Carta #18 Contagiar alegría y Esperanza

Carísimos estudiantes, madres y padres de familia.

Parto del supuesto que aún siguen jugando al “gallo capón” o a otros juegos, pero en todo caso jugando. Y no solamente los estudiantes sino también los adultos, el juego también es para nosotras y nosotros. Solo se requiere dejar que ese niño o esa niña que cargamos adentro salga y nos ayude a contagiar de alegría, porque la alegría, como lo decía Emerson, es la felicidad.

En este ir y venir de acontecimientos hubo un padre de familia, vecino de Don Tomás, que me pidió que en una carta resaltara el valor de cada una de nosotras y de nosotros y que lo hiciera con un escrito de Jorge Luis Borges que, como dijimos antes, era un escritor invidente, pero no por causa del mal blanco del que se ocupa José Saramago. El texto se conoce como “Valgo”. El padre de familia aclara que lo bajó de internet y que no se acuerda de qué página.       

De tanto perder, aprendí a ganar; de tanto llorar, se me dibujó la sonrisa que tengo. Conozco tanto el piso que sólo miro el cielo. Toqué tantas veces fondo que, cada vez que bajo, ya sé que mañana subiré. Me asombro tanto cómo es el ser humano, que aprendí a ser yo mismo. Tuve que sentir la soledad para aprender a estar conmigo mismo y saber que soy buena compañía. Intenté ayudar tantas veces a los demás, que aprendí a esperar que me pidieran ayuda. Traté siempre que todo fuese perfecto y comprendí que realmente todo es tan imperfecto, como debe ser (incluyéndome). Hago sólo lo que debo, de la mejor forma que puedo, y los demás que hagan lo que quieran. Vi tantos perros correr sin sentido, que aprendí a ser tortuga y apreciar el recorridoAprendí que en esta vida nada es seguro, sólo la muerte… por eso disfruto el momento y lo que tengo. Aprendí que nadie me pertenece, y aprendí que estarán conmigo el tiempo que quieran y deban estar, y quien realmente está interesado en mí me lo hará saber a cada momento y contra lo que sea. Que la verdadera amistad sí existe, pero no es fácil encontrarla. Que quien te ama te lo demostrará siempre sin necesidad de que se lo pidas. Que ser fiel no es una obligación, sino un verdadero placer cuando el amor es el dueño de ti. Eso es vivir…La vida es bella con su ir y venir, con sus sabores y sinsabores… Aprendí a vivir y disfrutar cada detalle, aprendí de los errores, pero no vivo pensando en ellos, pues siempre suelen ser un recuerdo amargo que te impide seguir adelante, pues, hay errores irremediables. Las heridas fuertes nunca se borran de tu corazón, pero siempre hay alguien realmente dispuesto a sanarlas.” 

Los contenidos de esta carta lo mismo que la carta en la que nos ocupamos del juego de los sentimientos, la otra conexa con la máquina de la memoria y en si las dieciocho que llevamos hasta ahora, nos otorgan muchas pistas sobre la experiencia que estamos viviendo con la pandemia del Covid-2019. Borges, además de hacernos sentir el valor de la vida y de todo lo que de ella pende también nos convoca a releer cada misiva para aprovechar al máximo su contenido (Borges, 1974). Parafraseando a Paulo Freire, en el título de uno de sus tantos libros (Freire, 1994), podríamos titular estas misivas como Cartas de Esperanza a quien pretende aprender. Les dejo esa inquietante tarea. 

Hasta luego chicas, chicos, madres y padres de familia.  

Les recuerdo consultar los autores citados y sugerirles a sus profes que lean las Cartas de Paulo Freire A quien pretende enseñar. Ahí está el enlace.  

Borges, J. (1974). Obras completas. (Emecé, Ed.). Buenos Aires.

Freire, P. (1994). Cartas a quien pretende enseñar. (S. X. Editores, Ed.), Educación. Madrid. https://doi.org/10.1017/CBO9781107415324.004

Duodécima carta: lecciones de Rebeca para el autocuidado

Buenas tardes inolvidables estudiantes, madres y padres de familia.

Bueno familia, llegamos a la primera docena de cartas. Se trata de un esfuerzo que tanto ustedes padres, madres de familia, educandos y docentes estamos haciendo, desde nuestros hogares, para conservar la vida de todos los seres humanos cuidándonos y auto cuidándonos. Y digo que cuidándonos y auto cuidándonos, porque algunos estudiantes, madres y padres de familia me han hecho saber que esa palabra confinamientoes muy fea” y que la del encierro, “peor”, porque les trae muy malos recuerdos de la niñez, la infancia y la adolescencia cuando sus padres los dejaban con candado, con un tetero y con el televisor prendido. 

Son palabras que deprimen, agobian y evocan dolor, miedo y la tristeza. Muy sugestivo me ha parecido el reclamo, tanto que me llevó a traer al presente la sabiduría de Vicente García Huidobro cuando dice: “Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra; el adjetivo, cuando no da vida, mata”. Y efectivamente mis interlocutores no se quedaron en la queja sino proponen que a cambio de usar esas “horribles” palabras mejor adoptar vocablos como cuidado, autocuidado, prevención, porque eso es lo que estamos haciendo. Nos estamos cuidando, previniendo el contagio y la enfermedad. 

No me había puesto a pensar en esos significados, tal vez porque yo me crié en el campo y los únicos límites que una tenía eran las noches obscuras, lo demás era libertad y ocupación. Probablemente como puede estar sucediendo hoy o si no ¿cómo se producen los alimentos y cómo nos los hacen llegar los campesinos a la ciudad? Así como este comentario hay otros que la extensión de la carta no me deja transcribir. En todo caso, a pesar de las dificultades y de no tener a mis estudiantes al frente, no me siento mal. 

Y, a propósito de no tener a los estudiantes al frente, al lado o encima aglomerados como abejas sobre mi diminuta humanidad so pretexto de preguntar, jugar y hacer camaradería; dos de mis entrañables alumnos me expresaron que no le pusiera cuidado a eso que dijeron unos niños en la carta anterior con unas frases también feas: 

¡profe, no se dé garra! con esas cartas tan largas! No nos la vaya a montar porque estamos en la mala, tirándole el yugulazo a uno

Nosotras respaldamos a la profe, porque ella está haciendo su trabajo como miles de profes. Lo peor sería que no tuviéramos clases así sea mediante cartas mientras…¡que se pongan ellos como profes haber cómo les va con sus alumnos!” Dijo un grupo

Y finalmente desde otro grupo apuntan: 

– “Lo que pasa es que esos niños, que nosotras nos imaginamos cuáles son, están acostumbrados a estar fuera del puesto, a quitarle las cosas a los demás, a tratar mal a las niñas en el salón, pero como están en la casa con los padres es muy distinto…¡eso sí de malas! Del corazón habla la lengua, como dicen por ahí profe”                 

El viaje familiar en tiempos de pandemia con todos estos apuntes y muchos que están por hacerse me traslada a Macondo, aquella aldea de veinte casas de barro y caña brava “construido a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos” (García, 2007, p. 9). 

A la casa de José Arcadio Buendía, uno de los fundadores de la aldea, llega, proveniente de Manaure, una niña de once años quien responde al nombre de Rebeca, bajo el encargo de unos traficantes de pieles. Ella era una niña huérfana que cargaba, en un talego, los huesos de sus padres Nicanor Ulloa y Rebeca Montiel, sus progenitores. A la niña Rebeca le gustaba comer la tierra húmeda del patio y arrancar, con las uñas, tortas de cal de las paredes para merendar. 

En el rincón más apartado de la casa se sentaba en una mecedora a chuparse los dedos a escondidas, porque si Úrsula, la otra fundadora de Macondo, se percataba, al día siguiente, le daba una pócima de jugo de naranja con ruibarbo para que la niña la tomara en ayunas. Un menjurje serenada la noche anterior para que el hígado reaccionara y rebeca dejara de comer tierra y cal. 

Úrsula, también ungía la hiel de vaca en el patio y untaba de ají las paredes, contrarrestando la actitud de Rebeca. Esa traslación me insta a pensar sobre la situación de muchas y muchos estudiantes con problemas similares a los de Rebeca incluso sin ellos, porque en la angustia, como decía otro gran filósofo, Bertrand Russell: “volvemos a los estadios iniciales, donde no existe la humanidad sino el Yo que busca ansiosamente satisfacerse” (Russell, 1985)

Lo único que le llamaba la atención a la niña guajira era la música de los relojes de madera labrada, que su pariente José Arcadio Buendía había mandado a colocar en reemplazo de los pájaros que, desde la época de la fundación de Macondo, alegraban el tiempo con sus flautas. 

