplarla, interpretarla, escribirla en el currículo y transformarla en la práctica. ¿Cómo? “El que tiene un por qué para vivir sabe soportar cualquier cómo” decía Nietzsche.

La llama espléndida de Friedrich Naumann

¡Maestros, no dejemos que la noche obscurezca a los Cerros, ni a Macondo. Mantengamos encendida la llama de la escuela. La madre Teresa de Calcuta, en alguna ocasión dijo que cuando más oscura está la noche no es el momento para arremolinarnos unos en torno a otros, cubriéndonos de manera mutua los miedos, sino que resulta preciso encender una luz, aun cuando sea la llama vacilante de una vela. No lo dijo exactamente así, pero de esa manera lo recuerdo.

Si necesitamos mirar con los ojos cerrados y desafiar el concepto Piagetiano de la acomodación hagámoslo, porque a veces con las pupilas descubiertas los distractores nos impiden concentrarnos y abstraer. Hay momentos en los cuales los seres humanos cerramos los ojos, para ver situaciones que no son tan perceptibles para el cerebro, por la vía visual. Ese ejercicio es saludable, ya que le posibilita a la persona fijar más la atención, imaginar, valorar el mundo no captable con los ojos abiertos, reflexionar, soñar y encontrar salidas en la obscuridad, desde la noche de los despiertos.

Algunos aportes del Nuevo Horizonte

La llama ardiente del Nuevo Horizonte

“La mejor crítica a un río es construirle un puente” glosó el escritor. Caminante si hay camino y lo hacemos al andar, sería la replica a Machado. Un camino que no se puede hacer pensando para el pasado, es decir exclamando: “si hubiésemos hecho X entonces Y”. Se hace primordial pensar el presente en el presente, educar en la vida para la vida misma.

En este sentido, el Nuevo Horizonte, un centro escolar erguido en la cordillera de los Andes, provoca a los colegios de la localidad, de la ciudad y de la nación a compartir sus puntos de vista, acerca de la situación de violencia que estamos viviendo, a escribir. “Es un deber cívico y político de los latinoamericanos escribir” decía Manuel Mejía Vallejo.

Jinna, la alumna/maestra con la profe Claudia
y otras estudiantes.

Del seno de nuestro centro educativo han aparecido varias pócimas, una de ellas: Las Capsulas de la Convivencia. Ahí le metemos un poquito de combustible a la enseñanza de las normas con el ejemplo. En esta última actividad, unos maestros optamos por “hacer el oso” como dicen algunos colegas. “Hacer el oso” no es otra cosa que inspirar la puesta en escena de las normas de Convivencia y los valores con el ejemplo. “Ya se sabe – apunta William Ospina (1997, 46), en ¿Dónde está la Franja Amarilla?- que la única pedagogía es la pedagogía del ejemplo”.

La alumna/maestra viviendo valores con los estudiantes de grado sexto. Pero más allá de la pedagogía está la psicagogia, ciencia encargada de modificar el modo de ser del sujeto, mediante la percepción, más que del aprendizaje, porque los valores – como lo sostiene Maturana (1997, 265)- no se enseñan ni se aprenden, “se viven o se niegan”. En esta línea de ideas, lo que ha hecho la alumna-maestra y las maestras que aparece en las fotos, es un acto de amor, entendido como “el reconocimiento del otro como legítimo otro, en la diferencia con uno.”

La ruptura de ese muro que separa al estudiante de los directivos y docentes, por medio de un acto como el que nos ocupa, funda actitudes de confianza y hábitus, evocando a Víctor Frankl (2004), que hacen ostensible una relación horizontal entre pares, potenciadora del desarrollo emocional e intelectual. Imprime una educación inconforme y reflexiva, “que nos inspira un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma. Que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora, que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia”, parafraseando nuevamente al escritor de Aracataca (1995). Queda a merced del lector desplegar la iniciativa y compartir la experiencia, sobre todo el sentir y pensar de educandos, padres de familia y educadores.

Dos alumnos de grado 12 junto al profe Jamir.

La insinuación a la llama de cada uno de los colegios, acompañada de una foto, es un reconocimiento a su existencia en medio del conflicto, es una apología al coraje y a la ternura que les acompaña en el día a día para educar, es una convocatoria a la reflexión sobre la experiencia y a poner en común puntos de vista variopintos, en una sociedad que exige tomar postura ética y política ante los acontecimientos, lo mismo que a ensanchar los caminos canalizadores hacia la vida y la inmensa energía creadora, que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia. Queda pendiente la reflexión sobre los colegios particulares. 

La licenciada Luz Mery Quintero danzando.

