Séptima Carta: ¿Para qué sirven las y los docentes en tiempos de pandemia?

Estimadas niñas, estimados niños, jóvenes, madres y padres de familia.

Antes de comenzar esta misiva déjenme cometerles que cuando abrí el computador para escribir este mensaje me encontré con una gran sorpresa: el texto de una carta elaborada por uno de mis estudiantes remitida a mi correo electrónico. En verdad quedé muy confundida inicialmente, porque no esperaba esa maravillosa sorpresa, creía que las cartas las hacía era la profe. Algunos de esos sentimientos que jugaron bajo la dirección de la locura, consignados en la segunda carta, se avivaron, sobre todo la curiosidad, la generosidad, el deseo y el amor. Fue tanta la fogosidad espiritual que releí la carta, porque recordé esa recomendación de Jorge Luis Borges, aquel gran escritor invidente, para quien que releer es más importante que leer, salvo que, para releer, se necesita haber leído”.

Pero la lectura y relectura se vieron interrumpida varias veces por el empañamiento ocasionado por las incontenibles lagrimas que inexplicablemente brotaban de mis ojos y corrían como cristales por las laderas de mis mejillas. Lloraba como cuando enterré a mi abnegada madre, a mi ingenioso padre, a mi entrañable hijo y como cuando nos hemos encontrado y despido con mi admirable hija en varios aeropuertos del mundo. Acrecenté la ingesta de agua tibia soslayando el secamiento de la boca, los nudos en la garganta y así impidiendo la absorción de esa molécula que no se mata con antibiótico ni con bactericida, sino que se desintegra con agua caliente a temperatura superior a 50 grados y se previene bañándonos las manos con abundante agua y jabón, a mas tardar cada dos horas, usando tapabocas y manteniendo la distancia recomendada.

¡Qué dramática la profe! dirán los estudiantes y padres de familia ¡Tan bobita ponerse a llorar por eso!, asentirán algunos estudiantes. Y no faltará el varón que diga: “las mujeres lloran por todo”. Digan lo que digan, su profe Esperanza gimió y lloró no porque esa fuera la intención del emisor, ni por ser mujer, sino porque el cálido y sentido mensaje elaborado por mi educando desencadenó esa fuerte e inocultable emoción.

Con lo ocurrido, El viaje familiar en tiempos de pandemia, registra un acontecimiento educativo inesperado, en este Gran Día del Maestro y de la Maestra, que nos mueve, que nos sacude y nos incita a comprender varias cosas: la primera, que en la relación entre educandos y educadores ninguno es pasivo, tanto el primero como el segundo somos activos. Así el emisor esté distante del receptor y el canal sea un artefacto tecnológico como la internet, porque educar no es trasmitir, la educación no es un problema similar al de dar de comer a un hambriento, pues en este caso el asunto sería muy sencillo decía Estanislao Zuleta, un pensador colombiano, autodidacta, quien a temprana edad abandonó la escuela porque las interminables horas de clase no le dejaban tiempo para el estudio. Para Él el problema fundamental de la educación es combatir la ignorancia y “el verdadero problema es hacer salir a alguien de una indigestión para que pueda tener apetito”. (Vallejo, n.d.). Llorar es un acto que exterioriza y libera emociones indigestadas y despierta el apetito en cualquier ser humano sin distingo de género, ni edad ni circunstancia.

La segunda reflexión, antes de darles a conocer la carta con el consentimiento informado por mi estudiante y sus progenitores, evoca un pasaje de Umberto Eco, a propósito de la realidad virtual, en el que un estudiante le pregunta a aún quincuagenario docente: “Perdone, pero en la época de internet, ¿usted para qué sirve?” El autor de El nombre de la Rosa, sostiene que el Internet le dice casi todo al estudiante, “salvo cómo buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar toda esa información”, y lo más importante, que un buen profesor puede enseñar a comparar, a verificar y a relacionar sistemáticamente nociones, conceptos, valores y a tener un sentido crítico basado en el conocimiento y puntualiza:

“Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que se transmitan datos y datos, sino que se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que viene de afuera. Es cierto que lo que ocurre en Irak lo dice la televisión, pero por qué algo ocurre siempre ahí, desde la época de la civilización mesopotámica, y no en Groenlandia, es algo que sólo lo puede decir la escuela”. (Eco, 2016)

Hasta pronto chicas y chicos y los dejo con la carta anunciada.

Nota. Les recuerdo consultar a:

  • Eco, U. (2016). De la estupidez a la locura. (Penguin Random House Grupo Editorial S.A.U, Ed.). Bogotá DC.
  • Vallejo, J. (n.d.). Estanislao Zuleta, el habitante de la montaña. Caliartes, 3, 94–96.

Sexta carta: es posible el viaje familiar en confinamiento

Admirados, admiradas estudiantes, padres y madres de familia.

Tal como lo anuncié (aquí pueden acceder a la quinta carta), la sexta carta también se ocupa de las condiciones que caracterizan el viaje familiar en tiempos de pandemia en dos situaciones específicas a saber:

1.     Ya les pasó a otras personas, aprendamos de ellas.

La sabiduría está en aprender de la experiencia de los demás

Adagio popular

reza un adagio popular. En China murieron miles de personas y gracias a las autopsias que los médicos hicieron a los muertos se logró conocer qué daños causaba el Coronavid -19 y en qué partes del cuerpo. Igualmente estudiaron todo el proceso desde que ingresa al cuerpo hasta que mata a la persona y con base en ese conocimiento es que nos han indicado qué hacer. Como leerán más adelante, el virus entra en contacto con la célula, hace que ella lea algo y repita aquello que lee y, además, que le copie muchas veces, y finalmente se destruya por lo que ha leído y repetido.

Hasta ahora no hay una vacuna como la hubo para la viruela, el sarampión, la rubeola, la influenza, entre otras enfermedades, pero está el remedio más barato que es la prevención con los cuidados enunciados. Sin vacuna y sin cuidados la mortalidad parece incontrolable, pero sin vacunas y con cuidados coexistiremos con los virus controlando la mortalidad y la morbilidad.

Las autopsias de los médicos también nos advierten que las personas más débiles ante el virus son los ancianos, aunque las y los más jóvenes no están fuera de riesgo. Por esa razón se requiere cuidar de manera especial a las personas mayores de 60 años, pero esto no quiere decir que haya personas de otros grupos poblacionales exentas, pues es el sistema inmune es el juez definitivo en el nivel de riesgo. 

