Maestro sano en mente sana, mente sana en maestro sano

Es bastante malo que un hombre sea ignorante, ya que esto lo priva de la comunicación con el pensamiento con otros hombres. Es peor tal vez que un hombre sea pobre, ya que esto lo condena a una vida de limitación y desvelos en la que no hay tiempo para soñar ni tregua para el agotamiento. Pero con seguridad es mucho peor que un hombre no tenga salud, ya que esto le impide luchar contra su pobreza e ignorancia”. (Kimble, 1963)

En las sociedades del agotamiento y del cansancio (Byung-Chul, 2017), en las caules peligra la vida en todas sus expresiones, el trabajo docente manifiesta una serie de síntomas que revelan el deterioro de la salud mental de sus protagonistas y la incidencia en la dinámica educativa. Es un cansancio y un agotamiento que propaga la “violencia neuronal” expuesta en: melancolía, ira, duelo, tristeza, angustia, ansiedad y depresión.

Según estudiosos y entidades encargadas de la Salud (OMS, 2013), estos síntomas reflejan la ruptura de los factores protectores y del poderío de los factores de riesgo. El modelo neoliberal ha nutrido el espíritu individualista y de competencia, en el que el empleador explota al trabajador y este, al sentir la presión de saber que hay numerosos individuos dispuestos a hacer cualquier cosa por conseguir su puesto de trabajo, cede ante la sobrecarga laboral y asume más responsabilidades de las que puede soportar. Así, el abismo entre el Yo real-lo que el docente puede hacer- y el Yo ideal-lo que quisiera hacer- es cada vez más grande, llevando a la autoagresión expresada en el burnout y la depresión.

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Esta dinámica ha permeado la vida escolar en Colombia y en varios países latinoamericanos, especialmente en el caso de las y los docentes: cada día aumenta el número de profesionales que trabajan en la educación diagnosticados con el síndrome de Burnout o del “maestro quemado” y otros trastornos mentales.

El último estudio sobre salud mental en Colombia (MINSALUD-COLCIENCIAS, 2016), cuyo marco comprensivo estaba dado en salud mental-problema-trastorno, mostró una preocupante realidad la cual afecta no solo al trabajador sino a su familia, entidades prestadoras de salud y al Estado, pues este espectro repercute notoriamente en la situación de los trabajadores y de las empresas, específicamente en el presentismo, en el ausentismo laboral, en la calidad de vida y en los costos que acarrea su tratamiento -tanto para el trabajador, como para su familia, las empresas prestadoras de salud y para el Estado-.

Expertos en el campo definen la salud como “un estado orgánico dinámico de equilibrio socio-ecológico, armonioso, entre el individuo y el medio ambiente global donde vive” (La Rosa, 2009). Es un equilibrio que depende de la satisfacción de ciertas necesidades fundamentales y una adaptación biológica, mental y social a un medio ambiente complejo y en constante transformación. Ese equilibro en el trabajo docente está resquebrajado por la desadaptación a que ha sido sometido por las exigencias del modelo capitalista y a la imposibilidad de decir no, sino a poderlo todo.

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Frente a esta situación, se tratan los síntomas y no los causas. La Fiduprevisora, entidad estatal encargada de la contratación del servicio médico para cerca de 320.000 maestros y sus familiares, reconoce la existencia de una importante cantidad de maestros cuya Salud Mental está erosionada por las condiciones laborales. Esta es una situación con tendencia al aumento y al deterioro de la calidad de vida del afectado, de los estudiantes y de su familia. Los enfermos reciben incapacidad laboral y tratamiento psiquiátrico, pero no se alcanza la mejoría adecuada y se vuelve necesaria la ingesta de medicamentos que producen efectos colaterales. Además, la salud física de varios se ve deteriorada por la somatización.

Dentro del panorama aparece un componente externo adverso, que se replica en varios países del continente: la subestimación del ejercicio de la docencia y la violencia. Sin embargo, la preocupante realidad no puede estar ausente o aparecer en lugares secundarios de las agendas de las agremiaciones de educadores, porque es un aspecto determinante para mejorar la calidad de vida de la población a partir de la educación, con bienestar. Así, las condiciones de trabajo docente merecen ser puestas en las agendas de política educativa.

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En un trabajo de investigación que venimos realizando un grupo de Orientadores Escolares, un directivo de la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación [Fecode] y el Equipo sindical Los Profes, se precisa que se requieren estudios sobre salud mental de los maestros en el continente. La “Prevalencia y características del Síndrome de Agotamiento Profesional en docentes de tres colegios públicos de Bogotá”, encontró que el 43.9% presenta falta de realización personal; el 49% despersonalización y 57.4% cansancio emocional (Ospina Pedro, González, 2009). Esta situación demanda de las organizaciones gremiales acciones para exigirle al patrón remediar los problemas y trastornos mentales, prevenirlos, potenciar los factores protectores y promover la salud Mental encarando los factores de riesgo en el trabajo docente.

Los resultados de los estudios explorados destacan algunas temáticas que deben ser profundizadas: el deterioro de la salud mental de los docentes, la relación de la salud de los pedagogos con la enseñanza y los aprendizajes; la situación de salud de las maestras, que representan más del 75% de la docencia en todos los países americanos; la relación entre valoración profesional, autoestima, clima del aula, liderazgo de los directores, cultura escolar y resultados de las evaluaciones externas; los modelos pedagógicos y salud docente. Los estudios coinciden en la necesidad de implementar estrategias que mitiguen el impacto de la violencia: social, armada, familiar, matoneo y autoagresión de los educandos, flagelos incubados en la escuela sin que el docente tenga las herramientas y apoyos para actuar y transformar esos conflictos.

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Para el 63,6% de los docentes argentinos, el alumno genera una alta dedicación laboral y el trabajo de aula le demanda una exigencia muy alta para el 77,6%. El desgaste de salud mental en Chile se expone en el elevado consumo de medicamentos hipnóticos, ansiolíticos y antidepresivos. En Ecuador, un considerable porcentaje de los docentes ha sufrido estrés, 47.62%; gastritis, 40.14%; disfonía o afonía, 37.41%; resfríos 34.01% ligados a problemas psicológicos. La depresión, neurosis, dolor de espalda frecuente y los trastornos ginecológicos aquejan exclusivamente a las mujeres docentes en México. Los profesores peruanos expresan sentir estrés, angustia y dificultad para concentrarse, debido a las condiciones sociales que afectan su trabajo: violencia intrafamiliar, pobreza, abandono de los padres, falta de seguridad con respecto a amenazas o agresiones fuera y dentro del centro educativo.

Con base en lo expuesto, surgen las siguientes preguntas: ¿Cuáles son las enfermedades mentales que están afectando a las y los maestros de Colombia y del continente? ¿Qué factores de riesgo están generando esas enfermedades? ¿De qué manera constituir una propuesta que permita contrarrestar y prevenir los factores de riesgos psicosociales, promoviendo condiciones protectoras que contribuyan con el mejoramiento de la salud mental del maestro y de su familia?

Fuentes consultadas

Byung-Chul, H. (2017). La sociedad del cansancio. (Herder, Ed.). Madrid.

Kimble, G. (1963). Tropical África. (Twentieth Century Fund., Ed.). New York.

La Rosa, E. (2009). La fabricación de nuevas patologías. (Supergráfica, Ed.). Lima.

MINSALUD-COLCIENCIAS. (2016). Encuesta Nacional de Salud Mental 2015. In I. Bogotá DC. Retrieved from https://www.javerianacali.edu.co/sites/ujc/files/node/field-documents/field_document_file/saludmental_final_tomoi_color.pdf

OMS. (2013). Plan de acción sobre salud mental 2013-2020. Ginebra.

Ospina, P. , González, J. y otros. (2009). Salud mental cooperativismo y educación. (Editorial Códice Ltda, Ed.). Bogotá DC.

 

Colombia Humana: ¿una dama que sonríe o un tigre hambriento?

En la culminación del proceso electoral, que se ha dinamizado en Colombia durante el año 2018, vale la pena echar mano de El valor de elegir y, dentro de este , de la reflexión que aporta Savater ( 2003, p. 31) sobre la incertidumbre y la fatalidad. Las posiciones acerca del camino a tomar en segunda vuelta son variadas, debatiéndose entre el voto en blanco, la abstención y el sufragio por uno de los dos candidatos. En los tres planos, la fatalidad y la incertidumbre se auscultan, en muchos momentos, con juicios de valor a priori, sobre todo desde los medios masivos de comunicación hegemónicos.

Más allá de los resultados cuantitativos del domingo 17 de junio, La Colombia Humana postula un paso hacia adelante, ninguno hacia atrás. Cualquiera que sea el resultado electoral, esa travesía es apenas la conquista de una grada en la larga escalera que tenemos que transitar hacia el rescate de Colombia. Esa nación que ha estado secuestrada por corruptos y gobiernos que le siguen apostando a la violencia, a la destrucción del ambiente, al clientelismo, al atraso, a la ignorancia y a la dependencia de gobiernos como el de Estado Unidos.

El ascenso al que le apuesta Colombia Humana es hacia la justicia social, el respeto a la vida en todos los órdenes, a la conservación de la naturaleza y a la potenciación de los Derechos Humanos y de la educación. Los constructores de un nuevo proyecto de país tenemos claro, como lo expuso Lao-Tse, que: “Un viaje de mil millas comienza con un primer paso” (Citado por González, 2013) y ahí andamos, porque “somos andando” (Freire, 1994).

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Para la Colombia Humana, “la verdad está en el viaje, no en el puerto” (Galeano, 1998, p. 336) y “no hay más verdad que la búsqueda de la verdad”. Un viaje con muchas adversidades y tropiezos, pero saturado de significativas lecciones que fortalecen una Colombia incluyente y soberana. En este periplo ha quedado al descubierto que, verbi gracia, los ricos se han unido para defender sus intereses económicos y el poder político, sin principios éticos ni contemplaciones morales, y por encima del circo y las pataletas que protagonizaron en años anteriores cuando vociferaban unos contra otros y hacían creer al pueblo que eran adversarios, cuando en verdad “son los mismos con las mismas”.

La historia “de Bronce” y la historia de los oprimidos está plagada de ejemplos de este tipo de alianzas a nivel regional y nacional, en distintas épocas. A mediados del siglo pasado, una coalición de los partidos liberal y conservador impuso la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla “como una suerte de ensayo de lo que sería el Frente Nacional.” (Ospina, 1999, p. 41). El general comprendió que el Estado podía servir a los fines del pueblo y por esa vía construyó una amalgama de obras benéficas para los gobernados, hecho que incomodó a los “irreconciliables” partidos tradicionales, quienes se convirtieron en “un solo hombre” para, con dos colores y la misma ideología, impedir que el poderío se les saliera de las manos.

Años después, el General y “la capitana” participaron con la Alianza Nacional Popular [ANAPO] en “una aventura electoral que puso en peligro la dominación bipartidista, y obligó al democrático Frente Nacional a modificar los resultados electorales” (Ospina, 1999, p. 42) la nocahe del 19 de abril de 1970, “cuando, en opinión de varios analistas e investigadores, se fraguó el más escandaloso fraude electoral del siglo veinte.” (Téllez, 2013) en favor de su candidato “con cifras llegadas de remotas provincias” (Ospina, 1999, p. 42). Lo del fraude en elecciones no es un embeleco, ha sido una experiencia en la historia de Colombia.

