Carta #22 Escribir: liberar las emociones y limpiar el alma

Inolvidables chicas, chicos, padres y madres de familia. 

La lectura de la anterior carta nos pone en el plano de las emociones negativas, porque uno siente mucha tristeza, rabia y hasta impotencia. En cartas anteriores tocamos tangencialmente la tristeza y el malestar que genera el estar aislados, lejos de la escuela, distantes unas y unos de otras y de otros. 

El principito lo expresaba: “Yo me sentía triste”, pero sus compañeros se alegraron al verlo vivo. Y eso lo que hay que celebrar, que estamos vivos, que sobrevivimos a la pandemia y que en adelante nos seguiremos cuidando sin necesidad de que nos obliguen a estar aislados sino juntos. Somos testigos del aprendizaje de una dura y dolorosa experiencia. 

La alegría que cada mañana y cada tarde disfrutamos en el salón de clase volverá a salir como el sol, sin desconocer que para algunos el crepúsculo en la pandemia nos dejó una mancha de obscuridad. La pandemia ha dejado heridas como las ramas de rosal en los ojos del amor; peor como nos lo enseñó Ernesto Sábato: “A la vida le basta el espacio de una grieta para renacer.”

En una de las últimas cartas (decimonovena) quedó sugerido un ejercicio de escritura. Para hacerlo se plasmaron las siguientes recomendaciones: tener a la mano una hoja de papel, 2 cucharadas de sentimientos, 4 manojos de ideas silvestres, 5 copitas de gramática española, 6 esencias de saberes especiales, 7 paquetes de finas letras, 8 gotas de felicidad, 9 trozos de sentido común, 1 o 2 recuerdos al gusto…

Y ahora sí, ¡a escribir! muchachos, chicas y padres de familia indicando que con esta epístola cerramos el salón de clase transitoriamente; es decir, la escritura de cartas continuará en otros momentos, porque hay mucho que escribir y gran parte del torrente escritural provendrá de las experiencias de esta pandemia. El tiempo para escribir, para leer y para amar es un tiempo robado -apunta Daniel Pennac-, robado a la tele, a las veladas familiares, al sueño, a las tareas escolares cuando estas no tienen esa finalidad, al juego. La clave es poner la escritura “al servicio de los placeres” (Pennac, 2002, p. 50) de seres humanos, particularmente de niños y niñas y muy pronto se aplicará a pesar de la ausencia de la maestra     

  Es una producción de la autoría de quien escribe. Aunque la información de una carta de Resolución de Pérdida Emocional es privada y confidencial se pone en este texto, de una parte, como ejemplo a consultar y, de otra, hace parte de la recuperación de la pérdida emocional de uno de los autores: la muerte de un hijo de 17 años, estudiante de Derecho de la U. Nacional de Colombia. 

Sobre la metodología sugerida entonces:

1. Tome la decisión consciente de escribir la carta

2. Escoja un lugar sin interferencias.

3. Dedique mínimo una hora.

4. Escribir la carta solo y en una sola sesión, como se dice: “de una”.  

5. Tenga al frente la Historia Gráfica de su relación con el destinatario. 

6. No hay límite. Es la oportunidad de decir las cosas que han sido calladas durante mucho tiempo. Vomitar para tener volver a tener apetito, como ya quedó consignado.

7. Preferiblemente no ser repetitivo. 

8. Puede ser una experiencia emocional fuerte, que podrá impedir pasear los ojos sobre las letras.

9. Encabece la carta con el nombre de la persona o con la forma como se dirigía a Él o Ella. 

10. La trama puede organizarse teniendo en cuenta las sugerencias de la vigésima tercera carta.

Bueno, a escribir niñas, niños y padres de familia. Chao.

Recuerden ir a la siguiente fuente: 

Pennac, D. (2002). Como una novela. Bogotá Colombia.

Carta #21 La emotividad, una experiencia humana de fortaleza

Mis inolvidables estudiantes y padres de familia:

Como les prometí, les traje una técnica de la que puede echar mano el docente, el padre de familia u otra persona que crea que lo puede hacer. Me refiero a la Carta de Resolución de Pérdidas Emocionales sea cual fuese el modo de morir, porque la muerte es una, mientras que los modos de morir tienen disímiles expresiones.

“El amor nos hace poetas y el acercamiento a la muerte nos hace filósofos”. Santayana.

Hola Juanjo, amigo del alma, compañeros de viaje, ruiseñor de la alegría, vendaval de la tristeza, guerrero de la mediocridad, colibrí de la tecnología, mago de la dulzura… hijo inolvidable e insustituible…

Juanjo: quiero disculparme por no haberte podido disfrutar más de lo que te disfruté, en verdad, esos momentos de juerga son los que hoy siguen dándole sentido a mi existencia, a la existencia de algunos familiares y amigos.

Juanjo: quiero disculparme por no haber podido estar más tiempo contigo, esa compañera inseparable de la vida, la muerte, nos lo arrebató literalmente antes del amanecer… Luego de tu muerte, he llegado a comprender que la vida es algo que pasa mientras uno está haciendo otras cosas y que, si el amor nos hace poetas, el acercamiento a la muerte nos hace filósofos.

Juanjo, te perdono que te hayas ido tan temprano, jamás imaginé que ese 25 de octubre del 2010 me darías el último abrazo y me acariciaras para siempre, con las palabras que todas las noches pronunciabas: “que duermas rico”. Te confieso, que ese día sentí rabia, impotencia y desesperación, porque mi interlocutor preferido, mi maestro y mi amigo fiel, había partido sin el boleto de retorno, sabía que no ibas para la Nacho, sino para no se dónde…  

Juanjo, te perdono que en algunas ocasiones te hayas alterado conmigo, con tu hermanita y con tu mamá, pues eras un mortal, no eras un ser perfecto.