2.     Esta no es la primera ni será la última vez que habrá pandemia o epidemias. 

La viruela, el sarampión, el tifo, la peste, la rubeola, la tuberculosis, la influenza, el SIDA y el cáncer (Sontag, 2003), el dengue, el Ébola, la malaria, la fiebre amarilla, el insomnio y la peste del olvido en Macondo (Ospina, 2001), la locura de la venganza, la ignorancia de nosotros  mismos que nos hace incapaces de resistir a la dependencia, a la depredación y al saqueo y otras enfermedades que han atacado a la humanidad… y la humanidad sigue su rumbo, no se ha dejado destruir. El mundo ya ha pasado por esto y lo ha sobrellevado, la ciencias de la salud han avanzado e incluso han eliminado algunas de la faz de la tierra, como la viruela de la cual pueden compartir relatos los abuelos.    

Cierro esta carta coligiendo que hasta acá nuestro equipaje está bien aforado con trajes que nos dan protección de las inclemencias del viaje, a lucir sentimientos, inteligencia, emociones y capacidades, a airear nuestras emociones negativas para desintoxicarnos y seguir adelante en el viaje familiar en tiempos de pandemia.

En adelante los contenidos de las cartas se ocuparán del acercamiento de ustedes: estudiantes y padres de familia con experiencias narradas en textos literarios como Cien años de soledad, La peste, el Ensayo sobre la ceguera, el Decamerón, entre otros, porque de lo que se trata es que comprendamos el por qué son tan potentes las pandemias y el cómo salir de ellas sin pagar altos costos económicos, sociales y sobre todo en vidas humanas.    

Hasta pronto chicas y chicos.

Aquí pueden acceder a la séptima carta

Recuerden consultar: 

Ospina, W. (2001). Colombia en el planeta. (Imprenta departamental de Antioquia, Ed.), Gobernación de Antioquia. Medellín.

Sontag, S. (2003). La enfermedad y sus metáforas. El sida y sus metáforas. (S. L. Suma de Letras, Ed.). Madrid España.

Quinta carta: La cuarentena es inevitable, el sufrimiento es opcional. El Covid-19 es evitable

Queridos estudiantes, madres y padres de familia

En las cartas anteriores ya se hice alusión a determinadas características del viaje y a la motivación para realizar la travesía. En esta nueva epístola y en la sexta los emplazo a que miremos algunas condiciones que caracterizan el viaje familiar en tiempos de pandemia.

  1. La situación es grave, pero tiene solución. Lo primero que debemos tener en cuenta chicas, chicos, madres y padres de familia es que estamos pasando por una situación calamitosa, dura de resolver, dolorosa y muy fuerte, pero que pese a la gravedad tiene solución. La pregunta que hay que responder, parafraseando a Michael Serres, es ¿dónde estamos? antes de decidir ¿adónde ir?
  2. ¿Dónde estamos? La respuesta es elemental: Estamos en la casa reunidos todos: hijas, hijos, madre, padre, hermanos, abuelos, tíos, mascotas. Es la primera vez que nos ha tocado estar en casa aislados de los vecinos con tal de salvaguardar la vida de ellos, de nosotros y de muchas personas. Hasta hace unos días la noche nos juntaba, la comida nos hermanaba, pero hoy nos juntamos y nos hermanamos las 24 horas del día, los 7 días de la semana y si aplicamos el remedio que, como nos lo dicen hasta el cansancio, está en nuestras manos, pronto volveremos a abrazarnos, a jugar, a mercar, a saludarnos con las palmas de la mano, a conversar frente a frente sin tapabocas y a reponernos de las consecuencias de este aislamiento social.
  3. ¡Sabemos cuál es el mal y cuál es el remedio! Si sabemos que lo mejor para calmar la sed es el agua, pues tomamos agua. Si sabemos que el fuego quema, pues no metemos las manos al fuego. Es una ventaja enorme saber cuál es la enfermedad y también cuál es el remedio. No siempre las personas saben qué enfermedad tienen y menos cómo curarla. Si un animal se fractura una extremidad está condenado a morir por desangre, por infección o porque algún depredador se aprovecha de su inmovilidad para atacarlo y devorarlo. El ser humano es el único que sabe que existen enfermedades y sabe cómo tratarlas.

Los animales no saben que la muerte existe ni siquiera saben que viven, nosotros sí. El ser humano es el único ser que sabe que va a morir. “El conocimiento de la muerte es la condición absoluta del conocimiento de la vida” (Zuleta, 1996), por eso valoramos la vida y nos da miedo morir. La planta de café no tiene movimiento propio como los animales ni como el ser humano, de tal modo que si le llega a caer la roya la destruye, pero como el agricultor es quien cultiva y se beneficia de ella entonces la salva de morir.

Si el ser humano salva animales y plantas de morir ¿Por qué no salva a sus hijos, a sus padres y a sus vecinos con unas exigencias tan sencillas y nada costosas como bañarse las manos, toser sobre el codo, tomar agua tibia, hidratarse, no llevar las manos a la cara, porque el virus ingresa por las membranas de los ojos, la nariz y la boca? Si no supiéramos eso pues nos contaminaríamos rápido como sucedió con la nominada Peste española o con otras epidemias. Este es el remedio individual, pero también está el remedio colectivo: reitero, aislarnos socialmente de todas las personas durante varios días hasta que el virus vaya desapareciendo. Esa es la llamada cuarentena que no es más que un tiempo de cuidado y autoprotección. No es la trinchera para atacar a un enemigo inexistente, ni para ganar una batalla imaginaria, es el tiempo para impedirle ser buenos huéspedes a esa molécula que al ingresar a nuestro organismo entra en contacto con la célula, hace que ella lea algo y repita aquello que lee y, además, que le copie muchas veces, y finalmente se destruya por lo que ha leído y repetido. el Coronavirus

¡Chao pescados!

Nota. Recuerden consultar los siguientes libros para ampliar el contenido de la carta:

Zuleta, E. (1996). Lógica y crítica. Lecciones de filosofía. (U. del Valle, Ed.). Calí.

Zuleta, E. (1997). La Educación un Campo de Combate. (Fundación Estanislao Zuleta, Ed.). Cali.