Con base en lo expuesto y retomando a Savater (2003), viene a colación el relato de Stockon acerca de ¿La dama o el tigre? (1989), en el que un  joven que ha cometido el delito de amar a la hija de un rey semibárbaro, quien administraba justicia de manera espectacular y caprichosa, fue condenado. El día que determinó su majestad, el condenado era conducido a la ordalía y el pueblo, apostaba sentado en la gradería de la plaza del rey, esperaba que el hombre saliese por una de las dos puertas a enfrentarse con una disyuntiva:  tras una de las puertas, se encontraría con un hambriento tigre, tras la otra, con una hermosa dama. El único que sabe qué se esconde detrás de cada puerta, es el rey. Si abre la puerta donde está el tigre, sin duda será descuartizado, y si abre la otra, se casará con la dama.

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En la gradería del país, esperando que el condenado contrario a la incertidumbre del reo y de los espectadores, Colombia Humana si sabe detrás de cuál puerta está el tigre, cuáles son las características de sus fauces, cuáles son las presas preferidas y advierte sobre la depredación que causará el felino, su domador y la jauría que saldrá a la plaza del rey para acabar de devorar la zoología, la minería y la biología del hermoso bosque llamado Colombia donde “el verde es de todos los colores”. En este sentido, la fatalidad está anunciada y la incertidumbre despejada.

La Colombia Humana puede asumirse como la dama que sonríe y no la que frunce el seño, el rostro femenino que sigue saliendo a la plaza de los oprimidos, de los campesinos, de los jóvenes, de los niños, de los indígenas, de las mujeres, de los excluidos, de los empresarios, de los Verdes, de los industriales y comerciantes, de los abstencionistas, de los azules y de los rojos que han comprendido que las guerras civiles del pasado y la violencia no fue entre liberales y conservadores sino que fue “una violencia entre liberales pobres y conservadores pobres, mientras los ricos y poderosos de ambos partidos los azuzaban y financiaban su rencor, dando muestras de una irresponsabilidad social infinita. La Violencia no podía ser una iniciativa popular, pues no iba dirigida contra quienes se lucraron siempre del pueblo” (Ospina, 1999, p. 36).

La Colombia Humana en el proceso electoral no es un cuento que deja el desenlace a merced del lector, o del espectador como en la obra de Stockton. La Colombia Humana se ha casado con el pueblo y éste no puede dudar en su identificación, como le ocurrió aquel príncipe Disipador de dudas (Stockton, 1985, p. 23) que no sabía con quien había contraído nupcias y tuvo que adivinar. El ciudadano colombiano no puede vacilar en escoger a la dama que sonríe en vez de a la que frunce el entrecejo porque si opta por la segunda, o bien recibe el castigo de la afilada hoja que porta el disipador, o bien se convierte en apetitosa ingesta de la fiera.

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Compatriotas: sea cual fuese el resultado de las elecciones presidenciales, el ascenso de la Colombia Humana sigue extendiéndose como la enredadera. La verdad se sigue cultivando en el viaje. Estamos ad portas de ascender un escaño hacia la presidencia con la convicción de que ese no es el puerto de llegada, porque el puerto que nos dirigimos está más allá; en la cima de la escalera está una Colombia auténticamente democrática y soberana. La Colombia Humana necesita tiempo, demanda más compromiso, requiere mirarse a sí misma para mejorar el rostro que algunos ciudadanos nos critican. Al fin y al cabo, como lo dijo Eduardo Galeano.“somos lo que hacemos para cambiar lo que somos” (Galeano, 1983). La apuesta de la Colombia Humana es por la dama, no por el tigre.

José Israel González Blanco

@ocavita

ocavita2012@gmail.com

Fuentes consultadas

Freire, P. (1994). Cartas a quien pretende enseñar. (S. X. Editores, Ed.). Madrid.

Galeano, E. (1983). Voces de nuestro tiempo. (EDUCA, Ed.). San José.

Galeano, E. (1998). Patas arriba. La escuela del mundo al revés. (Siglo XXI editores, Ed.). México.

González, J. (2013, July). Currículo … padres de familia. Senderopedagogico.Blogspot.Com. Retrieved from http://senderopedagogico.blogspot.com/2015/04/

Ospina, W. (1999). ¿Dónde está la franja amarilla? (Editorial Norma, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Savater, F. (2003). El valor de elegir. (Ariel S.A, Ed.). Barcelona.

Stockton, F. (1985). El disipador de dudas. (S. S.A, Ed.). Málaga España.

Stockton, F. (1989). ¿La dama o el tigre? (Producciones Gráficas Editoriales, Ed.). Barcelona.

Téllez,  J. (2013). La noche en que Lleras R. reconoció el triunfo de Rojas. El Espectador. Retrieved from https://www.elespectador.com/noticias/nacional/noche-lleras-r-reconocio-el-triunfo-de-rojas-articulo-417039

 

La verdadera crisis electoral no está vestida de verde

Los colombianos en estos momentos asistimos a una nueva crisis política de la nación, centrada específicamente en lo moral y en lo ético. Es una crisis entendida no como la culminación de un proceso, sino como el comienzo de la imposición de “algo nuevo en la sociedad” (Gutiérrez G., 1998, p. 264). Esa novedad concatena, al menos cuantitativamente, cerca de diez millones de electores que el pasado 27 de mayo optamos por propuestas en lo afín al nuevo presidente y vicepresidente, con una mirada de país distinta a la que hemos tenido durante muchos años.

Con base en los resultados electorales aparece otra crisis, sobre todo para los votantes de los candidatos perdedores. Instrumentalmente, la situación de los ciudadanos se resuelve con: el voto en blanco, la abstención o la adhesión a uno de los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta presidencial. La gran mayoría de los ciudadanos prosélitos de los candidatos finalistas mantienen su apoyo.

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Hasta este punto, la situación no parece complicada, pese a la inmoralidad y falta de ética de la registraduría ante el fraude electoral que ella niega amparada en lo legal. No obstante, para quienes hemos nacido en la laguna de la violencia y hemos crecido en el cauce de los ríos de sangre, la desembocadura que pueda tener la elección del nuevo presidente es motivo de preocupación. El meollo del asunto, más allá de lo político, lo cognitivo y lo emocional, es de corte moral y ético porque se trata elegir entre dos opciones contrarias.

Una de las opciones significa el retorno a la guerra, al sostenimiento de la corrupción, mantener el atraso, la pobreza, la destrucción de lo poco que queda de lo público y de la naturaleza. Mientras que otra, prefiere mantener la Paz Positiva (Galtung, 1984) con todo lo que ella engloba: “igualdad en la distribución de la riqueza y erradicación, por lo tanto, de la pobreza, resolución pacífica de los conflictos y cooperación a todos los niveles, respeto por la naturaleza, desaparición del analfabetismo y de la fabricación de armamento, etcétera” (Kant, 2011, p. 10).

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No debería haber duda de que la mejor opción es la segunda, al menos para quienes le apostamos con el sufragio a las candidaturas alternativas. Pero la duda existe y crece exponencialmente. En este marco de reflexión pasamos de lo moral a lo ético, en cuanto que la o el ciudadano que escruta debe ser consciente del beneficio o el daño su decisión le ocasiona al país.

Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena” decía Gandhi. Ese silencio disfrazado de “neutralidad” y manifiesto a través de la abstención o del voto en blanco, no favorece al país, no en el actual momento histórico. Al contrario, coadyuva al continuismo de la guerra, al sostenimiento de la corrupción a partir del atraso, la pobreza, la destrucción de los pocos bienes públicos que nos quedan, la ruina de la naturaleza y al desmoronamiento de la esperanza, la cual se sobrepone a los males de una clase de gobernantes sin ética, sin moral y sin vergüenza.

Así que la ética nos sirve “para recordar que es más prudente cooperar que buscar el máximo beneficio individual” (Cortina, 2013, p. 93). Cooperar con el rescate de un país que durante siglos ha estado secuestrado por malos gobiernos que han buscado y logrado enriquecerse, por la imposición de la guerra y por el engaño del régimen: es el llamado que la realidad colombiana hoy pide a gritos a quienes deliberadamente promueven el voto en blanco o la abstención. “Hacer sin mirar a quien se daña, no es libertad” (Cortina, 2013, p. 100) y si algo requiere Colombia es libertad y bienestar.

El proceso electoral que ha transitado por el escenario nacional durante el 2018 y la movilización de la ciudadanía en busca del cambio de modelo de gobierno acreditan el proceso de crecimiento de colombianos, con consciencia, coraje, dignidad y decisión para dejar atrás las descoloridas franja azul y roja de los partidos tradicionales y responder, en la praxis, esa pregunta que nos está haciendo la historia: “Ahora que el rojo y el azul han dejado de ser un camino, ¿Dónde está la franja amarilla? (Ospina, 1999, p. 78)”.

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La franja amarilla está ondeando la transformación de la injusticia en justicia social, la inequidad en equidad social, la violencia y la guerra en paz positiva, la corrupción en manejo honrado de lo público, la ignorancia en educación gratuita para todos, la exclusión en inclusión, y despertando la potencialidad de ese “90 por ciento de la gente colombiana” que “es amorosa” (Llinás, citado en González, 2016). La franja amarilla le está apostando a la democracia auténtica a través de una nueva forma y un nuevo fondo de gobernar, en esta coyuntura, mediante la Colombia Humana.

La Franja amarilla ha nacido y ha crecido con la violencia pero no se resigna a seguir en ella. Ha comprendido el juego perverso que la oligarquía colombiana ha instaurado durante siglos para sotenerse een el poder: desde la Guerra de Los Mil Días, pasando por El Bogotazo, la dictadura de Rojas Pinilla, el Frente Nacional y la “paz” represiva( Ramírez-Orozco, 2012). Si, la misma que, agenciada por los gobiernos de López Michelsen y Turbay Ayala, promovía la criminalización de la protesta liderada por movimientos sociales.

Esa Franja Amarilla también ha atravesado el intento de “la paz objetiva” de Betancur, la desmovilización del M-19, del Quintín Lame, de una parte del Ejército Popular de Liberación (epl) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores; la constituyente de 1991; “El plan garrote”, en el que Bogotá y Washington firman el Plan Colombia y como consecuencia el fenómeno del narcotráfico entra a afectar la lucha armada; los episodios de el Caguán en el gobierno de Pastrana; las desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y el nacimiento de la Bacrim; y, por último, los Acuerdos firmados en la Habana con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

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La Franja Amarilla, en estos tiempos de crisis moral tiene claro que ni la “neutralidad”, ni la pasividad, ni la pusilanimidad le sirven a Colombia para salir de la violencia y poder avanzar en la conquista de la democracia auténtica. La Franja Amarilla, recordando a algunos pasajes de la Divina comedia (Alighieri, 1963), tiene conciencia de que, en tiempos de crisis moral: “los confines más oscuros del infierno están reservados para aquellos que eligen mantenerse neutrales”, por medio del voto en blanco o la abstención.

Para la mayoría de colombianos que estamos en la Franja Amarilla “todavía nos queda un país de fondo por descubrir en medio del desastre, una Colombia secreta que ya no cabe en los moldes que nos habíamos forjado con nuestros desatinos históricos” (García, 2003). El país de fondo es como el molusco y la concha del molde forjado con los desatinos históricos. En ese sentido, es en los momentos actuales que “hay que vivir para edificar la casa (Bachelard, 2000, p. 142). Esa es la invitación: dejemos atrás el molde, apostémosle a la vida, aprovechemos esta oportunidad que venimos construyendo y transformemos los destinos históricos que dibuja la guerra en una Colombia Humana.

