El valor de la bicicleta y de la locomoción en un país subequipado

“Un país se puede clasificar de subequipadocuando no puede dotar a cada ciudadano de una bicicleta o prever una transmisión de cinco velocidades a cualquiera que desee pedalear llevando a otros”(Illich, 1974, p. 71).

El debate que despierta el nuevo plan de (sub)desarrollo para Colombia (2018-2022) gravita alrededor del problema de las energías, el cumplimiento de los acuerdos de paz, los Derechos Humanos, la educación, la salud, la equidad y sus pactos, las reformas a la Constitución, entre otros asuntos. En este artículo se llamará la atención acerca del uso de dos medios de movilidad amigables con la naturaleza y con el ser humano que las políticas sociales deberían incentivar: la bicicleta y la locomoción.

Iván Illich (1974) dedicó gran parte de su vida a investigar críticamente el modelo de desarrollo, y hacia la década de los setenta advertía sobre el impacto negativo de la industria en la sociedad y en la naturaleza: “el efecto de la industria en el medio social tiende a ser tan destructivo como su efecto en el medio físico” (Sousa Santos, 1974, p. 77)y aseguraba que para contrarrestar ese efecto destructivo “el único camino es limitar el crecimiento y prohibir el consumo de energía más allá de del nivel crítico”. Su planteamiento entonces se enfoca en una decisión política en la cual la gente debería poder participar activamente.

El autor cita un ejemplo diciente: el costo de transportar a una persona en un Volkswagen durante 6 horas o 500 kilómetros, medido en términos de oxígeno es de 175 kg y equivale a la misma cantidad del que una persona necesita para vivir todo un año que una persona consume en todo un año. Las plantas y las algas, pese al deterioro al que han estado expuestas, “a dura penas” reproducen el oxigeno para los miles de millones de seres humanos y animales existentes en el planeta. Pero esa producción se agota ante tantas máquinas de combustión, pues cada vehículo quema “por lo menos catorce veces más oxígeno del que quema un individuo” (Illich, 1974, p. 15). La la política pública debería estar dirigida a contrarrestar esta situación e incentivar a cada ciudadano a tomar medidas en el asunto.

Illich sostenía que “un país se puede clasificar de subequipadocuando no puede dotar a cada ciudadano de una bicicleta o prever una transmisión de cinco velocidades a cualquiera que desee pedalear llevando a otros”. Colombia está subequipadono solamente por la falta de dotación sino también porque no provee caminos ni buenas vías para las personas que quieren viajar en bicicleta. Paradójicamente, nuestros escarabajos ostentan un admirable reconocimiento en el mundo, pues “se han hecho a pulso” y ni siquiera así el Estado potencia el acceso a la bicicleta.

¿Y por qué debería potenciar el uso de este invento de dos ruedas? Porque andar en bicicleta hace posible que el movimiento del cuerpo humano franquee una última barrera: permite aprovechar la energía metabólica disponible al acelerar la locomoción a su límite teórico. En terreno plano, el ciclista es tres o cuatro veces más veloz que el peatón, gastando en total cinco veces menos calorías, por kilometro, que éste. “El transporte de un gramo de su cuerpo sobre esta distancia no le consume más que 0,15 calorías.” Con la bicicleta el ser humano “rebasa el rendimiento posible de cualquier máquina y de cualquier animal evolucionado” (Illich, 1974, p. 64).

Además de estas bondades, la bicicleta ocupa poquito espacio. Illich hacía los cálculos correspondientes: para que 40.000 personas puedan cruzar un puente, en una hora, moviéndose a 25Km/hora, se necesita que el puente tenga 138 metros de anchura si viajan en coche, 38 metros si viajan en autobús y 20 metros si van a píe; en cambio, si viajan en bicicleta el puente no necesita más de 10 metros de anchura. Únicamente un sistema hipermoderno de trenes rápidos, a100km/hora y “sucediéndose a intervalos de 30 segundos podría pasar esta cantidad de gente por un puente semejante en el mismo tiempo” (p. 63) .

El transporte motorizado nos ha paralizado, el hospital nos ha enfermado y la escuela nos ha ofrecido educación cada vez más segmentada, concluye el investigador vienés radicado en Cuernavaca. La locomoción de cada gramo de su propio cuerpo o de su carga sobre cada kilómetro recorrido en 10 minutos, le consume 0,75 calorías. El ser humano, en su generalidad, se mueve con eficacia sin ningún implemento. Comparándolo a una máquina termodinámica, es más rentable que cualquier vehículo motorizado, que consume por lo menos 4 veces más calorías en el mismo trayecto. Es más más eficiente que todos los animales de un peso comparable. El tiburón y el perro nos ganan por poca diferencia. Con este índice de eficiencia de menos de una caloría/gramo, históricamente la humanidad organizó su sistema de circulación, prevalentemente basado en el tránsito.

Si al “Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 le interesara en serio la vida y el crecimiento del país, otras serían sus apuestas prácticas. Seguimos viviendo el drama de la contaminación ambiental y del agotamiento de los recursos vegetales, minerales, animales y del mismo ser humano. Se dicen unas cosas y se hacen otras. Hay un discurso esquizofrénico en gran parte de las políticas sociales y de los actos humanos.

Por ejemplo, se sabe a ciencia cierta los efectos nefastos del glifosato en la salud humana, en la destrucción de vegetales y animales, pero el gobierno insiste en la aspersión para “controlar el aumento de la hoja de coca”. Se conocen a cabalidad los efectos dañinos de los combustibles en la salud, en el aire, en el agua, en los alimentos, la vida, pero se sigue aumentando el parque automotor, sobre todo con motores diésel en las ciudades y en el campo. Conocemos el impacto negativo que produce el plástico, pero se continúa promoviendo el uso de pitillos, vasos desechables y vasijas de icopor en la casa, en la oficina y en la calle. Es palpable la nefasta experiencia del fracking, empero, la política gubernamental aboga por su aplicación. Se enuncia el uso de energías limpias, pero por los elevados costos solo pueden acceder a ellas los ricachos.

Limitar el consumo de energía, no ir más allá de los límites naturales y humanos de la misma, coadyuva con la conservación del ambiente y por ende de la vida, en todas sus expresiones, pero para eso se requiere voluntad política y consciencia social. Usar el pocillo, la taza y el plato de barro o de porcelana, el vidrio, el pañal de tela, la bicicleta, caminar y echar mano de otros utensilios amigables al medio es una actitud saludable para quienes lo ejercitan y para quienes hacen resistencia porque todos estamos padeciendo el abuso del consumo, la destrucción del planeta y la extinción de la vida.

Como se puede apreciar tenemos a nuestro alcance posibilidades de ayudar a conservar el medio y a cuidarnos, sobre la base de nuestras capacidades. En la ciudad y en el campo hay miles de ejemplos de niños, niñas jóvenes y adultos que nos inspiran a caminar y a usar la “bici”. Si desde nuestro lugar forjamos esas iniciativas respetando y protegiendo al peatón y al ciclista, probablemente llegaremos a presionar a la industria y a los gobernantes a tener un mundo de órbitas con centro.

Fuentes consultadas

Illich, I. (1974). Energía y equidad (Barrial editores S.A., ed.). Barcelona.

Sousa Santos, B. (1974). Comentarios a energía y equidad. Iván Illich. Energía y Equidad, Apéndice.

 

 

 

 

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Políticas sociales que rasguñan y enceguecen el amor de los colombianos.

Para la comprensión de este artículo me valgo del texto de Mario Benedetti: El amor es ciego y la locura lo acompaña (Benedetti, 2013). Convengamos que la locura son las políticas sociales, impuestas por la hegemonía capitalista encarnada en los gobiernos de turno. El amor, el papel que juega la subalternidad o los gobernados frente a las políticas públicas; el texto del escritor uruguayo declara que la locura organizó un juego en el que ella se cubría los ojos y contaba, de uno en uno hasta un millón, mientras los sentimientos se ocultaban, tal como lo hacen los niños jugando al “palo libertado” o a “las escondidas”. El sentimiento más fácil de hallar fue la pereza y el más difícil fue el amor porque se escondió en un rosal en el que la locura al fin pudo llegar pero, al no darse cuenta de que estaba tan escondido, le rasguñó sus ojos dejándolo ciego.