Cuarta carta: la fuerza de la miniatura en tiempos de pandemia

Queridas y queridos estudiantes,

estimadas madres y estimados padres de familia,

Ya he compartido con ustedes tres cartas,la primera, como lo recordarán, versa acerca de lo que significa el viaje familiar en tiempos de pandemia dentro de la cuarentena relacionando el tiempo y el espacio en algunos ejemplos como el desplazamiento a ciudades, países y al planeta de El Principito. Los contenidos de la segunda carta están afirmados en los sentimientos y su pertinencia en el manejo de la cuarentena de manera individual y colectiva. La tercera hace referencia a los viajes de personajes de la historia universal y colombiana como Odiseo, Colón y Fermina Daza y Florentino Ariza en los tiempos de la epidemia del cólera.

Hecho este somero recuento quiero manifestarles en esta misiva que con el viaje familiar en tiempos de pandemia pretendemos, como ya se ha enfatizado, evitar que el virus entre a nuestro cuerpo y que en caso de que llegase a ocurrir el reto es desintegrarlo.

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– ¿Cómo así que desintegrarlo profe? preguntará alguna de mis imaginarias estudiantes. Se aduce que desintegrarlo, porque el virus no es un organismo vivo, no es una bacteria, ni un hongo, no tiene padres ni hermanos, es una molécula de proteína cubierta por una capa o corona (por eso la denominación de coronavirus) protectora de grasa, que al ser absorbida por la mucosa nasal, bucal u ocular ingresa al cuerpo y ataca principalmente al sistema respiratorio.

A esa molécula no se le mata con antibiótico ni con bactericida (porque no es bacteria) sino hay que desintegrarla con agua caliente a temperatura superior a 50 grados, vapor superior a dicha temperatura, jabón espumoso, alcohol, agua oxigenada y con algunos remedios farmacológicos que están siendo objeto de estudio y experimentación para su aplicación en próximos meses.

¡Qué paradoja que algo tan pequeño tenga tanta fuerza que pone en riesgo la existencia humana en el planeta! Esto me lleva a recordar a Bachelard cuando afirma en La poética del espacio: “que lo grande surja de lo pequeño es una de las fuerzas de la miniatura” (Bachelard, 2000) La pandemia es lo grande y lo pequeño el Coranavid-19. Que un incendio emane de una cerilla encendida o del impalpable roce de dos cables eléctricos con polos opuestos o, en nuestro caso, de una persona portadora del Coronavirus que en poco tiempo puede contagiar a decenas y centenares de personas, es la fuerza de la miniatura o de lo poco sobre lo bastante.

Y finalmente, miren lo potente y lo curioso de la miniatura. Es análogo, en la parte inicial a las prácticas de enseñanza: el virus entra en contacto con la célula, hace que ella lea algo y repita aquello que lee y, además, que le copie muchas veces, y finalmente se destruya por lo que ha leído y repetido. La diferencia, en la parte final del proceso de la miniatura, está en que lo que ha leído y memorizado el educando no lo destruye sino lo construye, le potencia la existencia, no se aniquila. Los virus crean anticuerpos el organismo.

 

Hasta la próxima chicas, chicos, madres y padres de familia.

 

Nota. Recuerda ampliar la lectura consultando el libro que sugiero enseguida:

Bachelard, G. (2000). La poética del espacio. (F. de C. Económica, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Tercera carta: retomemos la idea del viaje

Hola lector, lectora:

Como se pudieron dar cuenta, no pude seguir con la carta anterior porque uno de mis estudiantes, desde la imaginación, me interrumpió, como sucede en clase, con otro tema: el de la locura. Pero esa interrupción nos permitió recordar algunos sentimientos para aplicar en El viaje familiar en tiempos de pandemia. Dicho esto, los invito a retomar la idea del viaje con otras preguntas formulada por otros inquietos educandos desde la imaginación. ¿Pero un viaje no es el desplazamiento de un lugar hacia otro lugar? ¿Un viaje con la pandemia del Coronavirus? ¿Acaso lo que nos piden no es quietud, aislamiento social, estar en lugar de vivienda? Estas y otras preguntas hacen parte del equipaje que cada una de las familias colombianas y que los colombianos cargamos en nuestro morral, rumbo al puerto de la cuarentena.

El viaje familiar en tiempos de pandemia no es cualquier viaje, es un viaje riesgoso en el que pocas personas tienen experiencia. Los protagonistas de esta experiencia somos cada una de nosotras y de nosotros. Así como Homero nos relató el largo viaje de Odiseo a través del océano de la isla Ítaca a Ilión y viceversa, también la historia de Colombia narra el viaje de Cristóbal Colón desde España hasta América en tres embarcaciones: La pinta, La niña y la Santamaría. Gabriel García Márquez, nuestro premio Nobel de literatura, nos narra, con lujo de detalles, el viaje de una pareja de enamorados que no pudieron desembarcar en ningún puerto del río Magdalena, porque había en todos esos puertos la epidemia del cólera. Esa pareja de enamorados fue Fermina Daza y Florentino Ariza de los cuales se ocupa la novela: El amor en los tiempos del cólera. (García, 1985).

Aunque El viaje familiar en tiempos de pandemia es una experiencia nueva, para chicos y adultos, hay huellas que nos han dejado quienes han pasado por situaciones disímiles y de esas situaciones nos podemos agarrar para salir adelante. Odiseo estuvo confinado en una balsa durante más de diez años, Colón también, Fermina Daza y Florentino Ariza lo mismo; no obstante, aguantaron el viaje y llegaron a buen puerto. En ese sentido el viaje es desplazamiento sin movimiento.

Un barco dura meses en el mar desplazándose, pero los pasajeros o navegantes no se salen de la embarcación, están aislados físicamente del resto del mundo más no mentalmente. Penélope la consorte, su hijo Telémaco y Laertes (Homero, 1999, p. 400) el padre, están con Odiseo, de pensamiento no de cuerpo presente en el océano; en esa lógica, el viaje familiar en tiempos de pandemia es el camino que conduce al reconocimiento de si mismas y de si mismos, es una aventura del pensamiento y de los sentimientos, por eso es factible hacerlo así haya pandemia y así haya normas que lo prohíban, para el pensamiento no hay fronteras delimitadas ni es asequible la contaminación con el Coronavirus, salvo que nos dejemos invadir por el pesimismo, por el miedo, por la desesperanza, por la desconfianza y por todos esos sentimientos negativos que puso a jugar a las escondidas la locura.

