Escuela, Conflicto y Paz…

Presentación

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El proceso de paz que se vive en Colombia en la actualidad, a pesar de las múltiples dificultades, se presiente como posible y esperanzador. Buenos son los augurios, la senda ya está marcada. La consolidación de una paz duradera requiere de la participación y el compromiso de todos los colombianos. Son bienvenidos los aportes que contribuyan a este que hoy es el gran propósito nacional, en especial aquellos de naturaleza reflexiva y crítica que, además de señalar derroteros, adviertan sobre la complejidad de lo que está en juego y el tesón necesario para asumir los retos que se vislumbran.

Es en este contexto donde la escuela y los maestros pueden contribuir con aportes serenos y reflexivos, surgidos del acontecer diario de la vida en la escuela y configurados a partir de esfuerzos sostenidos en el tiempo, que adquieren una importancia vital en esta coyuntura de la historia política de nuestro país. Es en este momento en el que se hace necesario proponer ideas y llenar de sentido cada uno de los retos que demandará avanzar en el marco del posacuerdo.

El libro escrito por el profesor José Israel González es una respuesta concreta a estos requerimientos mediante una opción cercana a la escuela y a las prácticas que allí habitan. En sus páginas el lector encontrará dieciséis relatos, que el autor concibe a manera de claves para abordar un tema complejo e impostergable: el derecho a la paz. La intención del texto no es la de un tratado para disertar, ni la de una guía para instruir; su propósito es esencialmente el de mostrar enunciados «claves» para la reflexión, invocando el diálogo y la opinión documentada, en la perspectiva de recuperar el debate ético desde la escuela como aporte para la construcción de paz en su conjunto.

Cabe anotar que la obra Escuela, conflicto y paz: dieciséis claves para la acción del maestro en el posconflicto se presentó a una convocatoria abierta por el Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico (IDEP) en el año 2015, que estaba dirigida a maestros y maestras del Distrito con el propósito central de visibilizar su producción intelectual.

Luego de una valoración de los trabajos presentados, el texto del maestro José Israel González fue seleccionado para su edición y publicación, para contribuir de esta manera a la política de incentivos del IDEP, promovida desde el componente de comunicación, socialización y divulgación.

Bienvenido este justo reconocimiento al profesor González, quien en el trabajo desarrollado durante tres años nos muestra un ejercicio ejemplar desde la condición intelectual del maestro, que él mismo describe con las siguientes palabras: «escuchar, escribir, leer, confrontar, consultar, borrar, releer y editar».En buena hora llega esta publicación a las bibliotecas de escuelas y colegios, de universidades e institutos; tejida desde la pasión de un maestro y su compromiso político con la educación de su tiempo“.

Jorge Orlando Castro Villlarraga. Asesor de Dirección IDEP, 2016

Este libro está constituido por dieciséis claves. Los textos emergen del campus escolar y tienen como propósito convocar a los agentes de la comunidad educativa, al Estado y a la sociedad Civil a recuperar el debate ético y documentado, afín al papel de la escuela en la construcción del derecho a la paz. La situación de salud mental del magisterio, los trastornos psíquicos de los estudiantes, las crisis emocionales de los padres de familia y el descuido en que el Estado sigue manteniendo a estos agentes, en cuanto a la atención digna en el tratamiento, promoción y prevención de su salud, constituyen un tropiezo serio en la consecución de la paz.

Los relatos, fruto de las conversaciones permanentes, de registros sistemáticos y entrevistas desestructuradas con integrantes de las comunidades educativas; las observaciones etnográficas de la cotidianidad escolar, en algunos centros educativos, además de la consulta de fuentes primarias y secundarias, exhortan al magisterio a valorar las situaciones conflictivas de los agentes de la comunidad educativa como escenarios para la escritura, el análisis, la investigación y la acción pedagógica, sobre la base del reconocimiento de la realidad familiar, individual, institucional y urbana. El estilo en el que están elaborados los relatos es una propuesta metodológica que contribuye a la comprensión del posconflicto y su lugar en la consolidación del derecho a la paz.

Las claves no fueron escritas de manera lineal. Son el producto de tres largos años de ejercicio de escuchar, escribir, leer, confrontar, consultar, borrar, releer y editar. En esta lógica de producción textual, algunos documentos están en primera persona, otros en un tono reflexivo y otros en plural. La lectura puede realizarse haciendo uso de Los derechos del lector de Daniel Pennac, advirtiendo que hay algunas claves están vinculadas, y que exigen de la lectura de otras para su comprensión.

