Cuarta carta: la fuerza de la miniatura en tiempos de pandemia

Queridas y queridos estudiantes,

estimadas madres y estimados padres de familia,

Ya he compartido con ustedes tres cartas,la primera, como lo recordarán, versa acerca de lo que significa el viaje familiar en tiempos de pandemia dentro de la cuarentena relacionando el tiempo y el espacio en algunos ejemplos como el desplazamiento a ciudades, países y al planeta de El Principito. Los contenidos de la segunda carta están afirmados en los sentimientos y su pertinencia en el manejo de la cuarentena de manera individual y colectiva. La tercera hace referencia a los viajes de personajes de la historia universal y colombiana como Odiseo, Colón y Fermina Daza y Florentino Ariza en los tiempos de la epidemia del cólera.

Hecho este somero recuento quiero manifestarles en esta misiva que con el viaje familiar en tiempos de pandemia pretendemos, como ya se ha enfatizado, evitar que el virus entre a nuestro cuerpo y que en caso de que llegase a ocurrir el reto es desintegrarlo.

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– ¿Cómo así que desintegrarlo profe? preguntará alguna de mis imaginarias estudiantes. Se aduce que desintegrarlo, porque el virus no es un organismo vivo, no es una bacteria, ni un hongo, no tiene padres ni hermanos, es una molécula de proteína cubierta por una capa o corona (por eso la denominación de coronavirus) protectora de grasa, que al ser absorbida por la mucosa nasal, bucal u ocular ingresa al cuerpo y ataca principalmente al sistema respiratorio.

A esa molécula no se le mata con antibiótico ni con bactericida (porque no es bacteria) sino hay que desintegrarla con agua caliente a temperatura superior a 50 grados, vapor superior a dicha temperatura, jabón espumoso, alcohol, agua oxigenada y con algunos remedios farmacológicos que están siendo objeto de estudio y experimentación para su aplicación en próximos meses.

¡Qué paradoja que algo tan pequeño tenga tanta fuerza que pone en riesgo la existencia humana en el planeta! Esto me lleva a recordar a Bachelard cuando afirma en La poética del espacio: “que lo grande surja de lo pequeño es una de las fuerzas de la miniatura” (Bachelard, 2000) La pandemia es lo grande y lo pequeño el Coranavid-19. Que un incendio emane de una cerilla encendida o del impalpable roce de dos cables eléctricos con polos opuestos o, en nuestro caso, de una persona portadora del Coronavirus que en poco tiempo puede contagiar a decenas y centenares de personas, es la fuerza de la miniatura o de lo poco sobre lo bastante.

Y finalmente, miren lo potente y lo curioso de la miniatura. Es análogo, en la parte inicial a las prácticas de enseñanza: el virus entra en contacto con la célula, hace que ella lea algo y repita aquello que lee y, además, que le copie muchas veces, y finalmente se destruya por lo que ha leído y repetido. La diferencia, en la parte final del proceso de la miniatura, está en que lo que ha leído y memorizado el educando no lo destruye sino lo construye, le potencia la existencia, no se aniquila. Los virus crean anticuerpos el organismo.

 

Hasta la próxima chicas, chicos, madres y padres de familia.

 

Nota. Recuerda ampliar la lectura consultando el libro que sugiero enseguida:

Bachelard, G. (2000). La poética del espacio. (F. de C. Económica, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Tercera carta: retomemos la idea del viaje

Hola lector, lectora:

Como se pudieron dar cuenta, no pude seguir con la carta anterior porque uno de mis estudiantes, desde la imaginación, me interrumpió, como sucede en clase, con otro tema: el de la locura. Pero esa interrupción nos permitió recordar algunos sentimientos para aplicar en El viaje familiar en tiempos de pandemia. Dicho esto, los invito a retomar la idea del viaje con otras preguntas formulada por otros inquietos educandos desde la imaginación. ¿Pero un viaje no es el desplazamiento de un lugar hacia otro lugar? ¿Un viaje con la pandemia del Coronavirus? ¿Acaso lo que nos piden no es quietud, aislamiento social, estar en lugar de vivienda? Estas y otras preguntas hacen parte del equipaje que cada una de las familias colombianas y que los colombianos cargamos en nuestro morral, rumbo al puerto de la cuarentena.