En el viaje familiar en tiempos de pandemia va mucha gente, millones de personas en Colombia y en el mundo, pero cada hogar o familia va en su propia embarcación, en concordancia con las demás embarcaciones y con un comando unificado que orienta la flota. Dentro de esas orientaciones está el interactuar con protección: distantes a dos metros unas de otras y unos de otros, preferiblemente usar mascarilla o tapabocas, toser sobre el codo, no salir del lugar, hidratarnos, bañarnos las manos por mucho cada dos horas y en los momentos en que se ingresa a la vivienda, tomar agua caliente, hacer evaporaciones, alimentarse lo mejor posible, hacer ejercicios físicos y mentales, ser tolerantes entre sí, y tener claro que vamos a llegar a buen puerto como Odiseo quien demoró 10 años; como Florentino que esperó a Fermina 53 años, 7 meses 11 días y como Colón, y como el coronel, que no tenía quien le escribiera, esperó diez años a que se cumplieran las promesas de Neerlandia (García M., 1958, p. 49).

Y que esa llegada bien depende de nuestra actitud individual y colectiva. En este viaje no hay competencia sino ayuda mutua, cooperación y solidaridad, porque la vida de unos depende de la actitud de los demás y la de los demás pende la mía.

Con base en lo expuesto queridos estudiantes, padres y madres de familia espero que las preguntas por el viaje se vayan resolviendo y así el equipaje de las preocupaciones, dudas y angustias vaya disminuyendo su peso para evitar el cansancio y así no tengamos que repetir la segunda parte de la siguiente expresión de El Principito: “cuando volví… los compañeros que me vieron se sintieron muy contentos de volver a verme vivo. Yo me sentía triste, pero les decía: es el cansancio.” (Saint-Exuspery, 2001)

 

Con mucho cariño su profe Esperanza.

Nota. Recuerda ampliar la lectura de la carta consultando los libros que sugiero enseguida:

García, G. (1958). El coronel no tiene quien le escriba. (L. M. Mágica, Ed.). Bogotá

García, G. (1985). El amor en los tiempos del cólera. (Norma, Ed.). Bogotá D.E

Homero. (1999). Odisea. (Panamericana, Ed.). Bogotá Colombia.

Saint-Exuspery, A. de. (2001). El principito. (E. Salamandra, Ed.). Bogotá.

Segunda carta: viajemos desde casa

Recordados y recordadas estudiantes, madres y padres de familia.

Hola

Hoy, a través de esta segunda carta, quiero invitarlos a que hagamos el viaje familiar por la pandemia del Covid-19

– ¿Un viaje, profe? Si, un viaje.
– Perdón: ¿estás loca?

Tanto como loca no me siento, aunque si me valgo de una frase que circula por ahí en la que se lee que la locura es hacer siempre lo mismo esperando algo distinto., precisamente, yo les propongo hacer algo distinto para que obtengamos resultados distintos. Pero déjenme decirles algo sobre la locura episodio que puede afectar a varias personas en la pandemia por falta de control emocional.

Mario Benedetti, un recordado escritor uruguayo, cuenta que alguna vez se reunieron, en algún lugar de la tierra, todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos. Entre otros asistieron: el aburrimiento, la intriga, la curiosidad, la duda, la euforia, el entusiasmo, la apatía, la verdad, la soberbia, la cobardía, la pereza, la envidia, el triunfo, la generosidad, la timidez, la belleza, la fe, la libertad, la voluptuosidad, el egoísmo, la mentira, la pasión, el deseo, el olvido y por supuesto el amor. Estando todos juntos llegó un personaje (adivinen cómo se llama) y como los vio un poco desorganizados les propuso que jugaran a las escondidas. Como ustedes en algún momento han jugado a las escondidas no me detengo a explicarles el juego. Lo cierto es que los sentimientos aceptaron jugar, la “integrada”-como dicen ustedes- inició el conteo de 1 a 1.000.000. Los sentimientos comenzaron a esconderse y a no dejarse encontrar para no pagar la penitencia.

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Uno de los sentimientos se escondió debajo de un rosal tan bien escondido que el personaje, cuyo nombre ya deben saber, movió fuertemente las ramas, tan fuerte que con las espinas hirió los ojos de ese sentimiento que estaba ahí escondido. El personaje al ver al sentimiento herido se afanó, no hallaba qué hacer, lloró, le pidió perdón y se ofreció a ser su lazarillo; por eso, desde que ocurrió ese accidente, la humanidad viene diciendo que: “el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña”.

Por echarles el cuento de Mario Benedetti se me alargó la carta y todavía me quedan dos asuntos pendientes para completarla. El primero es que cada persona que haya escuchado el contenido de mi carta, debe adivinar en qué orden se escondieron los sentimientos que se reunieron, escribirlo en un cuaderno y luego entre todos los miembros de la familia, con las manos bien bañadas, manteniendo las distancias y evitando toser, estornudar y expulsar saliva, compartir las respuestas. Uno de los participantes puede coger una hoja, rayarla en columnas (nombres de personas) y en filas (sentimientos) para ir consignado y encontrando coincidencias. Finalizado este ejercicio, pueden ir a donde el profe Google, y escribir: “La locura, Mario Benedetti” y le dan clic. Una vez encontrado el texto alguien lo lee y cada cual sobre su cuaderno va corrigiendo. Finalmente, despejan la incógnita sobre quién era el personaje y cuál era fue el sentimiento herido.

Recordados estudiantes y padres de familia, como se han podido dar cuenta ya hicimos nuestro primer viaje imaginario por el sembradío de los sentimientos. Ya los identificamos y de lo que se trata ahora es de escoger cuáles me sirven para afrontar la pandemia y de cuales me debo sustraer. Guarde el cuaderno con la lista y cada día póngalos a jugar, eso si cuidando de no herir a nadie ni física ni emocional ni psicológicamente. La pandemia nos convoca al cuidado de unos con otros, de unas con otras y de cada una y cada uno. Y la varita del cuidado es el amor.

Espero que hayan disfrutado el viaje por el sembradío de los sentimientos y que todos los días nutran a los buenos sentimientos y debiliten a aquellos que nos causan daño a nosotros y a los demás.

Amorosamente. La profe Esperanza.

José Israel González Blanco

Nota 1: ¡Escucha el podcast!

Nota. Para ampliar el contenido de la carta recuerden buscar en Google el escrito de Mario Benedetti: La locura.

