Colombia Humana: ¿una dama que sonríe o un tigre hambriento?

En la culminación del proceso electoral, que se ha dinamizado en Colombia durante el año 2018, vale la pena echar mano de El valor de elegir y, dentro de este , de la reflexión que aporta Savater ( 2003, p. 31) sobre la incertidumbre y la fatalidad. Las posiciones acerca del camino a tomar en segunda vuelta son variadas, debatiéndose entre el voto en blanco, la abstención y el sufragio por uno de los dos candidatos. En los tres planos, la fatalidad y la incertidumbre se auscultan, en muchos momentos, con juicios de valor a priori, sobre todo desde los medios masivos de comunicación hegemónicos.

Más allá de los resultados cuantitativos del domingo 17 de junio, La Colombia Humana postula un paso hacia adelante, ninguno hacia atrás. Cualquiera que sea el resultado electoral, esa travesía es apenas la conquista de una grada en la larga escalera que tenemos que transitar hacia el rescate de Colombia. Esa nación que ha estado secuestrada por corruptos y gobiernos que le siguen apostando a la violencia, a la destrucción del ambiente, al clientelismo, al atraso, a la ignorancia y a la dependencia de gobiernos como el de Estado Unidos.

El ascenso al que le apuesta Colombia Humana es hacia la justicia social, el respeto a la vida en todos los órdenes, a la conservación de la naturaleza y a la potenciación de los Derechos Humanos y de la educación. Los constructores de un nuevo proyecto de país tenemos claro, como lo expuso Lao-Tse, que: “Un viaje de mil millas comienza con un primer paso” (Citado por González, 2013) y ahí andamos, porque “somos andando” (Freire, 1994).

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Para la Colombia Humana, “la verdad está en el viaje, no en el puerto” (Galeano, 1998, p. 336) y “no hay más verdad que la búsqueda de la verdad”. Un viaje con muchas adversidades y tropiezos, pero saturado de significativas lecciones que fortalecen una Colombia incluyente y soberana. En este periplo ha quedado al descubierto que, verbi gracia, los ricos se han unido para defender sus intereses económicos y el poder político, sin principios éticos ni contemplaciones morales, y por encima del circo y las pataletas que protagonizaron en años anteriores cuando vociferaban unos contra otros y hacían creer al pueblo que eran adversarios, cuando en verdad “son los mismos con las mismas”.

La historia “de Bronce” y la historia de los oprimidos está plagada de ejemplos de este tipo de alianzas a nivel regional y nacional, en distintas épocas. A mediados del siglo pasado, una coalición de los partidos liberal y conservador impuso la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla “como una suerte de ensayo de lo que sería el Frente Nacional.” (Ospina, 1999, p. 41). El general comprendió que el Estado podía servir a los fines del pueblo y por esa vía construyó una amalgama de obras benéficas para los gobernados, hecho que incomodó a los “irreconciliables” partidos tradicionales, quienes se convirtieron en “un solo hombre” para, con dos colores y la misma ideología, impedir que el poderío se les saliera de las manos.

Años después, el General y “la capitana” participaron con la Alianza Nacional Popular [ANAPO] en “una aventura electoral que puso en peligro la dominación bipartidista, y obligó al democrático Frente Nacional a modificar los resultados electorales” (Ospina, 1999, p. 42) la nocahe del 19 de abril de 1970, “cuando, en opinión de varios analistas e investigadores, se fraguó el más escandaloso fraude electoral del siglo veinte.” (Téllez, 2013) en favor de su candidato “con cifras llegadas de remotas provincias” (Ospina, 1999, p. 42). Lo del fraude en elecciones no es un embeleco, ha sido una experiencia en la historia de Colombia.

Con base en lo expuesto y retomando a Savater (2003), viene a colación el relato de Stockon acerca de ¿La dama o el tigre? (1989), en el que un  joven que ha cometido el delito de amar a la hija de un rey semibárbaro, quien administraba justicia de manera espectacular y caprichosa, fue condenado. El día que determinó su majestad, el condenado era conducido a la ordalía y el pueblo, apostaba sentado en la gradería de la plaza del rey, esperaba que el hombre saliese por una de las dos puertas a enfrentarse con una disyuntiva:  tras una de las puertas, se encontraría con un hambriento tigre, tras la otra, con una hermosa dama. El único que sabe qué se esconde detrás de cada puerta, es el rey. Si abre la puerta donde está el tigre, sin duda será descuartizado, y si abre la otra, se casará con la dama.