Referencias

Alighieri, D. (1963). La divina comedia. (Ediciones Selectas S.R.L, Ed.). Buenos Aires.

Bachelard, G. (2000). La poética del espacio. (F. de C. Económica, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Cortina, A. (2013). ¿Para qué sirve realmente la ética? (Paidós, Ed.). Madrid.

Galtung, J. (1984). Hay alternativas. (Técnos, Ed.). Madrid.

García, G. (2003). La patria amada aunque distante. Universidad de Antioquia. Retrieved from https://books.google.com.co/books/about/La_patria_amada_aunque_distante.html?id=N_tCYgEACAAJ&redir_esc=y

González, J. I. (2016). Escuela, conflicto y paz. (Instituto para la Investigación Educativa y Desarrollo Pedagógico, Ed.). Bogotá DC.

Gutiérrez G., R. (1998). Insistencias. (A. S.A, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Kant, I. (2011). Kant. Por la paz perpetua & ¿cómo orientarse en el pensamiento? (E. B. S.L, Ed.). Barcelona.

Ospina, W. (1999). ¿Dónde está la franja amarilla? (Editorial Norma, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Ramírez-Orozco, M. (2012). La paz sin engaños. Estrategias de solución para el conflicto colombiano. (Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)., Ed.). México.

 

El docente orientador: ¿“un cheque sin fondos”?

En las redes de los docentes orientadores cada día se leen mensajes que interpelan el sentido de la Orientación Escolar en Colombia. Son mensajes que, en algunos casos, forjan preguntas en el lector respecto su oficio; en otros, expectativas por conocer la receta que ofrece algún miembro del chat para aplicarla y evitarse la angustia de pensar qué tiene que ver la receta con lo psicopedagógico, con lo ético y con las funciones consignadas en el Decreto 1075 de 2015, en la Resolución 15683 de 2016, en la Directiva ministerial No 50 de 2017 o en las tres. Pero hay mensajes que no dejan de preocupar.

Son numerosas las demandas escriturales de docentes orientadores pidiendo apoyo acerca de qué hacer ante circunstancias determinadas. Dejan entrever vacíos en el sentido de su accionar, en el ejercicio de sus derechos, en el rol de otros integrantes de la comunidad educativa, de las responsabilidades del gobierno, del Estado, de las instituciones y de la sociedad en general.

Se trata en términos filosóficos de un asunto de ignorancia tal como la concibe Platón (2010) en El Sofista. El filósofo en mención inicia teorizando sobre el conocimiento con una introspección sobre el desconocimiento. En ese juego lingüístico y de raciocinio, no define a la ignorancia como un estado de carencia, sino más bien de llenura. Nos dice, por ejemplo, que “si la ignorancia fuera como el hambre, un estado de carencia, la educación sería el trabajo más sencillo del mundo, porque sería como dar de comer al hambriento”(Zuleta, 1996, p. 34).

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Entender la ignorancia desde esta perspectiva, nos permite ver que nuestro problema como docentes orientadores no es de ausencia o de falta sino, por el contrario, es un estado en el que nos sentimos pletóricos de opiniones y saberes impuestos. El docente “se ha convertido, en la vasta mayoría de los casos, en un funcionario obligado a cumplir con los mandatos de hombres y mujeres que no tienen su instrucción, que no poseen experiencia alguna en tratar con los jóvenes y cuya única actitud hacia la educación es la del propagandista”(Russell, 1985, p. 80).

Los docentes orientadores y los docentes en general no somos -como lo sugirió alguna vez un directivo docente- un “cheque sin fondos” para los “gerentes” de las instituciones educativas ni para la administración: local, municipal, distrital y nacional de la educación. ¡No! Los docentes orientadores y educadores en general poseemos un capital cultural, psicopedagógico, académico, ético y moral. Este no ha sido un regalo, lo hemos formado a partir de formación inicial y avanzada en la universidad y de la experiencia que nos ha condescendido la autonomía, la capacidad, la libertad, la “mayoría de edad” -en términos kantianos- para ejercer el oficio valiéndonos de nuestro propio entendimiento y no pendiendo de lo que nos digan los demás.

Cuando los inmediatos superiores del docente orientador o incluso cuando él mismo no reconocen ese capital sicopedagógico, emocional, cognitivo, ético ni la experiencia que respaldan nuestra acción profesional, ese educador se declara menor de edad -en términos kantianos- y por eso hace “lo que le mandan”. Y es ahí cuando se vuelve pertinente recordar las palabras de Zuleta (1996, p. 65) “uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no es un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro”.

“…trabajando hasta 12 horas…”

“Tenemos hoy colegas trabajando 6, 8 y hasta 12 por el compromiso con las/los estudiantes, a causa de una administración gobierno que no tiene un compromiso real con la protección de la juventud ni con la educación”, se lee en un chat. Frente a esta aseveración uno se pregunta: ¿Se está ejerciendo la mayoría o la minoría de edad por parte de esos colegas?

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Sobrepasar la jornada laboral, creyendo que ese es un compromiso implícito con los estudiantes y que es una acción loable del docente orientador pero sacrificando la salud física y mental del docente orientador: ¿es un defecto en el entendimiento o es falta de decisión para servirse, con independencia, del entendimiento sin la conducción del otro? ¿A caso la única institución del Estado que tiene compromiso con los estudiantes es la escuela pública estatal?

Si la causa de la desatención de los estudiantes es debida a que “una administración gobierno (…) no tiene un compromiso real con la protección de la juventud ni con la educación” ¿Entonces el antídoto es trabajar “hasta 12 horas”? ¿Desconoce el docente orientador la Directiva Ministerial 50, expedida por el Ministerio de Educación producto de la meritoria lucha de los maestros de Colombia, en la que se explicita que la jornada laboral del docente orientador es de 6 horas dentro de la institución y dos por fuera?

Frente a estos episodios y a muchos otros tenemos que ser más políticos, menos ingenuos, menos peregrinos, y comprender que el enfoque asistencialista del docente orientador y del docente en general que en su tiempo funcionó, hoy no está vigente. El docente orientador no es un apóstol ni un mesías, es un sujeto político, ético y que tiene derechos. En una publicación anterior, llamo al magisterio a ser consciente de que las enfermedades del Siglo XXI no son virales ni bacterianas porque éstas ya han sido combatidas por la medicina. La enfermedad actual es neuronal. Estamos ante el síndrome de Burnout y con esos actos a cambio de prevenirlo se agudiza.

Byung (2017, p. 52) declara que la depresión, el Trastorno con Déficit de Atención por Hiperactividad, el Trastorno Límite de la Personalidad y el Síndrome de Desgaste Ocupacional no están ligados a un proceso de represión y de negación. “Apuntan más bien a un exceso de positividad, es decir, no a la negación sino a la incapacidad de decir no, no al no-deber, sino a poderlo todo”. A auspiciar el cansancio, el fruto de la sociedad del rendimiento, de la autoexplotación del ser humano por el ser humano, de la autoagresión, del intento de superar “la propia sombra” que es el corolario de la política del “régimen vampiro” en que tiene lugar el trabajo.

Colegas: que no nos suceda como el relato sobre la rana que ajusta su temperatura corporal ante un cambio ascendente de temperatura en un recipiente con agua caliente, y cuando el agua llega al máximo de ebullición, el anfibio intenta saltar para salvar la vida, pero la fuerza no le alcanza porque la ha perdido ajustando su temperatura corporal.

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 “Tengo un estudiante que se está escapando…”

“Tengo el caso de un estudiante que se está escapando del colegio y de su casa” “¿Qué me recomiendan hacer?”. El texto remite a Freire (1994, 29) en la aclaración que hace al referirse a la “trampa” que existe en el ejercicio de ser maestra y el de ser tía. El pedagogo brasilero es contundente al aseverar: “maestra no es tía” y retoma la incógnita de una educadora que lo interroga: “¿En qué medida ciertas maestras quieren dejar de ser tías para asumirse como maestras?”.

Para el docente orientador, es de rigor diferenciar su práctica educativa de otras prácticas que no son de su dominio. Para alcanzarlo es necesario acceder al conocimiento que ofrece la psicología, la pedagogía y otras disciplinas, incluida la de la legislación. Me asalta la siguiente hipótesis: ignorar el conocimiento sobre todo de estas dos disciplinas y la normatividad existente es lo que está enrareciendo la Orientación Escolar, sumiéndola en una actividad cualquiera, “en un cheque sin fondos”, más que en una acción profesional. El control de los estudiantes, en la jornada escolar y fuera de ella, no es del resorte del docente orientador. En el primer caso les compete a maestros y a directivos docentes hacerlo y, en el segundo, a la familia. Si el asunto es más complejo, atañe a las entidades de protección, explicitas en la ley de Infancia y Adolescencia, en la legislación vigente y en el Manual de Convivencia, por citar apenas unas referencias.

Ante el “escape” de los educandos, Freire es preciso al decir: “en realidad no hay niños que se evadan de las escuelas, así como no los hay fuera de éstas -como si no estuviesen dentro solamente porque no quieren-, sino que hay alumnos a quienes en ocasiones se prohíbe entrar en las escuelas y a veces permanecer en ellas.”(Freire, 1994b, p. 29)

Los propagandistas con la ideología dominante -como los denomina el filósofo británico- no sólo opacan la realidad, sino que también nos vuelve miopes y nos impiden ver claramente esa realidad. “Su poder es domesticador y nos deja ambiguos e indecisos cuando somos tocados y deformados por él.”(Freire, 1994, p. 29)

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De nuestras funciones

Como la mejor crítica a un río es construirle un puente, enseguida amplifico tres vigas para que los docentes orientadores se balanceen en ellas y no se dejen caer en las tormentosas corrientes del río del rendimiento, y por esa vía del agotamiento como personas y como profesionales. Las vigas que se referirán en este escrito no son desconocidas por los colegas, de ahí que la pretensión no es otra que recordarlas e invitar a su aplicación.

La Directiva ministerial No 50 de 2017 y la circular 02 de 2018

El paro de maestros de 2017 logró que los acuerdos incluyeran la expedición de la Directiva Ministerial No 50. En ella que se estipula la jornada laboral de los docentes orientadores de 6 horas dentro del plantel y dos por fuera. La directiva se apoya en el Manual de Funciones, Requisitos y Competencias de los educadores, adoptado por la Resolución 15683 de 2016 y del Ministerio de Educación Nacional [MEN].

Ninguna norma vigente le asigna “funciones esenciales al docente orientador en el área de gestión de tipo administrativo, motivo por el cual no es posible que el rector le asigne actividades o funciones de este tipo.” El Manual de Funciones, Requisitos y Competencias de los educadores, adoptado por la Resolución 15683 reglamentaria del Decreto 1075 de 2015, si asigna esas funciones principales y esenciales a los docentes orientadores. Pese a lo reglado, hay colegas realizando funciones de gestión administrativa, con los riesgos que eso implica. Y muy seguramente no es un defecto del entendimiento, sino “la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro”.

