El trastorno del sueño en tiempos del Covid-19 ¿Cómo prevenirlo y cómo potenciar el bienestar?

 El trastorno del sueño en tiempos del Covid-19: ¿Cómo prevenirlo y cómo potenciar el bienestar?

Estamos frente a una situación que nos ha traído muchos cambios en nuestro modo de vivir y de actuar: modus vivendi, modus operanti. De estos cambios hay quienes, de manera inmediata nos percatamos y sentimos sus efectos; hay personas que hasta ahora lo están reconociendo y aún hay quienes se niegan a aceptar lo que está pasando. Si nos detuviésemos por un instante a valorar lo dicho, llegaríamos al acuerdo de que por esos tres momentos, que componen un duelo, iremos pasando todas y todos consciente o inconscientemente.

Gran parte de los cambios ocasionados por el Covid-19 no han favorecido nuestros deseos y expectativas, tampoco nuestros hábitos, sentimientos, emociones, lo cognitivo, la percepción, la conducta, el ser, en fin, nuestro comportamiento individual y colectivo. Hemos percibido temor, incertidumbre, ansiedad, angustia, desasosiego, rabia, irritabilidad, embotamiento, impotencia, desinterés, preocupación, despreocupación, molestias físicas, trastornos digestivos, cansancio, debilidad, insomnio, somnolencia, pesadillas y hasta la alteración de la percepción de uno mismo, expresiones que no eran comunes hasta antes de la pandemia.

Hemos tenido, en distintos niveles y circunstancias, alteraciones en la claridad mental, la lucidez, concentración, atención y trastornos de la memoria y del pensamiento. Los gustos, la motivación, el apetito, los juegos de roles, los deseos, el proyecto de vida y hasta hemos estado muy cerca al estrés, la soledad, la ansiedad y de pronto de la depresión.

¿Y a qué viene esta lista sentimientos, emociones y comportamientos?

Viene a que nos ocupemos del sueño, de ese proceso fisiológico reparador, y para hacerlo qué mejor que comenzar por recordar aquella enfermedad que atacó a Macondo: La peste del insomnio. La peste- como ustedes recordarán- provino del municipio de Manaure, a través de Rebeca, una niña huérfana que llegó a la casa de José Arcadio Buendía, con un baulito de ropa y un talego de lona con los huesos de sus padres. A Rebeca le detectó la peste Visitación, una indígena Guajira quien estaba huyendo, con su hermano, de dicha peste. Una vez detectado el insomnio, aislaron a Rebeca, una niña que, dicho sea de paso, presentaba muchos problemas de comportamiento y ante lo cual Úrsula le echaba hiel de vaca en el patio, le untaba ají picante en las paredes y le suministraba, todas las mañanas, una pócima de jugo de naranja, serenada la noche anterior, con ruibarbo, para que no comiera tierra húmeda cuando estaba sola. (Hagamos una pausa para preguntarnos: ¿Con qué y cómo estarán los padres de familia corrigiendo a nuestros chicos y chicas en la pandemia?)

La peste cundió en todo el pueblo, pero el mismo pueblo buscó las formas de protección y autoprotección de la máxima amenaza que era el olvido. Para ello marcaron cada cosa con su nombre, pero también registraron los rasgos, por ejemplo, de la vaca escribieron: hay que ordeñarla todas las mañanas, la leche hay que hervirla, mezclarla con café y así obtener café con leche para tomar. José Arcadio Buendía, más precavido, construyó la máquina de la memoriacon 14.000 piezas, hasta que llegó Melquiades con la sustancia de color apacible que al ingerirla José Arcadio restableció la luz en la memoria y en la de los habitantes, superándose así la epidemia y retomando el pueblo a la cotidianidad.

Todas y todos recordamos que en la primigenia la peste no se vio como amenaza sino como una posibilidad de aprovechar mejor el tiempo, hasta que transcurrieron 50 horas sin dormir. Ese hecho, en nuestro medio, podría leerse, como trastorno de sueño, cuyas expresiones pueden ser, despertarnos sin motivo, tener pesadillas, dormir más tiempo del de costumbre, dormir menos tiempo del acostumbrado, dormirse más tarde o más temprano, levantarse más tarde o más temprano, demorar en dormir, dormir en horas no acostumbradas, tener pesadillas, despertarse asustada o asustado y otros arrebatos. 

Qué nos recomiendan:

Mantener un horario estable con hábitos de aseo, buena alimentación, trabajo y ocio. Hacer ejercicio físico no en tiempo cercano al acostarse; ingesta de una cena suave siquiera dos horas antes de acostarse; no usar la cama como sitio de trabajo, tampoco llevar al celular ni el computador, ni el tv a la cama; desconectar todos los artefactos eléctricos menos el marcapasos; mantener la obscuridad; respirar bien; relajarse en vísperas del ritual del sueño mediante masajes, yoga, meditación al levantarse y al acostarse; descansar; además de darse su baño de sol y aire, dese la oportunidad de desintoxicarse de esos pensamientos que le atormentan, esclarezca los temores que le asisten, a la luz del sol y no con la obscuridad.

Sea realista, básese en datos objetivos de fuentes confiables; no consuma noticias falsas; destine un tiempo corto para informarse a través del celular, la tv, la radio u otro medio. Controle sus emociones y no se sugestione negativamente; duerma entre 6 y 8 horas. ¡Esa fue una de las conquistas de las y los héroes de Chicago!

¡Así el cuerpo se lo pida no haga siestas superiores a 30 minutos, máxime si nota que lo desvelan en la noche! Igualmente, no consuma drogas sin prescripción médica.

¿Por qué son importantes estas recomendaciones?

  1. Somos seres humanos y como tales tenemos una composición biológica, por eso decimos que el sueño es un proceso fisiológico y como tal funciona con la química y con la física de nuestro organismo.
  2. Nuestro cuerpo funciona electromagnéticamente y viene programado para la luz diurna azul y para la obscuridad. La obscuridad es para dormir.
  3. El cerebro, de acuerdo con la información que le manda el Sistema Nervioso Central y el Sistema Periférico, produce las hormonas que requiere el organismo para el bienestar o para estar en alerta. La serotonina, la dopamina y la noradrenalina son neurotransmisores que fortalecen el ánimo, la alegría, son las “hormonas de la felicidad” que contribuyen con el excelente funcionamiento del cuerpo incluido el dormir bien. Si alguno de nosotras o nosotros se acuesta con la impresión de que algo negativo va a ocurrir pues el organismo produce cortisol y así mantiene alerta el cuerpo trastornando el sueño.

Podemos cerrar esta conversación afirmando que una de las tantas pérdidas, en esta pandemia, ha sido la habituación que traíamos en el sueño. Se han alterado, en muchos casos, la cantidad y calidad del mismo, pero podemos mejorar, a través de la detección de síntomas, la prevención de hechos que deterioren nuestra salud física y mental y la promoción de la misma en la cotidianidad.

José Israel González Blanco

Primera carta: a cuidarnos y ayudar a cuidar.