El denominado sistema educativo colombiano es ciego y quiere enceguecer a los estudiantes, padres de familia y docentes, de todos los ciclos y modalidades de escolarización y a la sociedad en general, imponiendo unas políticas foráneas. El Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y los grandes empresarios del país, aliados con el capital transnacional, paulatinamente han venido causando serias heridas en la retina y en la cornea de la educación. Sus intervenciones no han sido para ayudar avizorar los pétalos del crecimiento intelectual ni para la construcción de democracia participativa y tampoco para salir de la ignorancia, de la pobreza y de la violencia, sino para sumirnos en ellas.

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El alto costo que estamos pagamos los colombianos con los intereses de Deuda Externa e interna son ostensibles en el Producto Interno Bruto y en el Presupuesto General de la Nación. Al comienzo del segundo semestre de este año, según el Banco de la República, la Deuda Externa representó el 36,5% del Producto Interno Bruto, el total la Deuda Externa Pública era de 72.772 millones de dólares (Banco de la República, 2018) mientras que, para el 2019, se advierte que el Presupuesto General de la Nación está desfinanciado en 25 billones de dólares, afectando los derechos de los nacionales.

El BM, el FMI, la OCDE, el BID y los grandes empresarios del país, en el juego que organiza la locura, son los lazarillos del gobierno nacional, del Congreso de la República, de los ministerios y de la burocracia estatal porque a través de ellos están dirigiendo la locomoción del país. A su vez, el gobierno nacional, el Congreso de la República, los ministerios y a burocracia estatal incluidos alcaldes, secretarios de educación y muchos directivos docentes, salva raras excepciones, asumen como lazarillos de las comunidades educativas y particularmente de los docentes.

En Colombia la locura es ciega y el amor quiere ser lazarillo

Tanto los lazarillos forasteros como los criollos, alienados, ignoran que los ciegos dejan de ser ciegos cuando sueñan y a través del sueño ven lo que ausculta la vigilia, como lo reveló el Filósofo Caleño Estanislao Zuleta, al ver la sombra de los grosellos y la estatua de Heidegger haciendo aguas. Desecha la locura de pensar que una sociedad de ciegos puede organizarse sin su mandato para vivir y que el solo hecho de “organizarse ya es, en cierto modo, tener ojos.” (Saramago, 1995, p. 396).

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No obstante, “el mundo está lleno de ciegos vivos” -le dice la mujer del médico a la chica de las gafas obscuras en la obra de Saramago (1995). Muchos colombianos estamos recuperando los ojos porque nos hemos dado cuenta de que “lo que verdaderamente nos está matando es la ceguera”. Son abundantes los ejemplos de los últimos tiempos: los Acuerdos de la Habana, los resultados de las elecciones presidenciales, las cifras electorales sobre la Consulta Anticorrupción, las convocatorias de estudiantes, maestros y padres de familia para defender la educación pública estatal, las Consultas Populares contra el extractivismo minero, los pronunciamientos de la ciudadanía de cara ante los hechos de corrupción, a la violencia contra líderes sociales y la actitud contra la imposición de más impuestos. Todas ellas expresiones que refrendan el mejoramiento de la retina y la cornea ojeada un país con justicia social.

Muchos colombianos nos estamos dando cuenta de que la Economía del Mercado es “la locura” -volviendo a Benedetti-, es quien dirige las políticas sociales en Colombia y en el continente. Lo hace por intermedio de los gobernantes de turno: así como en la salud la industria farmacéutica, que hace parte de esa Economía de Mercado, es la que le dicta a la Medicina cuándo, cómo y qué es lo que debe hacer con las personas estén o no enfermas.

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“En un pasado reciente, el poder médico calificaba o descalificaba un comportamiento, una entidad, una afección. Hoy, ese poder está influenciado o superado por el poder farmacéutico, que trata de dictar los límites entre lo normal y lo patológico.” (La Rosa, 2009, p. 134), llegando al extremo de patologizar y psicopatologizar la vida cotidiana, haciendo creer que los problemas sociales de las personas no son problemas sino trastornos o enfermedades y así generar la demanda de remedios que incluso ya están dispuestos por la industria para medicalizar esas “enfermedades”, fabricadas e inexistentes científicamente. “La tendencia actual al tratamiento farmacológico de entidades relacionadas con las dificultades de la vida y con síntomas banales transformados en síntomas” (La Rosa, 2009, p. 135).

En la escolarización, de preescolar hasta la universidad, las principales “enfermedades” educativas, para los farmaceutas -el Ministerio de Educación, Ministerio de Hacienda y para el Departamento Nacional de Planeación-. Son la calidad y la financiación y para eso los empresarios capitalistas se han inventado el tratamiento de las Pruebas Saber, Pisa, el Día E, la privatización, entre otros, sin obtener mejorías significativas, porque se atacan los síntomas y no las causas y porque, al igual que hace la farmacia al desconocer los conocimientos del médico, acá se ignoran los saberes y conocimientos pedagógicos, didácticos y éticos de quienes, en el día a día, lidian con los problemas educativos: los Maestros.

 

  • En el caso de las desfinanciación de la educación estatal se han fabricado medicamentos como:
  • La financiación por parte de los padres de familia (cerca de 2.000.000 de estudiantes); la tercerización, es decir, entregarle a entidades particulares la prestación del servicio por concesión o de manera directa sin una justificación ética.
  • La desviación de recursos como ocurrió con los cerca de 80 billones de pesos del Sistema General de Participación (Ortiz, 2017).
  • La no asignación en el Presupuesto General de la Nación de lo requerido para garantizar el Derecho a la Educación; el no desembolso a tiempo del dinero destinado.
  • Los recursos que ha carcomido la corrupción, verbi gracia en el Programa de Alimentación Escolar, el empobrecimiento de la Canasta Educativa y el engendro de acciones y programas como Ser Pilo Paga, la Evaluación a los docentes, Aprendizajes Básicos, Competencias, Estándares, Jornada Única, Inclusión, ingreso a la OCDE y mantener excluidos del sistema educativo a más 1.500.000 estudiantes en educación Básica y Media,
  • Entre otras formulas.

Con base en lo expuesto, no hay duda de que nuestro rol está en fortalecer el amor y no seguirle el juego a la “locura”. Nuestro papel no consiste en escondernos para que nos busque la “locura”. No. Consiste en hacernos visibles, como lo estamos haciendo, para desenmascararla y enfrentarla.

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Nuestro reto es seguir aglutinando a los colombianos para que se quiten esas gafas del miedo y de la impotencia, para que no sean ciegos, sino que tengan consciencia de que la ceguera no es literal, no es fisiológica ni funcional, sino que es una “enfermedad fabricada” e impuesta por los farmaceutas de la Economía de mercado. Hölderlin sostenía que “el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona.” (Parra, 1996, p. 90) ¡A seguir soñando colombianos y americanos, porque la distancia que hay entre la ceguera “fabricada” y la visión real es mas corta que el trayecto que existe entre la mariposa y la larva, entre la larva y la crisálida y entre la crisálida y la mariposa! Mientras sueñan y asumen el rol del amor, acá podrán seguir encontrando a este mendigo.

 

Fuentes consultadas

 

Banco de la República. (2018). Boletín de deuda externa (pública y privada en dólares).

Benedetti, M. (2013). El amor es ciego y la locura lo acompaña. Retrieved from https://elaticodelalma.wordpress.com/2013/04/16/el-amor-es-ciego-y-la-locura-le-acompana-cuento/

La Rosa, E. (2009). La fabricación de nuevas patologías. (Supergráfica, Ed.). Lima.