Restaría decir que los errores que el lector halle en este texto podrían ser una lección potenciadora de la escritura de un nuevo documento que supere las falencias, como lo hizo Steven Mithen con La arqueología de la mente, rectificando imprecisiones de Merlin Donald. «Un sutil pensamiento erróneo puede dar lugar a una indagación fructífera, que revela verdades de gran valor», decía Isaac Asimov“.

José Israel González Blanco

Trabajador social/orientador

Colegio Distrital Nuevo Horizonte, Bogotá, Colombia.

2016

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Maestros e Izquierdos Humanos…

La formación de maestros en los izquierdos humanos

“Cuando el presidente Carter / se preocupa tanto/ por los derechos humanos/parece evidente que en ese caso/ derecho no significa facultad o atributo o libre albedrío/ sino diestro o antizurdo/ o flanco opuesto al corazón/ lado derecho en fin/ en consecuencia / ¿no sería hora de que iniciáramos / una amplia campaña internacional / por los izquierdos humanos?[1]

Cuando a uno se le ocurre hablar de Derechos Humanos en la escuela, en la familia, en la calle y prácticamente en los diferentes espacios donde la comunicación humana es posible, lo primero que le dicen es: “y no se le olvide hablar de los deberes”, es decir, le restringen la conversación.  Y en la escuela, en el colegio y en la universidad ello es un lugar común.

Si el abordaje del tema acontece en los escenarios de la vida política, particularmente en las relaciones gobernantes / gobernados, dominantes / dominados, patronos / obreros, poder hegemónico / poder subalterno, por la vía de las reclamaciones laborales o ciudadanas, el asunto se califica de insubordinación, de levantamiento, de protesta; si la trama gravita alrededor del despertar de la sensibilidad y la conciencia social, la cuestión se torna de corte caritativo, asistencialista, dadivoso, mesiánico; en fin, por la arista que se tome el polígono aparecen la valoraciones polisémicas, casi siempre peyorativas, despectivas, en términos de descalificación.

Me atrevo a hipotetizar, que si a este artículo le hubieses colocado como título: La formación de maestros en Derechos Humanos, la atención hubiese menguado, pero, aunque lo de izquierdo tampoco llama mucho la atención, hay algo que convoca, que sugestiona, que incita a escuchar.

Precisamente la sugestión se concentra en la pregunta que formula nuestro escritor y poeta de cabecera, al finalizar los versos: ”¿No sería hora de que iniciáramos una amplia campaña internacional por los izquierdos humanos?”.

Más que una amplia campaña internacional, diremos nosotros, se trata de una sensibilización y documentación de los izquierdos humanos en la formación de los maestros y maestras, en el ejercicio del magisterio y en la actuación pública en general, en Colombia, para lo cual contamos con:

1. UN LATIFUNDIO SURCADO, ABONADO Y COLINDADO

El latifundio es la historia, la cultura, el reconocimiento de los izquierdos humanos como facultades o atributos de las personas tanto en la vida social y política como en el ámbito jurídico; empero, vale la pena matizar los nutrientes primigenios sobre los cuales nacimos sin pedirlo, vivimos sin saberlo y morimos son querer.