Hola niña, hola niño, hola joven, hola mamá, hola papá:

Buenos días, tardes o noches (según leas esta carta)

Soy la profe Esperanza. He estado pensando mucho en cada una, cada uno de ustedes y en algunos momentos del día me pongo a imaginar cómo transcurren los minutos, las horas, los días de cuarentena para mis estudiantes y sus familias. Es un tiempo muy corto si lo relacionamos con una centena de días, con medio año, o con un año de aislamiento social.

Eso en el tiempo…. en el espacio podríamos imaginarnos un viaje de Bogotá a Ibagué, un viaje para el cual necesitamos cerca de 6 horas montados en un bus, a la velocidad permitida y haciendo las paradas reglamentarias. –¡Uf, seis horas es mucho tiempo profe! me dirá cualquiera de ustedes, pero en verdad es poco si lo comparamos con un viaje a Cartagena, en el que requerimos cuatro veces más tiempo, es decir, un día completo, o un viaje a Quito (Ecuador), o a Santiago de Chile en bus.

Y ahora que hablo de días viene a mi memoria uno de los relatos de El Principito, ¿si se acuerdan de ese inquieto personaje que decía que “lo esencial es invisible a los ojos”? ¿O sea que la esencia de lo material y de lo mental no lo pueden ver nuestros ojos? Lo dejo ahí para que lo piensen y dialoguen como familia, porque lo que quiero decir, volviendo al viaje a Ibagué la ciudad musical y a Cartagena la ciudad heroica, es que El Principito decía que Él pertenecía al quinto planeta “el planeta raro y pequeño, donde solamente se pueden alojar el farol y el farolero, donde cada minuto nace un día y donde se presentan mil cuatrocientas cuarenta puestas al sol al día” (Saint-Exuspery, 2001).

Nosotras y nosotros somos terrícolas, pertenecemos a un planeta hermoso que tiene alrededor de 7.500 millones de habitantes de los cuales Colombia aporta apenas el 1,5% de ese universo poblacional. Acá, en nuestro territorio, los días son de 24 horas, 60 minutos componen una hora y no 1.440 puestas al sol o días como en el planeta raro de El Principito. Si viviéramos en el planeta raro donde mora El Principito, la cuarentena o los 19 días de aislamiento social equivaldrían a 16.360 días, es decir que mas de 44 años y medio de nuestra existencia la pasaríamos encerrados para evitar el contagio con el Coronavirus. Afortunadamente son apenas 40 días, eso sí acatando las recomendaciones que nos hacen, porque si no cumplimos entonces ahí si no será veintena sino cuarentena, es decir el doble de tiempo.

Como lo pueden percibir, el asunto no es tan complicado, se requiere voluntad para hacerlo, “querer es poder” dicen muchas personas. Si queremos todo nos saldrá bien: volveremos a la escuela y al colegio, nos saludaremos con las palmas de las manos y con el puño como hace unas semanas, los abrazos volverán a ser nuestra expresión física de afecto, las actividades laborales y escolares retornarán a su cotidianidad, las personas mayores dejarán de estar en riesgo de muerte, seguiremos hidratándonos, cuidando nuestra salud y sobre todo valorando nuestra vida y la de las demás personas, las plantas, los animales, la naturaleza y todas aquellas cosas que nos parecían insignificantes como bañarnos las manos bien.

Como lo verán en algunas de las cartas que les estaré enviando, esta no es la primera vez que a la humanidad le ocurre esta situación de pandemia, tampoco será la última, de ahí la importancia de valorar esta experiencia. Ojalá escribirla para que cuando vuelva a ocurrir le contemos a la gente cómo la afrontamos. Nosotros no lo sabemos, estamos aprendiendo de los demás países y también de la historia. Sin duda, es la primera vez que nos pasa una situación tan grave y dolorosa en la que, si no nos cuidamos y no ayudamos a cuidar a los demás, muchos serán las perdidas materiales y en vidas humanas.

Con mucho cariño su profe Esperanza.

 

José Israel González Blanco

Nota. Para ampliar el mensaje sobre El principito pueden buscar el libro en internet con la siguiente referencia:

Saint-Exuspery, A. de. (2001). El principito. (E. Salamandra, Ed.). Bogotá.

¿Qué hacemos con lo que nos está pasando?

Lo primero es reconocer qué nos está ocurriendo, hacer un inventario de los acontecimientos y sobre ese inventario pensar y actuar. Hay múltiples interpretaciones acerca de lo que nos está ocurriendo con la pandemia del Covid-19, igualmente múltiples acciones; pero, una innegable y muy ostensible es la de las pérdidas materiales, emocionales, laborales, espaciales, temporales y vitales. Un elemento identificador de una pérdida es el vínculo: vínculos físicos como la relaciones con familiares, compañeras y compañeros de trabajo, lugar de trabajo, herramientas de trabajo, estudiantes, cafetería, restaurante, la calle, el transporte, los parques, lugares de esparcimiento, y un largo etcétera.

También están las pérdidas de: la libertad, porque estamos confinados; seguridad en nosotros, nosotras y en los demás; pérdida de confianza en la salud y en la continuidad de la vida, en las autoridades, en la manera como se está manejando y como se resolverá la pandemia. Hay incertidumbre en la duración y en las consecuencias en todos los ordenes; hay pérdida de vidas humanas, de empleos, de proyectos, en fin, las pérdidas a diestra y siniestra. Hay pérdidas de hábitos, de habilidades, pérdidas ambientales.

No obstante, hay quienes predican que la pandemia nos enseñará a ser mejores personas, a comportarnos de una manera diferente a como lo veníamos haciendo, hay quienes aducen que nos ha servido para reflexionar, encontrarnos y hacer muchas cosas que no estábamos haciendo por el afán que trae cada día; en fin, hay una mirada optimista, que en palabras de algunos terapeutas del duelo sería que las pérdidas traen beneficios.

Conscientes de lo que nos está pasando, la pregunta que sigue es ¿Qué hacer de manera individual y colectiva con eso que nos está pasando para salir adelante y para que no se repita?, porque ya sabemos, de alguna manera, qué, por qué y cómo nos está pasando.

Siguiendo con este raciocinio, el el primer paso es aceptar la realidad y actuar en consecuencia: tenemos pérdidas. Seguramente que hubo un momento en que nos resistimos a aceptar la situación que estamos viviendo y de eso hay cientos de ejemplos para ilustrar. Cuando llegó la peste del insomnio a macondo José Arcadio Buendía fue el primero en reírse y regocijarse, pero días después cambió. Acá aún todavía hay quienes no aceptan que estamos en pandemia, pese a la cantidad de muertos y contagiados, con su actitud niegan la realidad y eso dentro de la elaboración del duelo, por cualquier pérdida, es la primera etapa.

Quienes ya aceptamos las pérdidas estamos en la segunda atapa; es decir, estamos liberando emociones y sentimientos negativos a través de los diversos lenguajes: palabras soeces, gestos de indisposición, ira, golpes, silencio y una serie de trastornos mentales, fisiológicos, cognitivos, conductuales, afectivos, de atención, percepción y del mismo lenguaje.