Ortiz, I. (2017, February). El Sistema General de Participaciones. 118, 18–25. Retrieved from http://www.overdorado.com/wp-content/uploads/2017/10/Revista-Educacion-y-Cultura-FECODE-Nro.-118-Feb-2017-.pdf

Parra, R. (1996). Tarzán y el filósofo desnudo. (Arango Editores, Ed.). Bogotá DC.

Saramago, J. (1995). Ensayo sobre la ceguera. (Nomos S.A, Ed.). Bogotá DC.

 

 

El consumo de sustancias psicoactivas: Un aporte desde la escuela pública para su prevención.

En la arena púbica está en discusión otro proyecto de decreto que interpela a la escuela. Se trata del borrador de la norma según la cual los adictos deben demostrar su condición para portar la dosis mínima. El decreto busca frenar la creciente circulación de estupefacientes, especialmente en áreas cercanas a los centros escolares. Con esto, la iniciativa podría ser loable si se irrumpiese en atacar el fondo del problema y no la forma. Plausible, si se ocupase del cómo y no meramente del qué hacer; la acción demanda una metodología que no la resuelve la legislación sino algunas disciplinas de las ciencias sociales y de la salud, la ética, la experiencia, la política pública centrada en la satisfacción de Necesidades Básicas, el desarrollo de habilidades y capacidades, mediante la prevención, la intervención remedial y la promoción de Derechos Humanos -como Salud, Educación y Libertad-. Se trataría entonces de una acción que va más allá de lo instrumental, lo mediático y lo punitivo.

Con este borrador del proyecto se colige, una vez más, que los gobernantes siguen empeñados en ocuparse de los síntomas del problema sin descubrir los factores generadores. Es algo así como el dermatólogo que le formula a un adolescente cremas o grageas para combatir el acné sin saber si esa expresión epidérmica está pende de factores: hormonales, ambientales, alimenticios, emocionales, nutricionales, estrés, abulia.

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“No hay que confundir las causas de las cosas con las condiciones que las hacen posibles” (Zuleta, 1996). Para que las personas consuman sustancias psicoactivas hay unas condiciones que las hacen posibles, desde hace muchos decenios. Y claro, hay que minimizar o abatir esas condiciones, pero identificando su etiología; es decir, respondiendo preguntas como: ¿cuáles son los motivos del orden individual, familiar, social, afectivo, emocional, cognitivo, económico, de prácticas de crianza, culturales, de violencia intrafamiliar y de historia de vida de los farmacodependientes, que los llevan a usar marihuana, cocaína, bazuco, LDS, bóxer, éxtasis, alcohol, drogas sintéticas y sustancias volátiles, entre otros psicoactivos? De no adentrarse en las causas, diremos con el escritor de La franja amarilla que “todo proyecto histórico que pretenda erradicar los males sin conocer su fuente está condenado al fracaso” (Ospina, 1999, 60).

Más allá o más acá de lo legal, el proyecto de decreto es un pretexto para la reflexión acerca del problema del consumo y algunas opciones de tratamiento y prevención que la academia, los saberes comunitarios, la experiencia documentada, la escuela y las instituciones han venido erigiendo y que los legisladores deberían hacer suyas. No es un problema de poca monta para una sociedad y para un Estado, que el consumo de psicoactivos y de alcohol esté comenzando en los niños a los 10 años de edad; no es un flaco problema que una sociedad y un Estado Social y de Derecho tuviese, en el año 2015, cerca de 1.500.000 consumidores y que según los estimativos ascenderá, a finales del 2018, a 2.200.000 (Semana, 2018, p. 22), huelga decir cerca del 5% de la población del país.

La experiencia del hospital San Juan de Dios. 

A comienzos de 1980, la producción, distribución y uso de bazuco, el cual hoy ocupa el segundo lugar en el consumo nacional con el 13% según los últimos datos (Semana, 2018, p. 23), se torna en una preocupación del Estado y de las instituciones como la Universidad Nacional de Colombia. En esa época, el hoy destruido hospital san Juan de Dios tenía, al servicio de la ciudad y de la nación, la Unidad de Salud Mental en la que atendía a los drogodependientes y a las familias de éstos, a través de los programas: Hospitalización Día y mediante internado, con la asistencia de psiquiatras, médicos, trabajadores sociales, psicólogos, terapeutas, toxicólogos y enfermeras, practicantes, entre otros profesionales.

La familia, en sus distintas revelaciones, jugó un papel importante en el tratamiento, rehabilitación y prevención del consumo de sustancias psicoactivas, toda vez que participaban activamente del proceso terapéutico. La experiencia sirvió también como referente nacional y continental para el diseño de políticas públicas que involucraron directamente a la sociedad en el campo de la salud mental. Unidades como la referida son las que se requieren para que el problema se aborde en su integridad, comenzando por este peldaño. Para ello se requiere que mínimamente el gobierno potencie la salud pública estatal, facilitándole, de esta manera: acceso, permanencia, adaptabilidad, aceptabilidad y calidad a las personas afectadas y debilitando, por esa vía, el lucrativo negocio de los particulares.

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Para iniciar con esta propuesta el gobierno nacional debe ponerse al día con las recomendaciones de la ONU: tener mínimo 10 profesionales de salud mental por cada 100.000 habitantes (Bienestar Colsanitas, 2018, p. 4).  En la actualidad se cuenta con 2 por cada 100.000 habitantes. En el caso de los centros escolares debería más bien retomar la resolución 2340 de abril de 1974 en la que se estableció asignar un docente orientador por cada 250 educandos, “para llevar a cabo la tarea de prevención primaria de las enfermedades mentales, trastornos emocionales y perturbaciones psicosomáticas” (González, 2004) que en ese momento alcanzaban altos índices pero no tan elevados como los que hoy tenemos, justamente por la falta de políticas de prevención potenciadas desde los campos de la educación y la salud. Datos recientes registran que “el 52,9% de los jóvenes entre 12 y 17 años tiene uno o más síntomas de ansiedad.” (Bienestar Colsanitas, 2018)

La experiencia de los habitantes de la calle.

Por tres métodos tenemos que aprender la sabiduría: primero por la reflexión, la más noble; segundo, por la imaginación, la más sencilla; y tercero por la experiencia, la más amarga”. Con esta frase, que en algunas páginas de internet se la atribuyen a Confucio, continúo la discusión acerca del papel del gobierno ante el consumo de sustancias psicoactivas.

Los llamados habitantes de la calle, en general, no han sido ajenos al consumo e incluso comercialización de sustancias psicoactivas. En eso cuentan con una larga y abundante experiencia que al registrarla y ponerla al servicio de la ciencia y de las políticas sociales contribuiría enormemente con la prevención del consumo de drogas.

Pues esta acción se realizó en un colegio del Distrito hace dos lustros. Cansados de tantas intervenciones de la Secretaría de Salud y de otras entidades del Distrito Capital, y agobiados por el desgaste y la falta de los resultados esperados, decidimos darle cabida a la voz de un padre de familia, quien se ofreció a estar en el colegio, con otros jóvenes rehabilitados, para dialogar con los estudiantes que no podían ocultar que eran consumidores, así no lo reconocieran.

El rector del colegio, el orientador, la coordinadora, los docentes y muchos padres de familia apoyamos la iniciativa logrando saber, en pocas horas, lo que en años el cuerpo docente quiso conocer sobre la situación de cerca de un centenar de jóvenes, que consumían marihuana, sustancias volátiles, éxtasis y bazuco, incluso sin que sus padres supiesen.