Funciones principales del docente orientador

Los componentes de estas funciones están puestos en la Ley General de la Educación, la cual fue reglamentada por el Decreto 1860 de 1994 y estableció, en su artículo 40, el objetivo de la Orientación Escolar. Esas funciones principales son:

  • La toma de decisiones personales.
  • La identificación de aptitudes e intereses.
  • La solución de conflictos y problemas individuales, familiares y grupales.
  • La participación en la vida académica social y comunitaria.

El desarrollo de valores, y las demás funciones relativas a la formación personal de que trata el artículo 92 de la Ley 115 de 1994

“Formación del educando. La educación debe favorecer el pleno desarrollo de la personalidad del educando, dar acceso a la cultura, al logro del conocimiento científico y técnico y a la formación de valores éticos, estéticos, morales, ciudadanos y religiosos, que le faciliten la realización de una actividad útil para el desarrollo socioeconómico del país. Los establecimientos educativos incorporarán en el Proyecto Educativo Institucional acciones pedagógicas para favorecer el desarrollo equilibrado y armónico de las habilidades de los educandos, en especial las capacidades para la toma de decisiones, la adquisición de criterios. el trabajo en equipo, la administración eficiente del tiempo, la asunción de responsabilidades, la solución de conflictos y problemas y las habilidades para la comunicación, la negociación y la participación”.

Funciones esenciales del docente orientador

Son tres las funciones esenciales:

  1. De la función directiva

    En lo afín a la planeación y organización le concierne al docente orientador:
    • Participar en la elaboración y revisión del  Proyecto Educativo Institucional, del Plan Operativo Anual y del Plan de Mejoramiento Institucional.
    • Contribuir con el proceso de evaluación de los resultados de la gestión y definición de los planes de mejoramiento;
    • Proponer espacios y canales de participación de la comunidad educativa, para el cumplimiento de los objetivos institucionales en el mejoramiento del ambiente escolar.
    •  Realizar reportes de análisis del ambiente escolar y utilizarlos para la reformular las estrategias de la institución y para generar un ambiente escolar sano y agradable.
    Acerca del clima escolar

    Participar en la definición de estrategias que coadyuven con la generación de un ambiente sano y que favorezca el aprendizaje de los estudiantes y la convivencia en la institución.

  2. De la función académica

    • Atiende la consulta personal sobre aspectos psicológicos y sociales demandados por estudiantes y padres de familia.
    • Evalúa y monitorea los aspectos psicopedagógicos de los estudiantes remitidos por los docentes y determina el curso de acción.
    • Identifica factores de riesgo psicosocial que afectan la vida escolar de los estudiantes y propone una estrategia de intervención.
    • Diseña en coordinación con el Consejo Académico e implementa una estrategia de Orientación vocacional y desarrollo de carrera, para los estudiantes que les permita a los estudiantes definir su proyecto de vida.
    • Presenta informes para las instancias colegiadas de la institución en las que se definen políticas académicas.
  3. De la función comunitaria relacionada con: el Diagnóstico y orientación, la participación la convivencia, la proyección a la comunidad y prevención de riesgos.

 

 

  • Participación y convivencia
    • Lidera la implementación de la ruta de prevención, promoción, atención y seguimiento para la convivencia escolar.
    • Participa en el Comité Escolar de Convivencia de la institución y cumple las funciones que se han determinado por Ley.
    • Promueve la convivencia y la resolución pacífica de los conflictos, suscitados en la vida escolar de los estudiantes.
    • Promueve el buen trato y las relaciones armónicas entre los miembros de la comunidad educativa.
    • Apoya la implementación de estrategias del centro educativo para relacionarse con las diferentes instituciones, para intercambiar experiencias y recibir apoyo en el campo de la convivencia y la orientación escolar
  • Proyección a la comunidad educativa
    • Diseña y pone en marcha la escuela de padres, para apoyar a las familias en la orientación psicológica social y académica de los estudiantes.
    • Promueve la vinculación de la institución en programas de convivencia y construcción de ciudadanía que se desarrollen en el municipio y respondan a las necesidades de la comunidad educativa.

 

  • Prevención de riesgos
    • Participa en la identificación de riesgos físicos y psicosociales de los estudiantes para incluirlos en el manual de gestión del riesgo de la institución.
    • Propone acciones de seguridad para que se incluyan en el manual de gestión del riesgo de la institución, que favorezcan la integridad de los estudiantes.

Con base en lo expuesto, el enrarecimiento en que viene cayendo el oficio del docente orientador podrá superarse sí y sólo sí, tanto  Ella como Él se asumen como: intelectuales, trabajadores de la cultura, investigadores, sujetos de derechos, ser políticos y no como un funcionarios, como toderos. “No se espera de los sacerdotes que prediquen sermones durante varias horas todos los días, y en cambio se exige un esfuerzo análogo a los maestros…Nadie consentiría, hoy en día, que se sometiese a los médicos a la fiscalización de autoridades ajenas a la medicina, en relación con la forma en que aquéllos deberían tratar a sus pacientes, salvo, naturalmente, cuando se apartan criminalmente del sentido de la medicina”(Russell, 1985)

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Compañeras y compañeros: ¡No dejemos que la zombificación se apodere de nosotros para robarnos el espíritu de ser auténticos docentes orientadores! ¡No somos un “cheque sin fondos”.! ¡Pongamos a circular el capital sicopedagógico, ético y de la experiencia, para elevar el valor de la Orientación escolar y ganarnos, en la praxis, el respeto que merecemos.

Referencias

Byung-Chul, H. (2017). La sociedad del cansancio. (Herder, Ed.). Madrid.

Freire, P. (1994). Cartas a quien pretende enseñar. (S. X. Editores, Ed.), Educación. Madrid.

Platón. (2010). El sofista. (Alianza editorial, Ed.). Madrid.

Russell, B. (1985). Las funciones de un maestro. In Ensayos educativos (pp. 69–80). Madrid: EDHASA.

Zuleta, E. (1996). Lógica y crítica. Lecciones de filosofía. (U. del Valle, Ed.). Calí.

 

 

 

 

Día Internacional de la Clase Obrera: Entre el agotamiento y la Esperanza

En la conmemoración del Día Internacional de la Clase Obrera hubo expresiones que auscultaron el sentir, pensar y actuar de los manifestantes con respecto al momento histórico, político, económico y social por el que atraviesa Colombia. Dentro de este variopinto de revelaciones se percibe la denuncia por el impacto de las políticas sociales y laborales que los gobiernos neoliberales han venido implementando en Colombia, en los últimos decenios, y que hoy tienen a los trabajadores y a los sectores más desfavorecidos ad portas de la depresión. Según estudios de investigadores serios, Colombia, después de Haití, ocupa el segundo lugar de desempleo en el continente. En las áreas rurales es donde menos desempleo hay, pues adultos y niños trabajan, no obstante, es la población más pobre del país. El desempleo de los jóvenes está entre 20% y 25%. ¿Y qué decir de las condiciones de empleabilidad?

En el caso de las personas que están vinculadas al trabajo formal o informal, el Síndrome del trabajador quemado o de Burnout, es una constante, lo mismo que cl Síndrome de Agotamiento Profesional, la despersonalización, el cansancio emocional, la afectación de la salud mental y social de los trabajadores y sus familias. Estas son evidencias del malestar que engendra el trabajo, cuando lo esperado es que el trabajo coadyuve con la autorrealización del ser humano, con el ingenio, con la creatividad, con la praxis de los valores de solidaridad, cooperación y la ayuda mutua. Ese fue el sentido de la lucha de los trabajadores de Chicago, en 1886, con la conquista de 8 horas para el ocio, 8 horas para el descanso y 8 para el trabajo, manteniendo un estrecho vínculo entre estas tres dimensiones.

Es el cansancio, aseveró a sus compañeros, El Principito, cuando volvió a su país. “Yo me sentía triste, pero les decía: es el cansancio”. El Shock del presente es eso: el cansancio, el agotamiento, el desgaste, la irritabilidad que produce la violencia, la pobreza, el hambre, el acoso laboral y la ausencia de trabajo digno. Ese cansancio es fruto de la sociedad del rendimiento, de la autoexplotación del ser humano por el ser humano, de la autoagresión, del intento de superar “la propia sombra”; es el corolario de la política del “régimen vampiro” en que tiene lugar el trabajo.

No es un cansancio que sutura heridas, tampoco es curativo, como lo imaginó Kafka en la reinterpretación que hace del mito de Prometeo. Es un cansancio que propaga la “violencia neuronal” expuesta en melancolía, ira, duelo, tristeza, angustia, ansiedad y depresión. Byung (2016, 62) sostiene que:

“las enfermedades psíquicas como el burnout o la depresión, las enfermedades principales del siglo XXI, muestran todas las características de la autoagresión. Una autoagresión que surge del abismo que hay entre el Yo real y el Yo ideal. “En lugar de la lucha entre grupos, aparece la competencia individual”

La depresión, el Trastorno con Déficit de Atención por Hiperactividad (TDAH); el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) o el Síndrome de Desgaste Ocupacional (SDO) definen, según el filósofo coreano, el panorama patológico de comienzos del nuevo milenio. El magisterio no escapa a estas patologías. Los índices de consulta en psicología y psiquiatría son cada vez más crecientes y la respuesta del servicio de salud es cada vez más precaria en cantidad y calidad teniendo en cuenta los componentes del Derecho a la Salud. Byung (2016, 52) declara que a depresión, el Trastorno con Déficit de Atención por Hiperactividad; el Trastorno Límite de la Personalidad y el Síndrome de Desgaste Ocupacional, no están ligados a un proceso de represión y de negación. “Apuntan más bien a un exceso de positividad, es decir, no a la negación sino a la incapacidad de decir no, no al no-deber, sino a poderlo todo”.

Si nosotros no somos capaces de decirle no a cuanta actividad se inventan entidades públicas y privadas, con el interés de obtener sus propios beneficios, a costa de la salud de los trabajadores de la educación, los hospitales psiquiátricos y las clínicas seguirán siendo insuficientes para albergar a tanto docente enfermo mental y fisiológico.

De ahí que la conmemoración del Día Mundial de la Clase Obrera debe hacernos reaccionar con el no rotundo y documentado a la imposición de la Jornada Única, por ejemplo. Con el no documentado a realizar funciones o trabajos que no nos corresponde realizar; con un no vigoroso al Día E y con un sí al unísono al Día F (Financiación de la educación), con un no beligerante al irrespeto de los Derechos Humanos, tanto de docentes como de estudiantes y contra toda forma de violencia, pues ya queda dicho que las patologías del presente no son bacterianas, ni virales sino neuronales y que Prometeo, figura originaria de la sociedad del cansancio, es el sujeto que encarna la autoexploración, el rendimiento.

¡No dejemos que el águila –volviendo al mito de Prometeo- de la imposición arbitraria, de quienes administran la educación en los colegios, en la localidad y en la entidad territorial, devore nuestro hígado de la Esperanza, por la incapacidad de decir no y de creer poderlo hacer todo, para mantener contento al rector o al coordinador o al administrador de turno!

 

José Israel González Blanco

Fuentes

Byung, C. (2016) Tipología de la violencia. Barcelona, Herder editorial

 

Elecciones y locura lúcida en Colombia: una alcachofa para deshojar

 “Para Heidegger el hombre es como una alcachofa: solo se le entiende deshojando su apariencia, su sentido más externo y haciendo el camino hacia su verdad, hacia el corazón de la alcachofa”

Parra S., Rodrigo (1996: 193) 

Valdría la pena, en estos momentos de tanta agitación ideológica y emocional por las elecciones que se avecinan, desimbricar la alcachofa del plebiscito del pasado 2 de octubre, para ahondar en el debate. Son varios los análisis que se han haciendo acerca de los resultados, que no pasan de ser una muestra más del comportamiento de los adultos colombianos, muy preocupante, por cierto.