En sentimientos y emociones ¿Quién no ha sentido tristeza en la cuarentena? ¿Quién no ha experimentado desapegos? ¿Quién no ha percibido temor, incertidumbre, ansiedad, angustia, desasosiego, rabia, irritabilidad, embotamiento, impotencia, desinterés, despreocupación? ¿Quién no ha sentido molestias físicas, trastornos digestivos, cansancio, debilidad, insomnio y/o somnolencia compensatoria, pesadillas y hasta la alteración de la percepción de uno mismo, expresiones que no eran comunes hasta antes de la cuarentena?

Esto último está muy relacionado con lo sensorial. Pero ¿qué decir de lo cognitivo: claridad mental, la lucidez, trastornos de la memoria, concentración y atención, ¿de los pensamientos que nos atormentan? Y ¿qué decir de la percepción sobre todo en el manejo de las interacciones a través de la virtualidad? ¿Nos está pasando algo en la manera de actuar y reaccionar? ¿Qué está sucediendo con los gustos, con la motivación, con el apetito, con los juegos de roles, con los deseos, con el proyecto de vida? ¿Hay estrés, soledad, ansiedad, depresión?

Es probable que algunas respuestas sean afirmativas. Ese estadio es aceptable por un tiempo, pero no puede convertirse en permanente. Es aceptable que sintamos miedo, tristeza, soledad, pérdida del apetito, trastornos del sueño, de la alimentación, de la memoria y de la atención, pero si esas situaciones persisten es un indicador de malestar y se debe buscar apoyo.

Ahora bien, para quienes valoran lo que nos está sucediendo como favorable en cuanto a las enseñanzas y aprendizajes que nos dejará la pandemia, hay que decir que, sin duda, las perdidas traen beneficios, pero para alcanzarlos es substancial acompañar el proceso; huelga decir, contar con una pedagogía crítica que nos ayude a reflexionar sobre nuestros actos para transformarlos. Y esa reflexión debe hacerse durante el trayecto y no al final. Así la historia podrá mostrarle a la humanidad que sacamos provecho.

Con base en lo expuesto quiero invitar a las y los amables lectores a que accedan a la lectura de Las cartas de la profe Esperanza a quienes pretenden aprender en tiempos de pandemia. Es una iniciativa para que estudiantes, madres, padres de familia y docentes compartan sus reflexiones, durante la cuarentena y después de la misma, acerca del sentir, pensar y actuar. Son treinta y tres epístolas que se irán publicando en igual cantidad de días para su lectura y retroalimentación si así lo estima la lectora o el lector.

José Israel González Blanco

Su majestad, el biberón

Del 1 al 7 de agosto de 2019 la Organización Mundial de la Salud y la UNICEFcelebraron, en más de 170 países, la Semana Mundial de la Lactancia Materna conmemorando la Declaración de Innocenti. La actividad le apuesta a fomentar la lactancia materna y a mejorar la salud de los bebés de todo el mundo…reforzamiento de una “cultura de la lactancia materna”y su vigorosa defensa contra las incursiones de la”cultura del biberón”

La Declaración de de Innocenti y las cifras colombianas.

La Declaración de Innocenti, firmada el 1 de agosto de 1990 en Florencia Italia, reconoceque la lactancia exclusiva, en los seis primeros meses de existencia del ser humano y complementar el amamantamiento con otros alimentos durante los 18 meses siguientes, provee la nutrición que requiere el ser humano para su formación psicobiológica y social; contribuye con el saludable crecimiento y desarrollo en todas sus dimensiones; reduce la incidencia, la severidad de las enfermedades infecciosas, la morbilidad y la mortalidad infantil; coadyuva con la salud de la mujer reduciendo el riesgo de cáncer ovárico y del pecho; provee beneficios sociales y económicos a la familia y a la nación. La declaración también establece unas metas que debían cumplirse en 1995 relacionadas con la instalación en las políticas sociales de una estructura gubernamental garante del cumplimiento de la Declaración diseñando estrategias de acción para la protección, promoción y apoyo a la lactancia materna, incluyendo una monitorización y evaluación global de esas estrategias

Han pasado tres decenios de promulgada la Declaración y los resultados evidencian una realidad adversa a lo rubricado. Hoy hay niños y niñas que están muriendo de hambre, también por desnutrición y malnutrición. La FAO, el 15 de julio pasado, entregó los resultados del nivel nutricional de los habitantes del mundo. Según el informe, en Colombia, para no hablar de los vecinos ni del mundo, 2,4 millones de personas (4,8%) aguantaron hambre en el trienio 2016–2018. Las manifestaciones del “hambre oculta” como la anemia, en mujeres en edad reproductiva pasó del 22,1% en el año 2012 al 21,1% en el año 2016. En los niños la anemia está por el orden del 25% según los estimativos del Instituto Nacional de Salud. La baja talla para la edad, que afecta a medio millón de niños y niñas menores de 5 años y, el aumento progresivo del número de adultos mayores de 18 años que sufren de obesidad pasó de afectar a 6,3 millones de adultos en 2012 a 7,5 millones en el año 2016.

El 27 % de los niños, entre el primer año de vida y el cuarto, tienen deficiencia de vitamina A. El 28 % de las gestantes poseen anemia y el 44 % de las gestantes tienen deficiencia de hierro”, según el Instituto Nacional de Salud. Y eso que Colombia se comprometió con la seguridad alimentaria en el Objetivo de Desarrollo Sostenible “Hambre Cero”.

¿Y las campañas contra “cultura del biberón”?

En los últimos decenios la economía del mercado ha cambiado notoriamente la cultura. La postguerra trajo consigo el concepto de desarrolloque no es más que subdesarrollo y el concepto de necesidadligada al consumo. Hay quienes sostienen que esto hace parte de la segunda colonización, la primera fue la de los españoles de la cual festejamos ilusamente su independencia en actos como los del Bicentenario. Dentro de esta nueva dinámica desarrollista aparece el Control de la natalidad (recuerden la teoría de Malthus, el Club de Roma) y el biberón, que convirtió al tradicional infante de pecho en el bebé moderno y empujó a la mujer al empleo industrial, comercial y de servicios. La antisepsia, la inmunización y la dietética del bebé moderno se alteran, no solo por la ingesta del funesto azúcar de la leche sustituta de la leche materna, sino por los mismos contenidos y conservantes de la leche que impone el mercado de las multinacionales y por la desnaturalización de la relación madre-hijo.

Los estudiosos del comportamiento social y cultural de los seres humanos: psicólogos, docentes, psicopedagogos, psiquiatras, trabajadores sociales, sociólogos, filósofos, fonoaudiólogos, antropólogos, entre otros, deberíamos investigar, mas afondo, en las prácticas de crianza de niños, jóvenes y adultos la etiología de los problemas psicológicos, emocionales, de aprendizaje, de salud mental y anatómica, entre otros malestares. Son escasas las referencias que se hacen, al uso del biberón, en el estado del arte de los problemas de salud de los colombianos.

Desde que Rousseau escribió sobre la educación de los niños en su magna obra Emilio o de la educación(Rousseau, 2006)y Freud señaló que los orígenes de la personalidad humana se encontraban en la primera infancia, muchas generaciones de psicólogos, filósofos y educadores han tratado de investigar lo que se entiende por experiencia temprana y por aprendizaje temprano y la manera como influyen en la vida de una persona.  El acceso al biberón, el uso y abuso es una experiencia temprana que merece ser investigada para comprender, precisamente, cómo ha influido en los colombianos. Rubén Ardila, en uno de sus estudios sobre Pautas de crianza en los niños colombianos, decía, en los inicios de 1980: “el estudio del niño colombiano tiene importancia fundamental para entender la psicología del hombre colombiano” (Ardila, 1986, p. 86).