El viaje familiar en tiempos de pandemia no es cualquier viaje, es un viaje riesgoso en el que pocas personas tienen experiencia. Los protagonistas de esta experiencia somos cada una de nosotras y de nosotros. Así como Homero nos relató el largo viaje de Odiseo a través del océano de la isla Ítaca a Ilión y viceversa, también la historia de Colombia narra el viaje de Cristóbal Colón desde España hasta América en tres embarcaciones: La pinta, La niña y la Santamaría. Gabriel García Márquez, nuestro premio Nobel de literatura, nos narra, con lujo de detalles, el viaje de una pareja de enamorados que no pudieron desembarcar en ningún puerto del río Magdalena, porque había en todos esos puertos la epidemia del cólera. Esa pareja de enamorados fue Fermina Daza y Florentino Ariza de los cuales se ocupa la novela: El amor en los tiempos del cólera. (García, 1985).

Aunque El viaje familiar en tiempos de pandemia es una experiencia nueva, para chicos y adultos, hay huellas que nos han dejado quienes han pasado por situaciones disímiles y de esas situaciones nos podemos agarrar para salir adelante. Odiseo estuvo confinado en una balsa durante más de diez años, Colón también, Fermina Daza y Florentino Ariza lo mismo; no obstante, aguantaron el viaje y llegaron a buen puerto. En ese sentido el viaje es desplazamiento sin movimiento.

Un barco dura meses en el mar desplazándose, pero los pasajeros o navegantes no se salen de la embarcación, están aislados físicamente del resto del mundo más no mentalmente. Penélope la consorte, su hijo Telémaco y Laertes (Homero, 1999, p. 400) el padre, están con Odiseo, de pensamiento no de cuerpo presente en el océano; en esa lógica, el viaje familiar en tiempos de pandemia es el camino que conduce al reconocimiento de si mismas y de si mismos, es una aventura del pensamiento y de los sentimientos, por eso es factible hacerlo así haya pandemia y así haya normas que lo prohíban, para el pensamiento no hay fronteras delimitadas ni es asequible la contaminación con el Coronavirus, salvo que nos dejemos invadir por el pesimismo, por el miedo, por la desesperanza, por la desconfianza y por todos esos sentimientos negativos que puso a jugar a las escondidas la locura.

En el viaje familiar en tiempos de pandemia va mucha gente, millones de personas en Colombia y en el mundo, pero cada hogar o familia va en su propia embarcación, en concordancia con las demás embarcaciones y con un comando unificado que orienta la flota. Dentro de esas orientaciones está el interactuar con protección: distantes a dos metros unas de otras y unos de otros, preferiblemente usar mascarilla o tapabocas, toser sobre el codo, no salir del lugar, hidratarnos, bañarnos las manos por mucho cada dos horas y en los momentos en que se ingresa a la vivienda, tomar agua caliente, hacer evaporaciones, alimentarse lo mejor posible, hacer ejercicios físicos y mentales, ser tolerantes entre sí, y tener claro que vamos a llegar a buen puerto como Odiseo quien demoró 10 años; como Florentino que esperó a Fermina 53 años, 7 meses 11 días y como Colón, y como el coronel, que no tenía quien le escribiera, esperó diez años a que se cumplieran las promesas de Neerlandia (García M., 1958, p. 49).

Y que esa llegada bien depende de nuestra actitud individual y colectiva. En este viaje no hay competencia sino ayuda mutua, cooperación y solidaridad, porque la vida de unos depende de la actitud de los demás y la de los demás pende la mía.

Con base en lo expuesto queridos estudiantes, padres y madres de familia espero que las preguntas por el viaje se vayan resolviendo y así el equipaje de las preocupaciones, dudas y angustias vaya disminuyendo su peso para evitar el cansancio y así no tengamos que repetir la segunda parte de la siguiente expresión de El Principito: “cuando volví… los compañeros que me vieron se sintieron muy contentos de volver a verme vivo. Yo me sentía triste, pero les decía: es el cansancio.” (Saint-Exuspery, 2001)

 

Con mucho cariño su profe Esperanza.

Nota. Recuerda ampliar la lectura de la carta consultando los libros que sugiero enseguida:

García, G. (1958). El coronel no tiene quien le escriba. (L. M. Mágica, Ed.). Bogotá

García, G. (1985). El amor en los tiempos del cólera. (Norma, Ed.). Bogotá D.E

Homero. (1999). Odisea. (Panamericana, Ed.). Bogotá Colombia.