El sentir y pensar de los millones de niños, adolescentes y jóvenes, donde está el corazón de la alcachofa, no se han dejado ver en el debate nacional e internacional, sobre las elecciones presidenciales y todo lo que ello acarrea. Sobre el “Acuerdo para la terminación del conflicto y la construcción de una Paz Estable y Duradera”; hubo quienes realizaron plebiscitos escolares, con base en el conocimiento de los Acuerdos, la discusión de los mismos en las aulas y la praxis del mecanismo de refrendación. Los resultados: 69% por el Sí y 39% por el No. 85 colegios del departamento del Atlántico son apenas un ejemplo ilustrativo.

Ahora bien, acerca de los candidatos a la presidencia, a la vicepresidencia, acerca de su historia, de sus políticas de gobierno ¿qué saben los cerca de 11 millones de estudiantes colombianos matriculados en el sector oficial y particular de la escolaridad básica y media? ¿Y qué sabrán, sobre el particular, el millón y medio de niños y adolescentes que están fuera del sistema escolar en Colombia?

Este artículo, apoyado el símbolo de una hortaliza, llama la atención acerca de la posición y superposición comportamental de los ciudadanos en el plebiscito, más allá del síntoma, más al fondo del sentido externo, de la apariencia, intentando deshojar algunos pencas atávicas de la formación de la nación colombiana, subiéndonos a la silla de la psiquiatría, la genética, la sicología y la literatura.

Es la historia la que nos trae este despertar que tenemos que resolverlo entre todos, mirándonos A través del espejo de nuestra historia, “detrás de la chimenea” (Carroll, 2016), en “el rinconcito”, en el soporte del cristal y en la morfología de la alcachofa, porque, como lo escribe William Ospina (1995) en: ¿Dónde está la franja amarilla: “todo proyecto histórico que pretenda erradicar los males sin conocer su fuente está condenado al fracaso”

¿Hacia dónde vamos?

Deshojando el libro: Psicología del hombre colombiano encontramos esta incógnita titulando el capítulo fino, precedido por otros seductores capítulos: ¿Cómo nos comportamos? y Pautas de crianza de los niños de Colombia, niños que hoy son adultos con edades entre entre los 30 y 35 años de edad.

La respuesta, a la pregunta en cuestión, no se aparta de divisar el pasado para recordar que el Sabio Caldas fue el primero en hacer un estudio acerca de los patrones de comportamiento del hombre en la Nueva Granada. Para Caldas (1808), la explicación de las diferencias sicológicas entre los habitantes de las distintas regiones del país se debía al clima. Todos sabemos que la postura de la ciencia actual es distinta y que el estudio: Del Influjo del clima sobre los seres organizados, publicado por el fundador del Semanario del Nuevo Reino de Granada, tiene importancia histórica como pionero en esta área del conocimiento.

Años más tarde, Luis López de Mesa (1934) preocupado por comprender “el carácter nacional”, de los colombianos, escribe el libro: De cómo se ha formado la nación colombiana. Afirma el filósofo y siquiatra que la universalidad del hombre colombiano se debe a que “somos África, américa, Asia y Europa a la vez, sin grave perturbación espiritual”. Destaca en el colombiano, de la época, la generosidad, la plasticidad, la simpatía y el sentido estético; pero resalta también la fatigabilidad, la depresión y la impulsividad. “El colombiano no tiene el sentido de conquista del anglosajón, ni el sentimiento épico de la vida. Es pesimista y melancólico. Su filosofía es trágica y escéptica”.

Para Rubén Ardila, Colombia es un país variado y heterogéneo, conformado por subculturas o “endogamias culturales”, como las denomina el difunto profesor Emilio Yunis (2006, 15), en las que no cabe el concepto de “carácter nacional”. Subraya, que Colombia es una república joven y que “es extraño que un país en los comienzos de su desarrollo, se haya dedicado a mirar hacia atrás y no hacia delante.

Que hayamos desarrollado una adoración por el pasado…por las costumbres que tuvieron sentido en las generaciones anteriores pero que no lo tienen ahora. Y simultáneamente nos hayamos vuelto tan críticos, tan negativistas, tan dados a señalar las limitaciones y nunca los logros; a mostrar lo malo y lo feo de Colombia y no sus enormes avances y sus gigantescas posibilidades” (Ardila, 1986: 174).

¿Por qué somos así?

“Según el genoma humano, no hay genes blancos o negros, ni exclusivos de algún grupo. O sea, no hay genes corruptos ni violentos. No somos mejores ni peores por los genes, pero podemos ser peores o mejores por la historia. Todos, sin excepción, tenemos los mismos genes. Las variaciones que existen son muy pequeñas y son las que nos dan las variantes de los fenotipos. Lo que hay es dominación social de unos sobre otros. La historia nos ha hecho violentos”, se lee en el deshoje del libro: ¿Por qué somos así?, del inolvidable profesor Emilio Yunis.

Concuerdan sicólogo y genetista en que todos los comportamientos que se acreditan, inmersas las actuaciones frente al plebiscito, no se le pueden atribuir al genotipo. “No creemos en el determinismo genético, racial ni de ninguna otra clase…no existe nada en la naturaleza del hombre colombiano que le lleve a ser melancólico, perezoso, amante de las artes, poco interesado en la ciencia, verbalista, apasionado por la política, orientado hacia el pasado, agresivo y violento con sus congéneres”. (Ardila, 1986: 176)

Entonces ¿Dónde se halla la procedencia del color, el sabor y de nuestra personalidad como colombianos? En la diversidad cultural, apuntará Jorge Orlando Melo (2018) en Historia mínima de Colombia. En la civilización diría Octavio Paz; es decir, en el estilo, en la manera que tiene una sociedad de vivir, convivir y morir. Una civilización no es solo un sistema de valores: “es un mundo de formas y de conductas, de reglas y de excepciones, parte visible de una sociedad, pero sobre todo en su parte sumergida invisible: las creencias, los deseos, los miedos, las represiones, los sueños” (Paz, 1983). ¿Y qué diría Borges para quien Colombia era “un acto de fe?

En la Educación aduce De Zubirìa (2016). “Un país en el que 3 de cada mil personas saben leer de manera crítica no se mueve por las ideas, sino por emociones primarias como el miedo, la ira o la venganza”. La votación por el no y la abstención dan pistas para interpretar: no se leyeron los Acuerdos de la Habana críticamente, sino que se manipuló emocionalmente, hubo manipuladores y manipulados.

Se pensó por reflejo y por extensión; en el primer caso, “por lo que le dicen y por eso hay tan poco espíritu crítico” (Yunis, 2004), hay minoría de edad; en el segundo, otros decidieron por el alienado elector, le evitaron “la angustia de pensar”, diría Estanislao Zuleta, lo sumieron en la eclosión de emociones negativas y en la docta ignorancia. Situación similar se experimentó en las recientes elecciones y muy seguramente en las que se avecinan. “No hemos logrado formar individuos que actúen impulsados por un criterio propio para pensar, analizar o decidir” (De Zubiría, 2016). Por tanto, prosigue el director del instituto Merani, “el principal obstáculo de la paz en Colombia, no son las FARC, sino un sistema educativo incapaz de modificar las maneras de pensar, de comunicarse y de convivir de los futuros ciudadanos”

De Zubiría concuerda con Yunis en la educación como problema. “Todo pueblo que no trasciende en la ciencia, en la racionalidad, busca su destino principalmente en imágenes, en la emotividad, lo que no quiere decir que el pensamiento lógico y el científico sean irreconciliables con la emotividad, con la belleza plástica. Glorificamos a mucha gente y hacemos héroes con una facilidad enorme.

Necesitamos héroes” (Yunis, 2004). En este aparte merece especial atención la pregunta por el papel de las Ciencias Sociales en la escolarización. ¿Se sigue enseñando la Historia de Bronce, la de los vencedores? ¿Qué aprendimos los votantes y abstencionistas de la historia crítica, para tomar una decisión tan seria como la del plebiscito y la del Congreso? Los maestros perdimos anticipadamente el año escribió Alberto Ortiz Saldarriaga, haciendo un análisis de los resultados electores para Senado y Cámara de Representantes.

Otra hoja que resguarda el corazón de la alcachofa es la endogamia cultural. “La nacionalidad en Colombia, la idea de que somos una nación, surgió primero de esas subculturas, que luego se revistieron de características religiosas y de intolerancia política. Las líneas de adhesión se trazaron primero en la aldea, la vereda, el barrio, el pueblo, la región”. La familia, dentro de la endogamia cultural juega su rol poco favorecedor de un proyecto de nación.

El escritor Silva Romero (12 de mayo de 2016), aduce: “aquí lo que hemos tenido es familias y no sociedad, y hemos tenido familias más que país. En Colombia, así como en el resto de occidente, se impuso la imagen judeo-cristiana de familia tradicional, un concepto basado en la conformación biparental” (párr. 5). En las redes sociales ha circulado la versión de un niño de 5 años quien perdió a su amiguito del colegio, porque su familia votó por el Si.

El revestimiento de las subculturas, con características religiosas y de intolerancia política, es otra hoja de la alcachofa de ¿Por qué somos así? y el por qué los resultados del plebiscito y de las mencionadas elecciones. La religión, escribe Bertrand Russel (1962: 32), “se basa, principalmente en el miedo…miedo a lo desconocido, a la derrota, a la muerte y, en parte, al deseo de pensar que se tiene un hermano mayor que va a defenderlo a uno de todas sus cuitas y disputas”.

Y el hombre creó a Dios, la novela de Fernando Soto Aparicio en la que indica, a través de Marcos Aragón, su protagonista, Flora, Floribel y Araluz, que el hombre ha creado a Dios en todos los rincones de la Tierra y en todas las épocas de la historia y que quienes no lo reconocen han sido y siguen siendo perseguidos y atacados. El filósofo, matemático lógico, escritor y premio Nobel de Literatura, es un fidedigno testimonio de esa persecución en la universidad de la Ciudad de Nueva York, a mediados del siglo XX, llegando un juez a declarar, con la presión religiosa, que el científico británico “no estaba capacitado para enseñar en ninguna de las escuelas de esta tierra” (Russel, 1962: 251)

Por eso, la ciencia, dice Russell: “puede ayudarnos a liberar de ese miedo cobarde en el cual la humanidad ha vivido durante tantas generaciones. La ciencia puede ayudarnos a no buscar asistencias imaginarias, a no inventar aliados celestiales, sino más bien a hacer con nuestros esfuerzos que este mundo sea un lugar habitable, en lugar de ser lo que han hecho de él las iglesias en todos los siglos” (Russel, 1962:33). Pero un “pueblo que no trasciende en la ciencia, en la racionalidad, busca su destino principalmente en imágenes, en la emotividad”, puntualiza el profesor Yunis.

Manipuladores y manipulados: espinas en la alcachofa

“Tenemos en el mismo corazón la misma cantidad de rencor político y de olvido histórico…Por la misma causa somos una sociedad sentimental en la que prima el gesto sobre la reflexión, el ímpetu sobre la razón, el calor humano sobre la desconfianza. Tenemos un amor casi irracional por la vida, pero nos matamos unos a otros por las ansias de vivir…al colombiano sin corazón lo pierde el corazón”.