Se requiere ser un buen observador para percibir la desnaturalización ocasionada con el ingreso del biberón al hogar por la tensión física, psíquica, des afectiva, incomunicacional y emotiva que genera y sigue ocasionando. En 1960, el 96% de las madres de un país suramericano cuyo nombre dejo a la imaginación del lector, daban leche materna a sus hijos hasta después del primer año. Una década después, luego de un adoctrinamiento político con la teoría desarrollista, o segunda colonización, “solo el 6% amamantaba por más de un año y el 80% destetaban antes de que la criatura cumpliera dos meses. Como resultado, el 84% del potencial de leche humana quedaba sin producirse, emplazando así la producción de la leche de 32.000 vacas” (Illich, 2005, p. 604), con nefastas consecuencias para el ambiente (calentamiento global). Darle pecho a un niño o niña, durante los dos primeros años de existencia, vale por suministrarle el equivalente nutricional de 436 litros de leche de vaca al año.

El biberón, además de la desnaturalización ha traído consigo desnutrición endémica en los hogares y países empobrecidos, que cada año celebran el día de la madre y de la independencia contemplando la sobrealimentación patológica en los países colonizadores y con indiferencia ante los oprimidos. A propósito de las vacas, hago un paréntesis para comentar que según Fedegan en Colombia había, hasta el año pasado, 28 millones de vacas y este año han ingresado por contrabando alrededor de 4 millones, es decir,  32 millones de reses que alimentan el calentamiento global y se pelean el oxigeno con 47 millones de colombianos mal contados y con la cantidad de maquinaria cuyos combustibles provienen del carbón y el petróleo.

Una de las metas que contiene laDeclaración de Innocenties el reforzamiento de una “cultura de la lactancia materna.” En la Semana Mundial de la Lactancia Materna conmemorando la Declaración de Innocenti, en 2019, ¿Dónde están las campañas de sensibilización y concientización para padres, madres, empresarios, profesionales de la salud, educadores, niños, jóvenes, adultos, adolecentes, funcionarios y gobernantes que le apuesten a fomentar la lactancia materna, a mejorar la salud de los bebés, a defender vogorosamente la ingesta de la leche materna y contra el uso del biberón?

Si los datos oficiales señalan, a la fecha, que en los niños la anemia está por el orden del 25%; que la baja talla para la edad afecta a medio millón de niños y niñas menores de 5 años; que el 27 % de los niños, entre el primer año y el cuarto, tienen deficiencia de vitamina A; que el 28 % de las gestantes tienen anemia y el 44 % tienen deficiencia de hierro”. Sin duda que estas deficiencias tienen que ver con la falta del amamantamiento o del destete temprano. ¿Qué esperan el gobierno y las entidades del ramo para impulsar políticas de promoción del consumo de leche materna para ir previniendo, sin mayores costos, la baja morbilidad y mortalidad infantiles que elevados precios en vida y económicos le acarrean a la sociedad y al Estado? Ojalá este tipo de campañas no sea más vino nuevo envasado en botellas viejas.

 Algunas fuentes consultadas

Ardila, R. (1986). Psicología del hombre colombiano. (Planeta Colombiana Editorial S.A, Ed.). Bogotá Colombia.

Illich, I. (2005). Obras reunidas. (FCE, Ed.). México DF.

Rousseau, J. J. (2006). Emilio o de la Educación. (Barbera editores, Ed.).

 

http://www.unicef.org/spanish/nutrition/index_24807.html

http://www.fao.org/colombia/noticias/detail-events/es/c/1202301/

 

 

Educación Libertadora: Simón Bolívar un ejemplo para repensar el sistema educativo.

Es del resorte de las maestras y los maestros, en el contexto del Bicentenario, preguntarnos por la influencia de la educación en la formación del libertador de cinco repúblicas. La respuesta, sin duda, lactará la reflexión sobre todo para quienes, a diario, lidiamos con estudiantes “indisciplinados”, inquietos, rebeldes e inquietos. La historia educativa de Simón Bolívar es un ejemplo de transformación y potencialización del ser humano, por encima de las adversidades familiares, escolares y de personalidad. 

Simón Bolívar: un niño difícil de soportar, voluntarioso, criado por una esclava.

Simón Bolívar nace de la relación entre una mujer quinceañera y un cuadragenario cónyuge. Su madre, según las crónicas, era una mujer bella, de “instintos recios” que solo eran reprimidos superficialmente por la severa educación acostumbrada en la colonia para la mujer, ambiciosa de éxitos. La vida de su padre transcurrió muy holgadamente, pues gran parte de las preocupaciones se detenían en resolver los problemas propios de la administración de su fortuna.

Simón, desde el momento del nacimiento, fue entregado al cuidado de otras personas, una de ellas a la negra Hipólita, una fiel y abnegada servidora de la familia Bolívar. El hijo de Don Juan Vicente, entonces, no contó con los cuidados especiales que inspira el afecto maternal, porque su progenitora ya presentaba los primeros síntomas de una grave enfermedad del pecho, afección que 9 años después la llevó a la cripta. La esclava, de ascendencia negra, fue la encargada de seguirle y atenderle los primeros movimientos en el gateo y la locomoción, además de iniciarlo en el lenguaje verbal. Para Bolívar ese alejamiento de la madre fue inexplicable y reprochable, para él sus verdaderas madres fueron la negra y otra dama cercana a la familia Palacios.

La ausencia de cuidados naturales de la madre biológica fue compensada con creces por los mimos excesivos y amorosos de Hipólita, a tal punto que no había antojo, capricho, llamado y pedido que ella no estuviese presta a satisfacérselo. Esta situación forjó en el niño el poder de mandar y de ser obedecido, lo mismo que entender que todos los deseos se satisfacen como algo natural y sin controversia. Las crónicas, sobre la infancia de Bolívar, abundan visibilizando un profundo sentimiento de optimismo, una actitud voluntariosa y un niño difícil de soportar con intensas intemperancias en su carácter cuando sus deseos no eran logrados.

Con la muerte de su padre, a los 3 años, la madre lo entrega en custodia a un curador ad-litem, al parecer para evitar el contagio de su enfermedad, pero, sobre todo, por el deseo de que una autoridad judicial disciplinara el carácter que hemos descrito de Simón. El curador aceptó el encargo, “sin entusiasmo”, preocupándose por inspirarle temor con el fin de contrarrestar su díscolo comportamiento. Pero el traslado de Simoncito, de la extensa y alegre mansión señorial de la Plaza de san Jacinto, en Caracas, a la residencia del curador no produjo los efectos esperados, más bien su rebeldía y seguridad de sí mismo amargaron la existencia del custodio haciéndole sentir la inutilidad de sus esfuerzos, por modificar el comportamiento por la vía de la opresión. Ante los sucesos Simón fue devuelto a sus familiares con unos pronósticos que generaron más desesperación en la mórbida madre, optando ella, con uno de los tíos del niño, por entregarlo ahora a la dirección de los mejores maestros de Caracas, entre quienes se encontraba Andrés Bello.