Juanjo, quiero que sepas que me siento muy orgulloso de ti, que por donde quiera que camino hablo de ti, expongo tus rigurosas enseñanzas y procuro vivir feliz como fue siempre tu deseo.

Juanjo, quiero que sepas que he seguido el ejemplo de la lectura, la escritura y la reflexión, pero esta vez sobre una dimensión importante, la de tu vida y la de tu obra.

Juanjo quiero que sepas que no me he acercado a la tumba, porque tú me dirás: Yo no estoy allí, no duermo ahí, soy como mil vientos soplando. Tu respuesta será como la plegaria indígena: “Soy como un diamante en la nieve, brillando. Soy la luz del sol sobre el grano dorado. Soy la lluvia gentil del otoño esperado… Soy la bandada de pájaros que trina en la tranquila mañana, cuando tú te levantas… Soy también el haz de estrellas que titilan, mientras cae la noche en tu ventana. Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando. No estoy allí. Yo no morí…”

Juanjo, quiero que sepas que te llevaré en mi corazón por siempre y propenderé, porque otros mortales continúen recordándote, a través de tus enseñanzas. El libro que me ayudaste a diseñar: El cuento de la Ley de Infancia (González, 2009), es una de esas mediaciones de la inmortalidad tuya. Porque escribiste, con tu puño y con tu ejemplo, seguirás vivo. 

Juanjo, te sigo admirando

Adiós mi entrañable hijo“.

Chicas y chicos, les digo hasta luego con el corazón arrugado, pero un poco más aliviado porque la emotividad es una experiencia humana que nos da fortaleza. Sentir nos hace fuertes.

Recuerden consultar:

González, J. I. (2009). El cuento de la ley de infancia. (Códice Ltda, Ed.). Bogotá DC.

Carta #19 Alimentar el cuerpo y el corazón también es productividad

Recordados niños, niñas y padres de familia

Ustedes se preguntarán: ¿A qué horas la profe Esperanza escribe las cartas? ¿Será que la profe no hace aseo? ¿Será que no tiene nada más que hacer? ¿A qué horas cocina? ¿A qué horas duerme? ¿Tiene abandonados a los hijos? ¿Y el marido qué le dirá? Bueno, ¿Por dónde empezamos?, pregunta Cipriano Algor, el alfarero, el conductor de la camioneta, el sexagenario personaje de la Caverna (Saramago, 2000), otra novela para leer en tiempos de pandemia. 

¿Por dónde quiere su majestad que comience le preguntó el Conejo Blanco al rey:“Comienza por el comienzo” continúa con la continuación y finaliza con el final” (Carrol, 1999, p. 160). “Nunca ha habido más comienzo que el que hay ahora, – dirá Walt Whitman -ni más juventud ni vejez que la que hay ahora; y nuca habrá más perfección que la que hay ahora, ni más cielo ni infierno que el que hay ahora” (Whitman, 2014, p. 20)

Todos los oficios del cuidado, asignados socialmente a las mujeres, sin ninguna recomendación, ¡los hacemos!, no es que los hacen las mujeres de la casa. ¡Uf qué fuerte profe! dirá algún díscolo chico o chica. Pero, además, los hacemos juntos, no por separado, todos hacemos todo y así contribuimos según nuestras capacidades (¿recuerdan de cuáles capacidades hablamos en la Decimocuarta carta?, saberes y deseos. 

Eso nos ha dado mejores resultados que repartir tareas individualmente y menos otorgarlas obligatoriamente. ¡Así no se vale! Establecer acuerdos, trabajar con principios, reírnos, “echar chisme”, narrar cuentos, jugar, cantar y leer hacen parte de nuestro repertorio. En el aseo, por ejemplo, el niño pequeño recoge los objetos que están en el piso, el papá trapea y saca la basura, el hermanito mayor barre y la mamá limpia el polvo. Así todas y todos participamos haciendo el aseo. 

La cocina es un lugar de inspiración y creación. No es “una jartera” como suelen decir algunas personas. Y los hombres en la cocina no “huelen a lila de gallina”. La cocina es también un espacio para la lectura y para la escritura. Hoy día nadie puede decir que no sabe preparar unos frijoles veganos, coliflor en nieblas, espaguetis al dente con guiso de ajo, tomate y ají o una tortilla de huevos de tiranosaurio con un libro abierto al lado izquierdo y con otro al lado derecho con olor a poesía, como lo sugiere Héctor Abad Faciolince en el Tratado de culinaria para mujeres tristes (Faciolince, 1997, p. 17). 

O, la ingesta de una leche dorada elaborada con cúrcuma rayada, jengibre y pimienta en leche de coco y cero azúcares, para fortalecer el sistema nervioso autónomo. O, sencillamente, una agüita tibia con limón alcalinizada imitando el “jarabe de tuétano” que les dio Úrsula Iguarán a los niños luego de superar la peste del olvido, en fin, la cocina colombiana, aunque no es patrimonio de la humanidad como la mexicana, la peruana y la mediterránea, ofrece mucha variedad de platos y bebidas para preparar y el lugar más seguro para conseguirlos es la web, la historia y los libros. No solo de hacer tareas en pandemia viven los estudiantes y padres de familia, viven de disfrutar oficios del cuidado como el aseo y la cocina.