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En la gradería del país, esperando que el condenado contrario a la incertidumbre del reo y de los espectadores, Colombia Humana si sabe detrás de cuál puerta está el tigre, cuáles son las características de sus fauces, cuáles son las presas preferidas y advierte sobre la depredación que causará el felino, su domador y la jauría que saldrá a la plaza del rey para acabar de devorar la zoología, la minería y la biología del hermoso bosque llamado Colombia donde “el verde es de todos los colores”. En este sentido, la fatalidad está anunciada y la incertidumbre despejada.

La Colombia Humana puede asumirse como la dama que sonríe y no la que frunce el seño, el rostro femenino que sigue saliendo a la plaza de los oprimidos, de los campesinos, de los jóvenes, de los niños, de los indígenas, de las mujeres, de los excluidos, de los empresarios, de los Verdes, de los industriales y comerciantes, de los abstencionistas, de los azules y de los rojos que han comprendido que las guerras civiles del pasado y la violencia no fue entre liberales y conservadores sino que fue “una violencia entre liberales pobres y conservadores pobres, mientras los ricos y poderosos de ambos partidos los azuzaban y financiaban su rencor, dando muestras de una irresponsabilidad social infinita. La Violencia no podía ser una iniciativa popular, pues no iba dirigida contra quienes se lucraron siempre del pueblo” (Ospina, 1999, p. 36).

La Colombia Humana en el proceso electoral no es un cuento que deja el desenlace a merced del lector, o del espectador como en la obra de Stockton. La Colombia Humana se ha casado con el pueblo y éste no puede dudar en su identificación, como le ocurrió aquel príncipe Disipador de dudas (Stockton, 1985, p. 23) que no sabía con quien había contraído nupcias y tuvo que adivinar. El ciudadano colombiano no puede vacilar en escoger a la dama que sonríe en vez de a la que frunce el entrecejo porque si opta por la segunda, o bien recibe el castigo de la afilada hoja que porta el disipador, o bien se convierte en apetitosa ingesta de la fiera.

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Compatriotas: sea cual fuese el resultado de las elecciones presidenciales, el ascenso de la Colombia Humana sigue extendiéndose como la enredadera. La verdad se sigue cultivando en el viaje. Estamos ad portas de ascender un escaño hacia la presidencia con la convicción de que ese no es el puerto de llegada, porque el puerto que nos dirigimos está más allá; en la cima de la escalera está una Colombia auténticamente democrática y soberana. La Colombia Humana necesita tiempo, demanda más compromiso, requiere mirarse a sí misma para mejorar el rostro que algunos ciudadanos nos critican. Al fin y al cabo, como lo dijo Eduardo Galeano.“somos lo que hacemos para cambiar lo que somos” (Galeano, 1983). La apuesta de la Colombia Humana es por la dama, no por el tigre.

José Israel González Blanco

@ocavita

ocavita2012@gmail.com

Fuentes consultadas

Freire, P. (1994). Cartas a quien pretende enseñar. (S. X. Editores, Ed.). Madrid.

Galeano, E. (1983). Voces de nuestro tiempo. (EDUCA, Ed.). San José.

Galeano, E. (1998). Patas arriba. La escuela del mundo al revés. (Siglo XXI editores, Ed.). México.

González, J. (2013, July). Currículo … padres de familia. Senderopedagogico.Blogspot.Com. Retrieved from http://senderopedagogico.blogspot.com/2015/04/

Ospina, W. (1999). ¿Dónde está la franja amarilla? (Editorial Norma, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Savater, F. (2003). El valor de elegir. (Ariel S.A, Ed.). Barcelona.

Stockton, F. (1985). El disipador de dudas. (S. S.A, Ed.). Málaga España.

Stockton, F. (1989). ¿La dama o el tigre? (Producciones Gráficas Editoriales, Ed.). Barcelona.

Téllez,  J. (2013). La noche en que Lleras R. reconoció el triunfo de Rojas. El Espectador. Retrieved from https://www.elespectador.com/noticias/nacional/noche-lleras-r-reconocio-el-triunfo-de-rojas-articulo-417039

 

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La verdadera crisis electoral no está vestida de verde

Los colombianos en estos momentos asistimos a una nueva crisis política de la nación, centrada específicamente en lo moral y en lo ético. Es una crisis entendida no como la culminación de un proceso, sino como el comienzo de la imposición de “algo nuevo en la sociedad” (Gutiérrez G., 1998, p. 264). Esa novedad concatena, al menos cuantitativamente, cerca de diez millones de electores que el pasado 27 de mayo optamos por propuestas en lo afín al nuevo presidente y vicepresidente, con una mirada de país distinta a la que hemos tenido durante muchos años.