Es urgente, decía Sábato (2000, 130), “encarar una educación diferente, enseñar que vivimos en una tierra que debemos cuidar, que dependemos del agua, del aire, de los árboles, de los pájaros y de todos los seres vivientes, y que cualquier daño que hagamos a este universo grandioso perjudicará la vida futura y puede llegar a destruirla… La búsqueda de una vida más humana debe comenzar por la educación… No podemos seguir leyéndole a los niños cuentos de gallinas y pollitos cuando tenemos a esas aves sometidas al peor suplicio…

El ejemplo con la danza: un lenguaje con muchas imágenes y mensajes de cambio para los niños. En la foto anterior, la licenciada Luz Mery Quintero, incentivando a los estudiantes a convivir a través de la danza. En la siguiente foto, la maestra Aurora Mayorga, de la sede Buenavista, mostrando atuendos De la región  y danzando frente a estudiantes, padres de familia y educadores.

La licenciada Aurora Mayorga

Por último, se le puede correr el cerrojo a este portón, advirtiendo que:

 

“Por culpa de un clavo, se perdió la herradura, por culpa de la herradura se perdió el caballo, por culpa del caballo, se perdió el jinete, por culpa del jinete, se perdió el mensaje, por culpa del mensaje, se perdió la batalla, por culpa de la batalla, se perdió el Reino.”

Franklin, 1792

 

Veladora hecha por estudiantes del colegio, reciclando.

 ¡Por culpa de la violencia se viene perdiendo la vida, la familia, la escuela, el estado, la sociedad y la naturaleza! He ahí el efecto mariposa. Por eso, sigamos muy atentos la relación de los clavos con la herradura, en este desafiante cabalgar por el camino de la esperanza, con el mensaje de los Derechos Humanos, a la luz de esa llama denominada educación, para continuar librando batallas por la existencia, en el reino de la vida.

Referencias bibliográficas.

Arango, Gonzalo (1993) Obra negra. Santa fe de Bogotá, Plaza y Janes.
Bermudez Q., Suzy (1995) Culturas para la paz, Bogotá, Fund. Alejandro Ángel Escobar.
Frankl, Víktor (2004)  El hombre en busca de sentido. Barcelona, Herder.
Maturana, Humberto (1997) Santa fe de Bogotá, Tercer Mundo Editores
Melo, Jorge Orlando (2013).  Malas propuestas. http://www.eltiempo.com 30 01 2013)
Ministerio de Protección Social (2007). Política Nacional del Campo de la Salud Mental. Bogotá DC.
Ospina, William (1997) ¿Dónde está la Franja Amarilla? Bogotá, Grupo Editor Norma.
Sábato, Ernesto (2000). La Resistencia. Buenos Aires: Seix Barral, p. 130
Vernot, Alex  http://www.abpnoticias.com
Zárate, Jesús (1972). La cárcel, Bogotá: Planeta

José Israel González Blanco.

 

 

 

 

 

Historia de un león que no glorifica al cazador. Pt. 1

La historia de un león que no glorifica al cazador: Una infancia por escrutar.

Por aquí comienzo yo, que no quería comenzar, porque yo cuando comienza, ni tengo cuando acabar

(Copla de Domingo Mochilas. Sativanorte)

Una infancia por escrutar.

Las Cañadas, fue la casa que sintió las vibraciones del corazón y el primer llanto del protagonista de este relato…Una propiedad cartografiada en la vereda El Batán, en el lejano municipio de Sativanorte, en el departamento de Boyacá. Mi abuelo, en los tiempos de la Atraviesa y del Año Grande, al lado de los labriegos y aradores del minifundio, me  puntualizó, entre otros pormenores, que yo nací el día de Santa Bárbara, que me recibió una partera, quien resultó ser hermana de mi abuela. Las laceradas manos de la tía Sergia, como le llamábamos cariñosamente, fueron el puente no quebrado que posibilitó el tránsito de esta criatura, desde el vientre de la nueva materna, hasta la cobija de lana virgen que mi madre confeccionó para recibir a su primigenio.

https://joseisraeldotcom.files.wordpress.com/2013/01/1d5af-dsc01151.jpg
Las Cañadas, vereda El Batán, municipio de Sativanorte (Boyacá). Lugar de nacimiento y primera infancia del autor de este relato