Así que, chicas, chicos y padres de familia, la cocina es el principal detonante de la escritura y de la lectura para la profe Esperanza, de ahí la cantidad de ingredientes que le dan sabor y color a cada carta. Eso sí, he tenido el cuidado de que la carta no indigeste al lector, sino que le genere apetito, pero si en algún momento ello llegase a ocurrir, por favor dese la segunda oportunidad de releerla -recordando la recomendación de Borges- para condenarla o absolverla y que no ocurra como en Alicia en el País de la Maravillas que primero se condena y después se hace el juicio. “¡La sentencia primero! … ¡Tiempo habrá para el veredicto!” (Carrol, 1999, p. 164) 

La cocina, que tantas veces hemos frecuentado en esta cuarentena todos los integrantes de la familia, ha sido inspiración de escritores y metodólogos de la escritura como Daniel Cassany, quien en una ocasión aceptó enseñarle a escribir a un ramillete de mujeres adultas, porque le pareció fácil hacerlo; pero, cuando estuvo al frente de ellas, no supo por dónde empezar y acordándose de la pregunta que le hizo el Conejo Blanco al rey: comenzó “por el comienzo” (Carrol, 1999, p. 160), es decir, por lo que sabían hacer a la perfección el manojo de mujeres cursillistas: cocinar muy delicioso. De esa experiencia escribió un manual de redacción titulado: La cocina de la escritura muy útil para cualquier persona que quiere escribir como Yo. 

Escribir significa mucho más que conocer el abecedario, que saber juntar letras o firmar. La escritura se hace de letras, palabras, oraciones, verbos, adjetivos, artículos, sustantivos, signos de puntuación, párrafos y textos en general, pero las letras solas, las palabras solas, las oraciones solas, los adjetivos solos, los verbos solos, frases solas y los párrafos solos no son la escritura. Pasa algo análogo con la ciencia y con las casas. 

La ciencia, decía Henry Poincaré, “está hecha de datos, como una casa de piedras. Pero un montón de datos no es ciencia, así como un montón de piedras no es una casa.” Preparar un buen plato de comida no consiste en sumar un poco de ingredientes y ponerlos al fuego. Quienes escribimos trajinamos sobre el papel como un chef en la cocina: “limpiamos la vianda de las ideas y la sazonamos con un poco de pimienta retórica, sofreímos las frases y las adornamos con tipografía variada.” (Cassany, 1995, p. 15) 

No me quisiera salir de la cocina, pero tenemos otras actividades organizadas en nuestra agenda diaria de cuarentena que no podemos descuidar. Para no desvincularlos de la cocina de la escritura los dejo con una receta para que la preparen.  

  • 1 hoja de papel
  • 2 cucharadas de sentimientos
  • 4 manojos de ideas silvestres
  • 5 copitas de gramática española (¡cuidado! Deben ser pequeñas para que no amarguen la mezcla)
  • 6 esencias de saberes especiales
  • 7 paquetes de finas letras
  • 8 gotas de felicidad
  • 9 trozos de sentido común
  • 1 o 2 recuerdos al gusto….

Y, ¡a escribir” muchachos, chicas y padres de familia. Eso sí tengan en cuenta que para escribir se necesita leer y para preparar los alimentos se requieren vasijas, calor, agua y los vegetales, animales y minerales que cada menú exige. Y no olviden que el tiempo para leer es un tiempo robado y el tiempo para cocinar es un tiempo muy preciado. 

Chao pelaos.

Vulelvo a recordarles que completen la lectura d ela carta consultando: 

Cassany, D. (1995). La cocina de la escritura. (Anagrama, Ed.). Barcelona.

Carrol, L. (1999). Alicia en el País de las Maravillas. (Educar cultural recreativa, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Faciolince, H. (1997). Tratado de culinaria para mujeres tristes. (Alfaguara, Ed.) (Primera). Santafé de Bogotá.

Whitman, W. (2014). Hojas de hierba. (S. L. U. E. Libros, Ed.). Barcelona.

Carta # 17 Profes a contracorriente, gracias

Estimados estudiantes y padres de familia

Estaba cerrando la anterior carta con esa extraordinaria recomendación de Sancho Panza cuando me llega otro escrito a mi WhatsApp. No es de estudiantes, ni de padres de familia ni de docentes, es nada más y nada menos que de un escritor y va dirigido al trabajo que venimos realizando los docentes, en el marco de la pandemia. La comparto, porque su contenido es afín a esta “máquina de la memoria” que venimos construyendo estudiantes, padres, madres de familia y comunidad educativa en general. Él valora nuestras iniciativas y nos impulsa a seguir leyendo y escribiendo. Espero que la lean, hagan sus propios análisis y compartan sus puntos de vista. La misiva, está rubricada por Mario Mendoza, el autor de Satanás, de la travesía del vidente (nosotros nos referimos a los ciegos), Scorpio City (Mendoza, 2004), donde también escribe sobre el manicomio. La carta puesta en La Bagatela, dice:  

De un día para otro, los docentes, sin ninguna ayuda, han tenido la capacidad divina de crear de la nada, y en esa suerte de “creatio ex nihilo”, de la que hasta ahora Dios tenía la exclusiva, han montado todo un sistema de educación a distancia, para seguir prestando sus servicios desde casa.

¿Materiales? Su ordenador particular, privado y personal; y su internet, pagado de su bolsillo.

¿Espacios? El salón de su casa, que vuelve pública la intimidad de su hogar.

¿Derechos de autor? Cedidos, imagen, textos, tareas…

¿Formación? La propia, investigando contrarreloj.

¿Apoyo de las consejerías? Anecdótico. ¿Vigilancia? Toda.

¿Exigencias? Absolutas.

La escuela en el salón de casa no termina nunca.

¿Un millón de correos que atender? ¿A quién le importa? Para eso cobran.

Pero nadie les aplaudirá, casi nadie dará las gracias, y pocos reconocerán su labor. De hecho habrá padres y madres que se quejarán porque reciben casi a diario notificaciones sobre el progreso, o no, de sus hijos o porque tienen que echarles una mano con sus deberes.

Los profesores están trabajando, de hecho, han multiplicado por mucho sus horas de trabajo, pues ahora aclaran las dudas uno a uno, corrigen y evalúan las tareas una a una…

Yo aplaudo a los docentes, y no solo a ellos, también a otros muchos que en estos días de crisis se exponen para prestarnos todo tipo de servicios. Pero aquí, ahora, hablo de educación.