Esta remembranza de García Márquez robustece, desde la literatura, los aportes de la sicología, la genética, la filosofía e interpela a la siquiatría. La primacía de las emociones sobre la reflexión, el ímpetu sobre la razón y la irracionalidad por la vida, son síntomas de la salud mental y social del colombiano, síntomas que en la Encuesta Nacional de Salud Mental (2015) no se reflejan, para la comprensión a fondo del fenotipo de la alcachofa.

Climent (2015) asevera que, “a pesar de sufrir severos trastornos mentales, los antisociales y los narcisistas posan de personas de conductas y razonamientos intelectuales aparentemente normales”. Nuevamente se hace presente la necesidad planteada por Heidegger, en: Tarzàn y el Filósofo desnudo, de deshojar la apariencia para acceder al corazón de la alcachofa. La apariencia en el plebiscito fue explicita y manifiesta en la manipulación; explicita a través de la mentira, el engaño y el manejo emocional; tácita, por medio del ejercicio de un sufragio silencioso, inconsciente, ignorante del verdadero sentido, acompañado del miedo y alienado.

El siquiatra de la universidad de Harvard, ahora mencionado, en su libro: La locura lúcida, clasifica la manipulación dentro de Las conductas antisociales cotidianas, que no se le considera típica de ningún diagnóstico clínico, pero que, con frecuencia, aparece entre antisociales y narcisistas. “El filósofo Narciso no tiene verdaderos amigos, es amigo de sí mismo… pero conoce mucha gente…por encima de todo lo más que ama son los homenajes, para lograrlo se ha cubierto con la capa del populismo…con la suave humildad de la soberbia…no habla de amores”, así se le caracteriza en Tarzàn y el filósofo desnudo.

El manipulador, retomando al profesor de la Universidad del Valle, tiene siempre intenciones frías y calculadas; es incapaz de amar de verdad; con su extraordinario poder de convicción logra captar audiencias; tiene poder de intimidación sobre las víctimas más débiles, porque frente a a los demás es obsequioso y hasta servil; su egoísmo lo lleva a ser mezquino, codicioso, práctico y calculador; es intuitivo para identificar personas pasivo-dependientes que se acomoden a sus demandas; es sorpresivo y le interesa no dejar tiempo a la contraparte para pensar y consultar; su fachada es impecable, de modales suaves y elegancia impostada.

Si por las razones más insignificantes es confrontado, irritado o puesto en evidencia, se indispone, se atrinchera y declara la guerra o alternativamente cambia la estrategia. El manipulador no tiene conciencia de su enfermedad, de acuerdo con su propio criterio: “él no tiene fallas y por tanto no admite sindicación alguna de su patología. La posibilidad de recuperación debe buscarse en la victima: el manipulado” (Climent, 2015: 30)

Por su parte, el manipulado, es decir, la gran mayoría de los electores y abstencionistas, considera que merece la vida que lleva; tiene miedo absurdo e irracional a todo: al futuro, al otro, a cambiar, a tomar las riendas de sus asuntos, a valorarse y a sacar el mejor provecho a cada momento de la vida; la mentira, la negación, la pobre autoestima, la inseguridad van desmoralizando al manipulado, encontrando cada vez menos razones para sentirse bien consigo mismo; siempre termina justificando, excusando y minimizando las acciones negativas del manipulador.

Este patético escenario tan evidente para cualquier observador externo, no lo ve el manipulado que se resiste con terquedad a vivir plenamente”. Para el manipulador narcisista el “perdón” solo vendrá si la contraparte se ha humillado lo “suficiente” …detesta a quien no le alimenta sus necesidades narcisistas.

Bueno, hasta acá este intento de provocación al lector para que ingrese a la cocina, a la Cocina de la Escritura (Cassany, 1995) y tome los condimentos necesarios para adobar el análisis de los hechos políticos recientes en Colombia. Los aportes de los profesores Rubén Ardila, Luis López de Meza, Emilio Yunis, Bertrand Russell, Julián De Zubiría, Fernando Soto Aparicio, Gabriel García Márquez, Calos E. Climent, Rodrigo Parra, entre otros, son apenas un pétalo externo de la alcachofa.

En los intersticios de la hortaliza hay muchos duelos por elaborar, algunos todavía en la etapa de anestesia. Esos dolores requieren ser verbalizados inicialmente, para avanzar en su elaboración y darnos la oportunidad de avanzar en la construcción de un país al alcance de los niños.

“Nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía, donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”

José Israel González Blanco

Algunas fuentes consultadas.

Carroll, L. (2016) A través del espejo, Barcelona: Fontana.

Cano, W. (2016) recuperado: http://www.elheraldo.co/local/ninos-de-85-colegios-del-atlantico-tuvieron-su-plebiscito-escolar-288974

Climent, C.(2015) La locura lúcida, Bogotá DC: Panamericana editorial

De Zubirìa, J. (2016) recuperado http://www.semana.com/educacion/articulo/implicaciones-del-no/497863

García, G. (2004) http://scp.com.co/ArchivosSCP/Por_un_pais.pdf

Ospina, W (.http://es.slideshare.net/soulborner/la-franja-amarilla-16591091

Parra, R. (1996) Tarzàn y el filósofo desnudo, Bogotá DC: Arango editores.

Russell, B. (1962) Por qué no soy cristiano, México, editorial Hermes.

Yunis, E (2004) http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1527280

14 de marzo de 2004

 

 

Ambientes Pedagógicos Básicos y Ambientes Pedagógicos Complementarios

Espacios y desespacios en los colegios públicos.

Una interpelación a los ambientes básicos de aprendizaje

  “La vieja casa, sus cuartos, su corredor, su sótano, su terraza, el lugar de las flores de mi madre, la amplia quinta donde se hallaba todo eso, fue mi primer mundo. En él gateé, balbuceé, me erguí, caminé, hablé… En  verdad, aquel mundo especial se me daba como el mundo de mi actividad perceptiva, y por eso mismo como el mundo de mis primeras lecturas [1]

Palabras claves.  Colegio tercer hogar, caracterización, ambientes básicos de aprendizaje, Ciclos.

El artículo comienza con un texto de Paulo Freire, que sitúa el desarrollo del contenido alrededor del símil de la escuela con el hogar. En esta lógica se alude a la familia como Primer hogar, la educación que imparten las madres comunitarias como segundo hogar, el colegio como Tercer hogar y el colegio deseado, el que poseen los niños, niñas y adolescentes de estratos 5 y 6, el que deben disfrutar los educandos pobres, como Hogar dulce hogar. Ilustra el artículo la acción pedagógica de las maestras y maestros del colegio Distrital Nuevo Horizonte, experiencia en la que ellas y ellos contrastan la realidad de la planta física con el contenido de la Norma Técnica Colombiana 4595. Igualmente, el ejercicio llama la atención respecto a las adversas implicaciones en la salud mental de educadores y estudiantes y en la calidad de la educación.

José Israel González Blanco. Sativanorte (Boyacá). Maestro de Escuela la Normal de Soatá. Trabajador social de la Universidad Nacional de Colombia. Pedagogo Reeducador, Magister en Educación Comunitaria, diplomado en DDHH. Actualmente trabajador social del colegio Distrital Nuevo Horizonte de Bogotá.

Presentación

El fragmento que acabo de leer fue escrito por uno de los mayores exponentes de la pedagogía Latinoamérica. Lo traigo a colación en esta reflexión por tres razones; la primera, porque es la voz de un pedagogo que describe el espacio en que nació, creció y proyectó su pensamiento a partir de la lectura del mundo; la segunda, puesto que es un pedagogo quien se ocupa de describir los espacios en los que un ser humano despliega su infancia y aprende a leer el inconmensurable y maravilloso mundo en que vivimos. El tercero, porque Freire es uno de los representante genuinos de las Pedagogías Criticas, modelo pedagógico decidido por los educadores del Fogoncito de Horizonte.   El fragmento y la razón de ser del mismo, sitúa la deliberación en los espacios de trabajo que potencian y también inhiben la enseñanza y el aprendizaje, en un dispositivo, que en adelante nominaremos segundo hogar, tercer hogar, primer hogar y hogar dulce hogar.

“El colegio es su segundo hogar”.

El primer hogar es el que nos describe Freire y del que seguramente saben de buena tinta todos los educadores, educadoras y directivos docentes, al ocuparse del conocimiento de las características socioculturales y evolutivas de los niños y niñas, sujetos de la enseñanza. El segundo hogar, concierne al colegio, al templo de la enseñanza, al lugar donde se deben forjar individuos cultos y razonadores, al escenario en el que se acede al saber con la ayuda de la didáctica y la pedagogía, no de cualquier manera, de ahí el valor de ese concepto tan abandonado ahora, hasta por los mismos colegas: Discurso pedagógico.

Un discurso pedagógico, derivado de la Pedagogía Clásica que se ha venido marchitando, por el verano de la especialización y fragmentación curricular, por los fuertes vendavales del fundamentalismo, por las torrenciales lluvias de la teoría educacional y el currículo, centrado en el desarrollo de la técnica en la educación; y por qué no decirlo, por el empuje neoliberal que ha enrarecido la pedagogía, como muy bien lo sustenta Olga Lucía Zuluaga. Ese discurso pedagógico, que todos los maestros, las maestras y los directivos docentes deberíamos saborear y hacer degustar a nuestros educandos, fue lo que Comenio, Rousseau, Pestalozzi, Froebel, Dewey, Montessori y el mismo Freire, llamaron Teorización de Altura, donde el método pedagógico, las teoría que el educador posee sobre el niño y la niña y la teoría que maneja acerca de la sociedad, son el crisol de su quehacer.

La frase que nos ocupa, tan común en la jerigonza de muchos adultos que ven la escuela con un gran significado, hoy día toma más ímpetu, sobre todo, porque el rol de socialización primaria ejercido por la familia durante siglos, verbi gracia, el primer hogar, hoy se lo ha trasferido de facto a la escuela, al colegio e incluso a la universidad. No nos vamos a detener en problematizar esta verdad de Perogrullo, porque sobre la misma hay bastante ilustración, no obstante, asentemos que gran parte de los infantes de Preescolar, en los colegios públicos, antes de llegar al “segundo hogar”, han pasado por el hogar comunitario, regentado por madres comunitarias en unos casos y en otros por quienes ven en la educación una fuente de ingreso, pero en cualquiera de los dos casos en unas circunstancias educables distantes del sentido que le otorgó Augusto Guillermo Federico Froebel: Un jardín donde los niños se cultivarían como plantas.

Algunos de nosotros hemos visto por diferentes medios, que hay primeros hogares en los que el cultivo se hace con agua caliente y fría. En otros, como registra Eduardo Galeano: “La extorsión, el insulto, la amenaza, el coscorrón, la paliza, el azote, el cuarto oscuro, la ducha helada, el ayuno obligatorio, la comida obligatoria, la prohibición de salir, la prohibición de decir lo que se piensa, la prohibición de hacer lo que se piensa, la prohibición de hacer lo que se siente y la humillación pública, son algunos de los métodos de penitencia y tortura tradicionales de la vida familiar.”En el primer hogar.