No era de esperarse, pero estos maestros se formaron la peor idea de su discípulo, sintieron hostilidad y coincidiendo en creer que, por su falta de atención, por la nerviosidad que le impedía estarse por un rato quieto, por el carácter voluntarioso y reacio a someterse a un método de disciplina, del niño Simón no podía esperarse nada bueno. Empero, las condiciones características del desenvolvimiento del alma de Simón Bolívar, las facilidades y mimos para suerte suya que encuentra en los primeros años de su existencia, “determinan su natural compenetración con el medio exterior y la tendencia de su alma a vivir dentro de los problemas y para los problemas de ese medio.”(Liévano A., 1987, p. 13)

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Rousseau en la educación de Bolívar a través de un autodidácta.

De Rousseau recordamos, entre otros conceptos, el de “Educación natural” que no se ocupa de las formas de la sociedad o de las tradiciones de la escuela, sino del conocimiento de la verdadera naturaleza del ser humano y por ende sobre una rigurosa investigación afín a la naturaleza del educando. Para Rousseau, las primeras impresiones, los instintos naturales, los sentimientos y los juicios sencillos y espontáneos que brotan en el ser humano, en contacto con la naturaleza, son la mejor guía de comportamiento; de la pertinencia de respetar y promover el desarrollo de los referidos fenómenos instintivos en el niño y en la niña, en lugar de reprimirlos. En este contexto asoma el concepto de “educación negativa” que cuestiona la “educación positiva” de la época, la cual “tiende a formar prematuramente la inteligencia y a instruir al niño en los deberes del hombre maduro”. Para Rousseau lo que hay que hacer es “perfeccionar los órganos del saber antes de suministrarlo directamente, preparar el camino de la razón con un buen ejercicio de los sentidos…”.(Rousseau, 2011)

Luego de las tensiones iniciales en la vida de Simón Bolívar, por su comportamiento y ante el fracaso de sus preceptores, aparece un escribiente vinculado con la administración de la fortuna de uno de los consanguíneos del adolescente en referencia: Simón Carreño, un hombre “prematuramente cínico por las amargas desgracias de su existencia” (Liévano A., 1987, p. 16), desventurado desde su más tierna infancia y para quien la bondad, la virtud y el amor habían sido destruidos por los malos instintos de los hombres. Su vida, según los cronistas, se desenvolvió sin afectos y sin otros objetivos que su propia amargura y sus profundos odios a circunstancias de la vida, llegando incluso a sustituir el apellido de Carreño por el de Rodríguez de manera definitiva.

Simón Rodríguez, como se hará llamar en adelante, en uno de sus viajes a Francia se topó con la magna obra del pensador ginebrino. Emilioo de la educaciónle hizo replantear su situación encaminándose a librar a las personas de la nefasta educación y a educar a los hombres para la felicidad, en cambio de esclavizarlas como harapos humanos destinados al dolor y al fracaso, tal como él lo había vivenciado. El empuje del pensamiento rousseauniano lo estimuló a erigir un Memorial al Ayuntamiento de Caracas titulado: “Reflexiones sobre los efectos que vician la escuela de primeras letras de Caracas y medio del lograr su reforma por un nuevo establecimiento”(Liévano A., 1987, p. 16).Los oídos sórdidos de los gobernantes lo espolean a reducir esas aspiraciones y a buscar a un pequeño Emilio, no maleado todavía por la “Educación Positiva”, para aplicar preceptos de la pedagogía de Rousseau. El niño escogido, con la anuencia de la familia Palacios fue Simoncito.

Desde el comienzo la empatía entre “el pequeño Emilio” y el “Rousseau americano” fue inquebrantable. Rodríguez no le habló a Bolívar acerca de las tediosas asignaturas que le enseñaron, sino que más bien se ocupó de: remozar el juego, los deportes que le gustaban, los paseos, las caminatas y las diversiones. Es así como, apoyado en los peones de la hacienda, le enseña a montar a caballo, manejar lazo, y a nadar, actividades que afirman la seguridad y la facilidad para aprender, tal como lo logró la esclava en los primeros años de gateo y locomoción.

Rodríguez no atosigó a su educando con la enseñanza de matemáticas, religión, idiomas y otras asignaturas, dejándolo más bien entregarse a sus propios impulsos, para que se fueran adaptando naturalmente al medio ambiente, sin más correcciones que las impuestas por el mismo medio. “Ejercitad su cuerpo, sus órganos, sus sentidos, sus fuerzas; pero mantened ociosa su alma cuanto más tiempo fuere posible”, se lee en el Emilioo de la educación.

Tanto para Rodríguez como para Rousseau el quid de la educación estaba en hallar el equilibrio entre deseos y facultades. “Si a la par crecieran nuestros deseos más que nuestras facultades nos tornaríamos más infelices”(Rousseau, 2011), sostenía el pedagogo suizo. Para resolver este peligro se debía procurar el desarrollo de las facultades del ser humano sometiéndolo a vivir cerca de la naturaleza, para que en su permanente contacto de una parte, estimulara el crecimiento espontáneo de las facultades, y, de otra, fijara en forma natural límites a sus deseos y anhelos. “mantened al niño en la sola dependencia de las cosas, y en los progresos de su educación seguiréis el orden de la naturaleza”.

Una vez la familia Palacios le entregó a Simón Rodríguez, sin vacilaciones, el niño para educarlo, inició la tarea alejándolo de todo trabajo intelectual pretendiendo mantenerlo en contacto permanente con la naturaleza, a través de excursiones, por las áreas rurales en las que aprovechaba para enseñarle las leyes de la naturaleza, le enseñaba a orientarse y lo sometía a recios ejercicios físicos para templar su cuerpo en largas y enérgicas faenas. Para obedecerle al alma es necesario que sea vigoroso el cuerpo le decía el maestro a su estudiante, evocando la pedagogía rousseauniana.

Bolívar recibió con entusiasmo y agrado estas lecciones, porque lo mantenían en contacto con fenómenos nuevos y le posibilitaba eclosionar las fuerzas de esa naturaleza suya, hiperactiva e indómita, que necesitaba de incesante movimiento para liberarse del exceso de energías y encontrar el equilibrio. La convivencia con el preceptor le inspiró confianza valores éstos que le permitieron transformar su soberbia voluntad que había desesperado a familiares y mentores conduciéndolos a hacer los peores pronósticos de quien años más tarde fuese el libertador de gran parte de un continente.

Con la muerte de la madre de Bolívar, Simón Rodríguez se dedicó de lleno al discípulo. El aula predilecta fue la hacienda San Mateo. Allí, con frecuencia, lo hacía levantar al amanecer para emprender prolongadas excursiones en las que ingerían poca alimentación y en los recesos le platicaba sobre los peligros de la naturaleza, le hablaba de las reglas elementales de higiene y poco a poco lo fue induciendo a los conceptos de Libertad y Derechos del hombre. Vidas paralelas,de Plutarco, fue un texto que usó Rodríguez para estimular, con el ejemplo de la vida de grandes hombres, los instintos de superación del pequeño huérfano.