A pesar de la ingesta diaria de una pócima de jugo de naranja con ruibarbo, serenada la noche anterior para que el hígado de Rebeca le reaccionara, a pesar de la ungida del patio con hiel de vaca y de la embebida de las paredes con ají, a pesar de las tundas y los correazos; a pesar de todo ello, la niña no se desalentó sino que fue grande, porque se ganó el espacio como integrante de estirpe de la familia Buendía, fue recibida como la hermana mayor de Amaranta y Arcadio con quienes jugaba, logró dormir en el cuarto con los otros niños. Encima de todo, hacía manualidades, era partícipe de las comidas, se distinguía por hablar muy bien el castellano y se ganó el afecto de su prima Úrsula, demostrando que Macondo, como lo dijo Gabriel García Márquez, “más que un lugar en el mundo, es un estado de ánimo.” (García M., 2007).

Hasta la próxima chicuelas y chicuelos.

Fuerza y ánimo para estos días difíciles,

Con cariño,

Su profe Esperanza

Nota. Les recuerdo volver a consultar:

Russell, B. (1985). Las funciones de un maestro. En Ensayos educativos (pp. 69–80).

García M., G. (2007). Cien años de soledad. (S. Ediciones, Ed.) (Edición no). Bogotá Colombia.

Undécima Carta: apelar a la paciencia en tiempos difíciles

Inolvidables estudiantes y padres de familia.

Más me demoré en mandarles la carta que en recibir mensajes por el WhatsApp diciéndome: <<¡Uy relájese profe, no se de garra con esas cartas tan largas>> << no nos la vaya a montar porque estamos en la mala, lo que nosotros queremos es su apoyo, sus palabras de aliento, porque déjeme decirle, hay profes que se están dando garra con esas tareas, tirándole el yugulazo a uno”>>. 

Bueno estimadas y estimados, no pensé que la lección de la guacamaya la pusieran en práctica tan prontamente. Eso me gusta y a cambio de molestarme, me alienta porque esos comentarios sirven para crecer: <<Lo más difícil de enseñar es dejar aprender>> decía un eminente filósofo alemán llamado Martín Heidegger. Ahora bien, luego de compartir estos puntos de vista, les tengo otra buena noticia: ¡me ha llegado otra carta al correo! Es una carta que llama mucho la atención, porque es de la madre de un egresado del colegio y de uno de mis díscolos estudiantes. Esta vez no lloré, quedé asombrada por la manera como esta progenitora relaciona los hechos diacrónicamente, es decir, el presente con el pasado.

Ella comienza la epístola relatando el comportamiento de un médico que es conducido a un antiguo manicomio porque una epidemia de ceguera invade a la población donde habita, lo llaman el o mal blanco porque todo lo ven blanco incluidos los semáforos. A ese galeno, al igual que a la profe de su hijo, le brotan las lágrimas y le corren en cristales por sus mejillas al escuchar a los pacientes que están siendo infectados por el mal blanco, sin poder hacer nada, porque nadie sabe qué es, quién lo produce y menos cómo afrontarlo, a diferencia nuestra que lo sabemos todo tal como lo dijimos en la Quinta carta: “Sabemos cuál es el mal y cuál es el remedio” y que el remedio principal está en nuestras manos.  

 La señora madre de mi educando, además de contar este episodio y de hacer la similitud con el lloriqueo de la profe, se puso en la tarea de indagar qué hicieron en ese país para impedir el contagio, para tratar ciegos, contagiados y para impedir la mortalidad. ¿Para qué hace Ella todo esto? Lo hace para avizorar de qué manera los colombianos y el mundo no sale tan mal librado de la pandemia de la Covid-19. ¡Excelente iniciativa! y buen ejemplo a seguir. La madre admirable se aferra de una verdad de Perogrullo coreada por uno de los enfermos de la ceguera: <<el peor ciego es el que no quiere ver>> (Saramago, 1995, p. 398) y dice que le quedó sonando mucho una frase que leyó en la Segunda carta aludiendo a uno de los sentimientos: <<el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña>>    

Cuenta la señora que el gobierno encomendó a los ministros de atender el brote epidémico del mal blanco y nombró a una Comisión para encargarse del aislamiento, el transporte y auxilios a los ciegos propiamente dichos y de los contaminados. La Comisión recomendó que se echara mano de un manicomio que estaba en desuso, unas instalaciones militares, la feria y un hipermercado. La Feria y el hipermercado fueron descartados, la primera porque al ministro de Industria le disgustaba la iniciativa y el segundo tampoco porque exigía trámites legales engorrosos.

El primero en ser internado en el manicomio fue el médico y su esposa. ¿Recuerdan que en la Novena carta hablamos de un <<impaciente médico que no podía recuperar la visión>>? Estamos hablando del mismo médico, de ese ser humano que lloró al no poder hacer nada por sus pacientes, tal como lloró la locura cuando hirió al amor y tampoco pudo recuperarle la vista al amor, o como lloró la profe al recibir la carta de su estudiante. Las lágrimas exteriorizan dolor, aunque en ocasiones se llora de alegría de felicidad, porque la alegría es la felicidad según el filosofo pesimista Arthur Schopenhauer.

Con este médico oftalmólogo– relata la señora- con su esposa, con el niño estrábico, con viejo de la venda negra y con la chica de las gafas oscuras quien dijo que “la paciencia es buena para la vista”; con ellas y ellos, severamente aislados, empezó la cuarenta sin la esperanza de salir del manicomio hasta que se descubriera la cura para la enfermedad. Entre las principales instrucciones destaca la madre de familia en su relato:

<<Las luces debían permanecer encendidas y era inútil intentar encenderlas porque los interruptores no funcionaban. La persona que se retirara del manicomio sin autorización podía morir en el acto, en cada sala había un teléfono que solo se podía usar para pedir reposición de productos higiénicos y aseo, cada persona debía lavar su ropa. Entre todos debían elegir a un responsable de sala. Tres veces al día les llevaban cajas de comida que se dejaban a la entrada de cada puerta para cada uno de los ciegos y contagiados. Todos los residuos se debía quemar teniendo el cuidado de no causar incendio, y  en caso de que hubiera un incendio fortuito o provocado los bomberos no intervendrían. Si alguna persona que sufra dolencias o agresiones no contaba con ayuda externa. Si uno de los enfermos o contagiados moría, debían enterrarlo adentro del manicomio. La persona contagiada que quedara ciega debía pasar al lado de los ciegos inmediatamente. Y, como si todas estas normas no fuesen suficientes, todos los días, a una misma hora, el ministro les repetía esta cantaleta>>     

No podemos controlar la pandemia y debemos recordar que es inútil sufrir por lo incontroloable, lo que podemos controlar es la manera en la que hacemos frente a esta difícil situación y para ello, como dice la madre de mi estudiante, la paciencia es nuestra aliada.

Nos veremos peladas y pelados.

Nota. Les recuerdo volver a leer a: 

Saramago, J. (1995). Ensayo sobre la ceguera. (Nomos S.A, Ed.). Bogotá DC.

Décima carta: Del SI y el NO a los matices, la potencia de conversar.

Admiradas y admirados estudiantes, madres y padres de familia.Espero que al recibir esta carta la paciencia y la videncia sean las compañeras de El viaje familiar en tiempos de pandemia, pues, a decir verdad, todas y todos estamos en la mala. Pero, como ya lo leyeron en la Quinta carta: La situación es grave, pero tiene solución y en estos momentos hasta las fábulas nos auxilian con enseñanzas prácticas.

Es por esta razón que, además de la lección que nos da el quinteto de tortugas en cuanto al respeto de los ritmos, la forma de asumir las situaciones con serenidad y firmeza, quiero compartir con cada una, cada uno de los estudiantes, madres y padres de familia un ejemplo de convivencia en el que lo decisivo es la organización y el respeto. Sobre el respeto son bastantes los pasajes que recorrimos y las vivencias que hemos tenido en el aula de clase, empero, quiero enfatizarlo:

Respeto significa tomar en serio el pensamiento del otro y de la otra: discutir, debatir con él o ella sin agredir, sin violentar, sin ofender, sin intimidar, sin desacreditar su punto de vista, sin aprovechar los errores que cometa o los malos ejemplos que presente; respeto es esforzarnos por comprender por qué piensa así, evaluar el grado de acuerdo que tenemos y posicionarnos desde nuestros pensamiento propio (Zuleta, 1997)       

En cierta ocasión se reunieron los animales para tratar asuntos graves de interés general para todo el reino animal. Era algo así como un simposio, una constituyente o la reunión del Consejo estudiantil, nada que ver en todo caso con una cuarentena.