Yo aplaudo a los docentes con todas mis fuerzas, pero más que aplausos, necesitan (necesitamos) devolver la educación al lugar que le corresponde“.

Hasta pronto mis admirados lectores. ¡Cuídense mucho y cuídennos a nosotras y a nosotros!, para volver a estar juntos en el salón de clase compartiendo sonrisas, versos, juegos y canciones. 

Juegos que no hieran como le ocurrió a la locura con el amor sino juegos como el “del gallo capón”. Un juego infinito que consistía en que el narrador preguntaba a los asistentes si querían que les contara el cuento del “gallo capón”, y cuando contestaban que si, el narrador decía que no había pedido que si, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que no, el narrador decía que no les había pedido que dijeran que no, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando se quedaran callados el narrador decía que no les había pedido que se quedaran callados, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y nadie podía irse, porque el narrador decía que nos les había pedido que se fueran, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y así sucesivamente en un circulo vicioso que se prolongaba por noches enteras.” (García M., 2007, p. 58). Los dejo entonces divirtiéndose con el juego del gallo capón.       

Bueno, me despido dejándolos con este divertido juego 

Con admiración y gratitud

La profe Esperanza.

Les recuerdo leer los textos referenciados. 

García M., G. (2007). Cien años de soledad. (S. Ediciones, Ed.) (Edición no). Bogotá Colombia.

Mendoza, M. (2004). Scorpio City. (Planeta, Ed.). Bogotá Colombia.

Carta #16: La paciencia es nuestro combustible más valioso

Hola chicas, chicos, madres y padres de familia 

Doy inicio a este nuevo mensaje retomando el “método” ingeniado por Aureliano Buendía con el cual los habitantes de Macondo estuvieron dispuestos a luchar contra el olvido. Quiero, en una pequeña “máquina de la memoria”, como la que quiso fabricar José Arcadio, repasar algunos de los aportes hasta acá consignados mientras se aparece en El viaje familiar en tiempos de pandemia, Melquiades, el jefe de aquella tribu que fue borrada de la faz de la tierra por haber sobrepasado los límites del conocimiento humano. Tribu que, como muchas comunidades ancestrales del continente, contribuyó con el engrandecimiento de la aldea con su milenaria sabiduría y sus fabulosos inventos (García M., 2007, p. 50).

Las cerca de doce mil palabras y más de 50 mil caracteres puestos en ese imaginario “diccionario giratorio”, erigido con “catorce mil fichas” por José Arcadio Buendía y que para nuestro caso le hemos denominado cartas, son el andamiaje que nos permite, junto con otras iniciativas, auscultar nuestro camino hacia la escuela, al trabajo in situ y al restablecimiento material de las relaciones que tenemos en espera, motivados por el cuidado, el autocuidado y la prevención. 

“La situación es grave, pero tiene solución. Sabemos cuál es el mal y cuál es el remedio. Ya les pasó a otras personas, aprendamos de ellas. El peor ciego es el que no quiere ver. Tomar en serio el pensamiento del otro, de la otra y de los otros. El que jamás se desalienta “aprender de la experiencia de los demás”. Hacer salir a alguien de una indigestión para que pueda tener apetito. Un mundo que está lleno de ciegos vivos. La paciencia es buena para la vista. Es el cansancio. Es grande quien jamás se desalienta. Cuidado, autocuidado y protección. Participar en juegos con las hermanas y hermanos. Bañarse las manos. Hidratarse. El adjetivo cuando no da vida mata. El amor es ciego. Sabiduría. Al virus se le desintegra. El remedio está en nuestras manos: Dolor. Muerte. Soledad. Sentimientos. Vida. Salud. Razón. Emociones. Cuarentena…”    

Estas fichas y las miles que hemos construido armando esta máquina epistolar son piezas del yunque que nos sirven para para jugar en el laboratorio del hogar mientras llega el Melquiades de la vacuna para protegernos de esa molécula que- como lo escribe Carolina Sanín- entra en contacto con la célula, hace que ella lea algo y repita aquello que lee y, además, que le copie muchas veces, y finalmente se destruya por lo que ha leído y repetido.  Sin duda, que demora, pero llegará y mientras llega inmunicémonos con buenas dosis de literatura y filosofía.

La paciencia es buena para la vista son las enseñanzas que nos dejan las personas que padecieron la ceguera. “Es la vida más que la muerte la que no tiene límites” (García, 1985, p. 409) concluye el capitán del barco, que transportó a Florentino Ariza y a Fermina Daza, al mirarlos a los ojos como miró la india Visitación a la niña Rebeca. Macondo celebró la conquista de los recuerdos una vez José Arcadio bebió, de manos de Melquiades, esa sustancia de color apacible que le hizo llegar la luz a su memoria.    

Pero, con todo eso, “yo me esforzaré a decir una historia que, si la acierto a contar y no me van a la mano, es la mejor de las historias; y esteme vuestra merced atento, que ya comienzo”, dijo Sancho. “Érase que se era, el bien que viniere para todos sea, y el mal, para quien lo fuere a buscar… Y advierta vuestra merced, señor mío, que el principio que los antiguos dieron a sus consejas no fue así como quiera, que fue una sentencia que dice ‘y el mal, para quien le fuere a buscar’, que viene aquí como anillo al dedo, para que vuestra merced se esté quedo y no vaya a buscar el mal a ninguna parte” (De Cervantes S., 1999). El mal o el contagio para quien no cumpla la cuarentena, para quien salga a encantararse con el Covid-19. 

Hasta la próxima y felicidades amiguitas y amiguitos.

La profe Esperanza 

Recuerden consultar las siguientes las obras de los siguientes autores: 

De Cervantes S., M. (1999). El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. (A. L. S.L., Ed.). Madrid España.