  1. El periplo de la educación en occidente ha estado íntimamente ligado con el devenir de la nación, del Estado, de la democracia y de la economía. Es de todos nosotros conocido, que la Revolución Francesa ocupó un lugar primordial en el desencadenamiento de la cultura de los Derechos Humanos y que la historia, en sentido estricto de los Derechos Humanos empieza con la Modernidad (siglo XVII), caracterizada por el despliegue de la individualidad libre que reivindica un espacio autónomo frente a las ataduras propias de épocas anteriores y quiere ser reconocida en su valor y dignidad. La libertad, la igualdad, la solidaridad y la confraternidad, dieron un sabor diferente a la organización de la sociedad, discrepante al que se venía dando en el mundo, porque colocaron un color indeleble en la relación de los gobernantes con los gobernados y de los ciudadanos entre sí.
  1. Históricamente la escuela, en especial la escuela pública obligatoria, fue diseñada y se expandió como una institución que competía y ocupaba espacios que tradicionalmente pertenecían a la iglesia y a la familia. El Estado consideró importante la emergencia de la escuela como institución de socialización, donde la lealtad a la nación, los principios democráticos, y la representación de los valores y saberes universales, aspectos que se colocaban por encima de las pautas culturales particulares de los diversos grupos constitutivos de la sociedad, y donde sus intereses, principios y valores pudiesen ser desarrollados y aclimatados.
  1. Inmerso en este itinerario y como beneficio de la organización política de los Estados, a mediados del siglo XX, se publica la Carta Internacional de los Derechos Humanos, manifiesto, que contempla en su artículo 26: “La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los Derechos Humanos y las libertades fundamentales, favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones…”[2]. Hoy por hoy, los equipos de gestión, los Consejos Académicos y los maestros en general se devanan los sesos elucubrando ¿cuál es la misión y la visión de la escuela?, ignorando premisas como ésta escrita 56 años atrás.
  2. La constitución política de Colombia promulgada en 1991, reza en el artículo 67: “La educación formará al colombiano en el respeto a los derechos humanos, a la paz y a la democracia; y en la práctica del trabajo y la recreación, para el mejoramiento cultural, científico, tecnológico, y para la protección del medio ambiente”.
  3. La Ley 115 al explicitar el objeto de la educación colombiana, asienta: “La Educación es un proceso de formación…se fundamenta en una concepción integral  de la persona humana, de su dignidad, de sus derechos y de sus deberes”. En cuanto a los fines se lee:
    1.  La formación en el respeto a la vida y a los demás derechos humanos, a la paz, a los principios democráticos, de convivencia, pluralismo, justicia, solidaridad y equidad, así como en el ejercicio de la tolerancia y la libertad.
    2. El pleno desarrollo de la personalidad sin más limitaciones que las que le imponen los  derechos de los demás y el orden jurídico, dentro de un proceso de formación integral, física, psíquica, intelectual, moral, espiritual, social, afectiva, ética, cívica y demás valores humanos.
    3. Adquisición de una conciencia para la para la conservación, protección y mejoramiento del medio ambiente, de la calidad de vida, del uso racional de los recursos naturales, de la prevención de desastres, dentro de una cultura ecológica y del riesgo y la defensa del patrimonio cultural de la nación. En la misma ley General de la Educación se estipulan como objetivos comunes:
      1. Proporcionar una sólida formación ética y moral, y fomentar la práctica del respeto a losDDHH.
      2. Fomentar en la institución educativa prácticas democráticas, para el aprendizaje de los principios y valores de la participación y organización ciudadana, y estimular la autonomía y la responsabilidad.
      3. Formar la personalidad y la capacidad de asumir con responsabilidad y autonomía sus derechos y deberes. En lo atinente a los objetivos específicos de la Educación Básica en el Ciclo de Primaria expresa: Formación de los valores fundamentales para la convivencia; el conocimiento de la Constitución Política; y en la Educación Media: Capacidad reflexiva y crítica sobre los múltiples aspectos de la realidad y la comprensión de los valores éticos, morales, religiosos y de convivencia en sociedad.
  1. Los Lineamientos en Constitución Política y democracia expedidos en 1998; las áreas de Educación Ética y Derechos Humanos, Ciencias Naturales y Ambientales; la Resolución 2343, que se ocupa de los logros e indicadores de logros en la Educación Básica y Media, promulgada en 1994; la Cátedra afrodescendientes y afrocolombianos; el Plan Decenal 1996/2005; los Lineamientos curriculares en Ciencias Sociales difundidos en el año 2002; los Estándares Básicos de Competencias Ciudadanas, propagados en el año 2004.
  1. Las sentencias de la Corte Constitucional y los estudios y recomendaciones de la Relatora de la ONU, para la educación.
  1. La Cátedra de Derechos Humanos, Deberes, Garantías y Pedagogía de la Reconciliación creada el 9 de julio del 2004, por acuerdo 125, y el Acuerdo 004 del año 2000, que instituye el desarrollo de actividades para la divulgación de los Derechos Humanos, los dos de autoría del Concejo de Bogotá.

Los contenidos de los numerales anteriores, entre otros nitratos destinados a la fertilización del terreno escolar para la opulencia de los izquierdos humanos, nos llevan a preguntar ¿por qué los izquierdos humanos no han crecido en Macondo contando con todo ese amparo climático, nutricional y legal?