El constituyente primario o pueblo soberano -es decir, todos los animales representados en él- eligió sus dignatarios, dándole la presidencia al rey jaguar más por una costumbre política ancestral que por méritos del jaguar.
 
Antes de iniciar la sesión se suscitó un alboroto porque faltaba al animal humano, entonces el presidente puso sobre el tapete esta pregunta: "¿se invita o no al animal humano?"

La asamblea se dividió en dos: unos por el SI, otros por el NO. El jaguar presidente rugió: “hablen primero los del SÍ”.

Se subió al podio una hormiga y dijo: “El humano es inteligente, ha construido cosas que nosotros no hemos podido edificar; ilumina y calienta su vivienda con energía eléctrica, mientras nosotras vivimos en socavones oscuros y fríos. Refrigera y conserva sus alimentos, construye puentes y túneles que acortan distancias, por consiguiente, debemos invitar al animal humano”.

A continuación, cantó un turpial y se expreso así: “nosotros creíamos tener la voz, pero el humano nos superó. No es sino escuchar los dúos, tríos, óperas, conjuntos y orquestas para convencernos de la realidad. También deseo que se invite al animal humano”.

Enseguida la serpiente opinó: “el animal humano es esbelto y hermoso; tan erguido que mira de frente al cielo y desde la altura vuelve sus ojos hacia la tierra; no es como nosotras que nos arrastramos por el polvo, escondiéndonos de vergüenza ya que sólo inspiramos temor. Estoy de acuerdo, no podemos excluir al animal humano”.

Voló un águila, tomó el micrófono y afirmo: “nosotras junto con el cóndor somos del aire y del viento, pero un humano nos aventajó, construyó nidos volantes que llevan cientos de personas a alturas increíbles y a velocidades fantásticas, supersónicas. No se puede dejar a un lado al animal humano”.

Estando en estas, se acercó bramando un toro y con rabia mal disimulada se expreso así: “Estoy de acuerdo en que invitemos a este cobarde, porque a pesar de su osadía no es más que un cobarde. Reúne gente en un circo para que aplauda su valentía y en medio del licor, el colorido y los pasodobles vestido como un payaso se burla con jactancia de nosotros, y solo se nos acerca cuando ya estamos heridos y desangrados, para matarnos. Invitémoslo para que aprenda a respetar y se avergüence ante nosotros”.

Y en esta forma continuaron hablando, chillando, rugiendo y aullando mientras defendían la convivencia del SÍ a favor del animal humano.

Ahora corresponde el turno al NO”, rugió el jaguar.
 
Astuta y sagaz saltó una guacamaya, tomó el micrófono y gritó: "¡Por Dios, colegas! ¿Qué es lo que están proponiendo? ¿Se han vuelto brutos como los animales humanos? Me opongo rotundamente a invitar al animal humano a nuestras reuniones y para que no piensen que estoy parcializada o manipulada por el clientelismo y la corrupción, estos son mis motivos:
  1. El animal humano nunca ha podido vivir en paz. Si lo invitamos podrá desencadenar la guerra y nos hará pelear.
  2. Los animales humanos no respetan lo ajeno, acaban de firmar un acuerdo de Paz y el conflicto sigue; si se roban entre ellos mismos ¿qué harán con nosotros? A lo peor hasta terminarán eliminándonos como a los líderes sociales.
  3. El animal humano pocas veces dice la verdad y trata de engañarse y engañar a los demás por todos los medios a su disposición.
  4. No respeta las leyes, se excede, se embrutece, violenta a los demás, y hasta hace alarde de su maldad.
  5. Construye con esfuerzo casas y edificios, ciudades enteras y luego, en la guerra, con violencia explosiva, destruye las obras de sus propias manos.
  6. Se ataca con odio, con rabia, con locura; la venganza entre ellos es cosa común, no respetan ni a sus hembras ni a sus crías.
  7. Nosotros buscamos lo necesario para vivir con modestia, pero ellos suspiran por acumular y acumular, no hay límites a su ambición, por eso no viven en paz y por eso los atacan los virus y bacterias.
  8. Y por último y es lo más grave, el humano no respeta a la mujer, es un macho que ejerce el patriarcado; además, el humano no respeta la vida, vicia el aire, contamina las fuentes de agua, ensucia las ciudades, arrasa los bosques e inclusive mata irresponsablemente plantas, insectos, peces, mamíferos y aves -de las que me gustan como las gallinas-, cosa execrable aún para el reino animal y vegetal. Por eso, repito, me opongo a que el animal humano se siente con nosotros y nos degrade con su presencia.

La guacamaya bajó del podio y un gran silencio se extendió por la región. Todos cambiaron de parecer, votaron por el NO y esta es la razón por la cual jamás los animales nos invitan a sus reuniones.

Luego de este fenomenal relato, cierro la epístola teniendo claro que podemos salir delante de esta pandemia pero tenemos que cuestionar y reflexionar sobre lo que como humanos hacemos y erramos, así que no desfalleceremos. Y que el mensaje de cambio de actitud que nos mandan los animales hay que acatarlo, tomarlo en serio, porque en verdad son muchos los daños que como humanidad le hemos causado a la naturaleza.

Hasta pronto estimadas y estimados,

Con cariño,

Su profe Esperanza

Nota. Les recuerdo volver a leer a: 

Zuleta, E. (1996). Lógica y crítica. Lecciones de filosofía. (U. del Valle, Ed.). Calí.

Zuleta, E. (1997). La Educación un Campo de Combate. (Fundación Estanislao Zuleta, Ed.). Cali.

Cuarta carta: la fuerza de la miniatura en tiempos de pandemia

Queridas y queridos estudiantes,

estimadas madres y estimados padres de familia,

Ya he compartido con ustedes tres cartas,la primera, como lo recordarán, versa acerca de lo que significa el viaje familiar en tiempos de pandemia dentro de la cuarentena relacionando el tiempo y el espacio en algunos ejemplos como el desplazamiento a ciudades, países y al planeta de El Principito. Los contenidos de la segunda carta están afirmados en los sentimientos y su pertinencia en el manejo de la cuarentena de manera individual y colectiva. La tercera hace referencia a los viajes de personajes de la historia universal y colombiana como Odiseo, Colón y Fermina Daza y Florentino Ariza en los tiempos de la epidemia del cólera.

Hecho este somero recuento quiero manifestarles en esta misiva que con el viaje familiar en tiempos de pandemia pretendemos, como ya se ha enfatizado, evitar que el virus entre a nuestro cuerpo y que en caso de que llegase a ocurrir el reto es desintegrarlo.

person love people summer
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– ¿Cómo así que desintegrarlo profe? preguntará alguna de mis imaginarias estudiantes. Se aduce que desintegrarlo, porque el virus no es un organismo vivo, no es una bacteria, ni un hongo, no tiene padres ni hermanos, es una molécula de proteína cubierta por una capa o corona (por eso la denominación de coronavirus) protectora de grasa, que al ser absorbida por la mucosa nasal, bucal u ocular ingresa al cuerpo y ataca principalmente al sistema respiratorio.

A esa molécula no se le mata con antibiótico ni con bactericida (porque no es bacteria) sino hay que desintegrarla con agua caliente a temperatura superior a 50 grados, vapor superior a dicha temperatura, jabón espumoso, alcohol, agua oxigenada y con algunos remedios farmacológicos que están siendo objeto de estudio y experimentación para su aplicación en próximos meses.

¡Qué paradoja que algo tan pequeño tenga tanta fuerza que pone en riesgo la existencia humana en el planeta! Esto me lleva a recordar a Bachelard cuando afirma en La poética del espacio: “que lo grande surja de lo pequeño es una de las fuerzas de la miniatura” (Bachelard, 2000) La pandemia es lo grande y lo pequeño el Coranavid-19. Que un incendio emane de una cerilla encendida o del impalpable roce de dos cables eléctricos con polos opuestos o, en nuestro caso, de una persona portadora del Coronavirus que en poco tiempo puede contagiar a decenas y centenares de personas, es la fuerza de la miniatura o de lo poco sobre lo bastante.