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Luego de esta intervención de los habitantes de la calle rehabilitados, los docentes se preguntaban el por qué de ese comportamiento de los educandos. La respuesta fue muy sencilla: “profes, los chicos no confían en ustedes, porque si ustedes saben que consumen, los sancionan, los sacan del colegio, porque así lo establece el Manual de Convivencia.” Igualmente, fluye la pregunta acerca de por qué a los habitantes de la calle si les contaron de manera sincera. La razón: “Ellos saben que nosotros sabemos cómo es el maní. A nosotros no nos pueden decir mentiras, porque los cogemos en ella y los parceros no son bobos: `el mico sabe en qué palo trepa`. Nosotros hemos aprendido a identificar quién consume, qué, cuándo, qué cantidad y hasta el lugar de adquirirla y de consumirla…y eso fue lo que conseguimos que ellos cantaran…A nosotros no nos maman gallo, maestros

De esta experiencia se puede inferir que, en cuanto a la identificación, comprensión, intervención y prevención del consumo de drogas alucinógenas, es substancial combinar experiencia, reflexión e imaginación. Lo ocurrido en este colegio es un acontecimiento que “exige ir donde es imposible ir”, enseña lo que no se sabe y lleva a “pensar lo que no se deja pensar” (Rancière, 2003).

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La ley, puesta en términos punitivos y dejando de lado la moral y la costumbre, a cambio de resolver, agrava. Ayuda muy poco en las actuales condiciones en que se halla el país. Lo que sirve es el cultivo de valores como la confianza, el respeto, el diálogo franco, la interacción del conocimiento experiencial y el conocimiento científico y una pedagogía que reconozca que “los alumnos aprenden solos sin necesidad de un maestro explicador”, porque la explicación, según Rancière, “es el mito de la pedagogía, la parábola de un mundo dividido en espíritus sabios y espíritus ignorantes, espíritus maduros e inmaduros, capaces e incapaces, inteligentes y tontos” (Rancière, 2003, p. 21). 

Los equipos de salud que iban a los colegios.

Siguiendo con la experiencia desde la escuela traigo a colación el programa de salud mental de la Bogotá Humana. Me refiero a los equipos constituidos por: médico, psicólogo, trabajador social, terapeutas, enfermeras y docentes de educación física. Ellos visitaban a los colegios para remediar y hacer prevención del consumo de sustancias psicoactivas. Era una deriva histórica de lo acontecido en la Unidad de Salud Mental del San Juan de Dios, pero itinerante, en el contexto barrial.

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En una de esas vistas, las directivas de un colegio y las orientadoras pusieron en sus manos la lista de 42 estudiantes, de una jornada escolar, cuyo consumo había sido evidente y por ese motivo se había pedido la intervención de la Secretaría de Salud Distrital, dado que, con la estrategia de Subir alertas, instituido por la Secretaría de Educación, nada se había conseguido, salvo ser un dato más para las estadísticas oficiales. Los profesionales acudieron al plantel y realizaron los protocolos de rigor para hacer el diagnóstico de los estudiantes, previo conocimiento y permiso de los padres de familia, mediante visitas domiciliarias.

Al lado de la acción con los 42 educandos, y sus familias, hubo una sensibilización y acercamiento de los docentes a la etiología del consumo y a las formas de actuación, en las distintas situaciones en las que un estudiante fuese sorprendido consumiendo o bajo los efectos de sustancias psicoactivas.

Todos los educandos pasaron por consulta externa in situ y participaron del programa terapéutico ofrecido por la mencionada entidad distrital. Lo sorprendente de los hechos es que, pese a que los docentes y directivos evidenciaron, durante meses, el consumo en baños, aulas y fuera del colegio -asunto que los llevó a buscar ayuda- los resultados del diagnóstico psicosocial señalaron que solamente uno de los 42 estudiantes consumía alcohol, nada más.

El acontecimiento condujo a que las directivas, los docentes y el equipo contrastaran sus versiones de donde surgen preguntas cómo: ¿Por qué los estudiantes no expresaron el problema del consumo de sustancias psicoactivas ante el equipo de salud? La respuesta la dieron, los mismos estudiantes, una vez culminado el año escolar: “no quiero que familia sepa, porque me cascan” y “quiero seguir en el colegio y si saben que consumo me echan y yo soy el que pierdo”.

No hay duda del valor de este tipo de ejercicios para adentrarse en conocer la problemática del consumo en contexto, abordando al consumidor dentro del ámbito familiar, escolar y comunitario. También es importante la cualificación a los docentes, porque el manejo de la situación es desconocido, eso no se lo enseñan en la formación inicial ni en la formación avanzada en la universidad. El meollo de la cuestión está en que vuelve a hacerse ostensible la desconfianza de los educandos, en el manejo de la información y el miedo a las sanciones por parte de la familia y de las instituciones.

La clase de química

El colegio Nuevo Horizonte de Bogotá, por iniciativa de la docente de Química, con el apoyo de los demás maestros de la jornada, viene desarrollando una propuesta pedagógica, con los estudiantes de Educación Media, en la que los educandos escogen temáticas para profundizar y exponer ante padres de familia, docentes y escolares de Educación Básica.

Lo llamativo de este trabajo es que gran parte de los temas propuestos a la profesora y asumidos por los estudiantes, emergen de las problemáticas del contexto institucional y comunitario. La muerte, la violencia y la exclusión, generados por el consumo de sustancias psicoactivas ocupa el mayor porcentaje de las exposiciones.

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Enunciados como: “El bóxer te pega al infierno”; “dolor sin sangre”, “La droga zombi”; “Muriendo sin sentirlo”; “Un viaje alucinante”; “Pasión sin límites”; “La heroína de los pobres”; “Morir antes de vivir”; “Sueño, adicción y muerte”; “El placer y sus desgracias”, “El deporte como equilibrio químico y mental”, entre cientos de títulos,  dejan entrever, además de figuras lingüísticas, concepciones ignoradas por el currículo, fibras dobles o dilemas epistemológicos, la preocupación de los educandos por las afectaciones que genera el consumo de psicoactivos y alcohol en la existencia, en la familia y en la sociedad.

Son más de 700 exposiciones hechas por los estudiantes en las que no ocultan su experiencia cercana al flagelo del consumo.  Con base en el conocimiento, que aporta la bioquímica, comprenden lo nefasto que es el ingreso al Sistema Nervioso Central de marihuana, cocaína, bazuco, LDS, bóxer, éxtasis, alcohol, drogas sintéticas y sustancias volátiles, entre otros psicoactivos y se lo documentan a profesores, estudiantes y padres de familia incitándolos a combatir esa práctica y a no caer en ella.

Este silencioso trabajo, que se viene forjando en este centro educativo, es otro aporte que la educación pública viene haciendo, “con las uñas”, para contrarrestar y prevenir, desde el conocimiento de las Ciencias naturales, el problema del consumo de drogas en el contexto escolar y comunitario. Se trata de hacer uso del conocimiento para emancipar a los educandos y a sus familias, a través, de la puesta en escena del conocimiento en el contexto educativo y barrial y de la toma de consciencia sobre el daño que causa.

¿Y qué nos pueden enseñar las comunidades indígenas?

Faltaría en esta reflexión registrar las experiencias y recomendaciones de las comunidades indígenas sobre el uso de la marihuana y la coca, porque ellas han practicado ancestralmente el consumo de estas hierbas sagradas sin llegar al abuso y degradación social.

Igualmente, queda pendiente el análisis del problema de los llamados cultivos ilícitos y la manera como se vienen encarando que, dicho sea de paso, sin acatar los aportes de la ciencia, de la ética y del respeto a la vida en todos los ordenes. Por ahora la reflexión convoca es a mirar el cuidado de los consumidores y la prevención del consumo, a través de la experiencia escolar.

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Finalmente digamos que si “el crimen es falta de patria para la acción, la perversión es falta de patria para el deseo, la locura es falta de patria para la imaginación.” (Zuleta, 1997), la escuela, las comunidades y la academia cuentan con conocimientos y experiencias que pueden contribuir con el tratamiento y prevención del consumo de drogas en los colombianos, y con el mantenimiento de una patria para el deseo, para la imaginación y para la acción.

Algunas referencias

Bienestar Colsanitas. (2018). Salud mental en Colombia. Bienestar Colsanitas, 159, 4.

González, J. (2004). La Orientación Escolar: una necesidad relevante en Colombia. Bogotá.

Rancière, J. (2003). El maestro ignorante. Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual. (Laertes, Ed.). Barcelona.

Semana. (2018, September). Sin salida. 1897, 22.