Saint-Exuspery, A. de. (2001). El principito. (E. Salamandra, Ed.). Bogotá.

Segunda carta: viajemos desde casa

Recordados y recordadas estudiantes, madres y padres de familia.

Hola

Hoy, a través de esta segunda carta, quiero invitarlos a que hagamos el viaje familiar por la pandemia del Covid-19

– ¿Un viaje, profe? Si, un viaje.
– Perdón: ¿estás loca?

Tanto como loca no me siento, aunque si me valgo de una frase que circula por ahí en la que se lee que la locura es hacer siempre lo mismo esperando algo distinto., precisamente, yo les propongo hacer algo distinto para que obtengamos resultados distintos. Pero déjenme decirles algo sobre la locura episodio que puede afectar a varias personas en la pandemia por falta de control emocional.

Mario Benedetti, un recordado escritor uruguayo, cuenta que alguna vez se reunieron, en algún lugar de la tierra, todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos. Entre otros asistieron: el aburrimiento, la intriga, la curiosidad, la duda, la euforia, el entusiasmo, la apatía, la verdad, la soberbia, la cobardía, la pereza, la envidia, el triunfo, la generosidad, la timidez, la belleza, la fe, la libertad, la voluptuosidad, el egoísmo, la mentira, la pasión, el deseo, el olvido y por supuesto el amor. Estando todos juntos llegó un personaje (adivinen cómo se llama) y como los vio un poco desorganizados les propuso que jugaran a las escondidas. Como ustedes en algún momento han jugado a las escondidas no me detengo a explicarles el juego. Lo cierto es que los sentimientos aceptaron jugar, la “integrada”-como dicen ustedes- inició el conteo de 1 a 1.000.000. Los sentimientos comenzaron a esconderse y a no dejarse encontrar para no pagar la penitencia.

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Uno de los sentimientos se escondió debajo de un rosal tan bien escondido que el personaje, cuyo nombre ya deben saber, movió fuertemente las ramas, tan fuerte que con las espinas hirió los ojos de ese sentimiento que estaba ahí escondido. El personaje al ver al sentimiento herido se afanó, no hallaba qué hacer, lloró, le pidió perdón y se ofreció a ser su lazarillo; por eso, desde que ocurrió ese accidente, la humanidad viene diciendo que: “el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña”.

Por echarles el cuento de Mario Benedetti se me alargó la carta y todavía me quedan dos asuntos pendientes para completarla. El primero es que cada persona que haya escuchado el contenido de mi carta, debe adivinar en qué orden se escondieron los sentimientos que se reunieron, escribirlo en un cuaderno y luego entre todos los miembros de la familia, con las manos bien bañadas, manteniendo las distancias y evitando toser, estornudar y expulsar saliva, compartir las respuestas. Uno de los participantes puede coger una hoja, rayarla en columnas (nombres de personas) y en filas (sentimientos) para ir consignado y encontrando coincidencias. Finalizado este ejercicio, pueden ir a donde el profe Google, y escribir: “La locura, Mario Benedetti” y le dan clic. Una vez encontrado el texto alguien lo lee y cada cual sobre su cuaderno va corrigiendo. Finalmente, despejan la incógnita sobre quién era el personaje y cuál era fue el sentimiento herido.

Recordados estudiantes y padres de familia, como se han podido dar cuenta ya hicimos nuestro primer viaje imaginario por el sembradío de los sentimientos. Ya los identificamos y de lo que se trata ahora es de escoger cuáles me sirven para afrontar la pandemia y de cuales me debo sustraer. Guarde el cuaderno con la lista y cada día póngalos a jugar, eso si cuidando de no herir a nadie ni física ni emocional ni psicológicamente. La pandemia nos convoca al cuidado de unos con otros, de unas con otras y de cada una y cada uno. Y la varita del cuidado es el amor.

Espero que hayan disfrutado el viaje por el sembradío de los sentimientos y que todos los días nutran a los buenos sentimientos y debiliten a aquellos que nos causan daño a nosotros y a los demás.

Amorosamente. La profe Esperanza.

José Israel González Blanco

Nota 1: ¡Escucha el podcast!

Nota. Para ampliar el contenido de la carta recuerden buscar en Google el escrito de Mario Benedetti: La locura.