…Hasta acá no he dicho nada del asunto que nos interesa, pero sigamos a ver si en la página 14 ya he podido empezar con la historia de mi práctica pedagógica… Lo del gateo, el balbuceo, lo de las palabras iniciales que aprendí, lo de los inaugurales pasos como bípedo, el obligado destete hecho por mi madre a los dos años, con la hojas de amargoso, el lavatorio semanal con hierbas y agua tibia  entre una artesa y todos esos acontecimientos que tanto valoran los sicólogos, para descifrar los embrujos del comportamiento, no los voy a reseñar. Tampoco aportaré nada sobre el llanto que me causó el agua fría, vaciada por el cura sobre mi indefensa humanidad, el día en que me colocaron el doble nombre bíblico al que respondo, lo mismo que la sal situada en mis labios para espantar a Satanás, en la pila bautismal y el oleo con que ungieron mi impuesta cristiandad…

Quedarán por fuera de este relato las anécdotas sobre la presentación del niño ante el Santo Cristo de Sativasur y frente a la milagrosa Virgen de Chiquinquirá…Escaparán al recuento las remembranzas respecto a las ceremonias de bautizo, confirmación, primera comunión y matrimonio. La lista de pecados que mi madrina de bautizo escribió, con un carbón de leña, en la astilla de Higuerón, para que le dijera al padre en el confesionario esa sempiterna tarde del 30 diciembre de 1965, no son aspectos substanciales en las exigencias de este escrito. Sin embargo, es relevante apuntar, que los aprendizajes que coadyuvaron con la realización de los actos acotados, afloraron de los contenidos del catecismo Astete y de los sermones pronunciados en el púlpito de la iglesia, lugar a donde todos los domingos asistíamos obligatoriamente, en formación, los escuelantes.

https://joseisraeldotcom.files.wordpress.com/2013/01/a4b02-dsc01124.jpg
Cabecera municipal de Sativasur ( Boyacá)

Ahora bien, si fuese un sociólogo el interesado en el tema, probablemente me permitiría pormenorizar que en las veredas, los campesinos practican la economía de Pan Coger y que los niños realizan labores agrícolas, pecuarias y domésticas. En ese sentido, el relato no podría dejar de catalogar, que los primeras habilidades motoras estuvieron lindados por el azadón, la pica, la horqueta, el arado, la oz, el manar, el cedazo, la macheta, el yugo, las coyundas, el barzón, el palustre, el escoplo y la brocha de fique.

De manera complementaria, figuran las prácticas del ordeño, la arriería, el uso de aparejos, la cría de cerdos, conejos y aves, la emasculación de potros, toretes y perros, la motila de lana en las ovejas, la rajada de leña, la caza, la trilla, la pesca y recolección de frutos, la preparación del guarapo, la chica y la güeta en la tinaja, el uso del tiesto para asar las arepas, cuya harina provenía del trigo y del maíz cosechado en el rancho y procesada en el molino de piedra de Don Obdulio…Los granos molidos eran los insumos para la preparación de la sopa, las arepas, el crecido, el angù, la mazamorra de dulce con queso, el cuchuco de cebada, la tortilla, la arepa de carivuelta, la arepa liuda y los envueltos, entre otros preparativos, estimulantes del gusto y la nutrición vegetariana.

En esa economía los productos abastecedores de proteínas eran vendidos en la cabecera municipal, para comprar, con ese dinero o mediante el trueque, sal, panela, miel de caña y productos industrializados transportados de ciudades contiguas y expendidos el martes, día de mercado en el pueblo…Debido a que esta historia es del dominio de lo pedagógico, más que de otras ciencias sociales y advirtiendo que lo dicho acá ya está  consignado en una monografía, que reposa en las bibliotecas de la Universidad Nacional de Colombia y en la ESAP, cuya referencia puede encontrarse por el nombre del autor, paso a compartir algunos asuntos que son del resorte de la educación

El dormitorio y el corredor, que algunas veces sirvieron de aula de clase para los niños de la escuela (1965).

José Israel González Blanco

Cápsulas de la convivencia

LAS CAPSULAS DE LA CONVIVENCIA

La cápsula es una envoltura sintética y soluble, dentro de la cual se guardan los contenidos de un medicamento. Las cápsulas de la convivencia son una didáctica, ingeniada y aplicada por los maestros del colegio Distrital Nuevo Horizonte en los albores del año escolar 2013.

¿En qué consiste el ejercicio?

La acción pedagógico/didáctica consiste en entregarle a cada estudiante una cápsula con una leyenda, relativa a la convivencia. El marco más indicado para el ejercicio es el Manual de convivencia, porque allí reposan los principios, valores y criterios de relación que le dan Norte a las relaciones entre los agentes de la comunidad escolar. Consumir el refrigerio, por ejemplo, es un deber que tienen los estudiantes de los colegios distritales. ¿Con qué derecho se relaciona esa regla? Pues es afín a la Seguridad Alimentaria o si se quiere a la Soberanía Alimentaria. Entonces, dentro del receptáculo puede ir el contenido del mencionado derecho.