García, G. (1985). El amor en los tiempos del cólera. (Norma, Ed.). Bogotá D.E.

García M., G. (2007). Cien años de soledad. (S. Ediciones, Ed.) (Edición no). Bogotá Colombia.

Saramago, J. (1995). Ensayo sobre la ceguera. (Nomos S.A, Ed.). Bogotá DC.

Carta #15: Lecciones de Aureliano para salvarnos del olvido

Estimadas madres de familia, estudiantes y padres de familia. 

En este acumulado de cartas hemos referido tres epidemias y una pandemia. Quiero anotarlos porque ahora que hemos llegado a la peste del insomnio. No quiero que me asedie el olvido, aunque todavía no he saboreado los gallitos verdes de insomnio, ni los exquisitos peces rosados de insomnio, tampoco los tiernos caballitos amarillos, ni aún he visto las imágenes que sueñan mis destinatarios padres de familia y estudiantes. 

La fiebre del cólera en el río Magdalena que impidió el desembarque de Fermina Daza y Florentino Ariza es un ejemplo sobredicho; otro es el mal blanco o la pérdida de la mirada que es el <<arte de los ojos>>(Faciolince, 1997, p. 17) -como lo nomina Faciolince-, que se apoderó de los pobladores de una ciudad y hubo que recluirlos en un manicomio con unas medidas drásticas. 

El tercer ejemplo que nos falta ahondar es la peste del insomnio que invadió a todos los habitantes de una población costera colombiana llamada Macondo y, el cuarto, la pandemia del Coronavid -19 que venimos abordando a través de El viaje familiar en tiempos de pandemia y cuya historia apenas estamos escribiendo. 

Queda como sugerencia La peste de Albert Camus, pero en verdad no le ha dado relevancia en este momento porque la obra detalla mucho a las ratas y hay personas que les tienen miedo, por lo tanto, no quiero incomodar sino potenciar el bienestar y la esperanza.   

Dijimos que fue a través de Rebeca que llegó la peste a Macondo. Inicialmente parecía algo inofensivo y mas bien benévolo para la población. El fundador del pueblo sostenía jocosamente que si no volvían a dormir pues mejor, porque de esa manera rendiría más la vida. Pero Visitación, que ya conocía de la enfermedad, les explicó que lo más terrible no era la imposibilidad de dormir sino su inexorable evolución hacia el olvido. 

Cuando la persona se acostumbraba a estar en vigilia se le empezaban a borrar los recuerdo desde la infancia como cuando le ingresa al computador un Troyano; luego, el nombre y la noción de las cosas y por último la identidad de las personas y la consciencia del propio ser hasta hundirse en un estado de idiotez sin pasado. 

José Arcadio Buendía juzgó que eso era superstición de la indígena, empero Úrsula si tomó la precaución de aislar a Rebeca de los niños y niñas. Debieron transcurrir cincuenta horas para que los integrantes de la familia Buendía dieran por hecho que ninguno dormía ante lo cual Úrsula, aplicando las enseñanzas de su madre, preparó un brebaje de acónito e hizo que todos los tomaron, pero los resultados fueron infructuosos, nadie se dormitaba. 

Construir la solución

Fue entonces cuando José Arcadio Buendía percibió que el pueblo estaba invadido por la peste y por fin reunió a todos los jefes de familia, para explicarles lo que sabía acerca de la enfermedad, y acordar medidas para que el contagio no se propagara en la región. Una de las primeras medidas que puso en escena fue quitarles, a los chivos, unas campanitas que cargaban y ponerlas, a la entrada de Macondo, a disposición de quienes desatendían las recomendaciones e insistían en ingresar al poblado. 

Todos los forasteros que deambulaban por las calles de Macondo debían hacer sonar la campanita, para que los enfermos supiesen que estaban sanos. Como la enfermedad entraba por la boca fue prohibido el consumo de bebidas y comidas. Tan eficaz fue la cuarentena, <<que llegó el día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural , y se organizó la vida de tal modo que el trabajo recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir>> (García M., 2007, p. 61).    

Aureliano Buendía fue el primer poblador en encontrar la formula para no olvidar. Un día, estaba buscando el yunque para trabajar y no recordó el nombre, entonces le preguntó a José Arcadio y él le dijo: <<tas>>. Aureliano escribió el nombre en un papelito y lo pegó en la base del yunque. Después no se acordó de lo hecho por lo difícil del nombre y fue cuando se percató de que no recordaba tampoco los nombres de los objetos del laboratorio. 

Entonces recurrió a marcar a cada cosa con su nombre y así se lo enseñó a José Arcadio, quien lo puso en práctica en la casa y luego en el pueblo. Con un pincel entintado marcaban las cosas con su respectivo nombre: mesa, silla, cacerola, cama, reloj, puerta, vaca, chivo, gallina, yuca. 

Dada la gravedad de lo que estaba ocurriendo José Arcadio fue precavido y optó porque cada cosa tuviera escrito, además del nombre, los rasgos y su utilidad por si algún día el olvido intentaba borrar todo. 

Fue así como, por ejemplo, a la vaca le colgaron un letrero que decía: <<Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche>> (García, 2007, p. 60).       

Bueno chicas, chicos, madres y padres, que el insomnio no los contagie, hay que dormir bien.

Nota. Les recuerdo consultar las siguientes obras: 

Camus, A. (1999). La peste. (FCE, Ed.). México.

Faciolince, H. (1997). Tratado de culinaria para mujeres tristes. (Alfaguara, Ed.) (Primera). Santafé de Bogotá.

García M., G. (2007). Cien años de soledad. (S. Ediciones, Ed.) (Edición no). Bogotá Colombia.

Carta #14: Nos salvamos juntos o nos hundimos por separado

Queridas y queridos estudiantes, madres y padres de familia.