El colegio, tercer hogar  

Con base en lo revelado, el centro es colar ya no es el segundo hogar sino el tercero. La vieja casa que refiere Freire equivaldría a la planta física del colegio, sus cuartos a las aulas de clase, los corredores corresponden a las extensiones de los salones de clase y los laboratorios, el sótano, al cuarto de San Alejo, la terraza no existe en muchas edificaciones y si la hay la disfrutan otros seres de la naturaleza, el lugar de las flores está cubierto con cemento o está un tanto abandonado, pareciera que la naturaleza circundante, aquella que inspiró a filósofos y pedagogos como Rousseau y Froebel, no tiene campo en el colegio o si lo hay está muy reducido y dejado, más aún está invadido por residuos sólidos desechables, como pupitres viejos, artefactos tecnológicos en obsolescencia, que lo único que imbuyen, a diferencia de lo que inspiran las plantas y las flores, es tristeza.

En espacios geográficos como los que tenemos en nuestros colegios distritales, de los cuales hablaremos más adelante, el ejercicio de gatear en la consecución del conocimiento, balbucear el cultivo de la lengua materna y los idiomas extranjeros, el intento de erguir valores y emociones en la propedéutica de caminar en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, al igual que el poder hablar de la convivencia, de la democracia, de la equidad y de un atributo, tan ajeno en nuestra sociedad, como lo es la Igualdad, en esos espacios es muy difícil que la semilla germine como queremos, dado que el terreno es infértil y por eso fecunda muy enclenque.

Ahora bien, hablando de casas, cuartos, corredores, sótanos y flores, miremos esas existencias el en Nuevo Horizonte. En el año 2002, en la catastrófica época en la que el actual presidente, siendo ministro de Hacienda, impulsó el Acto Legislativo 001, por medio del cual se modificó la constitución y en su amparo se expidió la Ley 715, norma que acabó los PEI, los gobiernos escolares, las asociaciones de padres de familia, los directores de escuela, los rectores por jornada, la cultura escolar constituida con gran esfuerzo por las comunidades educativas, con los horarios, con las expectativas y con los ánimos de miles de educadoras, educadoras y centenares de directivos docentes, en esa catastrófica época, el Nuevo Horizonte inicia una travesía de la cual destacaremos algunos aspectos[2].

En ese mismo año como cosa mística, el periódico Hoy, publicó un artículo en el que denuncia la existencia de los 15 colegios distritales más peligros de Bogotá, todos distritales, uno de ellos el Nuevo Horizonte. La noticia causó alboroto – porque en verdad no fue otra cosa- en los círculos de la JAL y la SED. Entre los docentes la situación convoca a realizar una gestión pedagógico-política, tendiente a verificar o desvirtuar la situación y a tomar acciones atinentes a transformar la deshonra y a buscar el resarcimiento del calificativo, mediante el apoyo interinstitucional

En ese año la SED decreta la fusión de los centros educativos escolares y dentro de ese marco las maestras, maestros, directivos docentes, estudiantes y padres de familia  realizamos una caracterización de estudiantes, comunidad educativa, pedagógica y física. La caracterización física[3] de hace 9 años, llevada a cabo por docentes y directivos docentes, cuya semblanza aún persiste en el inicio del segundo decenio de este siglo,  entregó los siguientes resultados:

El total de estudiantes de la institución era de 2711, integrado por tres sedes, 6 jornadas, 66 cursos, dentro de los estándares de la secretaria no se contempla un colegio de estas dimensiones, solo de 940, 1010 o 1410 estudiantes.

La sede A contaba con 28 cursos, 1100 estudiantes y dos jornadas. La sede B albergaba 22 cursos, 840   estudiantes y dos jornadas. La sede C con 18  cursos, 680 estudiantes y dos jornadas. Al relacionar la cantidad de estudiantes con el área de cada salón se pudo precisar que los salones en promedio tienen 1.2 metros por estudiante, distribuidos así: la sede A cuenta con 1.2 metros por estudiante, la sede B, cuenta con el porcentaje mas alto, 1.4 metros por estudiante y la sede C con el porcentaje mas bajo con 1.02 metros por estudiante, siendo el parámetro de un colegio de 940 o de 1410 estudiantes  2.20 metros para primaria o secundaria.

Los salones de arte según parámetro deben ser de 2.2 metros por estudiante, la realidad es que la sede A no tiene salón, la sede B tampoco y en la sede C se ha destinado un salón común y corriente para ello, con un porcentaje de 1.02 metros y el promedio de la institución es de 0.34 metros.

En laboratorios la realidad es igualmente delicada, en la  sede A el porcentaje  es de 0.27metros, en la sede B es 0 y en la sede C es 0.26 para un promedio institucional de 0.17; siendo el parámetro de 2.2 para un total de 84 metros para biología, 84 para física y química y 84 metros para tecnología.

En bibliotecas, la sede A tiene un porcentaje de 0.4 metros por estudiante, la sede B 0 y la sede C 0, para un promedio institucional  de 0.13; siendo el parámetro 0.5 metros por estudiante. En aulas de informática la sede A cuenta con 2 salones y el porcentaje por salón es de 1.38 metros; la B con 1.2 metros por estudiante y la sede C con 1.28; siendo el parámetro de 2.5 metros por estudiante.

En lo correspondiente a la cafetería, la sede A no cuenta con cafetería para estudiantes se les venden productos por una ventana, en la sede B temporalmente se usa un salón para vender productos y en la sede C el problema es aun mayor, por no contar ni con patio de descanso. Según los parámetros se debe tener un aula múltiple, baños, emisora, y bienestar estudiantil para un total de 545 metros.  En relación con el aula múltiple, la sede A cuenta con una de un porcentaje de 0.3 metros por estudiante, la sede B con una de 0.03 metros por estudiante y la sede C con una de 0.16 metros por estudiante, siendo el parámetro de 1.3 metros por estudiante.

El patio de la sede A tiene como porcentaje 0.3 metros por estudiante, la sede B 0.8 metros y la sede C no tiene patio; siendo el institucional de 0.3 metros y el parámetro de 9.0 metros por estudiante, de área libre. Las clases de Educación Física las realizan los profesores en los corredores del colegio, en la calle, en las escasas, deterioradas y ocupadas canchas de los barrios Buenavista, Chaparral y Mirador, previa negociación con los jóvenes de las pandillas y habitantes del sector, poniendo constantemente en riesgo la vida de los escolares y la de los profesores. El área de orientación, en la sede A era de 32 metros cuadrados, en sede B 4.0 metros cuadrados y en la sede C 1.5 metros cuadrados; siendo el promedio institucional 12.5 m, y según estándar debe ser 30 metros cuadrados,  con sala para reuniones con padres.

La sala de profesores, en la sede A tiene un porcentaje de 3.0 m por docente, cero computadores, un teléfono a medio servicio, dos baños y una base para colocar una estufa pequeña, localizada juntamente frente a la puertas de los dos baños. La sede B 1.5 metros por profesor y  la sede C  1.2 metros por docente, para un promedio institucional de 1.9 m, siendo el parámetro 3 metros por docente. En enfermería ninguna sede tiene sitio, aunque todas tienen botiquín y sin la mayoría de implementos; esta debería ser de 12 metros cuadrados. En lo relacionado con el gobierno escolar, La Asociación de padres, El Consejo estudiantil, El Consejo Académico y El Comité de convivencia no cuentan con ningún espacio, en ninguna de las tres sedes.

Es de anotar, que a diferencia de los educadores, el personal administrativo siempre ha contado con un área considerable, equipos, internet, líneas telefónicas, impresoras y recursos para el desarrollo de su trabajo.

El colegio…hogar dulce hogar

Como habrán podido colegir, las condiciones espaciales en el tercer hogar no son las más optimas ni para enseñar ni para aprender. Es probable, que para algunos esto no tenga mayor importancia, porque de tiempo atrás nos hemos acostumbrados a lidiar con la pobreza que le imprime el Estado y la sociedad a los colegios, no solo material sino también espacial, basta conocer la historia de cómo se erigió cada escuela y cada colegio, para concluir que su nacimiento fue dentro de las condiciones más precarias y deplorables, salvo quizá instituciones como la Escuela Nacional Piloto de Aplicación, hija y ahijada del MEN.

Pero, científicamente está demostrado que la disposición de los espacios urbanos, tiene un impacto en la salud biológica y mental, dado que tal como están diseñados y distribuidos, generan estrés y el estrés engendra desórdenes oníricos, altera el sistema respiratorio, circulatorio y nervioso. En la más elemental de las situaciones, el estrés puede ser activador de comportamientos violentos, incluso criminales. El diseño de las estructuras redunda en los estados del alma y eso afecta, finalmente, el comportamiento de los humanos, la convivencia.

La salud física y mental es una dimensión que no se puede dejar de lado en la comprensión de la convivencia, la enseñanza y el aprendizaje. Datos oficiales del Ministerio de Protección Social señalaban en el año 2008, que 44 de cada 100 colombianos tenemos algún tipo de trastorno mental leve, moderado o grave, que entre 25 y 30 educadores poseen diagnóstico siquiátrico; que 59 de cada 100 docentes están sufriendo de despersonalización dentro del ´Síndrome de Agotamiento profesional acá en Bogotá[4].

Pero la genealogía del estrés, de los desórdenes oníricos, de las alteraciones del sistema respiratorio, circulatorio, nervioso y de los trastornos mentales no se engendra meramente en el tercer hogar, procede del primero y segundo hogar y de la calle. En el colegio esos desordenes se ensanchan, se neutralizan o se diluyen de acuerdo con la oferta del tercer hogar. Lo más probable es que se ensanchan, porque los colegios no cuentan ni con tiempos, ni espacios, ni medios para neutralizarlos. La OMS ha proclamado, las personas necesitamos mínimo 10 metros cuadrados de área pública y la medida igualmente mínima, para una vivienda es de 60 metros cuadrados.

En este acápite del Hogar dulce hogar, la invitación es a vislumbrar lo legalmente establecido, a compararlo con lo que tenemos y a actuar en consecuencia con las obligatoriedades del Derecho a la Educación. Según la Norma Técnica Colombiana (NTC) 4595(ratificada por el ICONTEC, editada en el año 2000 y reeditada en el 2006 por el MEN, dentro del escuadre de la Revolución Educativa) los ambientes de aprendizaje se clasifican en Ambientes Pedagógicos Básicos y Ambientes  Pedagógicos Complementarios. De los primeros, se desarrollan seis tipos de acuerdo con la actividad que se puede llevar a cabo en ellos y el número factible de personas en las distintas acciones. Sus diferencias más claras se presentan en el área de piso que requieren por persona, en las instalaciones técnicas y los  equipos que demandan y en las características  ambientales que deben procurar.

Los Ciclos deberían contener en la caracterización el componente de los Ambientes Pedagógicos Básicos y Complementarios de aprendizaje, enfatizando en los ambientes tipo A, B. C, D, E y F. Los ambientes A son lugares en los cuales es posible realizar trabajo individual, en pequeños grupos, “cara a cara” (2 a 6 personas) y en grupos hasta de 50 personas, tanto “cara a cara” como en disposición frontal. Salvo el transporte de señales, no requieren instalaciones  técnicas, equipos, ni características ambientales de gran complejidad y pueden permitir en forma limitada la exhibición y el almacenamiento de materiales y/o colecciones especializadas.