Bolívar apenas contaba con 14 años cuando de manera intempestiva se interrumpe el proceso educativo. Su maestro debió abandonar a Venezuela por haber participado en una conspiración. La custodia del joven retorna entonces a manos de sus tíos y familiares quienes no tardan en advertir y experimentar serias dificultades en el ejercicio de la autoridad. La marcada antipatía de sus familiares y las violentas escenas marcan en Bolívar una perceptible sensibilidad que lo transporta a darle demasiada importancia a cualquier crítica. Sin embargo, quienes vieron las transformaciones y lo observaron en su madurez daban otra valoración: “Es amante de la discusión; domina en ella por la superioridad de su espíritu; pero se muestra demasiado absoluto y no es bastante tolerante con los que le contradicen… la crítica de sus hechos le irrita; la calumnia contra su persona le afecta vivamente, y nadie es más amante de su reputación que el Libertador de la suya”.

Los tíos hacen que Bolívar, ansiosos de librarse de las molestias de su sobrino y resueltos a domar esa acerada voluntad, lo hacen ingresar a en las Milicias de los Valles de Aragua. Allí transcurre sin contratiempos su vida militar gracias a la fortaleza física adquirida con Simón Rodríguez. No obstante, su carácter altivo y dominante se torna incómodo para sus superiores, pero se le tolera por la idoneidad con que ejecuta las misiones encomendadas. Luego de un año de permanencia en este cuerpo aristocrático recibe el grado de subteniente abandona el regimiento y viaja a Caracas a lucir su lujoso uniforme de oficial. A partir de ahí erige su vida social y militar, amparado en las enseñanzas de Simón Rodríguez y en los cuidados de quienes lo vieron crecer.

La educación de Bolívar y sus enseñanzas para Colombia.

Tendría escaso valor esta reflexión si el lector no se toma el esfuerzo de hacer una relación sincrónica del modelo actual de escolarización con la educación que recibió Simón Bolívar. Para avanzar en ese debate ponemos a disposición tres puntos de vista:

  1. Simón Bolívar logra avanzar en su educación gracias a que Simón Rodríguez, con un espíritu autodidacta, se encuentra con Rousseau y de sus enseñanzas aprende unas lecciones que, inicialmente le propone al Ayuntamiento de Caracas en pro de una reforma al establecimiento escolar, dados los defectos que vician la escuela de primeras letras. Dada la negativa institucional acude a la familia Palacios para poner en practica la pedagogía rousseauniana en la humanidad de Simón Bolívar con excelentes resultados.
  2. Simón Bolívar es un niño que nace en un hogar de abolengo y muy acaudalado; no obstante, es un niño que desde los primeros días lo crían dos mujeres, una esclava negra y una doña ajena al abolengo. De ellas aprende valores, costumbres y habilidades corporales, emocionales, sociales e intelectuales que a posteriori usa para el ejercicio de sus roles. Pese a las vicisitudes por la muerte de su padre y de su madre a tan temprana edad, a pesar de la antipatía de su familia y a las advertencias de los preceptores y mentores, Bolívar se sobre pone y sale adelante.
  3. La implementación del modelo de enseñanza de Simón Rodríguez que logra equilibrar habilidades y deseos puede verse como una innovación en la que el maestro logra, en el contacto con la naturaleza neutralizar las emociones negativas que habían hecho de Bolívar un niño despreciable y antipático. Logra también el maestro poner en concierto los saberes de la cotidianidad con el apoyo de los peones de la hacienda y de otros agentes educativos. Esa lección nos lleva a cuestionarnos acerca del rol que está ejerciendo la escuela actual con los estudiantes que no quieren adaptarse al currículo impuesto y que terminan desertando o expulsados de la misma.
  4. Finalmente, si esto ocurrió en el siglo XVIII, ¿por qué, después de que dos siglos han transcurrido el sistema educativo colombiano sigue con esas prácticas de educación bancaria que no favorecen el crecimiento humano? El caso de Egan Bernal es muy diciente. Se trata de un joven con su familia nuclear existente quien, como bachiller, ingresa la universidad, obtiene buenos promedios y por inasistencia a algunas clases, dedicadas a su entrenamiento ciclístico, no alcanza a cursar un año de universidad viéndose obligado a abandonarla. Bernal es hoy campeón del Tour de Francia a pesar de la escolarización. García Márquez, quien también estudió en Zipaquirá, se retiró de la universidad para dedicarse al periodismo y terminó siendo premio Nobel de Literatura. Estanislao Zuleta pasó por la misma situación, abandonó el colegio y culminó siendo doctor honoris causa de la U. del Valle. ¿Qué pasa con la escolarización entonces? ¿Será que le estamos apostando al caballo equivocado? ¿Por qué no apostarle al caballo blanco de Bolívar, es decir al modelo de educación que lo forjó como Libertador y no a esta modelo que cada día nos hace más esclavos?

 Algunas fuentes consultadas

Liévano A., I. (1987). Bolívar.(Oveja Negra, Ed.). Bogotá Colombia.

Rousseau, J.-J. (2011). Emilio o de la educación. (A. Editorial, Ed.). Madrid.

El valor de la bicicleta y de la locomoción en un país subequipado

“Un país se puede clasificar de subequipadocuando no puede dotar a cada ciudadano de una bicicleta o prever una transmisión de cinco velocidades a cualquiera que desee pedalear llevando a otros”(Illich, 1974, p. 71).

El debate que despierta el nuevo plan de (sub)desarrollo para Colombia (2018-2022) gravita alrededor del problema de las energías, el cumplimiento de los acuerdos de paz, los Derechos Humanos, la educación, la salud, la equidad y sus pactos, las reformas a la Constitución, entre otros asuntos. En este artículo se llamará la atención acerca del uso de dos medios de movilidad amigables con la naturaleza y con el ser humano que las políticas sociales deberían incentivar: la bicicleta y la locomoción.

Iván Illich (1974) dedicó gran parte de su vida a investigar críticamente el modelo de desarrollo, y hacia la década de los setenta advertía sobre el impacto negativo de la industria en la sociedad y en la naturaleza: “el efecto de la industria en el medio social tiende a ser tan destructivo como su efecto en el medio físico” (Sousa Santos, 1974, p. 77)y aseguraba que para contrarrestar ese efecto destructivo “el único camino es limitar el crecimiento y prohibir el consumo de energía más allá de del nivel crítico”. Su planteamiento entonces se enfoca en una decisión política en la cual la gente debería poder participar activamente.

El autor cita un ejemplo diciente: el costo de transportar a una persona en un Volkswagen durante 6 horas o 500 kilómetros, medido en términos de oxígeno es de 175 kg y equivale a la misma cantidad del que una persona necesita para vivir todo un año que una persona consume en todo un año. Las plantas y las algas, pese al deterioro al que han estado expuestas, “a dura penas” reproducen el oxigeno para los miles de millones de seres humanos y animales existentes en el planeta. Pero esa producción se agota ante tantas máquinas de combustión, pues cada vehículo quema “por lo menos catorce veces más oxígeno del que quema un individuo” (Illich, 1974, p. 15). La la política pública debería estar dirigida a contrarrestar esta situación e incentivar a cada ciudadano a tomar medidas en el asunto.