2. Una labranza sin desyerbar en el territorio de la escuela

A “ojo de buen cubero”, el terreno que acabamos de describir posee bastante potasio, hidrógeno, agua, cal y humus, ingredientes suficientes para que el árbol de los izquierdos humanos ascienda y de mejores frutos, que los recolectados hasta ahora. De manera similar a la situación que vivía la economía colombiana en tiempos pretéritos, el renglón primario de la misma contaba con buenos augurios para que Colombia fuese una potencia mundial, pero el segundo renglón, agravado con la inexistencia de políticas agrarias emancipadoras y la ausencia de una formación tecnológica y científica de las personas dedicadas al agro, perturbó el sueño. En lo atinente a la huerta escolar digamos que contamos con los nutrientes, que los medios de producción están dispuestos, que hay políticas nacionales e internacionales que respaldan la existencia del cultivo de los izquierdos humanos, pero hay algo que nos está faltando: de una parte, la actualización y calificación de los labradores, de los cultores de los izquierdos humanos, es decir de los maestros y maestras en ejercicio y en formación inicial; de otra, hacer un alto en la cosecha para fijarnos cuáles son las malezas que han invadido el predio, cómo desyerbar ecológicamente la sementera, y darle la importancia que merece el árbol de los izquierdos humanos, como arbusto principal.

La elaboración de este documento no pretende sugerir que se instaure una cátedra de Derechos Humanos en la formación y cualificación de maestros y maestras, al estilo de la Pedagogía tradicional, más bien, que quienes asumimos el delicado trabajo de formar niños, niñas y jóvenes y cualificar maestras y maestros, tomemos la azada -como diría Martí-, el arado, la pica y el rastrillo, para explorar el terreno con ellos y ellas; enseñarles los secretos de la granja, las técnicas de labrar la estancia con la ayuda de la ciencia, la tecnología, la política y las artes, de tal manera que logremos asistir, preservar y favorecer el crecimiento de los plantíos de los izquierdos humanos y así conquistar frutos frescos, sabrosos, de atractivo peso y de admirable color. Uno de esos el de la educación.

No sobra recordar, que en el bosque denominado Constitución Política de Colombia, se contempla un árbol frondoso con tres gajos colgantes en los cuales se lee: en el primero, los izquierdos Fundamentales o individuales y políticos; en el segundo, los izquierdos Sociales, Económicos y Culturales; en el gajo tres, los del Medio Ambiente o de la Solidaridad. Este bosque, además de ofrecer la sombra, la aireación básica y las semillas, para que los cultores del saber y la ciudadanía en la sembradura escolar mantengan verde el labrantío y en firme la evolución de los frutos, aporta también los medios y herramientas para su protección.

Luego de “hacer un repunte a la labranza”, como se dice en el argot campesino, o de llevar a cabo una inspección de los árboles hincados en el bosque constitucional, percibimos el desconocimiento de plantas, que han nacido en la escuela y fuera de ella, que han soportado los embates climatológicos y humanos en su eliminación, que se resisten al desarraigo y por el contrario acrecientan sus raíces; que son alelopaticos con los demás árboles, y que oxigenan el terreno, ambientan la huerta, que ayudan a la polinización del conocimiento, la ciencia y la cultura.

Esas matas son el izquierdo al juego, propio de todos los niños y niñas, equivalente a la laboriosidad en los adultos; el izquierdo al riesgo, o a sentir la plenitud de estar uno frente a uno mismo; el izquierdo a soñar, que si no fuera por él y por el agua que da de beber, los demás derechos morirían de sed; el izquierdo al universo, que no es otro que el derecho a la vida; el izquierdo a la soledad, espacio interior donde se reconoce el yo y percibe al tú, al otro; el izquierdo a la protesta, a la no resignación ante los hechos de injusticia y amenaza; el izquierdo a la diferencia, fundamento de la sociedad humana; el izquierdo al placer, finalidad alterna al sufrimiento y al dolor; el izquierdo a la ternura, a abrirnos al lenguaje de la  sensibilidad; el izquierdo al ridículo, a tener un estallido libertario, momentáneo para el tiempo terrestre pero eterno para el que lo puede vivir; el izquierdo al silencio, exigencia inaplazable, condición para que el espíritu vuelva a escuchar la música de todo el cosmos; el izquierdo a la vejez, a que los maestros, maestras y padres de familia podamos lucir las canas, íconos de la experiencia y la sabiduría; el izquierdo a la esperanza, a mantener la frente en alto, porque la luna y el sol alimentan la lucha cotidiana y el sueño inalcanzable que hala cada día hacia el mañana, a ser destruidos pero no derrotados; el izquierdo a la herejía, es decir, a ser heterodoxos, a tener una opinión, a ser disconformes con los dogmas, a mantener una doxa diversa, no ordinaria; y el izquierdo a pensar, a eructar ideas, y a tener orgasmos de pensamientos, para fecundar el conocimiento..