Los ambientes A pueden funcionar como ambientes de apoyo especializado, haciendo las  previsiones en el tiempo de uso. Según la norma, en ambientes A, para educación  Básica  y  Media,  con  capacidad  inferior  a  cuarenta  personas,  se  debe aumentar el área por estudiante a razón de 0,10m 2 por cada diez estudiantes. De esta manera, un ambiente A para treinta estudiantes, calculado a partir de 1,65 m2, demandará 1,75 m2 por estudiante y así, sucesivamente. La variación en el número de metros cuadrados corresponde al tipo y tamaño de mobiliario utilizado. El indicador de 1,80 m2 se recomienda para muebles con superficie de trabajo individual de 0,50 m x 0,70 m.

Ejemplo de estos ambientes son las aulas de clase, las cuales pueden tener diferentes manifestaciones, según la edad de niños, niñas o jóvenes que hacen uso de ellos. Para jardín, niños y niñas entre 4 y 5 años, el máximo es de 20 estudiantes por docente y el área por estudiante es de 2metros cuadrados; para transición, entre 5 y 6 años, el máximo es de 30 estudiantes por docente y el área por estudiante es de 2 metros cuadrados.

En Educación Básica y Media, niños y niñas entre 6 y 16 años, el máximo de estudiantes por educador es de 40 y el área por estudiante oscila entre 1.65 y 1.80 metros cuadrados. En Educación Especial (en nuestro caso niños con déficit cognitivo el máximo es de 12  y el área 1.85 metros cuadrados). El salón de informática demanda máximo 40 alumnos y 2.2 metros cuadrados por estudiante.

Los centros de recursos, exigen 2.4 metros por educando. Estos dos últimos hacen parte del tipo B de ambientes de aprendizaje. En los anaqueles del la SED deben reposar las cartas que los Consejos Académicos han oficiado durante varios años, pidiendo que se aplique en el colegio la Norma Técnica Colombiana (NTC) 4595, ratificada por el ICONTEC y reeditada por el MEN hace 5 años, para que la calidad de al educación y la convivencia puedan llegar al paladar

Ambientes de aprendizaje de tipo C son los laboratorios, lugares  donde  se  desarrolla  el trabajo individual  y en pequeños grupos “cara a cara” (2  a  6 personas) con empleo intensivo de equipos e instalaciones. Se caracterizan por ofrecer lugares con altas especificaciones de  seguridad, mucha  demanda de servicios de aseo y áreas importantes para el almacenamiento prolongado y la exhibición de proyectos pedagógicos y materiales especializados.

Ejemplos de estos ambientes son los laboratorios de ciencias, las aulas de tecnología y los  talleres  de  artes  plásticas. De acuerdo con las actividades que permiten llevar a cabo, pueden ser de diferentes áreas, por ejemplo los laboratorios de Biología, Química y Física, deben ofrecer 2.2 metros cuadrados de área por estudiante; el salón de artes 3 metros cuadrados por alumno…

Los ambientes D son lugares en los cuales es posible practicar deportes en forma individual, o  colectiva. Se definen por tener altos requerimientos de área, ventilación, iluminación y almacenamiento de materiales e implementos deportivos. Ejemplos  de  estos ambientes son los campos deportivos. Las condiciones de localización y funcionamiento de los distintos  establecimientos educativos hacen difícil prescribir un tipo y número determinado de instalaciones deportivas.

Para efectos de cálculo, se recomienda tomar como unidad de medida  la cancha  multiuso; es decir, una superficie plana, continua y sin obstrucciones de  aproximadamente 30 mx18m, que puede ser habilitada para la práctica reglamentaria del  baloncesto y el microfútbol, entre otros.  Esta  instalación  ofrece  el  área suficiente  para  que  un  grupo  de  40  estudiantes lleve a cabo actividades de  educación física, según lo dispuesto en el plan de estudios correspondiente. El número de canchas multiuso está dado por el número de estudiantes de la institución en una jornada. (Este tipo de instalaciones se ve directamente afectado por la realización de convenios interinstitucionales para hacer uso compartido de equipamientos públicos).

Los ambientes tipo E son lugares que permiten desarrollar actividades informales de extensión y pueden constituirse en medios de  evacuación de los demás ambientes. En ellos  se admite el trabajo individual y en pequeños  grupos  (2  a  6  personas)  y  se  asegura  el  desplazamiento  de  toda  la  comunidad escolar. Se hace énfasis en el tratamiento de las vías de evacuación y escape y ofrecen áreas de almacenamiento y exhibición de elementos y enseres. Son ejemplos de estos ambientes los corredores y los espacios de circulación. Su área total  equivale  hasta  un 40%  del  área  total  construida,  cubierta  y  descubierta,  (instalaciones deportivas,  teatrinos, etc.)  cuando  hay  rotación  de  espacios, y 30 % cuando  no  la  hay;  (se asume  rotación  desde  el  sexto  grado).  Incluye  el  área  que  cubre  muros  y  otros  elementos estructurales y constructivos. Quedan excluidas de este cálculo las zonas de parqueo, en las cuales se debe adicionar el área que ocupa la vía de acceso a las mismas.

Las áreas de circulación dispuestas deben ser accesibles y deben permitir una  rápida evacuación. Si así lo determina el Proyecto Educativo Institucional, las áreas de  circulación deben permitir el almacenamiento de los elementos personales de cada uno de los estudiantes en la jornada más extensa, (véase la NTC 4638) la exhibición segura de elementos y trabajos y el  desarrollo  de  otras  actividades  pedagógicas  de  extensión  y  socialización.  En  esta  última circunstancia, podrán ser contabilizadas, si su diseño no interfiere con las rutas de evacuación y  salida,  como  áreas  destinadas  a  ambientes  pedagógicos  básicos  en  el  cálculo  general  de áreas. Norma Técnica Colombiana NTC 4595.

El último de de los ambientes pedagógicos Básico es el F. Se refiere los lugares que permiten el trabajo individual, en pequeños grupos (2 a 6 personas) o más de 6 personas,  ¨cara a  cara¨, o en disposición frontal,  con ayuda de equipos móviles  conectables. Se particularizan por ofrecer unas condiciones especiales de comodidad auditiva y visual y un manejo  cuidadoso  de  las  vías  de  evacuación  y  escape.  Cuentan  con  áreas  para  el almacenamiento y la exhibición temporal de elementos. Ejemplos de estos ambientes son los foros, los teatros, las aulas múltiples, los salones de música, etc.

Debe existir al menos un ambiente multifuncional con capacidad para albergar, en disposición frontal, al menos una tercera parte del número total de estudiantes en la jornada con mayor número de estudiantes. En conjunto, deberá tener un área no inferior a 1,4 m2 por estudiante. Se  espera  que  este  ambiente  pueda  satisfacer,  además  de  las  necesidades  de agrupación de los miembros de la institución escolar, las demandas en las áreas de música y danza. Del área por estudiante se sugiere dedicar un 50 % a los espectadores, un 25 % a un escenario y un 25 % al depósito, camerino, cuarto de proyecciones y cubículos para la práctica de instrumentos musicales.

Finalmente están los Ambiente Pedagógicos Complementarios, lugares de la institución  educativa, normalmente no programados en forma expresa para desarrollar  el  plan  de  estudios,  que  se  requieren  para  apoyar  y  facilitar  el  trabajo  de  los ambientes pedagógicos básicos. Se  clasifican en cuatro grupos de ambientes así: ambientes  para  la  dirección administrativa y académica; para el bienestar estudiantil; áreas para almacenamiento temporal de materiales y medios de transporte, y servicios sanitarios. En estos ambientes no nos detenemos mucho, pues lo primacía está en los ambientes pedagógicos básicos, aunque en la caracterización aparecen algunos datos sobre el particular.

Coligiendo

Con base en lo expuesto se puede deducir:

  1. Que los espacios locativos que ofrecen los centros escolares, particularmente los de colegios distritales, en muy poco favorecen el desarrollo del pensamiento y la convivencia, porque a cambio de incluir, excluyen.
  2. Los centros escolares en el discurso del Derecho a la Educación interpelan la asequibilidad y asequibilidad, es decir, la existencia de espacios físicos aptos para la enseñanza y el aprendizaje. En nuestro caso ese componente del Derecho a la Educación no se cumple, afectando negativamente la permanencia, la adaptabilidad y la calidad de la educación.
  1. Tal como están dispuestos los espacios institucionales, los espacios públicos y tal como se vienen implementando medidas como la cobertura, la igualdad de oportunidades y la equidad se presentan más bien como inequidad y como desigualdad. Si se quiere que haya igualdad y equidad hay que buscar y poner en práctica medios que sean coherentes con el fin perseguido, eso nos lo enseñó Gandhi.
  1. Juan Casassus, sostiene que “gran parte de la desigualdad que se observa en la escuela y a su salida se produce en ella misma y no es heredada de las diferencias entre familias cuyos hijos van a la escuela” [5] .No obstante, la familia o el primer hogar, es un escenario en el cual se vive la desigualdad y la inequidad de oportunidades, la pobreza, el desempleo, el hambre y la violencia son algunas de us manifestaciones.
  1. La igualdad es un Derecho Fundamental ambiguo y muy complejo, que para su existencia exige la satisfacción de necesidades básicas y nosotros sabemos que muchos de nuestros niños y sus familias, ni siquiera acceden al mínimo vital. En ese sentido, la igualdad de bienes, la igualdad ante la ley, la igualdad de derechos y deberes, la igualdad de oportunidades, la igualdad de trato, la igualdad en la imposición de cargas, la igualdad de salario, son apenas preguntas que nos llevan a pensar más a fondo lo que ello significa.

Y cerremos esta intervención que iniciamos con Freire, dándole la palabra a Peter Drucker, uno de los más altos referentes de la administración en los últimos años, para decir con él, que “la mejor estructura no garantizará los resultados ni el rendimiento. Pero la estructura equivocada es una garantía de fracaso”.

Algunas fuentes consultadas

Freire, Paulo (1984). La importancia de leer y el proceso de liberación. México: Siglo XXI, p.95 ss.

González Blanco José Israel et al (2006). Innovación, Currículo, conflicto y Participación. Bogotá DC, editorial Códice.

Patiño, Orlando, Prado Samuel. (2003). Caracterización física y didáctica institucional: En: Por el camino de la caracterización de la IED Nuevo Horizonte: un viaje de maestros y estudiantes. Bogotá DC, junio de 2003.

Torres Ospina, Pedro, González Blanco, José Israel y otros (2009) Salud Mental Cooperativismo y Educación. Bogotá, editorial Códice

González Blanco, José Israel. (2009) En: El Currículo que interpela. Cuadernos de Psicopedagogía No 6.  Tunja: Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia,  p. 138

[1] Freire, Paulo (1984). La importancia de leer y el proceso de liberación. México: Siglo XXI, p.95 ss.

[2] Para mayor comprensión consultar: González Blanco José Israel et al (2006). Innovación, Currículo, conflicto y Participación. Bogotá DC, editorial Códice.

[3] Ver Patiño, Orlando, Prado Samuel. (2003). Caracterización física y didáctica institucional: En: Por el camino de la caracterización de la IED Nuevo Horizonte: un viaje de maestros y estudiantes. Bogotá DC, junio de 2003. Documento de trabajo.

[4] Véase: Torres Ospina, Pedro, González Blanco, José Israel y otros (2009) Salud Mental Cooperativismo y Educación. Bogotá, editorial Códice

[5] Citado por González Blanco, José Israel. (2009) En: El Currículo que interpela. Cuadernos de Psicopedagogía No 6.  Tunja: Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia,  p. 138