Zuleta, E. (1996). Lógica y crítica. Lecciones de filosofía. (U. del Valle, Ed.). Calí.

Zuleta, E. (1997). La Educación un Campo de Combate. (Fundación Estanislao Zuleta, Ed.). Cali.

 

El “casi” si vale en Colombia

Es común en el argot popular oír a personas decir que “los casi no valen en Colombia”. Esa aseveración muy general no aplica para el caso de la Consulta Anticorrupción. El “casi” si vale y vale mucho si tenemos en cuenta situaciones del diario trasegar. En el penúltimo Tour de Francia, por ejemplo, un ciclista colombiano “casi” gana, ocupó el segundo lugar. Los ciclistas colombianos han estado cerca de ese triunfo y le siguen apostando hasta llegar, algún día, al podio, sobreponiéndose al “casi”. En la clasificación para el último Mundial de Fútbol Colombia “casi” no logra llegar, pero llegó con muchos altibajos y “casi” clasifica a los cuartos de final. Miles de estudiantes que han aspirado a ingresar a la universidad Nacional han transitado por el “casi paso” y luego, hay quienes logran ser estudiantes y egresados y quienes definitivamente abandonan su pretensión. Miles de eventos podrían demostrar que el casi no es sinónimo de pérdida.

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No alcanzar el umbral requerido, por tan pocos sufragios, para la aprobación legal de la Consulta Anticorrupción, es análogo a la pérdida de un vuelo por escasos minutos de retardo. La solución, en este caso, no está en dejar de viajar por vía aérea sino pensar en el vuelo siguiente, porque el itinerario se retrasa, pero el viaje no se detiene. La conquista de los deseos por hacer de Colombia un país sin prácticas de corrupción, violencia e impunidad y donde se respeten los derechos humanos, llegará persistiendo, cambiando de actitud, tomando conciencia de nuestro rol como ciudadanos, animándonos, asumiendo la Mayoría de edad y, sobre todo, dejando atrás la indiferencia y la ignorancia.

El “casi” hace parte de los mundos posibles, de los sueños, de los planes y de las funciones hipotéticas. El casi es el equivalente a la denominación de contrafactuales hecha por algunos filósofos y psicólogos. Para los primeros, los contrafactuales son los “haría-podría-debería de la vida, todas las cosas que podrían suceder en el futuro, pero no han sucedido todavía, o que podían haber sucedido en el pasado, pero no sucedieron”. (Gopnik, 2010, p. 35). Para los segundos, “el pensamiento contrafactual está omnipresente en nuestra vida diaria y afecta profundamente a nuestros juicios, decisiones y emociones”.

El umbral de la Consulta Anticorrupción podría haber sido legalmente pero no, lo fue legítimamente. Sin embargo, desde el punto de vista de la democracia la relación mayoría- minoría no es jerárquica, es convencional y discutible. “Una cultura democrática no es una cultura de mayorías”, sostenía Estanislao Zuleta (1997). Democracia y mayorías son dos cosas muy diferentes. “Todo el mundo estaba de acuerdo con Hitler, por ejemplo, y eso no era democracia” (Zuleta, 1997, p. 268). La democracia entonces es el derecho del individuo a diferir, a pensar, a vivir distinto, a ser diferente. La democracia es el derecho a diferir y eso fue lo que hicimos 11.669.346 colombianos en la Consulta; 8.034.189 por la Colombia Humana y 6363.989 en el plebiscito por la paz.

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El efecto Pigmalión.

La continuidad en el viaje se puede transitar en compañía del efecto Pigmalión, es decir, seguir acariciando el cuerpo de Galatea, huelga decir de la auténtica democracia para que, en las próximas elecciones presidenciales, en corporaciones públicas y en el día a día, la Afrodita de la Colombia Humana le dé vida plena. Es verdad que hubo muchos colombianos que fueron indiferentes, que seguramente fueron inferiores al reto, que representaron los cinco centavos que el faltaron al peso. A Ellos y a Ellas juzgarlos no coadyuva con el acercamiento a Galatea y el reto nuestro es acercarlos para que el sueño se transforme en realidad. El campesino cuando encuentra, en su labrantío, una planta que está débil o enfermiza, no la siega ni la desprecia, la toma con su mano y le ayuda a que crezca y dé fruto. Eso lo debemos aprehender nosotros de la sabiduría y de la praxis popular. “Se aprende más teniendo que avanzar con el viento en contra que con el viento a favor” (Percy, 2012)

La invitación final es a que no les echemos los perros a los venados, porque son ariscos y los ahuyentamos, de lo que se trata es de tenerlos adyacentes acercándonos a ellos. Démonos por bien servidos con la cosecha del 26 de agosto, porque los frutos son sorprendentes, sin dejar renunciar a seguir regando con agua fresca el labrantío. Requerimos continuar despertando conciencia crítica y haciendo educación popular. No  nos dejemos invadir por el efecto Golen que es la cara contraria del efecto Pigmalión. Aprendamos de los ciclistas, de los futbolistas, de los estudiantes, de los agrodescendientes, de la experiencia y de la misma Consulta, que los “casi” si valen en Colombia.

¡Lleguemos temprano al aeropuerto para que no nos deje la nave! Igualmente, cuidemos a la tripulación promotora de la Consulta, porque los lotófagos -como en el viaje de Odiseo a su natal Itaca- pueden desviarlos de la ruta para embriagarlos, confundirlos y desorientar el rumbo de los 11.669.346 colombianos que nos hemos subido en la nave y los otros millones que nos esperan en el camino, para que los acojamos, no para que los juzguemos.

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Fuentes consultadas

Gopnik, A. (2010). El filósofo entre pañales. (Ediicones Planeta S. A, Ed.). Madrid.

Percy, A. (2012). Kafka para agobiados. (Géminis Ltda, Ed.). Bogotá DC.

Zuleta, E. (1997). La Educación un Campo de Combate. (Fundación Estanislao Zuleta, Ed.). Cali.

 

 

“La ignorancia es atrevida” … tanta legislación atonta, no emancipa.

Ahora aparece un nuevo proyecto de ley para reglamentar el uso de los celulares en los ámbitos escolares. Es un proyecto que ignora el contexto escolar en el tiempo, en el modo y en las circunstancias, porque los maestros, lo y directivos docentes y las comunidades educativas, desde hace varios lustros, le hemos dado tramitación al uso de los celulares, por parte de los educandos. Los Manuales de Convivencia son testimonios fidedignos del sentir, pensar y actuar de los agentes educativos referidos desde la promulgación de la Ley General de la Educación. Más aún, hay experiencias de maestros que dan de cuenta de innovaciones pedagógicas y didácticas usando del celular en el aula de clase. Prohibir el uso del celular atentaría contra esas iniciativas bien documentadas.

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Evocando pasajes de La Ignorancia (Kundera, 2000), no cabría duda en sostener que el autor del proyecto, que busca prohibir el uso de los celulares en los centros educativos, es ignorante; huelga decir, está muy distante de la realidad que se vive en los planteles escolares, está como Odiseo, lejos de su país, porque el hijo de Itaca, luego de 20 años de ausencia no sabía qué ocurría en su patria chica, entre otras cosas porque estuvo de rehén y engreído con la ninfa Calipso. “Aquellos que como Irena o Ulises, no frecuentan a sus compatriotas caen en la amnesia”, apunta el escritor checo (Kundera, 2000, p. 39). Amnesia es la que padece el representante a la Cámara con su descontextualizado proyecto. No sabe qué está pasando en las instituciones escolares o está desinformado.

El celular es un medio de comunicación hijo de la tecnología, nieto de la ciencia y bisnieto de la educación si tenemos en cuenta que la tecnología es hija de la ciencia y la ciencia es hija de la educación. Según uno de los comisionados de la Misión Ciencia Educación y Desarrollo este entrecruzamiento parental “será uno de los ejes principales del futuro de nuestro país en el siglo XXI” (Llinás, 1995, p. 17). Pero si el Estado, a través de las leyes, sigue interviniendo a la escuela, impidiéndole a los maestros y directivos docentes ejercer, con autonomía, su labor pedagógica y vulnerando la libertad de enseñanza y de aprendizaje, los deseos de los científicos de la Misión de Sabios y los de los docentes están condenados a transformarse en frustración, y los sueños de los educandos no serán más que pesadillas, ocasionadas por los gobernantes que ignoran la realidad del país y de los “ciudadanos del mundo”.