Por medio de esta misiva quiero declararles mi gratitud y admiración por la paciencia que han tenido. <<La paciencia es buena para la vista>> citamos en una carta aludiendo a José Saramago en el Ensayo sobre la ceguera, una obra que les he recomendado a todas y todos los estudiantes, padres de familia y docentes en esta cuarentena. 

Esa acción respondería parte de la pregunta de nuestra docente orientadora acerca de ¿qué deben aprender nuestros estudiantes en este tiempo de pandemia?, donde los expertos enuncian unas posibilidades con sus estimativos de morbilidad y mortalidad: peor posible, mal, drástica y mejor posible. De las cuatro, la última es la más conveniente y aún así no se descartan las víctimas mortales. La primera fue la que puso en práctica el reino Unido y fracasó. 

¿Qué experiencias de aprendizaje puedo aportarle yo como docente a los estudiantes para fortalecer sus capacidades? 

Las experiencias las ha puesto la humanidad a nuestro servicio, siendo el motor la ayuda mutua, la solidaridad y la cooperación. El discurso de las competencias, tanto en el mundo económico como en el campo educativo, perdió el respeto y la vigencia porque la realidad ha sobrepasado las ofertas de la ciencia y hasta de la imaginación. 

El remedio está en nuestras manos y en el comportamiento para que nos salvemos juntos o nos hundamos por separado. En esa dirección, procurar capacidades es la senda a seguir en El viaje familiar en tiempos de pandemia. ¿Cuáles capacidades se preguntarán los estudiantes y padres de familia? Siguiendo los aportes de una filósofa norteamericana (Nussbaum, 2012, p. 53) serían: La vida; la salud física y mental; la integridad personal y familiar; el manejo de las emociones; el uso de los sentidos, la imaginación, el pensamiento y razonamiento; la razón práctica, entendida como la diferenciación del bien; la afiliación, es decir, vivir con y para las otras y los otros incluidas las espacies vegetales, animales, minerales, el aire, el agua, el suelo, la biósfera; el control sobre el propio entorno político  y material, en términos de derechos.

Literatura y filosofía son dos dimensiones útiles para estudiantes, madres y padres de familia, docentes y comunidad en general en tiempos de pandemia, ahora que todo lo han vuelto política y economía. De la literatura universal y de la colombiana en particular hay mucho que aprender. 

Volviendo a Macondo, particularmente el proceder de Rebeca, es substancial destacar que esas niñas y esos niños que se resisten al dominio de los adultos, no tanto por capricho sino porque tienen sus motivos ocultos, son el crisol del proceso educativo. 

Tienen extraordinario valor como seres humanos, no obstante, a veces somos indiferentes, los subvaloramos, estigmatizamos y excluimos a cambio acercarnos, escucharlos y forjar acuerdos. Fue gracias a que Visitación vio a Rebeca en el mecedor, chupándose los dedos y con los ojos alumbrados como los de un gato en la obscuridad, que pudo descubrir la existencia de la peste del insomnio, esa enfermedad que desterró al indio Cataure y a su hermana Visitación del reino milenario en el cual eran príncipes (García, 2007, p. 56). 

Hasta una próxima chicuelos y chicuelas. 

García M., G. (2007). Cien años de soledad. (S. Ediciones, Ed.) (Edición no). Bogotá Colombia.

Nussbaum, M. (2012). Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano. (Editorial). Bogotá Colombia.

Saramago, J. (1995). Ensayo sobre la ceguera. (Nomos S.A, Ed.). Bogotá DC.

Carta # 13: minimizar los duelos es perjudicial para la salud

Carísimos estudiantes, madres y padres de familia. 

La epístola anterior, al igual que la Octava carta enviada por uno de mis estudiantes, me ha dejado un agridulce muy penetrante. Ya se estarán preguntando ¿por qué profe? ¿qué pasó esta vez? El suceso está en la agudeza de la situación que están afrontando los educandos en esta cuarentena destinada al cuidado, autocuidado de la existencia y a la prevención de la salud y a la promoción del bienestar. 

Rebeca es el espejo de miles de niñas, niños y jóvenes que no tienen garantizada la protección de su integridad física y mental por parte de su familia y del Estado. La educación no es una condición suficiente como lo son: la alimentación, el sueño, el ejercicio, el mínimo vital, el buen trato, las relaciones y la salud. A Rebeca, su prima, sin saber por qué comía tierra húmeda y cal, le prescribió una pócima de jugo de naranja con ruibarbo, serenada la noche anterior para que el hígado de la niña le reaccionara; untó el patio con hiel de vaca, le embadurnó las paredes con ají y como si fuese poco le propinó tundas y correazos. 

El dolor que la niña transporta en su equipaje, compuesto por un baulito de ropa, un pequeño mecedor de madera con florecitas de colores pintadas a mano y en el talego de lona con los huesos de sus ascendentes, no fue leído por Úrsula como una puerta a la posibilidad de apoyarla en su tramitación y elaboración de los duelos. Parafraseando a El principito, lo esencial de los niños y de las niñas, como en este caso, es invisible a los ojos de los adultos y esa invisibilidad lleva a tomar decisiones desafortunadas.    

El viaje familiar en tiempos de pandemia contiene episodios de los que da cuenta el viaje de Rebeca. Son vicisitudes perceptibles a nuestros ojos de las que se ocupa más de un docente pensando en la situación de los educandos, porque nosotros y sobre todo nosotras vamos más allá de la cuestión escolar. 

En 2018, según los datos del escritor Ricardo Silva Romero, más de 12 millones de colombianas son madres solteras (Silva Romero, 2019); es decir, de cada 10 mujeres 6 son madres solteras y la gran mayoría son jóvenes y tienen hijos en edad escolar. Ellas hoy están recargadas con las labores de cuidado que sostienen a la sociedad porque están en la casa cuidando a los hijos, pero muchas lo están haciendo sin las mínimas condiciones mínimas de sobrevivencia y eso causa angustia, miedo, estrés y depresión tanto en niños, madres y educadores. Bertold Brech, dramaturgo alemán, advertía que a una persona que no come no se le puede exigir moral.      