Con base en los resultados electorales aparece otra crisis, sobre todo para los votantes de los candidatos perdedores. Instrumentalmente, la situación de los ciudadanos se resuelve con: el voto en blanco, la abstención o la adhesión a uno de los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta presidencial. La gran mayoría de los ciudadanos prosélitos de los candidatos finalistas mantienen su apoyo.

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Hasta este punto, la situación no parece complicada, pese a la inmoralidad y falta de ética de la registraduría ante el fraude electoral que ella niega amparada en lo legal. No obstante, para quienes hemos nacido en la laguna de la violencia y hemos crecido en el cauce de los ríos de sangre, la desembocadura que pueda tener la elección del nuevo presidente es motivo de preocupación. El meollo del asunto, más allá de lo político, lo cognitivo y lo emocional, es de corte moral y ético porque se trata elegir entre dos opciones contrarias.

Una de las opciones significa el retorno a la guerra, al sostenimiento de la corrupción, mantener el atraso, la pobreza, la destrucción de lo poco que queda de lo público y de la naturaleza. Mientras que otra, prefiere mantener la Paz Positiva (Galtung, 1984) con todo lo que ella engloba: “igualdad en la distribución de la riqueza y erradicación, por lo tanto, de la pobreza, resolución pacífica de los conflictos y cooperación a todos los niveles, respeto por la naturaleza, desaparición del analfabetismo y de la fabricación de armamento, etcétera” (Kant, 2011, p. 10).

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No debería haber duda de que la mejor opción es la segunda, al menos para quienes le apostamos con el sufragio a las candidaturas alternativas. Pero la duda existe y crece exponencialmente. En este marco de reflexión pasamos de lo moral a lo ético, en cuanto que la o el ciudadano que escruta debe ser consciente del beneficio o el daño su decisión le ocasiona al país.

Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena” decía Gandhi. Ese silencio disfrazado de “neutralidad” y manifiesto a través de la abstención o del voto en blanco, no favorece al país, no en el actual momento histórico. Al contrario, coadyuva al continuismo de la guerra, al sostenimiento de la corrupción a partir del atraso, la pobreza, la destrucción de los pocos bienes públicos que nos quedan, la ruina de la naturaleza y al desmoronamiento de la esperanza, la cual se sobrepone a los males de una clase de gobernantes sin ética, sin moral y sin vergüenza.

Así que la ética nos sirve “para recordar que es más prudente cooperar que buscar el máximo beneficio individual” (Cortina, 2013, p. 93). Cooperar con el rescate de un país que durante siglos ha estado secuestrado por malos gobiernos que han buscado y logrado enriquecerse, por la imposición de la guerra y por el engaño del régimen: es el llamado que la realidad colombiana hoy pide a gritos a quienes deliberadamente promueven el voto en blanco o la abstención. “Hacer sin mirar a quien se daña, no es libertad” (Cortina, 2013, p. 100) y si algo requiere Colombia es libertad y bienestar.

El proceso electoral que ha transitado por el escenario nacional durante el 2018 y la movilización de la ciudadanía en busca del cambio de modelo de gobierno acreditan el proceso de crecimiento de colombianos, con consciencia, coraje, dignidad y decisión para dejar atrás las descoloridas franja azul y roja de los partidos tradicionales y responder, en la praxis, esa pregunta que nos está haciendo la historia: “Ahora que el rojo y el azul han dejado de ser un camino, ¿Dónde está la franja amarilla? (Ospina, 1999, p. 78)”.

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La franja amarilla está ondeando la transformación de la injusticia en justicia social, la inequidad en equidad social, la violencia y la guerra en paz positiva, la corrupción en manejo honrado de lo público, la ignorancia en educación gratuita para todos, la exclusión en inclusión, y despertando la potencialidad de ese “90 por ciento de la gente colombiana” que “es amorosa” (Llinás, citado en González, 2016). La franja amarilla le está apostando a la democracia auténtica a través de una nueva forma y un nuevo fondo de gobernar, en esta coyuntura, mediante la Colombia Humana.