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El celular es un bien cuya tenencia y uso facilita unos fines en los educandos, en sus familiares, acudientes, entre pares, con el conocimiento, en la relación pedagógica y didáctica. Pero además de que los educandos accedan al mencionado bien y hagan uso de este, los docentes vamos más allá y nos preguntamos ´acudiendo a Amartya Sen- por “los funcionamientos alcanzados” y su “transformación en capacidades.” Eso no se lo pregunta el congresista ni los gobernantes, porque la pedagogía no es su dominio y en ese sentido debe dejarse a la comunidad educativa que continúe resolviendo una situación que ha venido encarando, con base en la experiencia y desde su sabiduría, con resultados no tan desfavorables como los que puede traer la prohibición del uso del celular en la escuela, proyecto de ley que va en contravía de los aportes de la humanidad y que no coadyuva con la emancipación sino que la atonta a la escuela, evocando a Ranciére ( 2003).

Ahora bien, los funcionamientos o realizaciones se definen como todo aquello que, en el hecho que nos ocupa, los educandos pueden hacer o Ser con el bien que tienen a su disposición, verbi gracia, el celular. Y ¿qué hacen los estudiantes sino comunicarse, ser felices, bromear, hacer videos, tomar fotos, usar datos, interactuar con el mundo, hablar y escribir, entre otras actividades? Todo esto lo hacen con libertad positiva (libertad para) y negativa (libertad de). Ahí es donde, justamente, entra en juego el desarrollo de capacidades que, según Sen, van ligadas a las posibilidades de Ser y hacer, es decir, a la libertad positiva yendo más allá de una perspectiva centrada en “los bienes y servicios a los cuales las personas acceden y en consecuencias es una perspectiva que sitúa la discusión en otro orden” (Bula, 2002, p. 45).

En el hecho avocado, la discusión se ha puesto en la arena pública desde lo punitivo, no desde lo ético, lo histórico, tampoco desde lo cognitivo, ni lo cultural y menos del orden pedagógico y emocional. Y el debate es desde lo ético en tanto que corresponde a la esfera del ethos escolar y familiar, de la relación entre medios y fines. Es desde lo educativo, dado que el uso de las tecnologías es parte del saber del maestro, de su discurso y de los métodos para enseñar. El celular es otra herramienta para la enseñanza tal como lo han sido, hasta ahora: el libro, el periódico, la radio, la televisión y el computador, la internet, entre otras.

 

El celular, un “bien de mérito”

Los bienes de mérito son aquellos que la gente se merece en razón de su existencia. El celular es un producto del desarrollo cultural, científico, tecnológico, económico, social y en tal sentido hace parte del modus vivendi de adultos, niños y jóvenes, desarrollando lo que Sen denomina “Capacidades básicas” o si se quiere, en términos de la economía neoliberal: competencias. Las Capacidades Básicas, entonces, se pueden definir como la relación entre los bienes y la habilidad de las personas para lograr niveles adecuados de funcionamientos especiales.

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Es, precisamente, en esta relación del celular con la habilidad donde los niños y jóvenes nos llevan una ventaja enorme de la que podemos aprehender al lado de ellos, en cuanto al manejo de la herramienta y en lo afín al uso más racional de la misma. El quid de la cuestión, por lo tanto, no está en prohibir el artefacto sino en que los adultos aprendamos a manejarlo mejor y a que sobre esa base se haga una interacción con los niños y jóvenes, para poner ese bien de la humanidad al servicio de la formación, de la comunicación asertiva -como se dice hoy día- y de las buenas relaciones personales, toda vez que lo que está en escena también es la libertad de Ser y de hacer.

Desde los círculos escolares hay muchas voces de maestros y directivos docentes que le decimos a la sociedad y a los gobernantes: ¡déjenos desempeñar nuestra labor, porque somos nosotros quienes sabemos Qué hacer, Cómo y Para qué hacerlo! ¡No nos resquebrajen mas la escuela con tantas normas que al contextualizar son poco útiles para la formación! Los Manuales de Convivencia están saturados de normas que en ocasiones fomentan la doble moral, por ejemplo: “prohibido fumar en el colegio” y al salir de éste o antes del ingreso el estudiante fuma y la sanción legal no aplica, porque está fuera del modo, del lugar y del tiempo.

Con el celular pasará lo mismo incluso porque algunos padres de familia, por diversos motivos, desautorizarán a los educadores y directivos, permitiéndole a su hijo el uso del celular. O, en su “malicia indígena”, el niño hará todas las triquiñuelas para usarlo a escondidas del profesor, así como algunos consumen los psicoactivos dentro de los planteles, valiéndose de mecanismos imperceptibles para el educador y para sus padres como “el mangazo”, la ingesta por la vía genital, la mezcla en botellas de agua o gaseosa; en fin, son múltiples las estrategias que ingenian los educandos para transgredir las normas.

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De ahí, que lo importante es el acercamiento a ellos para que aprendamos juntos, es despertar la confianza hacia los adultos y establecer acuerdos sobre el uso – en este caso- de la herramienta, para que no caigamos, además de la doble moral en marchitar el Ser y hacer de una generación de relevo que ha nacido con ese chip, que no va a renunciar a él así exista la prohibición -porque “lo prohibido es apetecido”- , y que si la norma lo lograse estaría truncando el desempeño social de unos adultos en potencia que buscan emanciparse de la pobreza material, pero que los legisladores quieren sumirlos en la pobreza cultural y en el analfabetismo tecnológico, al negarles las posibilidades de realización que ofrecen tecnologías de punta como el celular en el proceso educativo.

No hay duda de los beneficios y los daños que produce cualquier herramienta vetusta o de tecnología de punta; pero aducir que la experimentación de algún grado de ansiedad, si el adolesente no sabe lo que ocurre en internet o si se encuentran desconectado, es una enfermedad, no es más que patologizar el comportamiento social y caer en la lógica de la creacción de las denominadas “no enferemdades” (La Rosa, 2009, p. 91). Es confundir síndromes, signos y síntomas con enferemdad. Lo que si está demsotrado es el alto grado de accidentalidad acaecido por el inadecuado uso del celular. El año pasado (2017), en un encuentro de Salud Mental realizado en Bogotá, una funcionaria del Ministerio de Educación Nacional ostentaba la preocupación, de esa entidad, por el alto grado de accidentalidad de sus funcionarios, engendrado por el uso del celular en los pasillos y los espacios de la edificación.

Finalmente, no hay discusión de que los menores no pueden estar expuestos al manejo de herramientas que tienen altos factores de riesgo. Deben contar con factores protectores y los primeros en serlo son sus padres. La familia es responsable de la educación y de la socialización primaria de sus hijos. Hay normas específicas que conminan a los padres a responder por el cuidado y protección de los hijos. La prohibición, en el caso en cuestión, debe hacerse para quienes le han suministrado, a los hijos, la herramienta. Hay que atacar la causas y no los síntomas. “Nos hemos desgastado luchando contra los síntomas mientras las causas se eternizan” decía el autor de: “Por un país al alcance de los niños” (García M., 1995, p. 53). El proyecto intenta atacar los síntomas, en los escolares, de un problema social que afecta a toda la población y que tiene unas causas específicas de las que no se ocupa.

 

Fuentes consultadas

 

Bula, J. (2002). Amartya Sen y la medición del bienestar. Cuadernos de Trabajo, 24.

García M., G. (1995). La proclama, I.

Kundera, M. (2000). La ignorancia. (TusQuets, Ed.). Barcelona.

La Rosa, E. (2009). La fabricación de nuevas patologías. (Supergráfica, Ed.). Lima.