Y finalmente, miren lo potente y lo curioso de la miniatura. Es análogo, en la parte inicial a las prácticas de enseñanza: el virus entra en contacto con la célula, hace que ella lea algo y repita aquello que lee y, además, que le copie muchas veces, y finalmente se destruya por lo que ha leído y repetido. La diferencia, en la parte final del proceso de la miniatura, está en que lo que ha leído y memorizado el educando no lo destruye sino lo construye, le potencia la existencia, no se aniquila. Los virus crean anticuerpos el organismo.

 

Hasta la próxima chicas, chicos, madres y padres de familia.

 

Nota. Recuerda ampliar la lectura consultando el libro que sugiero enseguida:

Bachelard, G. (2000). La poética del espacio. (F. de C. Económica, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Tercera carta: retomemos la idea del viaje

Hola lector, lectora:

Como se pudieron dar cuenta, no pude seguir con la carta anterior porque uno de mis estudiantes, desde la imaginación, me interrumpió, como sucede en clase, con otro tema: el de la locura. Pero esa interrupción nos permitió recordar algunos sentimientos para aplicar en El viaje familiar en tiempos de pandemia. Dicho esto, los invito a retomar la idea del viaje con otras preguntas formulada por otros inquietos educandos desde la imaginación. ¿Pero un viaje no es el desplazamiento de un lugar hacia otro lugar? ¿Un viaje con la pandemia del Coronavirus? ¿Acaso lo que nos piden no es quietud, aislamiento social, estar en lugar de vivienda? Estas y otras preguntas hacen parte del equipaje que cada una de las familias colombianas y que los colombianos cargamos en nuestro morral, rumbo al puerto de la cuarentena.

El viaje familiar en tiempos de pandemia no es cualquier viaje, es un viaje riesgoso en el que pocas personas tienen experiencia. Los protagonistas de esta experiencia somos cada una de nosotras y de nosotros. Así como Homero nos relató el largo viaje de Odiseo a través del océano de la isla Ítaca a Ilión y viceversa, también la historia de Colombia narra el viaje de Cristóbal Colón desde España hasta América en tres embarcaciones: La pinta, La niña y la Santamaría. Gabriel García Márquez, nuestro premio Nobel de literatura, nos narra, con lujo de detalles, el viaje de una pareja de enamorados que no pudieron desembarcar en ningún puerto del río Magdalena, porque había en todos esos puertos la epidemia del cólera. Esa pareja de enamorados fue Fermina Daza y Florentino Ariza de los cuales se ocupa la novela: El amor en los tiempos del cólera. (García, 1985).

Aunque El viaje familiar en tiempos de pandemia es una experiencia nueva, para chicos y adultos, hay huellas que nos han dejado quienes han pasado por situaciones disímiles y de esas situaciones nos podemos agarrar para salir adelante. Odiseo estuvo confinado en una balsa durante más de diez años, Colón también, Fermina Daza y Florentino Ariza lo mismo; no obstante, aguantaron el viaje y llegaron a buen puerto. En ese sentido el viaje es desplazamiento sin movimiento.

Un barco dura meses en el mar desplazándose, pero los pasajeros o navegantes no se salen de la embarcación, están aislados físicamente del resto del mundo más no mentalmente. Penélope la consorte, su hijo Telémaco y Laertes (Homero, 1999, p. 400) el padre, están con Odiseo, de pensamiento no de cuerpo presente en el océano; en esa lógica, el viaje familiar en tiempos de pandemia es el camino que conduce al reconocimiento de si mismas y de si mismos, es una aventura del pensamiento y de los sentimientos, por eso es factible hacerlo así haya pandemia y así haya normas que lo prohíban, para el pensamiento no hay fronteras delimitadas ni es asequible la contaminación con el Coronavirus, salvo que nos dejemos invadir por el pesimismo, por el miedo, por la desesperanza, por la desconfianza y por todos esos sentimientos negativos que puso a jugar a las escondidas la locura.

En el viaje familiar en tiempos de pandemia va mucha gente, millones de personas en Colombia y en el mundo, pero cada hogar o familia va en su propia embarcación, en concordancia con las demás embarcaciones y con un comando unificado que orienta la flota. Dentro de esas orientaciones está el interactuar con protección: distantes a dos metros unas de otras y unos de otros, preferiblemente usar mascarilla o tapabocas, toser sobre el codo, no salir del lugar, hidratarnos, bañarnos las manos por mucho cada dos horas y en los momentos en que se ingresa a la vivienda, tomar agua caliente, hacer evaporaciones, alimentarse lo mejor posible, hacer ejercicios físicos y mentales, ser tolerantes entre sí, y tener claro que vamos a llegar a buen puerto como Odiseo quien demoró 10 años; como Florentino que esperó a Fermina 53 años, 7 meses 11 días y como Colón, y como el coronel, que no tenía quien le escribiera, esperó diez años a que se cumplieran las promesas de Neerlandia (García M., 1958, p. 49).

Y que esa llegada bien depende de nuestra actitud individual y colectiva. En este viaje no hay competencia sino ayuda mutua, cooperación y solidaridad, porque la vida de unos depende de la actitud de los demás y la de los demás pende la mía.

Con base en lo expuesto queridos estudiantes, padres y madres de familia espero que las preguntas por el viaje se vayan resolviendo y así el equipaje de las preocupaciones, dudas y angustias vaya disminuyendo su peso para evitar el cansancio y así no tengamos que repetir la segunda parte de la siguiente expresión de El Principito: “cuando volví… los compañeros que me vieron se sintieron muy contentos de volver a verme vivo. Yo me sentía triste, pero les decía: es el cansancio.” (Saint-Exuspery, 2001)

 

Con mucho cariño su profe Esperanza.

Nota. Recuerda ampliar la lectura de la carta consultando los libros que sugiero enseguida:

García, G. (1958). El coronel no tiene quien le escriba. (L. M. Mágica, Ed.). Bogotá

García, G. (1985). El amor en los tiempos del cólera. (Norma, Ed.). Bogotá D.E

Homero. (1999). Odisea. (Panamericana, Ed.). Bogotá Colombia.

Saint-Exuspery, A. de. (2001). El principito. (E. Salamandra, Ed.). Bogotá.

El trastorno del sueño en tiempos del Covid-19 ¿Cómo prevenirlo y cómo potenciar el bienestar?

 El trastorno del sueño en tiempos del Covid-19: ¿Cómo prevenirlo y cómo potenciar el bienestar?

Estamos frente a una situación que nos ha traído muchos cambios en nuestro modo de vivir y de actuar: modus vivendi, modus operanti. De estos cambios hay quienes, de manera inmediata nos percatamos y sentimos sus efectos; hay personas que hasta ahora lo están reconociendo y aún hay quienes se niegan a aceptar lo que está pasando. Si nos detuviésemos por un instante a valorar lo dicho, llegaríamos al acuerdo de que por esos tres momentos, que componen un duelo, iremos pasando todas y todos consciente o inconscientemente.

Gran parte de los cambios ocasionados por el Covid-19 no han favorecido nuestros deseos y expectativas, tampoco nuestros hábitos, sentimientos, emociones, lo cognitivo, la percepción, la conducta, el ser, en fin, nuestro comportamiento individual y colectivo. Hemos percibido temor, incertidumbre, ansiedad, angustia, desasosiego, rabia, irritabilidad, embotamiento, impotencia, desinterés, preocupación, despreocupación, molestias físicas, trastornos digestivos, cansancio, debilidad, insomnio, somnolencia, pesadillas y hasta la alteración de la percepción de uno mismo, expresiones que no eran comunes hasta antes de la pandemia.

Hemos tenido, en distintos niveles y circunstancias, alteraciones en la claridad mental, la lucidez, concentración, atención y trastornos de la memoria y del pensamiento. Los gustos, la motivación, el apetito, los juegos de roles, los deseos, el proyecto de vida y hasta hemos estado muy cerca al estrés, la soledad, la ansiedad y de pronto de la depresión.

¿Y a qué viene esta lista sentimientos, emociones y comportamientos?

Viene a que nos ocupemos del sueño, de ese proceso fisiológico reparador, y para hacerlo qué mejor que comenzar por recordar aquella enfermedad que atacó a Macondo: La peste del insomnio. La peste- como ustedes recordarán- provino del municipio de Manaure, a través de Rebeca, una niña huérfana que llegó a la casa de José Arcadio Buendía, con un baulito de ropa y un talego de lona con los huesos de sus padres. A Rebeca le detectó la peste Visitación, una indígena Guajira quien estaba huyendo, con su hermano, de dicha peste. Una vez detectado el insomnio, aislaron a Rebeca, una niña que, dicho sea de paso, presentaba muchos problemas de comportamiento y ante lo cual Úrsula le echaba hiel de vaca en el patio, le untaba ají picante en las paredes y le suministraba, todas las mañanas, una pócima de jugo de naranja, serenada la noche anterior, con ruibarbo, para que no comiera tierra húmeda cuando estaba sola. (Hagamos una pausa para preguntarnos: ¿Con qué y cómo estarán los padres de familia corrigiendo a nuestros chicos y chicas en la pandemia?)