3. El palo está para hacer cucharas

La madre Teresa de Calcuta, en alguna ocasión dijo que cuando más oscura está la noche no es el momento para arremolinarse unos en torno de otros, cubriéndose de manera mutua los miedos, sino que resulta preciso encender una luz, aun cuando sea la llama vacilante de una vela.

En Colombia, contrario a la letra de una de las estrofas del Himno Nacional, la horrible noche no ha cesado, es imprescindible la prendida de la vela, de un farol, para iluminar el camino hasta vislumbrar el Alba. La formación en izquierdos humanos a los maestros y maestras es una manera de perturbar la oscuridad de esta patria.

En el parlamento cotidiano es usual escuchar el aforismo: “el palo no está para hacer cucharas”, historiando con ello las situaciones peliagudas. No obstante, el apotema puede pasarse de proposición negativa a positiva, aduciendo que el palo está para hacer cucharas.

El palo evoca la materia prima, el sentir y pensar de muchas personas que claman porque cese la guerra, porque abramos al fin la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía. El palo, visto desde su contextura,  tiene que ver con la fuerza y la consistencia de los izquierdos humanos en la cultura universal, el árbol de los izquierdos humanos ha sido cultivado en el “año grande”, en cuarto menguante, por tanto su firmeza no tiene mayor discusión, la perorata estaría al lado de los métodos y técnicas de cuidado e incluso de la carpintería de las cucharas.

“Hacer cucharas” es una obra de carpintería que apunta a realizar eventos, talleres, cursos, seminarios, foros, paneles, mesas redondas, investigaciones, estados del arte y currículos donde los izquierdos humanos transversalicen los contenidos y metodologías de enseñanza y aprendizaje de los estudiantes, maestros y maestras en la Normal, en la Universidad y en la escuela.

Al fin y al cabo, las ciencias, las artes y las tecnologías no se pueden enseñar ni aprender sin que de por medio esté una relación humana, que ponga en juego la vivencia de los izquierdos humanos. También es necesario destacar que el palo hoy se desenvuelve en unas condiciones climáticas cambiadas, distintas a las de otrora, vale decir, que en la escuela soplan nuevos vientos, brisas que deben ser estudiados en la normal y en el alma mater, para que los cultores o labradores no se sientan inermes cuando pisen el predio e intenten coger los frutos del árbol.

Esas brisas son las culturas juveniles, las niñas y jóvenes embarazadas, los niños, niñas y jóvenes desplazados, los niños, niñas y jóvenes trabajadores, los niños, niñas y jóvenes con Necesidades educativas Especiales, la mujeres, los niños, niñas y jóvenes consumidores de drogas y transgresores de las normas legales, los muchachos de las pandillas, todos ellos, seres humanos también son titulares de Derechos y exigen discursos y prácticas pedagógicas acordes a sus condiciones

Exigen una escuela como acontecimiento, unos maestros intelectuales, trabajadores de la cultura, colmados de humor, lectores y escritores de los diferentes lenguajes que hoy interpelan la vida; unos escolares activos, inquietos y creativos que levanten con la levadura del saber y los afectos el amasijo de la masa cultura; y unos padres de familia que hagan del escenario escolar algo propio, un lugar al alcance de los todos niños, niñas y jóvenes.

La formación de los maestros, maestras, directivos docentes y estudiantes pasa también por el estudio de la familia, de las nuevas tipologías, de su génesis, composición, descomposición y recomposición. En nuestros días no se puede llegar revestido con el título al salón de clase, a decir, “en qué quedamos ayer”.