Llinás, R. (1995). Colombia al filo de la oportunidad. (P. de la R.- Colciencias, Ed.). Bogotá DC.

Rancière, J. (2003). El maestro ignorante. Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual. (Laertes, Ed.). Barcelona.

¡VAMOS MUJERES, VAMOS!

El 21 de septiembre del año en curso se realizarán las elecciones del Comité Ejecutivo de la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode) y de  los delegados para la Asamblea General Federal, periodo 2018-2022, lo mismo que los comicios para la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) nacional y regional.

Sin duda, estamos ante un acontecimiento transcendental en la dinámica laboral del país, dado que Fecode es la organización que sigue sobreviviendo al exterminio neoliberal impidiendo, con la lucha organizada, consciente y decidida, el rompimiento de su “espinazo” y cuidando que no se le quite el agua al valioso pez que sigue navegando en las turbulentas olas del modelo económico y político impuesto por el Fondo Monetario Internacional, la OCDE y el colonialismo multinacional.

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 En estas justas, el Magisterio no puede ser inferior al reto de hacer unas elecciones a la altura de nuestro profesionalismo y que sea coherente con la critica que le hemos hecho a los gobernantes de turno. Es de recordar que las colombianas y los colombianos que aspiramos a tener un país auténticamente democrático, libre, inclusivo, soberano, respetuoso de la vida y del ambiente, al alcance de nuestros sueños, de nuestros deseos y con bienestar para todos, hemos padecido al menos tres derrotas contundentes, cuantitativamente hablando, en menos de dos años: el plebiscito de octubre de 2016, las elecciones parlamentarias en 2018 y las presidenciales en este mismo año.

El factor determinante, en el triunfo del poder hegemónico, fue el manejo de la mentira, el engaño y la tergiversación de información, fundando miedo en los electores y, por esa vía, obligándolos a votar a favor de quienes insisten en continuar con la guerra, en mantener el país en el atraso, en la ignorancia, en la pobreza y en la dependencia.

Estas prácticas de la burguesía han sido criticadas y combatidas en las urnas, en la plaza pública, en la academia, en el sindicato, en los municipios, en las regiones y a nivel nacional, por millones de compatriotas, conscientes de que otra Colombia es posible. Deplorablemente, los resultados no han sido favorables como es lo esperado. Esta loable postura ética y política de luchar por un país auténticamente democrático se sigue reflejando sostenidamente en cada uno de nuestros actos: en el aula de clase, en la calle, en el hogar, en el sindicato, en la cooperativa, en la campaña, en las organizaciones públicas, privadas y en todos los espacios donde interactuamos.

Las elecciones para FECODE y CUT son entonces el escenario por excelencia para que MAESTRAS y MAESTROS hagamos praxis del pensamiento plural, el respeto a la diferencia, la no reproducción de prácticas abominables como el señalamiento, el clientelismo, el ataque infundado entre las distintas fuerzas, candidatos y hacia sectores históricamente excluidos como las mujeres, los afrodescendientes, indígenas, la comunidad LGTBIQ y el campesinado, entre otros. Este comportamiento, un poco poético pero posible, es el ideario, es lo esperado por el gremio, por la sociedad incluso por quienes fustigan a nuestra organización sindical.

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Como profesionales, como pedagogos, como sujetos garantes de los derechos de los educandos y los nuestros, no podemos ser inferiores al reto de hacer del proceso eleccionario, de la Federación y de la Central de trabajadores, un ejemplo de democracia, transparencia, dignidad y vivencia de los Derechos Humanos. 

¡Vamos mujeres, vamos!

El Comité Ejecutivo de FECODE está integrado por 15 miembros entre los cuales no hay presencia de la mujer. Para el período 2018- 2022, de 27 candidatos inscritos solamente hay 6 mujeres que aspiran a llegar al Comité Ejecutivo de la Federación, es decir, el 22% de un gremio cuya presencia fémina está por encima del 70%. Esta situación debe ser motivo de análisis y acciones entre nosotros los educadores, toda vez que nuestros discursos, en la práctica, se encaminan a la defensa de los derechos consagrados en la Carta Magna y en los tratados internacionales.

En hora buena, vale la pena recordar que en 1957 las mujeres colombianas hacen efectivo el derecho al sufragio. Según las estadísticas de la época, 1.835.255 mujeres, mayores de 21 años, votaron en el plebiscito del 1º de diciembre del año en mención. El total de población en el país, de acuerdo con los datos del censo de 1951, era de 12. 918.080 (DANE, 1951). Tres decenios después, robusteciendo los contenidos de la Constitución Política de 1991 -la cual promueve, entre otros principios y derechos, la participación ciudadana-, el congreso promulga la Ley 581 del 2000, más conocida como la Ley de Cuotas, en la cual se dispone que el 30% de altos cargos públicos deben ser ejercidos por mujeres (Diario Oficial, 2000).

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Pero la brega de las mujeres en el mundo por la equidad, la igualdad, la libertad, la vida, el respeto y la participación, data de tiempo atrás. Susan B.Anthony (Viola, 2004, p. 17), una lideresa norteamericana, luchadora por el voto de la mujer, por los derechos de las minorías, fundadora de la Asociación Nacional para el Voto Femenino, sufragó en las elecciones de 1873 sin tener derecho a hacerlo y por ese valiente acto fue acusada, ante la Corte Federal estadounidense, legándonos el significativo discurso de su defensa titulado: ¿Son personas las mujeres?

Colombia hoy, pese su critica situación social y política que padece por la corrupción y la impunidad, ostenta unas condiciones que nos posibilitan actuar consecuentemente sobre conquistas obtenidas, una de ellas el voto de la mujer. Si bien es cierto que la Ley 581 no obliga a la Federación a tener en su Comité Ejecutivo al 30% de las mujeres, no es plausible que el Comité Ejecutivo de la mayor organización sindical de Colombia, la más combativa y comprometida con las y los colombianos más desprotegidos, y que además tiene cerca de 300.000 afiliados en 33 sindicatos; no goce en su ejecutivo con la presencia activa de las mujeres docentes.

Si la Asamblea Federal de FECODE, realizada en 2017 en Medellín, hubiese hecho suya la proposición presentada por un grupo de asociados, en el período 2018-2022 el Comité Ejecutivo tendría, entre sus 15 escaños, a cinco de las seis corajudas maestras que han puesto su nombre a consideración del magisterio para ser elegidas, una de ellas perteneciente al nuevo Estatuto Docente (1278).

Susan B. Anthony, retomando del preámbulo de la constitución norteamericana la expresión: “nosotros, el pueblo de Estados Unidos”, sostenía que ese nosotros no era para los hombres ni para los ciudadanos blancos como tampoco para la oligarquía basada en el sexo, lo cual convierte a los padres, a los hermanos, a los maridos, a los hijos varones en oligarcas sobre las madres, las hermanas, las esposas y las hijas en cada uno de los hogares, “estableciendo que todos los hombres son soberanos y todas las mujeres súbditas, acarreando disensión, discordia y rebeldía al interior del grupo familiar y en el ámbito social”.

Hoy en Colombia las mujeres van más allá del “nosotros” para empoderar el “nosotras”, como un asunto político y cultural más que un debate gramatical. En esa lógica, la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación debe hacer honor a su designación femenina: federación. Para alcanzarlo nos corresponde, tanto a hombres como a las mujeres, a la población LGTBIQ, a los afrodescendientes, a los indígenas, a los docentes de los dos estatutos, a los provisionales y demás, hacer un frente común para que el actual “patriarcado” de Fecode, como es señalado por organizaciones femeninas, abra paso a las mujeres y a los compas noveles, o mal denominados del Decreto 1278, hacia el nuevo Comité Ejecutivo de la Federación.