La peste cundió en todo el pueblo, pero el mismo pueblo buscó las formas de protección y autoprotección de la máxima amenaza que era el olvido. Para ello marcaron cada cosa con su nombre, pero también registraron los rasgos, por ejemplo, de la vaca escribieron: hay que ordeñarla todas las mañanas, la leche hay que hervirla, mezclarla con café y así obtener café con leche para tomar. José Arcadio Buendía, más precavido, construyó la máquina de la memoriacon 14.000 piezas, hasta que llegó Melquiades con la sustancia de color apacible que al ingerirla José Arcadio restableció la luz en la memoria y en la de los habitantes, superándose así la epidemia y retomando el pueblo a la cotidianidad.

Todas y todos recordamos que en la primigenia la peste no se vio como amenaza sino como una posibilidad de aprovechar mejor el tiempo, hasta que transcurrieron 50 horas sin dormir. Ese hecho, en nuestro medio, podría leerse, como trastorno de sueño, cuyas expresiones pueden ser, despertarnos sin motivo, tener pesadillas, dormir más tiempo del de costumbre, dormir menos tiempo del acostumbrado, dormirse más tarde o más temprano, levantarse más tarde o más temprano, demorar en dormir, dormir en horas no acostumbradas, tener pesadillas, despertarse asustada o asustado y otros arrebatos. 

Qué nos recomiendan:

Mantener un horario estable con hábitos de aseo, buena alimentación, trabajo y ocio. Hacer ejercicio físico no en tiempo cercano al acostarse; ingesta de una cena suave siquiera dos horas antes de acostarse; no usar la cama como sitio de trabajo, tampoco llevar al celular ni el computador, ni el tv a la cama; desconectar todos los artefactos eléctricos menos el marcapasos; mantener la obscuridad; respirar bien; relajarse en vísperas del ritual del sueño mediante masajes, yoga, meditación al levantarse y al acostarse; descansar; además de darse su baño de sol y aire, dese la oportunidad de desintoxicarse de esos pensamientos que le atormentan, esclarezca los temores que le asisten, a la luz del sol y no con la obscuridad.

Sea realista, básese en datos objetivos de fuentes confiables; no consuma noticias falsas; destine un tiempo corto para informarse a través del celular, la tv, la radio u otro medio. Controle sus emociones y no se sugestione negativamente; duerma entre 6 y 8 horas. ¡Esa fue una de las conquistas de las y los héroes de Chicago!

¡Así el cuerpo se lo pida no haga siestas superiores a 30 minutos, máxime si nota que lo desvelan en la noche! Igualmente, no consuma drogas sin prescripción médica.

¿Por qué son importantes estas recomendaciones?

  1. Somos seres humanos y como tales tenemos una composición biológica, por eso decimos que el sueño es un proceso fisiológico y como tal funciona con la química y con la física de nuestro organismo.
  2. Nuestro cuerpo funciona electromagnéticamente y viene programado para la luz diurna azul y para la obscuridad. La obscuridad es para dormir.
  3. El cerebro, de acuerdo con la información que le manda el Sistema Nervioso Central y el Sistema Periférico, produce las hormonas que requiere el organismo para el bienestar o para estar en alerta. La serotonina, la dopamina y la noradrenalina son neurotransmisores que fortalecen el ánimo, la alegría, son las “hormonas de la felicidad” que contribuyen con el excelente funcionamiento del cuerpo incluido el dormir bien. Si alguno de nosotras o nosotros se acuesta con la impresión de que algo negativo va a ocurrir pues el organismo produce cortisol y así mantiene alerta el cuerpo trastornando el sueño.

Podemos cerrar esta conversación afirmando que una de las tantas pérdidas, en esta pandemia, ha sido la habituación que traíamos en el sueño. Se han alterado, en muchos casos, la cantidad y calidad del mismo, pero podemos mejorar, a través de la detección de síntomas, la prevención de hechos que deterioren nuestra salud física y mental y la promoción de la misma en la cotidianidad.

José Israel González Blanco

¿Qué hacemos con lo que nos está pasando?

Lo primero es reconocer qué nos está ocurriendo, hacer un inventario de los acontecimientos y sobre ese inventario pensar y actuar. Hay múltiples interpretaciones acerca de lo que nos está ocurriendo con la pandemia del Covid-19, igualmente múltiples acciones; pero, una innegable y muy ostensible es la de las pérdidas materiales, emocionales, laborales, espaciales, temporales y vitales. Un elemento identificador de una pérdida es el vínculo: vínculos físicos como la relaciones con familiares, compañeras y compañeros de trabajo, lugar de trabajo, herramientas de trabajo, estudiantes, cafetería, restaurante, la calle, el transporte, los parques, lugares de esparcimiento, y un largo etcétera.

También están las pérdidas de: la libertad, porque estamos confinados; seguridad en nosotros, nosotras y en los demás; pérdida de confianza en la salud y en la continuidad de la vida, en las autoridades, en la manera como se está manejando y como se resolverá la pandemia. Hay incertidumbre en la duración y en las consecuencias en todos los ordenes; hay pérdida de vidas humanas, de empleos, de proyectos, en fin, las pérdidas a diestra y siniestra. Hay pérdidas de hábitos, de habilidades, pérdidas ambientales.

No obstante, hay quienes predican que la pandemia nos enseñará a ser mejores personas, a comportarnos de una manera diferente a como lo veníamos haciendo, hay quienes aducen que nos ha servido para reflexionar, encontrarnos y hacer muchas cosas que no estábamos haciendo por el afán que trae cada día; en fin, hay una mirada optimista, que en palabras de algunos terapeutas del duelo sería que las pérdidas traen beneficios.

Conscientes de lo que nos está pasando, la pregunta que sigue es ¿Qué hacer de manera individual y colectiva con eso que nos está pasando para salir adelante y para que no se repita?, porque ya sabemos, de alguna manera, qué, por qué y cómo nos está pasando.

Siguiendo con este raciocinio, el el primer paso es aceptar la realidad y actuar en consecuencia: tenemos pérdidas. Seguramente que hubo un momento en que nos resistimos a aceptar la situación que estamos viviendo y de eso hay cientos de ejemplos para ilustrar. Cuando llegó la peste del insomnio a macondo José Arcadio Buendía fue el primero en reírse y regocijarse, pero días después cambió. Acá aún todavía hay quienes no aceptan que estamos en pandemia, pese a la cantidad de muertos y contagiados, con su actitud niegan la realidad y eso dentro de la elaboración del duelo, por cualquier pérdida, es la primera etapa.

Quienes ya aceptamos las pérdidas estamos en la segunda atapa; es decir, estamos liberando emociones y sentimientos negativos a través de los diversos lenguajes: palabras soeces, gestos de indisposición, ira, golpes, silencio y una serie de trastornos mentales, fisiológicos, cognitivos, conductuales, afectivos, de atención, percepción y del mismo lenguaje.

En sentimientos y emociones ¿Quién no ha sentido tristeza en la cuarentena? ¿Quién no ha experimentado desapegos? ¿Quién no ha percibido temor, incertidumbre, ansiedad, angustia, desasosiego, rabia, irritabilidad, embotamiento, impotencia, desinterés, despreocupación? ¿Quién no ha sentido molestias físicas, trastornos digestivos, cansancio, debilidad, insomnio y/o somnolencia compensatoria, pesadillas y hasta la alteración de la percepción de uno mismo, expresiones que no eran comunes hasta antes de la cuarentena?

Esto último está muy relacionado con lo sensorial. Pero ¿qué decir de lo cognitivo: claridad mental, la lucidez, trastornos de la memoria, concentración y atención, ¿de los pensamientos que nos atormentan? Y ¿qué decir de la percepción sobre todo en el manejo de las interacciones a través de la virtualidad? ¿Nos está pasando algo en la manera de actuar y reaccionar? ¿Qué está sucediendo con los gustos, con la motivación, con el apetito, con los juegos de roles, con los deseos, con el proyecto de vida? ¿Hay estrés, soledad, ansiedad, depresión?