Tampoco se puede caer en el desconocimiento de las características sicológicas y socioculturales de los educandos, sobre lo cual Eloisa Vasco ha hecho loables aportes junto con otros estudiosos de la educación y la pedagogía. Hoy se debe arribar a la escuela con conocimientos profundos que ayuden a comprender y a transformar la compleja realidad en que viven los educandos.

El trabajo Social con la familia ligado a las prácticas pedagógicas es un requerimiento de la cultura escolar actual. Las comunidades de aprendizaje podrían perfilarse como una posibilidad de trabajo. La acción sicopedagógica con la familia interpela los izquierdos humanos.

“La extorsión, el insulto, la amenaza, el coscorrón, la paliza, el azote, el cuarto oscuro, la ducha helada, el ayuno obligatorio, la comida obligatoria, la prohibición de salir, la prohibición de decir lo que se piensa, la prohibición de hacer lo que se piensa, la prohibición de hacer lo que se siente y la humillación pública, son algunos de los métodos de penitencia y tortura tradicionales de la vida familiar.”

Con este texto de Eduardo Galeano se advierte la problemática que viven niños, niñas y jóvenes en la escuela del siglo XXI, heredada del siglo anterior, y la cual se ha convertido en el río caudaloso para cruzar en el proceso enseñanza aprendizaje, porque se desconoce la intensidad del cause, los componentes de la borrasca y los conocimientos y técnicas para cruzarlo.

Mientras tanto, el conocimiento, las buenas intenciones y las estrategias proscritas allí se siguen ahogando. Se necesitan maestros y maestras que investiguen, documenten y actúen sobre el caudal del río, para que los humanos podamos respirar con tranquilidad, bañarnos sin desconfianza y saborear los frutos del árbol de los izquierdos humanos. Los magullamientos y el sabor amargo que actualmente dejan entrever los frutos de los izquierdos humanos deben dar paso a nuevos frutos con el talento de los maestros, maestras y estudiantes que quieren reverdecer esa jungla.

Por último digamos, que si recorremos el terreno, desyerbamos la labranza y nos ponemos en el interesante oficio de hacer cucharas con el palo de los izquierdos humanos, podremos, a través de la La Cátedra de Derechos Humanos, Deberes, Garantías y Pedagogía de la Reconciliación y de la educación en general –parodiando a García Márquez, canalizar hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia y que nos lleve a inspirar un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma”.

José Israel González Blanco*

Trabajador Social.  Bogotá DC, IED Nuevo Horizonte.

Junio de 2004.

* Trabajador Social. Universidad Nacional de Colombia. Trabajador social del colegio Distrital Nuevo Horizonte. Bogotá

[1] BENEDETTI, Mario. Ahora todo está claro. En: Cotidianas. México: Siglo XXI editores, 1979, p. 80

[2] NACIONES UNIDAS. Carta Internacional de los Derechos Humanos. Nueva York, 1988. En: Consejería Presidencial para la Defensa, Protección y Promoción de los Derechos Humanos. Documentos de trabajo. sf  p. 6

Cápsulas de la convivencia

LAS CAPSULAS DE LA CONVIVENCIA

La cápsula es una envoltura sintética y soluble, dentro de la cual se guardan los contenidos de un medicamento. Las cápsulas de la convivencia son una didáctica, ingeniada y aplicada por los maestros del colegio Distrital Nuevo Horizonte en los albores del año escolar 2013.

¿En qué consiste el ejercicio?

La acción pedagógico/didáctica consiste en entregarle a cada estudiante una cápsula con una leyenda, relativa a la convivencia. El marco más indicado para el ejercicio es el Manual de convivencia, porque allí reposan los principios, valores y criterios de relación que le dan Norte a las relaciones entre los agentes de la comunidad escolar. Consumir el refrigerio, por ejemplo, es un deber que tienen los estudiantes de los colegios distritales. ¿Con qué derecho se relaciona esa regla? Pues es afín a la Seguridad Alimentaria o si se quiere a la Soberanía Alimentaria. Entonces, dentro del receptáculo puede ir el contenido del mencionado derecho.

El educador puede determinar 5, 6 o 7 derechos y con base en esa decisión conforma grupos de discusión, alrededor de los mensajes que llevan las cápsulas. Si decide, por ejemplo, constituir grupos de 5 escolares, puede encajar, en una bolsa plástica o de papel, los estuches y entregárselas al moderador del grupo, para que él las distribuya, monitoree la conversación y al final recolecte las envolturas con el compromiso que el educando escribe al respaldo del recorte de hoja en la que va escrito el Derecho.