Illich sostenía que “un país se puede clasificar de subequipadocuando no puede dotar a cada ciudadano de una bicicleta o prever una transmisión de cinco velocidades a cualquiera que desee pedalear llevando a otros”. Colombia está subequipadono solamente por la falta de dotación sino también porque no provee caminos ni buenas vías para las personas que quieren viajar en bicicleta. Paradójicamente, nuestros escarabajos ostentan un admirable reconocimiento en el mundo, pues “se han hecho a pulso” y ni siquiera así el Estado potencia el acceso a la bicicleta.

¿Y por qué debería potenciar el uso de este invento de dos ruedas? Porque andar en bicicleta hace posible que el movimiento del cuerpo humano franquee una última barrera: permite aprovechar la energía metabólica disponible al acelerar la locomoción a su límite teórico. En terreno plano, el ciclista es tres o cuatro veces más veloz que el peatón, gastando en total cinco veces menos calorías, por kilometro, que éste. “El transporte de un gramo de su cuerpo sobre esta distancia no le consume más que 0,15 calorías.” Con la bicicleta el ser humano “rebasa el rendimiento posible de cualquier máquina y de cualquier animal evolucionado” (Illich, 1974, p. 64).

Además de estas bondades, la bicicleta ocupa poquito espacio. Illich hacía los cálculos correspondientes: para que 40.000 personas puedan cruzar un puente, en una hora, moviéndose a 25Km/hora, se necesita que el puente tenga 138 metros de anchura si viajan en coche, 38 metros si viajan en autobús y 20 metros si van a píe; en cambio, si viajan en bicicleta el puente no necesita más de 10 metros de anchura. Únicamente un sistema hipermoderno de trenes rápidos, a100km/hora y “sucediéndose a intervalos de 30 segundos podría pasar esta cantidad de gente por un puente semejante en el mismo tiempo” (p. 63) .

El transporte motorizado nos ha paralizado, el hospital nos ha enfermado y la escuela nos ha ofrecido educación cada vez más segmentada, concluye el investigador vienés radicado en Cuernavaca. La locomoción de cada gramo de su propio cuerpo o de su carga sobre cada kilómetro recorrido en 10 minutos, le consume 0,75 calorías. El ser humano, en su generalidad, se mueve con eficacia sin ningún implemento. Comparándolo a una máquina termodinámica, es más rentable que cualquier vehículo motorizado, que consume por lo menos 4 veces más calorías en el mismo trayecto. Es más más eficiente que todos los animales de un peso comparable. El tiburón y el perro nos ganan por poca diferencia. Con este índice de eficiencia de menos de una caloría/gramo, históricamente la humanidad organizó su sistema de circulación, prevalentemente basado en el tránsito.

Si al “Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 le interesara en serio la vida y el crecimiento del país, otras serían sus apuestas prácticas. Seguimos viviendo el drama de la contaminación ambiental y del agotamiento de los recursos vegetales, minerales, animales y del mismo ser humano. Se dicen unas cosas y se hacen otras. Hay un discurso esquizofrénico en gran parte de las políticas sociales y de los actos humanos.

Por ejemplo, se sabe a ciencia cierta los efectos nefastos del glifosato en la salud humana, en la destrucción de vegetales y animales, pero el gobierno insiste en la aspersión para “controlar el aumento de la hoja de coca”. Se conocen a cabalidad los efectos dañinos de los combustibles en la salud, en el aire, en el agua, en los alimentos, la vida, pero se sigue aumentando el parque automotor, sobre todo con motores diésel en las ciudades y en el campo. Conocemos el impacto negativo que produce el plástico, pero se continúa promoviendo el uso de pitillos, vasos desechables y vasijas de icopor en la casa, en la oficina y en la calle. Es palpable la nefasta experiencia del fracking, empero, la política gubernamental aboga por su aplicación. Se enuncia el uso de energías limpias, pero por los elevados costos solo pueden acceder a ellas los ricachos.

Limitar el consumo de energía, no ir más allá de los límites naturales y humanos de la misma, coadyuva con la conservación del ambiente y por ende de la vida, en todas sus expresiones, pero para eso se requiere voluntad política y consciencia social. Usar el pocillo, la taza y el plato de barro o de porcelana, el vidrio, el pañal de tela, la bicicleta, caminar y echar mano de otros utensilios amigables al medio es una actitud saludable para quienes lo ejercitan y para quienes hacen resistencia porque todos estamos padeciendo el abuso del consumo, la destrucción del planeta y la extinción de la vida.

Como se puede apreciar tenemos a nuestro alcance posibilidades de ayudar a conservar el medio y a cuidarnos, sobre la base de nuestras capacidades. En la ciudad y en el campo hay miles de ejemplos de niños, niñas jóvenes y adultos que nos inspiran a caminar y a usar la “bici”. Si desde nuestro lugar forjamos esas iniciativas respetando y protegiendo al peatón y al ciclista, probablemente llegaremos a presionar a la industria y a los gobernantes a tener un mundo de órbitas con centro.

Fuentes consultadas

Illich, I. (1974). Energía y equidad (Barrial editores S.A., ed.). Barcelona.

Sousa Santos, B. (1974). Comentarios a energía y equidad. Iván Illich. Energía y Equidad, Apéndice.

 

 

 

 

Políticas sociales que rasguñan y enceguecen el amor de los colombianos.

Para la comprensión de este artículo me valgo del texto de Mario Benedetti: El amor es ciego y la locura lo acompaña (Benedetti, 2013). Convengamos que la locura son las políticas sociales, impuestas por la hegemonía capitalista encarnada en los gobiernos de turno. El amor, el papel que juega la subalternidad o los gobernados frente a las políticas públicas; el texto del escritor uruguayo declara que la locura organizó un juego en el que ella se cubría los ojos y contaba, de uno en uno hasta un millón, mientras los sentimientos se ocultaban, tal como lo hacen los niños jugando al “palo libertado” o a “las escondidas”. El sentimiento más fácil de hallar fue la pereza y el más difícil fue el amor porque se escondió en un rosal en el que la locura al fin pudo llegar pero, al no darse cuenta de que estaba tan escondido, le rasguñó sus ojos dejándolo ciego.

El denominado sistema educativo colombiano es ciego y quiere enceguecer a los estudiantes, padres de familia y docentes, de todos los ciclos y modalidades de escolarización y a la sociedad en general, imponiendo unas políticas foráneas. El Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y los grandes empresarios del país, aliados con el capital transnacional, paulatinamente han venido causando serias heridas en la retina y en la cornea de la educación. Sus intervenciones no han sido para ayudar avizorar los pétalos del crecimiento intelectual ni para la construcción de democracia participativa y tampoco para salir de la ignorancia, de la pobreza y de la violencia, sino para sumirnos en ellas.

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El alto costo que estamos pagamos los colombianos con los intereses de Deuda Externa e interna son ostensibles en el Producto Interno Bruto y en el Presupuesto General de la Nación. Al comienzo del segundo semestre de este año, según el Banco de la República, la Deuda Externa representó el 36,5% del Producto Interno Bruto, el total la Deuda Externa Pública era de 72.772 millones de dólares (Banco de la República, 2018) mientras que, para el 2019, se advierte que el Presupuesto General de la Nación está desfinanciado en 25 billones de dólares, afectando los derechos de los nacionales.