El trastorno del sueño en tiempos del Covid-19 ¿Cómo prevenirlo y cómo potenciar el bienestar?

 El trastorno del sueño en tiempos del Covid-19: ¿Cómo prevenirlo y cómo potenciar el bienestar?

Estamos frente a una situación que nos ha traído muchos cambios en nuestro modo de vivir y de actuar: modus vivendi, modus operanti. De estos cambios hay quienes, de manera inmediata nos percatamos y sentimos sus efectos; hay personas que hasta ahora lo están reconociendo y aún hay quienes se niegan a aceptar lo que está pasando. Si nos detuviésemos por un instante a valorar lo dicho, llegaríamos al acuerdo de que por esos tres momentos, que componen un duelo, iremos pasando todas y todos consciente o inconscientemente.

Gran parte de los cambios ocasionados por el Covid-19 no han favorecido nuestros deseos y expectativas, tampoco nuestros hábitos, sentimientos, emociones, lo cognitivo, la percepción, la conducta, el ser, en fin, nuestro comportamiento individual y colectivo. Hemos percibido temor, incertidumbre, ansiedad, angustia, desasosiego, rabia, irritabilidad, embotamiento, impotencia, desinterés, preocupación, despreocupación, molestias físicas, trastornos digestivos, cansancio, debilidad, insomnio, somnolencia, pesadillas y hasta la alteración de la percepción de uno mismo, expresiones que no eran comunes hasta antes de la pandemia.

Hemos tenido, en distintos niveles y circunstancias, alteraciones en la claridad mental, la lucidez, concentración, atención y trastornos de la memoria y del pensamiento. Los gustos, la motivación, el apetito, los juegos de roles, los deseos, el proyecto de vida y hasta hemos estado muy cerca al estrés, la soledad, la ansiedad y de pronto de la depresión.

¿Y a qué viene esta lista sentimientos, emociones y comportamientos?

Viene a que nos ocupemos del sueño, de ese proceso fisiológico reparador, y para hacerlo qué mejor que comenzar por recordar aquella enfermedad que atacó a Macondo: La peste del insomnio. La peste- como ustedes recordarán- provino del municipio de Manaure, a través de Rebeca, una niña huérfana que llegó a la casa de José Arcadio Buendía, con un baulito de ropa y un talego de lona con los huesos de sus padres. A Rebeca le detectó la peste Visitación, una indígena Guajira quien estaba huyendo, con su hermano, de dicha peste. Una vez detectado el insomnio, aislaron a Rebeca, una niña que, dicho sea de paso, presentaba muchos problemas de comportamiento y ante lo cual Úrsula le echaba hiel de vaca en el patio, le untaba ají picante en las paredes y le suministraba, todas las mañanas, una pócima de jugo de naranja, serenada la noche anterior, con ruibarbo, para que no comiera tierra húmeda cuando estaba sola. (Hagamos una pausa para preguntarnos: ¿Con qué y cómo estarán los padres de familia corrigiendo a nuestros chicos y chicas en la pandemia?)

La peste cundió en todo el pueblo, pero el mismo pueblo buscó las formas de protección y autoprotección de la máxima amenaza que era el olvido. Para ello marcaron cada cosa con su nombre, pero también registraron los rasgos, por ejemplo, de la vaca escribieron: hay que ordeñarla todas las mañanas, la leche hay que hervirla, mezclarla con café y así obtener café con leche para tomar. José Arcadio Buendía, más precavido, construyó la máquina de la memoriacon 14.000 piezas, hasta que llegó Melquiades con la sustancia de color apacible que al ingerirla José Arcadio restableció la luz en la memoria y en la de los habitantes, superándose así la epidemia y retomando el pueblo a la cotidianidad.

Todas y todos recordamos que en la primigenia la peste no se vio como amenaza sino como una posibilidad de aprovechar mejor el tiempo, hasta que transcurrieron 50 horas sin dormir. Ese hecho, en nuestro medio, podría leerse, como trastorno de sueño, cuyas expresiones pueden ser, despertarnos sin motivo, tener pesadillas, dormir más tiempo del de costumbre, dormir menos tiempo del acostumbrado, dormirse más tarde o más temprano, levantarse más tarde o más temprano, demorar en dormir, dormir en horas no acostumbradas, tener pesadillas, despertarse asustada o asustado y otros arrebatos. 

Qué nos recomiendan:

Mantener un horario estable con hábitos de aseo, buena alimentación, trabajo y ocio. Hacer ejercicio físico no en tiempo cercano al acostarse; ingesta de una cena suave siquiera dos horas antes de acostarse; no usar la cama como sitio de trabajo, tampoco llevar al celular ni el computador, ni el tv a la cama; desconectar todos los artefactos eléctricos menos el marcapasos; mantener la obscuridad; respirar bien; relajarse en vísperas del ritual del sueño mediante masajes, yoga, meditación al levantarse y al acostarse; descansar; además de darse su baño de sol y aire, dese la oportunidad de desintoxicarse de esos pensamientos que le atormentan, esclarezca los temores que le asisten, a la luz del sol y no con la obscuridad.

Sea realista, básese en datos objetivos de fuentes confiables; no consuma noticias falsas; destine un tiempo corto para informarse a través del celular, la tv, la radio u otro medio. Controle sus emociones y no se sugestione negativamente; duerma entre 6 y 8 horas. ¡Esa fue una de las conquistas de las y los héroes de Chicago!

¡Así el cuerpo se lo pida no haga siestas superiores a 30 minutos, máxime si nota que lo desvelan en la noche! Igualmente, no consuma drogas sin prescripción médica.

¿Por qué son importantes estas recomendaciones?

  1. Somos seres humanos y como tales tenemos una composición biológica, por eso decimos que el sueño es un proceso fisiológico y como tal funciona con la química y con la física de nuestro organismo.
  2. Nuestro cuerpo funciona electromagnéticamente y viene programado para la luz diurna azul y para la obscuridad. La obscuridad es para dormir.
  3. El cerebro, de acuerdo con la información que le manda el Sistema Nervioso Central y el Sistema Periférico, produce las hormonas que requiere el organismo para el bienestar o para estar en alerta. La serotonina, la dopamina y la noradrenalina son neurotransmisores que fortalecen el ánimo, la alegría, son las “hormonas de la felicidad” que contribuyen con el excelente funcionamiento del cuerpo incluido el dormir bien. Si alguno de nosotras o nosotros se acuesta con la impresión de que algo negativo va a ocurrir pues el organismo produce cortisol y así mantiene alerta el cuerpo trastornando el sueño.