Es probable que algunas respuestas sean afirmativas. Ese estadio es aceptable por un tiempo, pero no puede convertirse en permanente. Es aceptable que sintamos miedo, tristeza, soledad, pérdida del apetito, trastornos del sueño, de la alimentación, de la memoria y de la atención, pero si esas situaciones persisten es un indicador de malestar y se debe buscar apoyo.

Ahora bien, para quienes valoran lo que nos está sucediendo como favorable en cuanto a las enseñanzas y aprendizajes que nos dejará la pandemia, hay que decir que, sin duda, las perdidas traen beneficios, pero para alcanzarlos es substancial acompañar el proceso; huelga decir, contar con una pedagogía crítica que nos ayude a reflexionar sobre nuestros actos para transformarlos. Y esa reflexión debe hacerse durante el trayecto y no al final. Así la historia podrá mostrarle a la humanidad que sacamos provecho.

Con base en lo expuesto quiero invitar a las y los amables lectores a que accedan a la lectura de Las cartas de la profe Esperanza a quienes pretenden aprender en tiempos de pandemia. Es una iniciativa para que estudiantes, madres, padres de familia y docentes compartan sus reflexiones, durante la cuarentena y después de la misma, acerca del sentir, pensar y actuar. Son treinta y tres epístolas que se irán publicando en igual cantidad de días para su lectura y retroalimentación si así lo estima la lectora o el lector.

José Israel González Blanco

Su majestad, el biberón

Del 1 al 7 de agosto de 2019 la Organización Mundial de la Salud y la UNICEFcelebraron, en más de 170 países, la Semana Mundial de la Lactancia Materna conmemorando la Declaración de Innocenti. La actividad le apuesta a fomentar la lactancia materna y a mejorar la salud de los bebés de todo el mundo…reforzamiento de una “cultura de la lactancia materna”y su vigorosa defensa contra las incursiones de la”cultura del biberón”

La Declaración de de Innocenti y las cifras colombianas.

La Declaración de Innocenti, firmada el 1 de agosto de 1990 en Florencia Italia, reconoceque la lactancia exclusiva, en los seis primeros meses de existencia del ser humano y complementar el amamantamiento con otros alimentos durante los 18 meses siguientes, provee la nutrición que requiere el ser humano para su formación psicobiológica y social; contribuye con el saludable crecimiento y desarrollo en todas sus dimensiones; reduce la incidencia, la severidad de las enfermedades infecciosas, la morbilidad y la mortalidad infantil; coadyuva con la salud de la mujer reduciendo el riesgo de cáncer ovárico y del pecho; provee beneficios sociales y económicos a la familia y a la nación. La declaración también establece unas metas que debían cumplirse en 1995 relacionadas con la instalación en las políticas sociales de una estructura gubernamental garante del cumplimiento de la Declaración diseñando estrategias de acción para la protección, promoción y apoyo a la lactancia materna, incluyendo una monitorización y evaluación global de esas estrategias

Han pasado tres decenios de promulgada la Declaración y los resultados evidencian una realidad adversa a lo rubricado. Hoy hay niños y niñas que están muriendo de hambre, también por desnutrición y malnutrición. La FAO, el 15 de julio pasado, entregó los resultados del nivel nutricional de los habitantes del mundo. Según el informe, en Colombia, para no hablar de los vecinos ni del mundo, 2,4 millones de personas (4,8%) aguantaron hambre en el trienio 2016–2018. Las manifestaciones del “hambre oculta” como la anemia, en mujeres en edad reproductiva pasó del 22,1% en el año 2012 al 21,1% en el año 2016. En los niños la anemia está por el orden del 25% según los estimativos del Instituto Nacional de Salud. La baja talla para la edad, que afecta a medio millón de niños y niñas menores de 5 años y, el aumento progresivo del número de adultos mayores de 18 años que sufren de obesidad pasó de afectar a 6,3 millones de adultos en 2012 a 7,5 millones en el año 2016.

El 27 % de los niños, entre el primer año de vida y el cuarto, tienen deficiencia de vitamina A. El 28 % de las gestantes poseen anemia y el 44 % de las gestantes tienen deficiencia de hierro”, según el Instituto Nacional de Salud. Y eso que Colombia se comprometió con la seguridad alimentaria en el Objetivo de Desarrollo Sostenible “Hambre Cero”.

¿Y las campañas contra “cultura del biberón”?

En los últimos decenios la economía del mercado ha cambiado notoriamente la cultura. La postguerra trajo consigo el concepto de desarrolloque no es más que subdesarrollo y el concepto de necesidadligada al consumo. Hay quienes sostienen que esto hace parte de la segunda colonización, la primera fue la de los españoles de la cual festejamos ilusamente su independencia en actos como los del Bicentenario. Dentro de esta nueva dinámica desarrollista aparece el Control de la natalidad (recuerden la teoría de Malthus, el Club de Roma) y el biberón, que convirtió al tradicional infante de pecho en el bebé moderno y empujó a la mujer al empleo industrial, comercial y de servicios. La antisepsia, la inmunización y la dietética del bebé moderno se alteran, no solo por la ingesta del funesto azúcar de la leche sustituta de la leche materna, sino por los mismos contenidos y conservantes de la leche que impone el mercado de las multinacionales y por la desnaturalización de la relación madre-hijo.

Los estudiosos del comportamiento social y cultural de los seres humanos: psicólogos, docentes, psicopedagogos, psiquiatras, trabajadores sociales, sociólogos, filósofos, fonoaudiólogos, antropólogos, entre otros, deberíamos investigar, mas afondo, en las prácticas de crianza de niños, jóvenes y adultos la etiología de los problemas psicológicos, emocionales, de aprendizaje, de salud mental y anatómica, entre otros malestares. Son escasas las referencias que se hacen, al uso del biberón, en el estado del arte de los problemas de salud de los colombianos.

Desde que Rousseau escribió sobre la educación de los niños en su magna obra Emilio o de la educación(Rousseau, 2006)y Freud señaló que los orígenes de la personalidad humana se encontraban en la primera infancia, muchas generaciones de psicólogos, filósofos y educadores han tratado de investigar lo que se entiende por experiencia temprana y por aprendizaje temprano y la manera como influyen en la vida de una persona.  El acceso al biberón, el uso y abuso es una experiencia temprana que merece ser investigada para comprender, precisamente, cómo ha influido en los colombianos. Rubén Ardila, en uno de sus estudios sobre Pautas de crianza en los niños colombianos, decía, en los inicios de 1980: “el estudio del niño colombiano tiene importancia fundamental para entender la psicología del hombre colombiano” (Ardila, 1986, p. 86).

Se requiere ser un buen observador para percibir la desnaturalización ocasionada con el ingreso del biberón al hogar por la tensión física, psíquica, des afectiva, incomunicacional y emotiva que genera y sigue ocasionando. En 1960, el 96% de las madres de un país suramericano cuyo nombre dejo a la imaginación del lector, daban leche materna a sus hijos hasta después del primer año. Una década después, luego de un adoctrinamiento político con la teoría desarrollista, o segunda colonización, “solo el 6% amamantaba por más de un año y el 80% destetaban antes de que la criatura cumpliera dos meses. Como resultado, el 84% del potencial de leche humana quedaba sin producirse, emplazando así la producción de la leche de 32.000 vacas” (Illich, 2005, p. 604), con nefastas consecuencias para el ambiente (calentamiento global). Darle pecho a un niño o niña, durante los dos primeros años de existencia, vale por suministrarle el equivalente nutricional de 436 litros de leche de vaca al año.

El biberón, además de la desnaturalización ha traído consigo desnutrición endémica en los hogares y países empobrecidos, que cada año celebran el día de la madre y de la independencia contemplando la sobrealimentación patológica en los países colonizadores y con indiferencia ante los oprimidos. A propósito de las vacas, hago un paréntesis para comentar que según Fedegan en Colombia había, hasta el año pasado, 28 millones de vacas y este año han ingresado por contrabando alrededor de 4 millones, es decir,  32 millones de reses que alimentan el calentamiento global y se pelean el oxigeno con 47 millones de colombianos mal contados y con la cantidad de maquinaria cuyos combustibles provienen del carbón y el petróleo.

Una de las metas que contiene laDeclaración de Innocenties el reforzamiento de una “cultura de la lactancia materna.” En la Semana Mundial de la Lactancia Materna conmemorando la Declaración de Innocenti, en 2019, ¿Dónde están las campañas de sensibilización y concientización para padres, madres, empresarios, profesionales de la salud, educadores, niños, jóvenes, adultos, adolecentes, funcionarios y gobernantes que le apuesten a fomentar la lactancia materna, a mejorar la salud de los bebés, a defender vogorosamente la ingesta de la leche materna y contra el uso del biberón?