El compromiso que apunta el escolar es concomitante con la leyenda inmersa en el envoltorio. Si el escrito alude al ingreso del adolescente al colegio y al Derecho a la permanencia, entonces la anotación que haga versará sobre su actitud frente a la llegada al plantel y a su estadía en el mismo. El docente, además de animar el ejercicio, recoge los mensajes y los adjunta en el “observador del alumno”. Esa es la cuota inicial que aporta el educando para la convivencia en el año que inicia.

Como en toda ración, los aditamentos no hacen falta. En el caso de las cápsulas el menú puede contener una dosis considerable de sopa de letras, circunscrita en asuntos de al convivencia.  La sopa de letras puede estar acompañada con un crucigrama alusivo a derechos y deberes  de los educandos. Los tres componentes coadyuvan con el afianzamiento de las reglas de comportamiento.

¿Cuál es el sentido de esta didáctica?

Despertar el interés del estudiante y del maestro en el abordaje de los contenidos del Manual de Convivencia, contenidos que con el paso del tiempo se han vuelto tediosos y estériles, pese al valor educativo que tienen. Llegarle al estudiante y al educador con símbolos como las capsulas, provocan motivación y ganas de tocar las normas de convivencia de una manera lúdica.

La didáctica también busca estimular la conversación, explicitar los deseos, intenciones, propósitos y compromisos de los estudiantes con una pautas que, en algunos caos, son más invención de los adultos que de ellos mismos, particularmente en aquellos centros escolares que son de inspiración autoritaria.  Refrendar los cánones en la alborada del año, es como sembrar una semilla que sin duda dará fruto, si y solo si en el transcurso del año se le riega con el agua de la praxis y con el sol de la autopoiesis.

Y, no puede quedar al margen el sentido autopoieitico y teleológico de este ejercicio, cual es el que los maestros y directivos ingenien didácticas y las compartan para abonar el terreno escolar, para así poder seguir sembrando la semilla de los valores y principios, llegando, en un calendario no muy lejano, a cosechar la convivencia.

 Luego del encapsulamiento…

La convivencia es el terreno sobre el cual se gobierna una familia, una sociedad, la calle y, por supuesto, el colegio. Siendo así, el gobierno de una institución es constitutivamente una tarea de coordinación emocional- evocando a Maturana (1997: 226)- que se logra en el conversar cuando se apuntala una congruencia entre algo que ya se dijo: los deseos, las intenciones y los propósitos, entre el gobernante de la institución y sus miembros, de modo que estos participen de hecho en las conversaciones que las definen.

En los colegios donde los gobernantes fundan su accionar en la inspiración democrática, muy pocos por cierto, no se manda sino se conduce en armonía, el gobernante lleva a sus miembros a participar de una manera consciente y reflexiva en su realización, haciéndose, de esta guisa, cargo de su participación en las acciones que la constituyen, asunto que no puede ocurrir en un colegio donde el inri del rector(a)  es la sumisión y la reflexión está atrapada por la corona de espinas.

Pero frente a ese inri y por encima de esa corona de espinas, la acción reflexiva consciente y la emancipación personal y profesional deben ser el huerto y no la cruz del quehacer educativo. El ejercicio, parafraseando a Gonzalo Arango (1994, 42-44), muestra la existencia de maneras de no matar los deseos ni de sepultar la participación de los agentes de al comunidad educativa, sino de hacerlos dignos de vivir en convivencia.  Así, Desquite no resucitará y la tierra no seguirá mojándose de sangre, dolor y lágrimas.

¿Y dónde se consiguen las cápsulas?

No hay pregunta tonta, ni hay respuesta definitiva, decía Paulo Freire. No es fácil conseguir etas envolturas; lo difícil es que quien tiene la respuesta la comparta con quien pregunta. Estos materiales se consiguen en los almacenes que distribuyen productos químicos. San Victorino es el lugar del desvare.

Referencias bibliográficas.

Arango, Gonzalo (1993) Obra negra. Santa fe de Bogotá, Plaza y Janes.

Maturana, Humberto (1997) Santa fe de Bogotá, Tercer Mundo Editores.      

José Israel González Blanco.