Cuando uno bucea en cifras sobre la convivencia familiar encuentra datos como los siguientes: 86% del total de la violencia sexual, entre 2017 y 2018, según el violentómetro de SISMA, fue contra niñas y adolescentes. Esas cifras están distribuidas así: el 39,97% en el rango de 10 a 13 años; y 24,84% entre 5 y 9 años. Pero hay un agravante: por encima del 70% en esa práctica, participan familiares y el lugar es la residencia de las menores (González, 2018, p. 143). La vida de las mujeres peligra en este país por la condición de ser mujeres, y uno de los lugares en los que más peligro corren en su propia residencia.

Y como si no fuese grave lo anterior, cada 12 minutos una mujer, entre 20 y 34 años es violada por su pareja o expareja y cada 32 minutos una mujer fue agredida en el ámbito familiar. ¿Ahora si comprendemos las razones de la guacamaya y de los animales para no invitarnos a sus reuniones? 

No terminaba aún de leer estas cifras cuando veo en el correo un nuevo mensaje, esta vez de la docente orientadora del colegio, quien se ha puesto la 10 y viene siguiendo, paso a paso, los contenidos de nuestras cartas. Con respecto a la enseñanza virtual Ella apunta: “el tiempo de tareas no debería exceder las horas habituales de estudio. Incluso pueden ser menos, porque todas las dificultades que hay en las casas, lo que genera es que cumplir con muchas tareas y sobre todo si implican materiales o uso de internet que muchos no tienen, lo que está generando es complicar aún más la situación del encierro”. 

Una cosa -nos hace caer en cuenta la docente orientadora-, es confinarse con la alacena llena, con casa propia, con un padre y una madre, con libros en casa, con trabajo y salario, con play, con internet, con plan complementario, con minutos en el celular, con una cama propia y otra, muy distinta, sin nada de eso o con muy poco”

En cuanto al día a día de nuestras chicas y chicos escribe: “muchos estudiantes han tomado una avena al día, otros deben hacerse cargo de los oficios, del cuidado de los más pequeños cuando el adulto debe salir a rebuscarse, so pena de contagiarse; otros, tienen a sus madres o padres enfermos o están enfermos ellos mismos, sin poder ir al hospital; para otros por problemáticas previas, estar en casa con sus propios maltratadores es intolerable emocionalmente. Incluso, en nuestras propias familias puede estar pasando algo así.”

En lo atinente al rol nuestro como maestras, maestros y directivos docentes, Ella sostiene: “esta experiencia debe invitarnos a transformar, no solo a cambiar los medios o estrategias de enseñanza-aprendizaje, no es sólo cambiar de cuaderno a clase virtual o guía virtual, sino los principios, valores y sentido de ese proceso educativo. El cambio no ha de ser solo de forma sino de fondo”. En ese raciocinio nos interpela con las siguientes preguntas: 

¿Qué deben aprender nuestros estudiantes en este tiempo de crisis mundial? ¿Qué contenidos son realmente importantes para transformar las evidentes condiciones de desigualdad? A no ser que pretendamos seguir en ella… ¿Qué experiencias de aprendizaje puedo aportarle yo como docente a los estudiantes para fortalecer sus capacidades? ¿A qué población escolar estoy dirigiendo mi saber? (porque las enormes diferencias de contexto social quedan develadas). ¿Qué experiencias puedo generar para fortalecer el desarrollo científico, lingüístico, creativo, socio afectivo, y crítico? ¿Qué puedo aprender yo como ciudadanx que hago parte de la crisis y qué puedo aprender de esta misma experiencia como maestrx? ¿En estas mismas condiciones y sentidos, debo evaluar? ¿Qué puedo evaluar? ¿Cómo? ¿Qué vínculos estoy generando en mi familia, mi comunidad y mis estudiantes, ese vínculo fortalece o debilita? ¿Mi acción pedagógica qué aporta en todo esto? Luego de pensar en estar preguntas…tal vez podamos hablar de estrategias o de “aprender en casa.”

Muchas gracias por su atención chicas, chicos, padres y madres.   

Nota. Recuerden siempre consultar a las autoras y autores de los escritos referidos virtualmente o en los libros impresos si los tienen. 

González, J. I. y otros. (2018). Pasado presente de la Orientación Escolar en Bogotá y en Colombia. Pedagogía, historia e investigación. (E. Magisterio, Ed.) (Primera ed). Bogotá DC.

Silva Romero, R. (2019). Historia de la locura en Colombia. (Intermedio editoresSAS, Ed.) (Primera ed). Bogotá DC.

Décima carta: Del SI y el NO a los matices, la potencia de conversar.

Admiradas y admirados estudiantes, madres y padres de familia.Espero que al recibir esta carta la paciencia y la videncia sean las compañeras de El viaje familiar en tiempos de pandemia, pues, a decir verdad, todas y todos estamos en la mala. Pero, como ya lo leyeron en la Quinta carta: La situación es grave, pero tiene solución y en estos momentos hasta las fábulas nos auxilian con enseñanzas prácticas.