El educador puede determinar 5, 6 o 7 derechos y con base en esa decisión conforma grupos de discusión, alrededor de los mensajes que llevan las cápsulas. Si decide, por ejemplo, constituir grupos de 5 escolares, puede encajar, en una bolsa plástica o de papel, los estuches y entregárselas al moderador del grupo, para que él las distribuya, monitoree la conversación y al final recolecte las envolturas con el compromiso que el educando escribe al respaldo del recorte de hoja en la que va escrito el Derecho.

El compromiso que apunta el escolar es concomitante con la leyenda inmersa en el envoltorio. Si el escrito alude al ingreso del adolescente al colegio y al Derecho a la permanencia, entonces la anotación que haga versará sobre su actitud frente a la llegada al plantel y a su estadía en el mismo. El docente, además de animar el ejercicio, recoge los mensajes y los adjunta en el “observador del alumno”. Esa es la cuota inicial que aporta el educando para la convivencia en el año que inicia.

Como en toda ración, los aditamentos no hacen falta. En el caso de las cápsulas el menú puede contener una dosis considerable de sopa de letras, circunscrita en asuntos de al convivencia.  La sopa de letras puede estar acompañada con un crucigrama alusivo a derechos y deberes  de los educandos. Los tres componentes coadyuvan con el afianzamiento de las reglas de comportamiento.

¿Cuál es el sentido de esta didáctica?

Despertar el interés del estudiante y del maestro en el abordaje de los contenidos del Manual de Convivencia, contenidos que con el paso del tiempo se han vuelto tediosos y estériles, pese al valor educativo que tienen. Llegarle al estudiante y al educador con símbolos como las capsulas, provocan motivación y ganas de tocar las normas de convivencia de una manera lúdica.

La didáctica también busca estimular la conversación, explicitar los deseos, intenciones, propósitos y compromisos de los estudiantes con una pautas que, en algunos caos, son más invención de los adultos que de ellos mismos, particularmente en aquellos centros escolares que son de inspiración autoritaria.  Refrendar los cánones en la alborada del año, es como sembrar una semilla que sin duda dará fruto, si y solo si en el transcurso del año se le riega con el agua de la praxis y con el sol de la autopoiesis.

Y, no puede quedar al margen el sentido autopoieitico y teleológico de este ejercicio, cual es el que los maestros y directivos ingenien didácticas y las compartan para abonar el terreno escolar, para así poder seguir sembrando la semilla de los valores y principios, llegando, en un calendario no muy lejano, a cosechar la convivencia.

 Luego del encapsulamiento…

La convivencia es el terreno sobre el cual se gobierna una familia, una sociedad, la calle y, por supuesto, el colegio. Siendo así, el gobierno de una institución es constitutivamente una tarea de coordinación emocional- evocando a Maturana (1997: 226)- que se logra en el conversar cuando se apuntala una congruencia entre algo que ya se dijo: los deseos, las intenciones y los propósitos, entre el gobernante de la institución y sus miembros, de modo que estos participen de hecho en las conversaciones que las definen.

En los colegios donde los gobernantes fundan su accionar en la inspiración democrática, muy pocos por cierto, no se manda sino se conduce en armonía, el gobernante lleva a sus miembros a participar de una manera consciente y reflexiva en su realización, haciéndose, de esta guisa, cargo de su participación en las acciones que la constituyen, asunto que no puede ocurrir en un colegio donde el inri del rector(a)  es la sumisión y la reflexión está atrapada por la corona de espinas.

Pero frente a ese inri y por encima de esa corona de espinas, la acción reflexiva consciente y la emancipación personal y profesional deben ser el huerto y no la cruz del quehacer educativo. El ejercicio, parafraseando a Gonzalo Arango (1994, 42-44), muestra la existencia de maneras de no matar los deseos ni de sepultar la participación de los agentes de al comunidad educativa, sino de hacerlos dignos de vivir en convivencia.  Así, Desquite no resucitará y la tierra no seguirá mojándose de sangre, dolor y lágrimas.

¿Y dónde se consiguen las cápsulas?

No hay pregunta tonta, ni hay respuesta definitiva, decía Paulo Freire. No es fácil conseguir etas envolturas; lo difícil es que quien tiene la respuesta la comparta con quien pregunta. Estos materiales se consiguen en los almacenes que distribuyen productos químicos. San Victorino es el lugar del desvare.

Referencias bibliográficas.

Arango, Gonzalo (1993) Obra negra. Santa fe de Bogotá, Plaza y Janes.

Maturana, Humberto (1997) Santa fe de Bogotá, Tercer Mundo Editores.      

José Israel González Blanco.