Si los datos oficiales señalan, a la fecha, que en los niños la anemia está por el orden del 25%; que la baja talla para la edad afecta a medio millón de niños y niñas menores de 5 años; que el 27 % de los niños, entre el primer año y el cuarto, tienen deficiencia de vitamina A; que el 28 % de las gestantes tienen anemia y el 44 % tienen deficiencia de hierro”. Sin duda que estas deficiencias tienen que ver con la falta del amamantamiento o del destete temprano. ¿Qué esperan el gobierno y las entidades del ramo para impulsar políticas de promoción del consumo de leche materna para ir previniendo, sin mayores costos, la baja morbilidad y mortalidad infantiles que elevados precios en vida y económicos le acarrean a la sociedad y al Estado? Ojalá este tipo de campañas no sea más vino nuevo envasado en botellas viejas.

 Algunas fuentes consultadas

Ardila, R. (1986). Psicología del hombre colombiano. (Planeta Colombiana Editorial S.A, Ed.). Bogotá Colombia.

Illich, I. (2005). Obras reunidas. (FCE, Ed.). México DF.

Rousseau, J. J. (2006). Emilio o de la Educación. (Barbera editores, Ed.).

 

http://www.unicef.org/spanish/nutrition/index_24807.html

http://www.fao.org/colombia/noticias/detail-events/es/c/1202301/

 

 

Educación Libertadora: Simón Bolívar un ejemplo para repensar el sistema educativo.

Es del resorte de las maestras y los maestros, en el contexto del Bicentenario, preguntarnos por la influencia de la educación en la formación del libertador de cinco repúblicas. La respuesta, sin duda, lactará la reflexión sobre todo para quienes, a diario, lidiamos con estudiantes “indisciplinados”, inquietos, rebeldes e inquietos. La historia educativa de Simón Bolívar es un ejemplo de transformación y potencialización del ser humano, por encima de las adversidades familiares, escolares y de personalidad. 

Simón Bolívar: un niño difícil de soportar, voluntarioso, criado por una esclava.

Simón Bolívar nace de la relación entre una mujer quinceañera y un cuadragenario cónyuge. Su madre, según las crónicas, era una mujer bella, de “instintos recios” que solo eran reprimidos superficialmente por la severa educación acostumbrada en la colonia para la mujer, ambiciosa de éxitos. La vida de su padre transcurrió muy holgadamente, pues gran parte de las preocupaciones se detenían en resolver los problemas propios de la administración de su fortuna.

Simón, desde el momento del nacimiento, fue entregado al cuidado de otras personas, una de ellas a la negra Hipólita, una fiel y abnegada servidora de la familia Bolívar. El hijo de Don Juan Vicente, entonces, no contó con los cuidados especiales que inspira el afecto maternal, porque su progenitora ya presentaba los primeros síntomas de una grave enfermedad del pecho, afección que 9 años después la llevó a la cripta. La esclava, de ascendencia negra, fue la encargada de seguirle y atenderle los primeros movimientos en el gateo y la locomoción, además de iniciarlo en el lenguaje verbal. Para Bolívar ese alejamiento de la madre fue inexplicable y reprochable, para él sus verdaderas madres fueron la negra y otra dama cercana a la familia Palacios.

La ausencia de cuidados naturales de la madre biológica fue compensada con creces por los mimos excesivos y amorosos de Hipólita, a tal punto que no había antojo, capricho, llamado y pedido que ella no estuviese presta a satisfacérselo. Esta situación forjó en el niño el poder de mandar y de ser obedecido, lo mismo que entender que todos los deseos se satisfacen como algo natural y sin controversia. Las crónicas, sobre la infancia de Bolívar, abundan visibilizando un profundo sentimiento de optimismo, una actitud voluntariosa y un niño difícil de soportar con intensas intemperancias en su carácter cuando sus deseos no eran logrados.

Con la muerte de su padre, a los 3 años, la madre lo entrega en custodia a un curador ad-litem, al parecer para evitar el contagio de su enfermedad, pero, sobre todo, por el deseo de que una autoridad judicial disciplinara el carácter que hemos descrito de Simón. El curador aceptó el encargo, “sin entusiasmo”, preocupándose por inspirarle temor con el fin de contrarrestar su díscolo comportamiento. Pero el traslado de Simoncito, de la extensa y alegre mansión señorial de la Plaza de san Jacinto, en Caracas, a la residencia del curador no produjo los efectos esperados, más bien su rebeldía y seguridad de sí mismo amargaron la existencia del custodio haciéndole sentir la inutilidad de sus esfuerzos, por modificar el comportamiento por la vía de la opresión. Ante los sucesos Simón fue devuelto a sus familiares con unos pronósticos que generaron más desesperación en la mórbida madre, optando ella, con uno de los tíos del niño, por entregarlo ahora a la dirección de los mejores maestros de Caracas, entre quienes se encontraba Andrés Bello.

No era de esperarse, pero estos maestros se formaron la peor idea de su discípulo, sintieron hostilidad y coincidiendo en creer que, por su falta de atención, por la nerviosidad que le impedía estarse por un rato quieto, por el carácter voluntarioso y reacio a someterse a un método de disciplina, del niño Simón no podía esperarse nada bueno. Empero, las condiciones características del desenvolvimiento del alma de Simón Bolívar, las facilidades y mimos para suerte suya que encuentra en los primeros años de su existencia, “determinan su natural compenetración con el medio exterior y la tendencia de su alma a vivir dentro de los problemas y para los problemas de ese medio.”(Liévano A., 1987, p. 13)

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Rousseau en la educación de Bolívar a través de un autodidácta.

De Rousseau recordamos, entre otros conceptos, el de “Educación natural” que no se ocupa de las formas de la sociedad o de las tradiciones de la escuela, sino del conocimiento de la verdadera naturaleza del ser humano y por ende sobre una rigurosa investigación afín a la naturaleza del educando. Para Rousseau, las primeras impresiones, los instintos naturales, los sentimientos y los juicios sencillos y espontáneos que brotan en el ser humano, en contacto con la naturaleza, son la mejor guía de comportamiento; de la pertinencia de respetar y promover el desarrollo de los referidos fenómenos instintivos en el niño y en la niña, en lugar de reprimirlos. En este contexto asoma el concepto de “educación negativa” que cuestiona la “educación positiva” de la época, la cual “tiende a formar prematuramente la inteligencia y a instruir al niño en los deberes del hombre maduro”. Para Rousseau lo que hay que hacer es “perfeccionar los órganos del saber antes de suministrarlo directamente, preparar el camino de la razón con un buen ejercicio de los sentidos…”.(Rousseau, 2011)

Luego de las tensiones iniciales en la vida de Simón Bolívar, por su comportamiento y ante el fracaso de sus preceptores, aparece un escribiente vinculado con la administración de la fortuna de uno de los consanguíneos del adolescente en referencia: Simón Carreño, un hombre “prematuramente cínico por las amargas desgracias de su existencia” (Liévano A., 1987, p. 16), desventurado desde su más tierna infancia y para quien la bondad, la virtud y el amor habían sido destruidos por los malos instintos de los hombres. Su vida, según los cronistas, se desenvolvió sin afectos y sin otros objetivos que su propia amargura y sus profundos odios a circunstancias de la vida, llegando incluso a sustituir el apellido de Carreño por el de Rodríguez de manera definitiva.

Simón Rodríguez, como se hará llamar en adelante, en uno de sus viajes a Francia se topó con la magna obra del pensador ginebrino. Emilioo de la educaciónle hizo replantear su situación encaminándose a librar a las personas de la nefasta educación y a educar a los hombres para la felicidad, en cambio de esclavizarlas como harapos humanos destinados al dolor y al fracaso, tal como él lo había vivenciado. El empuje del pensamiento rousseauniano lo estimuló a erigir un Memorial al Ayuntamiento de Caracas titulado: “Reflexiones sobre los efectos que vician la escuela de primeras letras de Caracas y medio del lograr su reforma por un nuevo establecimiento”(Liévano A., 1987, p. 16).Los oídos sórdidos de los gobernantes lo espolean a reducir esas aspiraciones y a buscar a un pequeño Emilio, no maleado todavía por la “Educación Positiva”, para aplicar preceptos de la pedagogía de Rousseau. El niño escogido, con la anuencia de la familia Palacios fue Simoncito.