El BM, el FMI, la OCDE, el BID y los grandes empresarios del país, en el juego que organiza la locura, son los lazarillos del gobierno nacional, del Congreso de la República, de los ministerios y de la burocracia estatal porque a través de ellos están dirigiendo la locomoción del país. A su vez, el gobierno nacional, el Congreso de la República, los ministerios y a burocracia estatal incluidos alcaldes, secretarios de educación y muchos directivos docentes, salva raras excepciones, asumen como lazarillos de las comunidades educativas y particularmente de los docentes.

En Colombia la locura es ciega y el amor quiere ser lazarillo

Tanto los lazarillos forasteros como los criollos, alienados, ignoran que los ciegos dejan de ser ciegos cuando sueñan y a través del sueño ven lo que ausculta la vigilia, como lo reveló el Filósofo Caleño Estanislao Zuleta, al ver la sombra de los grosellos y la estatua de Heidegger haciendo aguas. Desecha la locura de pensar que una sociedad de ciegos puede organizarse sin su mandato para vivir y que el solo hecho de “organizarse ya es, en cierto modo, tener ojos.” (Saramago, 1995, p. 396).

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No obstante, “el mundo está lleno de ciegos vivos” -le dice la mujer del médico a la chica de las gafas obscuras en la obra de Saramago (1995). Muchos colombianos estamos recuperando los ojos porque nos hemos dado cuenta de que “lo que verdaderamente nos está matando es la ceguera”. Son abundantes los ejemplos de los últimos tiempos: los Acuerdos de la Habana, los resultados de las elecciones presidenciales, las cifras electorales sobre la Consulta Anticorrupción, las convocatorias de estudiantes, maestros y padres de familia para defender la educación pública estatal, las Consultas Populares contra el extractivismo minero, los pronunciamientos de la ciudadanía de cara ante los hechos de corrupción, a la violencia contra líderes sociales y la actitud contra la imposición de más impuestos. Todas ellas expresiones que refrendan el mejoramiento de la retina y la cornea ojeada un país con justicia social.

Muchos colombianos nos estamos dando cuenta de que la Economía del Mercado es “la locura” -volviendo a Benedetti-, es quien dirige las políticas sociales en Colombia y en el continente. Lo hace por intermedio de los gobernantes de turno: así como en la salud la industria farmacéutica, que hace parte de esa Economía de Mercado, es la que le dicta a la Medicina cuándo, cómo y qué es lo que debe hacer con las personas estén o no enfermas.

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“En un pasado reciente, el poder médico calificaba o descalificaba un comportamiento, una entidad, una afección. Hoy, ese poder está influenciado o superado por el poder farmacéutico, que trata de dictar los límites entre lo normal y lo patológico.” (La Rosa, 2009, p. 134), llegando al extremo de patologizar y psicopatologizar la vida cotidiana, haciendo creer que los problemas sociales de las personas no son problemas sino trastornos o enfermedades y así generar la demanda de remedios que incluso ya están dispuestos por la industria para medicalizar esas “enfermedades”, fabricadas e inexistentes científicamente. “La tendencia actual al tratamiento farmacológico de entidades relacionadas con las dificultades de la vida y con síntomas banales transformados en síntomas” (La Rosa, 2009, p. 135).

En la escolarización, de preescolar hasta la universidad, las principales “enfermedades” educativas, para los farmaceutas -el Ministerio de Educación, Ministerio de Hacienda y para el Departamento Nacional de Planeación-. Son la calidad y la financiación y para eso los empresarios capitalistas se han inventado el tratamiento de las Pruebas Saber, Pisa, el Día E, la privatización, entre otros, sin obtener mejorías significativas, porque se atacan los síntomas y no las causas y porque, al igual que hace la farmacia al desconocer los conocimientos del médico, acá se ignoran los saberes y conocimientos pedagógicos, didácticos y éticos de quienes, en el día a día, lidian con los problemas educativos: los Maestros.

 

  • En el caso de las desfinanciación de la educación estatal se han fabricado medicamentos como:
  • La financiación por parte de los padres de familia (cerca de 2.000.000 de estudiantes); la tercerización, es decir, entregarle a entidades particulares la prestación del servicio por concesión o de manera directa sin una justificación ética.
  • La desviación de recursos como ocurrió con los cerca de 80 billones de pesos del Sistema General de Participación (Ortiz, 2017).
  • La no asignación en el Presupuesto General de la Nación de lo requerido para garantizar el Derecho a la Educación; el no desembolso a tiempo del dinero destinado.
  • Los recursos que ha carcomido la corrupción, verbi gracia en el Programa de Alimentación Escolar, el empobrecimiento de la Canasta Educativa y el engendro de acciones y programas como Ser Pilo Paga, la Evaluación a los docentes, Aprendizajes Básicos, Competencias, Estándares, Jornada Única, Inclusión, ingreso a la OCDE y mantener excluidos del sistema educativo a más 1.500.000 estudiantes en educación Básica y Media,
  • Entre otras formulas.

Con base en lo expuesto, no hay duda de que nuestro rol está en fortalecer el amor y no seguirle el juego a la “locura”. Nuestro papel no consiste en escondernos para que nos busque la “locura”. No. Consiste en hacernos visibles, como lo estamos haciendo, para desenmascararla y enfrentarla.

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Nuestro reto es seguir aglutinando a los colombianos para que se quiten esas gafas del miedo y de la impotencia, para que no sean ciegos, sino que tengan consciencia de que la ceguera no es literal, no es fisiológica ni funcional, sino que es una “enfermedad fabricada” e impuesta por los farmaceutas de la Economía de mercado. Hölderlin sostenía que “el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona.” (Parra, 1996, p. 90) ¡A seguir soñando colombianos y americanos, porque la distancia que hay entre la ceguera “fabricada” y la visión real es mas corta que el trayecto que existe entre la mariposa y la larva, entre la larva y la crisálida y entre la crisálida y la mariposa! Mientras sueñan y asumen el rol del amor, acá podrán seguir encontrando a este mendigo.

 

Fuentes consultadas

 

Banco de la República. (2018). Boletín de deuda externa (pública y privada en dólares).

Benedetti, M. (2013). El amor es ciego y la locura lo acompaña. Retrieved from https://elaticodelalma.wordpress.com/2013/04/16/el-amor-es-ciego-y-la-locura-le-acompana-cuento/

La Rosa, E. (2009). La fabricación de nuevas patologías. (Supergráfica, Ed.). Lima.

Ortiz, I. (2017, February). El Sistema General de Participaciones. 118, 18–25. Retrieved from http://www.overdorado.com/wp-content/uploads/2017/10/Revista-Educacion-y-Cultura-FECODE-Nro.-118-Feb-2017-.pdf

Parra, R. (1996). Tarzán y el filósofo desnudo. (Arango Editores, Ed.). Bogotá DC.

Saramago, J. (1995). Ensayo sobre la ceguera. (Nomos S.A, Ed.). Bogotá DC.