Podemos cerrar esta conversación afirmando que una de las tantas pérdidas, en esta pandemia, ha sido la habituación que traíamos en el sueño. Se han alterado, en muchos casos, la cantidad y calidad del mismo, pero podemos mejorar, a través de la detección de síntomas, la prevención de hechos que deterioren nuestra salud física y mental y la promoción de la misma en la cotidianidad.

José Israel González Blanco

Primera carta: a cuidarnos y ayudar a cuidar.

Hola niña, hola niño, hola joven, hola mamá, hola papá:

Buenos días, tardes o noches (según leas esta carta)

Soy la profe Esperanza. He estado pensando mucho en cada una, cada uno de ustedes y en algunos momentos del día me pongo a imaginar cómo transcurren los minutos, las horas, los días de cuarentena para mis estudiantes y sus familias. Es un tiempo muy corto si lo relacionamos con una centena de días, con medio año, o con un año de aislamiento social.

Eso en el tiempo…. en el espacio podríamos imaginarnos un viaje de Bogotá a Ibagué, un viaje para el cual necesitamos cerca de 6 horas montados en un bus, a la velocidad permitida y haciendo las paradas reglamentarias. –¡Uf, seis horas es mucho tiempo profe! me dirá cualquiera de ustedes, pero en verdad es poco si lo comparamos con un viaje a Cartagena, en el que requerimos cuatro veces más tiempo, es decir, un día completo, o un viaje a Quito (Ecuador), o a Santiago de Chile en bus.

Y ahora que hablo de días viene a mi memoria uno de los relatos de El Principito, ¿si se acuerdan de ese inquieto personaje que decía que “lo esencial es invisible a los ojos”? ¿O sea que la esencia de lo material y de lo mental no lo pueden ver nuestros ojos? Lo dejo ahí para que lo piensen y dialoguen como familia, porque lo que quiero decir, volviendo al viaje a Ibagué la ciudad musical y a Cartagena la ciudad heroica, es que El Principito decía que Él pertenecía al quinto planeta “el planeta raro y pequeño, donde solamente se pueden alojar el farol y el farolero, donde cada minuto nace un día y donde se presentan mil cuatrocientas cuarenta puestas al sol al día” (Saint-Exuspery, 2001).

Nosotras y nosotros somos terrícolas, pertenecemos a un planeta hermoso que tiene alrededor de 7.500 millones de habitantes de los cuales Colombia aporta apenas el 1,5% de ese universo poblacional. Acá, en nuestro territorio, los días son de 24 horas, 60 minutos componen una hora y no 1.440 puestas al sol o días como en el planeta raro de El Principito. Si viviéramos en el planeta raro donde mora El Principito, la cuarentena o los 19 días de aislamiento social equivaldrían a 16.360 días, es decir que mas de 44 años y medio de nuestra existencia la pasaríamos encerrados para evitar el contagio con el Coronavirus. Afortunadamente son apenas 40 días, eso sí acatando las recomendaciones que nos hacen, porque si no cumplimos entonces ahí si no será veintena sino cuarentena, es decir el doble de tiempo.

Como lo pueden percibir, el asunto no es tan complicado, se requiere voluntad para hacerlo, “querer es poder” dicen muchas personas. Si queremos todo nos saldrá bien: volveremos a la escuela y al colegio, nos saludaremos con las palmas de las manos y con el puño como hace unas semanas, los abrazos volverán a ser nuestra expresión física de afecto, las actividades laborales y escolares retornarán a su cotidianidad, las personas mayores dejarán de estar en riesgo de muerte, seguiremos hidratándonos, cuidando nuestra salud y sobre todo valorando nuestra vida y la de las demás personas, las plantas, los animales, la naturaleza y todas aquellas cosas que nos parecían insignificantes como bañarnos las manos bien.

Como lo verán en algunas de las cartas que les estaré enviando, esta no es la primera vez que a la humanidad le ocurre esta situación de pandemia, tampoco será la última, de ahí la importancia de valorar esta experiencia. Ojalá escribirla para que cuando vuelva a ocurrir le contemos a la gente cómo la afrontamos. Nosotros no lo sabemos, estamos aprendiendo de los demás países y también de la historia. Sin duda, es la primera vez que nos pasa una situación tan grave y dolorosa en la que, si no nos cuidamos y no ayudamos a cuidar a los demás, muchos serán las perdidas materiales y en vidas humanas.

Con mucho cariño su profe Esperanza.

 

José Israel González Blanco

Nota. Para ampliar el mensaje sobre El principito pueden buscar el libro en internet con la siguiente referencia:

Saint-Exuspery, A. de. (2001). El principito. (E. Salamandra, Ed.). Bogotá.

¿Qué hacemos con lo que nos está pasando?

Lo primero es reconocer qué nos está ocurriendo, hacer un inventario de los acontecimientos y sobre ese inventario pensar y actuar. Hay múltiples interpretaciones acerca de lo que nos está ocurriendo con la pandemia del Covid-19, igualmente múltiples acciones; pero, una innegable y muy ostensible es la de las pérdidas materiales, emocionales, laborales, espaciales, temporales y vitales. Un elemento identificador de una pérdida es el vínculo: vínculos físicos como la relaciones con familiares, compañeras y compañeros de trabajo, lugar de trabajo, herramientas de trabajo, estudiantes, cafetería, restaurante, la calle, el transporte, los parques, lugares de esparcimiento, y un largo etcétera.

También están las pérdidas de: la libertad, porque estamos confinados; seguridad en nosotros, nosotras y en los demás; pérdida de confianza en la salud y en la continuidad de la vida, en las autoridades, en la manera como se está manejando y como se resolverá la pandemia. Hay incertidumbre en la duración y en las consecuencias en todos los ordenes; hay pérdida de vidas humanas, de empleos, de proyectos, en fin, las pérdidas a diestra y siniestra. Hay pérdidas de hábitos, de habilidades, pérdidas ambientales.

No obstante, hay quienes predican que la pandemia nos enseñará a ser mejores personas, a comportarnos de una manera diferente a como lo veníamos haciendo, hay quienes aducen que nos ha servido para reflexionar, encontrarnos y hacer muchas cosas que no estábamos haciendo por el afán que trae cada día; en fin, hay una mirada optimista, que en palabras de algunos terapeutas del duelo sería que las pérdidas traen beneficios.