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Si en la base magisterial hacemos consciencia de este compromiso histórico y político, la sociedad nos mirará de una mejor manera y como docentes estaremos dando ejemplo, tanto a niños, jóvenes y adultos como a la sociedad en su conjunto, de equidad de género, de transformación de patrones culturales conservadores, de praxis de la participación política y de vivencia de los Derechos Humanos. Nos corresponde entonces, compañeras y compañeros, “llegar hasta las urnas el día 21 de septiembre, con la firme intención de depositar nuestro voto”, por una mujer candidata, así como lo hizo Susam B. Anthony en tiempos aciagos, en los que el sufragio universal para las mujeres no era reconocido. De esta manera, haremos realidad los deseos de aquella proposición negada en la XX Asamblea Federal, realizada en Medellín en 2017, a través de la cual se pedía que mínimo el 30% del Ejecutivo de Fecode lo integraran mujeres, haciendo praxis de la ley de Cuotas y del discurso sobre el Derecho a la igualdad. ¡Esta es una bonita oportunidad, compañeras y compañeros docentes!

 Referencias documentales

DANE. (1951). Colombia censo 1951. Retrieved from http://biblioteca.dane.gov.co/biblioteca/categories/43/

Diario Oficial, 44.026. (2000, May). Ley 581 de 2000. 31 de Mayo.

Viola, L. (2004). Los discursos del poder. (Grupo Editorial Norma, Ed.). Bogotá DC.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Antanas Mockus: El filósofo semidesnudo o el gato de Alicia en el País de los pingüinos

Mucho ruido, comentarios, risas, burlas, malestar, opiniones y juicios de valor han suscitado los desnudos protagonizados por el profesor Antanas Mockus, sobre todo el último ante los ojos de los mal llamados “padres” y “madres” de la patria. El ensayo que hizo Kant (Bourdieu, 2001, p. 6), para introducir en la filosofía el concepto de magnitud negativa, en el que el filósofo germano imagina a “un hombre de diez grados de avaricia que se esfuerza en doce grados en amar a su prójimo mientras que otro, avaro de tres grados, y capaz de una intención similar de siete grados, produce una acción generosa de cuatro grados; para concluir que el primero es moralmente superior al segundo aunque, medido por el acto -dos grados contra cuatro-, sea indiscutiblemente inferior, nos ayuda a poner en otro contexto lo ocurrido en el capitolio y a preguntarnos si ese acto, calificado por un indeterminado guarismo de colombianos como inmoral, vergonzante, ilegal e irrespetuoso, es pedagógico, didáctico, de educación de adultos, un acto meramente semiológico o de antropagogía evocando al profesor Vasco (Díaz, 1999, p. 118).

La mayoría de los congresistas y una considerable cantidad de compatriotas, según lo expuesto por los medios de información, se creen moralmente superiores al filosofo, licenciado por la universidad de Dijon, negando de facto que la magnitud ética y moral, de los hechos que motivaron el destape de los nacarados glúteos, es más censurable que lo expuesto semióticamente por el promotor de la Pedagogía Reconstructiva. Privilegian el escándalo a cambio de ocuparse de situaciones tan graves como: el asesinato de líderes sociales, la des financiación de la educación pública, el despilfarro de los recursos públicos, la destrucción de la naturaleza, la desnutrición y malnutrición de la infancia y la juventud, la violencia intrafamiliar, la pobreza de los colombianos, el desempleo, la impunidad, la mentira, el mal ejemplo de funcionarios y gobernantes y el robo a la salud por corrupción, calculado en cuatro millones y medio de  pesos al año.

Para los maestros el hecho amerita trascender la superficialidad en que ha sido situado el debate en la sociedad, abriéndose a la reflexión pedagógica suscitada por el togado por la universidad de Paris VIII. El debate sobre la “descalzonada” de Mockus es una oportunidad para recordar las contribuciones hechas por el grupo Federici, en el marco del Movimiento Pedagógico en los años 80 y 90. La comprensión de lo sucedido exige, de nuestra parte, recordar y volver a leer los aportes que hizo el mencionado grupo, vigentes en esta época en la que hay un enrarecimiento de la pedagogía en la escuela y en otros escenarios donde tiene asiento la educación.

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Las Fronteras de la Escuela (Mockus, 1994) es la fuente principal que facilita interpelar el acto en cuestión, para valorar si es en verdad pedagógico, didáctico o más bien estamos frente a un acto educativo. La postura de Antanas y del grupo Federici avanza en el abordaje de las Pedagogías Invisibles y las Pedagogías Visibles. Las primeras privilegian la franqueza y las segundas la corrección. Franqueza y corrección son dos valores que ausculta la acción del congresista del partido Verde. Junto a las Pedagogías Invisibles y a las Pedagogías Visibles están las Pedagogías Ascéticas y las Pedagogías Hedonistas, desarrolladas por el mencionado profesor y entendidas como, en el caso de las primeras, “la discontinuidad y oposición entre voluntad y deseo” (Mockus, 1994, p. 32) y como formadoras “de una voluntad sin contraponerla al deseo, en continuidad con éste”.

Esta reflexión está encaminada a problematizar si el desnudo de las piernas del filósofo es una acción pedagógica, didáctica o meramente educativa. En ese sentido, las contribuciones de Ricardo Lucio, en este debate, coadyuvan a comprender lo exteriorizado por el ex rector de la Universidad Nacional. Podrán ser otras tendencias pedagógicas, pero por ahora me apoyo en el profesor Lucio (1994) quien asevera que “hay pedagogía cuando se reflexiona sobre la educación, cuando el “saber educar” implícito, se convierte en un “saber sobre la educación” (sobre sus “cornos”, sus “por qués”, sus “hacia dóndes”) (Lucio, 1994, p. 42). Partiendo de esta base teórica, ¿Qué conceptos se extractan en la expresión de Mockus para decir que está haciendo pedagogía?

Si la enseñanza es un momento específico, importante, aunque no único, del proceso educativo que no se circunscribe a la escolaridad, la didáctica es también un componente importante, aunque tampoco único de la pedagogía. De donde se puede arriesgar el planteamiento que la pedagogía no se puede reducir a la didáctica de intentar enseñar, a través de una parte del cuerpo, que procuramos mantener oculta, pero que Antanas la visibilizó para llamar la atención, sobre todo, a quienes no estaban escuchando.

Insisto, finalmente, en la importancia de no dejar pasar por desapercibido este acto para hacerle una o varias lecturas pedagógicas, didácticas y semióticas. Con unas lecturas distintas a los epítetos y a la estigmatización ayudamos a elevar el nivel comprensión de las acciones humanas más allá del espectáculo, para favorecer el crecimiento humano. Antanas, en el país de las maravillas elucubradas por los gobiernos de turno, es un gato que nos obliga a interrogarnos sobre nosotros mismos. Y esta vez, contrario al gato que aparece y desaparece mareando a Alicia (Carrol, 1999, p. 90), el gato Mockus esconde la sonrisa y asoma con el extremo de su cola en el capitolio, dejándonos una vez más la imagen de su cuerpo y muchos interrogantes implícitos para que nosotros enriquezcamos esa acción sea pedagógica, didáctica, educativa o de enseñanza. Ojalá ese pavo real, en El reino de los pingüinos (Hateley, 2005), no se deje poner el traje blanco y negro de esas aves marinas que no pueden volar y que  tienen el pico largo.

Algunas fuentes consultadas

Bourdieu, P. (2001). ¿Qué significa hablar? (Ediciones Akal S.A, Ed.). Madrid.

Carrol, L. (1999). Alicia en el País de las Maravillas. (Educar cultural recreativa, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Díaz, M. y otros. (1999). Pedagogía, Discurso y Poder. (CORPRODIC, Ed.). Bogotá DC.

Hateley, B. (2005). Un pavo real en el reino de los pingüinos. (Norma, Ed.). Bogotá.

Lucio, R. (1994). Educación y enseñanza, pedagogía y didáctica. Aportes, 41.

Mockus, A. y otros. (1994). Las fronteras de la escuela. (Sociedad Colombiana de Pedagogía, Ed.). Bogotá DC.

Smith, N. (1999). Chomsky: Ideas and ideals. (C. U. Press, Ed.). New York.