La Franja amarilla ha nacido y ha crecido con la violencia pero no se resigna a seguir en ella. Ha comprendido el juego perverso que la oligarquía colombiana ha instaurado durante siglos para sotenerse een el poder: desde la Guerra de Los Mil Días, pasando por El Bogotazo, la dictadura de Rojas Pinilla, el Frente Nacional y la “paz” represiva( Ramírez-Orozco, 2012). Si, la misma que, agenciada por los gobiernos de López Michelsen y Turbay Ayala, promovía la criminalización de la protesta liderada por movimientos sociales.

Esa Franja Amarilla también ha atravesado el intento de “la paz objetiva” de Betancur, la desmovilización del M-19, del Quintín Lame, de una parte del Ejército Popular de Liberación (epl) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores; la constituyente de 1991; “El plan garrote”, en el que Bogotá y Washington firman el Plan Colombia y como consecuencia el fenómeno del narcotráfico entra a afectar la lucha armada; los episodios de el Caguán en el gobierno de Pastrana; las desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y el nacimiento de la Bacrim; y, por último, los Acuerdos firmados en la Habana con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

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La Franja Amarilla, en estos tiempos de crisis moral tiene claro que ni la “neutralidad”, ni la pasividad, ni la pusilanimidad le sirven a Colombia para salir de la violencia y poder avanzar en la conquista de la democracia auténtica. La Franja Amarilla, recordando a algunos pasajes de la Divina comedia (Alighieri, 1963), tiene conciencia de que, en tiempos de crisis moral: “los confines más oscuros del infierno están reservados para aquellos que eligen mantenerse neutrales”, por medio del voto en blanco o la abstención.

Para la mayoría de colombianos que estamos en la Franja Amarilla “todavía nos queda un país de fondo por descubrir en medio del desastre, una Colombia secreta que ya no cabe en los moldes que nos habíamos forjado con nuestros desatinos históricos” (García, 2003). El país de fondo es como el molusco y la concha del molde forjado con los desatinos históricos. En ese sentido, es en los momentos actuales que “hay que vivir para edificar la casa (Bachelard, 2000, p. 142). Esa es la invitación: dejemos atrás el molde, apostémosle a la vida, aprovechemos esta oportunidad que venimos construyendo y transformemos los destinos históricos que dibuja la guerra en una Colombia Humana.

Referencias

Alighieri, D. (1963). La divina comedia. (Ediciones Selectas S.R.L, Ed.). Buenos Aires.

Bachelard, G. (2000). La poética del espacio. (F. de C. Económica, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Cortina, A. (2013). ¿Para qué sirve realmente la ética? (Paidós, Ed.). Madrid.

Galtung, J. (1984). Hay alternativas. (Técnos, Ed.). Madrid.

García, G. (2003). La patria amada aunque distante. Universidad de Antioquia. Retrieved from https://books.google.com.co/books/about/La_patria_amada_aunque_distante.html?id=N_tCYgEACAAJ&redir_esc=y

González, J. I. (2016). Escuela, conflicto y paz. (Instituto para la Investigación Educativa y Desarrollo Pedagógico, Ed.). Bogotá DC.

Gutiérrez G., R. (1998). Insistencias. (A. S.A, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Kant, I. (2011). Kant. Por la paz perpetua & ¿cómo orientarse en el pensamiento? (E. B. S.L, Ed.). Barcelona.

Ospina, W. (1999). ¿Dónde está la franja amarilla? (Editorial Norma, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Ramírez-Orozco, M. (2012). La paz sin engaños. Estrategias de solución para el conflicto colombiano. (Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)., Ed.). México.

 

Escuela, Conflicto y Paz…

Presentación

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El proceso de paz que se vive en Colombia en la actualidad, a pesar de las múltiples dificultades, se presiente como posible y esperanzador. Buenos son los augurios, la senda ya está marcada. La consolidación de una paz duradera requiere de la participación y el compromiso de todos los colombianos. Son bienvenidos los aportes que contribuyan a este que hoy es el gran propósito nacional, en especial aquellos de naturaleza reflexiva y crítica que, además de señalar derroteros, adviertan sobre la complejidad de lo que está en juego y el tesón necesario para asumir los retos que se vislumbran.