Conscientes de lo que nos está pasando, la pregunta que sigue es ¿Qué hacer de manera individual y colectiva con eso que nos está pasando para salir adelante y para que no se repita?, porque ya sabemos, de alguna manera, qué, por qué y cómo nos está pasando.

Siguiendo con este raciocinio, el el primer paso es aceptar la realidad y actuar en consecuencia: tenemos pérdidas. Seguramente que hubo un momento en que nos resistimos a aceptar la situación que estamos viviendo y de eso hay cientos de ejemplos para ilustrar. Cuando llegó la peste del insomnio a macondo José Arcadio Buendía fue el primero en reírse y regocijarse, pero días después cambió. Acá aún todavía hay quienes no aceptan que estamos en pandemia, pese a la cantidad de muertos y contagiados, con su actitud niegan la realidad y eso dentro de la elaboración del duelo, por cualquier pérdida, es la primera etapa.

Quienes ya aceptamos las pérdidas estamos en la segunda atapa; es decir, estamos liberando emociones y sentimientos negativos a través de los diversos lenguajes: palabras soeces, gestos de indisposición, ira, golpes, silencio y una serie de trastornos mentales, fisiológicos, cognitivos, conductuales, afectivos, de atención, percepción y del mismo lenguaje.

En sentimientos y emociones ¿Quién no ha sentido tristeza en la cuarentena? ¿Quién no ha experimentado desapegos? ¿Quién no ha percibido temor, incertidumbre, ansiedad, angustia, desasosiego, rabia, irritabilidad, embotamiento, impotencia, desinterés, despreocupación? ¿Quién no ha sentido molestias físicas, trastornos digestivos, cansancio, debilidad, insomnio y/o somnolencia compensatoria, pesadillas y hasta la alteración de la percepción de uno mismo, expresiones que no eran comunes hasta antes de la cuarentena?

Esto último está muy relacionado con lo sensorial. Pero ¿qué decir de lo cognitivo: claridad mental, la lucidez, trastornos de la memoria, concentración y atención, ¿de los pensamientos que nos atormentan? Y ¿qué decir de la percepción sobre todo en el manejo de las interacciones a través de la virtualidad? ¿Nos está pasando algo en la manera de actuar y reaccionar? ¿Qué está sucediendo con los gustos, con la motivación, con el apetito, con los juegos de roles, con los deseos, con el proyecto de vida? ¿Hay estrés, soledad, ansiedad, depresión?

Es probable que algunas respuestas sean afirmativas. Ese estadio es aceptable por un tiempo, pero no puede convertirse en permanente. Es aceptable que sintamos miedo, tristeza, soledad, pérdida del apetito, trastornos del sueño, de la alimentación, de la memoria y de la atención, pero si esas situaciones persisten es un indicador de malestar y se debe buscar apoyo.

Ahora bien, para quienes valoran lo que nos está sucediendo como favorable en cuanto a las enseñanzas y aprendizajes que nos dejará la pandemia, hay que decir que, sin duda, las perdidas traen beneficios, pero para alcanzarlos es substancial acompañar el proceso; huelga decir, contar con una pedagogía crítica que nos ayude a reflexionar sobre nuestros actos para transformarlos. Y esa reflexión debe hacerse durante el trayecto y no al final. Así la historia podrá mostrarle a la humanidad que sacamos provecho.

Con base en lo expuesto quiero invitar a las y los amables lectores a que accedan a la lectura de Las cartas de la profe Esperanza a quienes pretenden aprender en tiempos de pandemia. Es una iniciativa para que estudiantes, madres, padres de familia y docentes compartan sus reflexiones, durante la cuarentena y después de la misma, acerca del sentir, pensar y actuar. Son treinta y tres epístolas que se irán publicando en igual cantidad de días para su lectura y retroalimentación si así lo estima la lectora o el lector.

José Israel González Blanco

Su majestad, el biberón

Del 1 al 7 de agosto de 2019 la Organización Mundial de la Salud y la UNICEFcelebraron, en más de 170 países, la Semana Mundial de la Lactancia Materna conmemorando la Declaración de Innocenti. La actividad le apuesta a fomentar la lactancia materna y a mejorar la salud de los bebés de todo el mundo…reforzamiento de una “cultura de la lactancia materna”y su vigorosa defensa contra las incursiones de la”cultura del biberón”

La Declaración de de Innocenti y las cifras colombianas.

La Declaración de Innocenti, firmada el 1 de agosto de 1990 en Florencia Italia, reconoceque la lactancia exclusiva, en los seis primeros meses de existencia del ser humano y complementar el amamantamiento con otros alimentos durante los 18 meses siguientes, provee la nutrición que requiere el ser humano para su formación psicobiológica y social; contribuye con el saludable crecimiento y desarrollo en todas sus dimensiones; reduce la incidencia, la severidad de las enfermedades infecciosas, la morbilidad y la mortalidad infantil; coadyuva con la salud de la mujer reduciendo el riesgo de cáncer ovárico y del pecho; provee beneficios sociales y económicos a la familia y a la nación. La declaración también establece unas metas que debían cumplirse en 1995 relacionadas con la instalación en las políticas sociales de una estructura gubernamental garante del cumplimiento de la Declaración diseñando estrategias de acción para la protección, promoción y apoyo a la lactancia materna, incluyendo una monitorización y evaluación global de esas estrategias

Han pasado tres decenios de promulgada la Declaración y los resultados evidencian una realidad adversa a lo rubricado. Hoy hay niños y niñas que están muriendo de hambre, también por desnutrición y malnutrición. La FAO, el 15 de julio pasado, entregó los resultados del nivel nutricional de los habitantes del mundo. Según el informe, en Colombia, para no hablar de los vecinos ni del mundo, 2,4 millones de personas (4,8%) aguantaron hambre en el trienio 2016–2018. Las manifestaciones del “hambre oculta” como la anemia, en mujeres en edad reproductiva pasó del 22,1% en el año 2012 al 21,1% en el año 2016. En los niños la anemia está por el orden del 25% según los estimativos del Instituto Nacional de Salud. La baja talla para la edad, que afecta a medio millón de niños y niñas menores de 5 años y, el aumento progresivo del número de adultos mayores de 18 años que sufren de obesidad pasó de afectar a 6,3 millones de adultos en 2012 a 7,5 millones en el año 2016.