Primera carta: a cuidarnos y ayudar a cuidar.

Hola niña, hola niño, hola joven, hola mamá, hola papá:

Buenos días, tardes o noches (según leas esta carta)

Soy la profe Esperanza. He estado pensando mucho en cada una, cada uno de ustedes y en algunos momentos del día me pongo a imaginar cómo transcurren los minutos, las horas, los días de cuarentena para mis estudiantes y sus familias. Es un tiempo muy corto si lo relacionamos con una centena de días, con medio año, o con un año de aislamiento social.

Eso en el tiempo…. en el espacio podríamos imaginarnos un viaje de Bogotá a Ibagué, un viaje para el cual necesitamos cerca de 6 horas montados en un bus, a la velocidad permitida y haciendo las paradas reglamentarias. –¡Uf, seis horas es mucho tiempo profe! me dirá cualquiera de ustedes, pero en verdad es poco si lo comparamos con un viaje a Cartagena, en el que requerimos cuatro veces más tiempo, es decir, un día completo, o un viaje a Quito (Ecuador), o a Santiago de Chile en bus.

Y ahora que hablo de días viene a mi memoria uno de los relatos de El Principito, ¿si se acuerdan de ese inquieto personaje que decía que “lo esencial es invisible a los ojos”? ¿O sea que la esencia de lo material y de lo mental no lo pueden ver nuestros ojos? Lo dejo ahí para que lo piensen y dialoguen como familia, porque lo que quiero decir, volviendo al viaje a Ibagué la ciudad musical y a Cartagena la ciudad heroica, es que El Principito decía que Él pertenecía al quinto planeta “el planeta raro y pequeño, donde solamente se pueden alojar el farol y el farolero, donde cada minuto nace un día y donde se presentan mil cuatrocientas cuarenta puestas al sol al día” (Saint-Exuspery, 2001).

Nosotras y nosotros somos terrícolas, pertenecemos a un planeta hermoso que tiene alrededor de 7.500 millones de habitantes de los cuales Colombia aporta apenas el 1,5% de ese universo poblacional. Acá, en nuestro territorio, los días son de 24 horas, 60 minutos componen una hora y no 1.440 puestas al sol o días como en el planeta raro de El Principito. Si viviéramos en el planeta raro donde mora El Principito, la cuarentena o los 19 días de aislamiento social equivaldrían a 16.360 días, es decir que mas de 44 años y medio de nuestra existencia la pasaríamos encerrados para evitar el contagio con el Coronavirus. Afortunadamente son apenas 40 días, eso sí acatando las recomendaciones que nos hacen, porque si no cumplimos entonces ahí si no será veintena sino cuarentena, es decir el doble de tiempo.

Como lo pueden percibir, el asunto no es tan complicado, se requiere voluntad para hacerlo, “querer es poder” dicen muchas personas. Si queremos todo nos saldrá bien: volveremos a la escuela y al colegio, nos saludaremos con las palmas de las manos y con el puño como hace unas semanas, los abrazos volverán a ser nuestra expresión física de afecto, las actividades laborales y escolares retornarán a su cotidianidad, las personas mayores dejarán de estar en riesgo de muerte, seguiremos hidratándonos, cuidando nuestra salud y sobre todo valorando nuestra vida y la de las demás personas, las plantas, los animales, la naturaleza y todas aquellas cosas que nos parecían insignificantes como bañarnos las manos bien.

Como lo verán en algunas de las cartas que les estaré enviando, esta no es la primera vez que a la humanidad le ocurre esta situación de pandemia, tampoco será la última, de ahí la importancia de valorar esta experiencia. Ojalá escribirla para que cuando vuelva a ocurrir le contemos a la gente cómo la afrontamos. Nosotros no lo sabemos, estamos aprendiendo de los demás países y también de la historia. Sin duda, es la primera vez que nos pasa una situación tan grave y dolorosa en la que, si no nos cuidamos y no ayudamos a cuidar a los demás, muchos serán las perdidas materiales y en vidas humanas.

Con mucho cariño su profe Esperanza.

 

José Israel González Blanco

Nota. Para ampliar el mensaje sobre El principito pueden buscar el libro en internet con la siguiente referencia:

Saint-Exuspery, A. de. (2001). El principito. (E. Salamandra, Ed.). Bogotá.