Es en este contexto donde la escuela y los maestros pueden contribuir con aportes serenos y reflexivos, surgidos del acontecer diario de la vida en la escuela y configurados a partir de esfuerzos sostenidos en el tiempo, que adquieren una importancia vital en esta coyuntura de la historia política de nuestro país. Es en este momento en el que se hace necesario proponer ideas y llenar de sentido cada uno de los retos que demandará avanzar en el marco del posacuerdo.

El libro escrito por el profesor José Israel González es una respuesta concreta a estos requerimientos mediante una opción cercana a la escuela y a las prácticas que allí habitan. En sus páginas el lector encontrará dieciséis relatos, que el autor concibe a manera de claves para abordar un tema complejo e impostergable: el derecho a la paz. La intención del texto no es la de un tratado para disertar, ni la de una guía para instruir; su propósito es esencialmente el de mostrar enunciados «claves» para la reflexión, invocando el diálogo y la opinión documentada, en la perspectiva de recuperar el debate ético desde la escuela como aporte para la construcción de paz en su conjunto.

Cabe anotar que la obra Escuela, conflicto y paz: dieciséis claves para la acción del maestro en el posconflicto se presentó a una convocatoria abierta por el Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico (IDEP) en el año 2015, que estaba dirigida a maestros y maestras del Distrito con el propósito central de visibilizar su producción intelectual.

Luego de una valoración de los trabajos presentados, el texto del maestro José Israel González fue seleccionado para su edición y publicación, para contribuir de esta manera a la política de incentivos del IDEP, promovida desde el componente de comunicación, socialización y divulgación.

Bienvenido este justo reconocimiento al profesor González, quien en el trabajo desarrollado durante tres años nos muestra un ejercicio ejemplar desde la condición intelectual del maestro, que él mismo describe con las siguientes palabras: «escuchar, escribir, leer, confrontar, consultar, borrar, releer y editar».En buena hora llega esta publicación a las bibliotecas de escuelas y colegios, de universidades e institutos; tejida desde la pasión de un maestro y su compromiso político con la educación de su tiempo“.

Jorge Orlando Castro Villlarraga. Asesor de Dirección IDEP, 2016

Este libro está constituido por dieciséis claves. Los textos emergen del campus escolar y tienen como propósito convocar a los agentes de la comunidad educativa, al Estado y a la sociedad Civil a recuperar el debate ético y documentado, afín al papel de la escuela en la construcción del derecho a la paz. La situación de salud mental del magisterio, los trastornos psíquicos de los estudiantes, las crisis emocionales de los padres de familia y el descuido en que el Estado sigue manteniendo a estos agentes, en cuanto a la atención digna en el tratamiento, promoción y prevención de su salud, constituyen un tropiezo serio en la consecución de la paz.

Los relatos, fruto de las conversaciones permanentes, de registros sistemáticos y entrevistas desestructuradas con integrantes de las comunidades educativas; las observaciones etnográficas de la cotidianidad escolar, en algunos centros educativos, además de la consulta de fuentes primarias y secundarias, exhortan al magisterio a valorar las situaciones conflictivas de los agentes de la comunidad educativa como escenarios para la escritura, el análisis, la investigación y la acción pedagógica, sobre la base del reconocimiento de la realidad familiar, individual, institucional y urbana. El estilo en el que están elaborados los relatos es una propuesta metodológica que contribuye a la comprensión del posconflicto y su lugar en la consolidación del derecho a la paz.

Las claves no fueron escritas de manera lineal. Son el producto de tres largos años de ejercicio de escuchar, escribir, leer, confrontar, consultar, borrar, releer y editar. En esta lógica de producción textual, algunos documentos están en primera persona, otros en un tono reflexivo y otros en plural. La lectura puede realizarse haciendo uso de Los derechos del lector de Daniel Pennac, advirtiendo que hay algunas claves están vinculadas, y que exigen de la lectura de otras para su comprensión.

Restaría decir que los errores que el lector halle en este texto podrían ser una lección potenciadora de la escritura de un nuevo documento que supere las falencias, como lo hizo Steven Mithen con La arqueología de la mente, rectificando imprecisiones de Merlin Donald. «Un sutil pensamiento erróneo puede dar lugar a una indagación fructífera, que revela verdades de gran valor», decía Isaac Asimov“.

José Israel González Blanco

Trabajador social/orientador

Colegio Distrital Nuevo Horizonte, Bogotá, Colombia.

2016