El 27 % de los niños, entre el primer año de vida y el cuarto, tienen deficiencia de vitamina A. El 28 % de las gestantes poseen anemia y el 44 % de las gestantes tienen deficiencia de hierro”, según el Instituto Nacional de Salud. Y eso que Colombia se comprometió con la seguridad alimentaria en el Objetivo de Desarrollo Sostenible “Hambre Cero”.

¿Y las campañas contra “cultura del biberón”?

En los últimos decenios la economía del mercado ha cambiado notoriamente la cultura. La postguerra trajo consigo el concepto de desarrolloque no es más que subdesarrollo y el concepto de necesidadligada al consumo. Hay quienes sostienen que esto hace parte de la segunda colonización, la primera fue la de los españoles de la cual festejamos ilusamente su independencia en actos como los del Bicentenario. Dentro de esta nueva dinámica desarrollista aparece el Control de la natalidad (recuerden la teoría de Malthus, el Club de Roma) y el biberón, que convirtió al tradicional infante de pecho en el bebé moderno y empujó a la mujer al empleo industrial, comercial y de servicios. La antisepsia, la inmunización y la dietética del bebé moderno se alteran, no solo por la ingesta del funesto azúcar de la leche sustituta de la leche materna, sino por los mismos contenidos y conservantes de la leche que impone el mercado de las multinacionales y por la desnaturalización de la relación madre-hijo.

Los estudiosos del comportamiento social y cultural de los seres humanos: psicólogos, docentes, psicopedagogos, psiquiatras, trabajadores sociales, sociólogos, filósofos, fonoaudiólogos, antropólogos, entre otros, deberíamos investigar, mas afondo, en las prácticas de crianza de niños, jóvenes y adultos la etiología de los problemas psicológicos, emocionales, de aprendizaje, de salud mental y anatómica, entre otros malestares. Son escasas las referencias que se hacen, al uso del biberón, en el estado del arte de los problemas de salud de los colombianos.

Desde que Rousseau escribió sobre la educación de los niños en su magna obra Emilio o de la educación(Rousseau, 2006)y Freud señaló que los orígenes de la personalidad humana se encontraban en la primera infancia, muchas generaciones de psicólogos, filósofos y educadores han tratado de investigar lo que se entiende por experiencia temprana y por aprendizaje temprano y la manera como influyen en la vida de una persona.  El acceso al biberón, el uso y abuso es una experiencia temprana que merece ser investigada para comprender, precisamente, cómo ha influido en los colombianos. Rubén Ardila, en uno de sus estudios sobre Pautas de crianza en los niños colombianos, decía, en los inicios de 1980: “el estudio del niño colombiano tiene importancia fundamental para entender la psicología del hombre colombiano” (Ardila, 1986, p. 86).

Se requiere ser un buen observador para percibir la desnaturalización ocasionada con el ingreso del biberón al hogar por la tensión física, psíquica, des afectiva, incomunicacional y emotiva que genera y sigue ocasionando. En 1960, el 96% de las madres de un país suramericano cuyo nombre dejo a la imaginación del lector, daban leche materna a sus hijos hasta después del primer año. Una década después, luego de un adoctrinamiento político con la teoría desarrollista, o segunda colonización, “solo el 6% amamantaba por más de un año y el 80% destetaban antes de que la criatura cumpliera dos meses. Como resultado, el 84% del potencial de leche humana quedaba sin producirse, emplazando así la producción de la leche de 32.000 vacas” (Illich, 2005, p. 604), con nefastas consecuencias para el ambiente (calentamiento global). Darle pecho a un niño o niña, durante los dos primeros años de existencia, vale por suministrarle el equivalente nutricional de 436 litros de leche de vaca al año.

El biberón, además de la desnaturalización ha traído consigo desnutrición endémica en los hogares y países empobrecidos, que cada año celebran el día de la madre y de la independencia contemplando la sobrealimentación patológica en los países colonizadores y con indiferencia ante los oprimidos. A propósito de las vacas, hago un paréntesis para comentar que según Fedegan en Colombia había, hasta el año pasado, 28 millones de vacas y este año han ingresado por contrabando alrededor de 4 millones, es decir,  32 millones de reses que alimentan el calentamiento global y se pelean el oxigeno con 47 millones de colombianos mal contados y con la cantidad de maquinaria cuyos combustibles provienen del carbón y el petróleo.

Una de las metas que contiene laDeclaración de Innocenties el reforzamiento de una “cultura de la lactancia materna.” En la Semana Mundial de la Lactancia Materna conmemorando la Declaración de Innocenti, en 2019, ¿Dónde están las campañas de sensibilización y concientización para padres, madres, empresarios, profesionales de la salud, educadores, niños, jóvenes, adultos, adolecentes, funcionarios y gobernantes que le apuesten a fomentar la lactancia materna, a mejorar la salud de los bebés, a defender vogorosamente la ingesta de la leche materna y contra el uso del biberón?

Si los datos oficiales señalan, a la fecha, que en los niños la anemia está por el orden del 25%; que la baja talla para la edad afecta a medio millón de niños y niñas menores de 5 años; que el 27 % de los niños, entre el primer año y el cuarto, tienen deficiencia de vitamina A; que el 28 % de las gestantes tienen anemia y el 44 % tienen deficiencia de hierro”. Sin duda que estas deficiencias tienen que ver con la falta del amamantamiento o del destete temprano. ¿Qué esperan el gobierno y las entidades del ramo para impulsar políticas de promoción del consumo de leche materna para ir previniendo, sin mayores costos, la baja morbilidad y mortalidad infantiles que elevados precios en vida y económicos le acarrean a la sociedad y al Estado? Ojalá este tipo de campañas no sea más vino nuevo envasado en botellas viejas.

 Algunas fuentes consultadas

Ardila, R. (1986). Psicología del hombre colombiano. (Planeta Colombiana Editorial S.A, Ed.). Bogotá Colombia.

Illich, I. (2005). Obras reunidas. (FCE, Ed.). México DF.

Rousseau, J. J. (2006). Emilio o de la Educación. (Barbera editores, Ed.).

 

http://www.unicef.org/spanish/nutrition/index_24807.html

http://www.fao.org/colombia/noticias/detail-events/es/c/1202301/