Desde el comienzo la empatía entre “el pequeño Emilio” y el “Rousseau americano” fue inquebrantable. Rodríguez no le habló a Bolívar acerca de las tediosas asignaturas que le enseñaron, sino que más bien se ocupó de: remozar el juego, los deportes que le gustaban, los paseos, las caminatas y las diversiones. Es así como, apoyado en los peones de la hacienda, le enseña a montar a caballo, manejar lazo, y a nadar, actividades que afirman la seguridad y la facilidad para aprender, tal como lo logró la esclava en los primeros años de gateo y locomoción.

Rodríguez no atosigó a su educando con la enseñanza de matemáticas, religión, idiomas y otras asignaturas, dejándolo más bien entregarse a sus propios impulsos, para que se fueran adaptando naturalmente al medio ambiente, sin más correcciones que las impuestas por el mismo medio. “Ejercitad su cuerpo, sus órganos, sus sentidos, sus fuerzas; pero mantened ociosa su alma cuanto más tiempo fuere posible”, se lee en el Emilioo de la educación.

Tanto para Rodríguez como para Rousseau el quid de la educación estaba en hallar el equilibrio entre deseos y facultades. “Si a la par crecieran nuestros deseos más que nuestras facultades nos tornaríamos más infelices”(Rousseau, 2011), sostenía el pedagogo suizo. Para resolver este peligro se debía procurar el desarrollo de las facultades del ser humano sometiéndolo a vivir cerca de la naturaleza, para que en su permanente contacto de una parte, estimulara el crecimiento espontáneo de las facultades, y, de otra, fijara en forma natural límites a sus deseos y anhelos. “mantened al niño en la sola dependencia de las cosas, y en los progresos de su educación seguiréis el orden de la naturaleza”.

Una vez la familia Palacios le entregó a Simón Rodríguez, sin vacilaciones, el niño para educarlo, inició la tarea alejándolo de todo trabajo intelectual pretendiendo mantenerlo en contacto permanente con la naturaleza, a través de excursiones, por las áreas rurales en las que aprovechaba para enseñarle las leyes de la naturaleza, le enseñaba a orientarse y lo sometía a recios ejercicios físicos para templar su cuerpo en largas y enérgicas faenas. Para obedecerle al alma es necesario que sea vigoroso el cuerpo le decía el maestro a su estudiante, evocando la pedagogía rousseauniana.

Bolívar recibió con entusiasmo y agrado estas lecciones, porque lo mantenían en contacto con fenómenos nuevos y le posibilitaba eclosionar las fuerzas de esa naturaleza suya, hiperactiva e indómita, que necesitaba de incesante movimiento para liberarse del exceso de energías y encontrar el equilibrio. La convivencia con el preceptor le inspiró confianza valores éstos que le permitieron transformar su soberbia voluntad que había desesperado a familiares y mentores conduciéndolos a hacer los peores pronósticos de quien años más tarde fuese el libertador de gran parte de un continente.

Con la muerte de la madre de Bolívar, Simón Rodríguez se dedicó de lleno al discípulo. El aula predilecta fue la hacienda San Mateo. Allí, con frecuencia, lo hacía levantar al amanecer para emprender prolongadas excursiones en las que ingerían poca alimentación y en los recesos le platicaba sobre los peligros de la naturaleza, le hablaba de las reglas elementales de higiene y poco a poco lo fue induciendo a los conceptos de Libertad y Derechos del hombre. Vidas paralelas,de Plutarco, fue un texto que usó Rodríguez para estimular, con el ejemplo de la vida de grandes hombres, los instintos de superación del pequeño huérfano.

Bolívar apenas contaba con 14 años cuando de manera intempestiva se interrumpe el proceso educativo. Su maestro debió abandonar a Venezuela por haber participado en una conspiración. La custodia del joven retorna entonces a manos de sus tíos y familiares quienes no tardan en advertir y experimentar serias dificultades en el ejercicio de la autoridad. La marcada antipatía de sus familiares y las violentas escenas marcan en Bolívar una perceptible sensibilidad que lo transporta a darle demasiada importancia a cualquier crítica. Sin embargo, quienes vieron las transformaciones y lo observaron en su madurez daban otra valoración: “Es amante de la discusión; domina en ella por la superioridad de su espíritu; pero se muestra demasiado absoluto y no es bastante tolerante con los que le contradicen… la crítica de sus hechos le irrita; la calumnia contra su persona le afecta vivamente, y nadie es más amante de su reputación que el Libertador de la suya”.

Los tíos hacen que Bolívar, ansiosos de librarse de las molestias de su sobrino y resueltos a domar esa acerada voluntad, lo hacen ingresar a en las Milicias de los Valles de Aragua. Allí transcurre sin contratiempos su vida militar gracias a la fortaleza física adquirida con Simón Rodríguez. No obstante, su carácter altivo y dominante se torna incómodo para sus superiores, pero se le tolera por la idoneidad con que ejecuta las misiones encomendadas. Luego de un año de permanencia en este cuerpo aristocrático recibe el grado de subteniente abandona el regimiento y viaja a Caracas a lucir su lujoso uniforme de oficial. A partir de ahí erige su vida social y militar, amparado en las enseñanzas de Simón Rodríguez y en los cuidados de quienes lo vieron crecer.

La educación de Bolívar y sus enseñanzas para Colombia.

Tendría escaso valor esta reflexión si el lector no se toma el esfuerzo de hacer una relación sincrónica del modelo actual de escolarización con la educación que recibió Simón Bolívar. Para avanzar en ese debate ponemos a disposición tres puntos de vista:

  1. Simón Bolívar logra avanzar en su educación gracias a que Simón Rodríguez, con un espíritu autodidacta, se encuentra con Rousseau y de sus enseñanzas aprende unas lecciones que, inicialmente le propone al Ayuntamiento de Caracas en pro de una reforma al establecimiento escolar, dados los defectos que vician la escuela de primeras letras. Dada la negativa institucional acude a la familia Palacios para poner en practica la pedagogía rousseauniana en la humanidad de Simón Bolívar con excelentes resultados.
  2. Simón Bolívar es un niño que nace en un hogar de abolengo y muy acaudalado; no obstante, es un niño que desde los primeros días lo crían dos mujeres, una esclava negra y una doña ajena al abolengo. De ellas aprende valores, costumbres y habilidades corporales, emocionales, sociales e intelectuales que a posteriori usa para el ejercicio de sus roles. Pese a las vicisitudes por la muerte de su padre y de su madre a tan temprana edad, a pesar de la antipatía de su familia y a las advertencias de los preceptores y mentores, Bolívar se sobre pone y sale adelante.
  3. La implementación del modelo de enseñanza de Simón Rodríguez que logra equilibrar habilidades y deseos puede verse como una innovación en la que el maestro logra, en el contacto con la naturaleza neutralizar las emociones negativas que habían hecho de Bolívar un niño despreciable y antipático. Logra también el maestro poner en concierto los saberes de la cotidianidad con el apoyo de los peones de la hacienda y de otros agentes educativos. Esa lección nos lleva a cuestionarnos acerca del rol que está ejerciendo la escuela actual con los estudiantes que no quieren adaptarse al currículo impuesto y que terminan desertando o expulsados de la misma.
  4. Finalmente, si esto ocurrió en el siglo XVIII, ¿por qué, después de que dos siglos han transcurrido el sistema educativo colombiano sigue con esas prácticas de educación bancaria que no favorecen el crecimiento humano? El caso de Egan Bernal es muy diciente. Se trata de un joven con su familia nuclear existente quien, como bachiller, ingresa la universidad, obtiene buenos promedios y por inasistencia a algunas clases, dedicadas a su entrenamiento ciclístico, no alcanza a cursar un año de universidad viéndose obligado a abandonarla. Bernal es hoy campeón del Tour de Francia a pesar de la escolarización. García Márquez, quien también estudió en Zipaquirá, se retiró de la universidad para dedicarse al periodismo y terminó siendo premio Nobel de Literatura. Estanislao Zuleta pasó por la misma situación, abandonó el colegio y culminó siendo doctor honoris causa de la U. del Valle. ¿Qué pasa con la escolarización entonces? ¿Será que le estamos apostando al caballo equivocado? ¿Por qué no apostarle al caballo blanco de Bolívar, es decir al modelo de educación que lo forjó como Libertador y no a esta modelo que cada día nos hace más esclavos?

 Algunas fuentes consultadas

Liévano A., I. (1987). Bolívar.(Oveja Negra, Ed.). Bogotá Colombia.

Rousseau, J.-J. (2011). Emilio o de la educación. (A. Editorial, Ed.). Madrid.