Es por esta razón que, además de la lección que nos da el quinteto de tortugas en cuanto al respeto de los ritmos, la forma de asumir las situaciones con serenidad y firmeza, quiero compartir con cada una, cada uno de los estudiantes, madres y padres de familia un ejemplo de convivencia en el que lo decisivo es la organización y el respeto. Sobre el respeto son bastantes los pasajes que recorrimos y las vivencias que hemos tenido en el aula de clase, empero, quiero enfatizarlo:

Respeto significa tomar en serio el pensamiento del otro y de la otra: discutir, debatir con él o ella sin agredir, sin violentar, sin ofender, sin intimidar, sin desacreditar su punto de vista, sin aprovechar los errores que cometa o los malos ejemplos que presente; respeto es esforzarnos por comprender por qué piensa así, evaluar el grado de acuerdo que tenemos y posicionarnos desde nuestros pensamiento propio (Zuleta, 1997)       

En cierta ocasión se reunieron los animales para tratar asuntos graves de interés general para todo el reino animal. Era algo así como un simposio, una constituyente o la reunión del Consejo estudiantil, nada que ver en todo caso con una cuarentena.

El constituyente primario o pueblo soberano -es decir, todos los animales representados en él- eligió sus dignatarios, dándole la presidencia al rey jaguar más por una costumbre política ancestral que por méritos del jaguar.
 
Antes de iniciar la sesión se suscitó un alboroto porque faltaba al animal humano, entonces el presidente puso sobre el tapete esta pregunta: "¿se invita o no al animal humano?"

La asamblea se dividió en dos: unos por el SI, otros por el NO. El jaguar presidente rugió: “hablen primero los del SÍ”.

Se subió al podio una hormiga y dijo: “El humano es inteligente, ha construido cosas que nosotros no hemos podido edificar; ilumina y calienta su vivienda con energía eléctrica, mientras nosotras vivimos en socavones oscuros y fríos. Refrigera y conserva sus alimentos, construye puentes y túneles que acortan distancias, por consiguiente, debemos invitar al animal humano”.

A continuación, cantó un turpial y se expreso así: “nosotros creíamos tener la voz, pero el humano nos superó. No es sino escuchar los dúos, tríos, óperas, conjuntos y orquestas para convencernos de la realidad. También deseo que se invite al animal humano”.

Enseguida la serpiente opinó: “el animal humano es esbelto y hermoso; tan erguido que mira de frente al cielo y desde la altura vuelve sus ojos hacia la tierra; no es como nosotras que nos arrastramos por el polvo, escondiéndonos de vergüenza ya que sólo inspiramos temor. Estoy de acuerdo, no podemos excluir al animal humano”.

Voló un águila, tomó el micrófono y afirmo: “nosotras junto con el cóndor somos del aire y del viento, pero un humano nos aventajó, construyó nidos volantes que llevan cientos de personas a alturas increíbles y a velocidades fantásticas, supersónicas. No se puede dejar a un lado al animal humano”.

Estando en estas, se acercó bramando un toro y con rabia mal disimulada se expreso así: “Estoy de acuerdo en que invitemos a este cobarde, porque a pesar de su osadía no es más que un cobarde. Reúne gente en un circo para que aplauda su valentía y en medio del licor, el colorido y los pasodobles vestido como un payaso se burla con jactancia de nosotros, y solo se nos acerca cuando ya estamos heridos y desangrados, para matarnos. Invitémoslo para que aprenda a respetar y se avergüence ante nosotros”.

Y en esta forma continuaron hablando, chillando, rugiendo y aullando mientras defendían la convivencia del SÍ a favor del animal humano.

Ahora corresponde el turno al NO”, rugió el jaguar.
 
Astuta y sagaz saltó una guacamaya, tomó el micrófono y gritó: "¡Por Dios, colegas! ¿Qué es lo que están proponiendo? ¿Se han vuelto brutos como los animales humanos? Me opongo rotundamente a invitar al animal humano a nuestras reuniones y para que no piensen que estoy parcializada o manipulada por el clientelismo y la corrupción, estos son mis motivos:
  1. El animal humano nunca ha podido vivir en paz. Si lo invitamos podrá desencadenar la guerra y nos hará pelear.
  2. Los animales humanos no respetan lo ajeno, acaban de firmar un acuerdo de Paz y el conflicto sigue; si se roban entre ellos mismos ¿qué harán con nosotros? A lo peor hasta terminarán eliminándonos como a los líderes sociales.
  3. El animal humano pocas veces dice la verdad y trata de engañarse y engañar a los demás por todos los medios a su disposición.
  4. No respeta las leyes, se excede, se embrutece, violenta a los demás, y hasta hace alarde de su maldad.
  5. Construye con esfuerzo casas y edificios, ciudades enteras y luego, en la guerra, con violencia explosiva, destruye las obras de sus propias manos.
  6. Se ataca con odio, con rabia, con locura; la venganza entre ellos es cosa común, no respetan ni a sus hembras ni a sus crías.
  7. Nosotros buscamos lo necesario para vivir con modestia, pero ellos suspiran por acumular y acumular, no hay límites a su ambición, por eso no viven en paz y por eso los atacan los virus y bacterias.
  8. Y por último y es lo más grave, el humano no respeta a la mujer, es un macho que ejerce el patriarcado; además, el humano no respeta la vida, vicia el aire, contamina las fuentes de agua, ensucia las ciudades, arrasa los bosques e inclusive mata irresponsablemente plantas, insectos, peces, mamíferos y aves -de las que me gustan como las gallinas-, cosa execrable aún para el reino animal y vegetal. Por eso, repito, me opongo a que el animal humano se siente con nosotros y nos degrade con su presencia.

La guacamaya bajó del podio y un gran silencio se extendió por la región. Todos cambiaron de parecer, votaron por el NO y esta es la razón por la cual jamás los animales nos invitan a sus reuniones.

Luego de este fenomenal relato, cierro la epístola teniendo claro que podemos salir delante de esta pandemia pero tenemos que cuestionar y reflexionar sobre lo que como humanos hacemos y erramos, así que no desfalleceremos. Y que el mensaje de cambio de actitud que nos mandan los animales hay que acatarlo, tomarlo en serio, porque en verdad son muchos los daños que como humanidad le hemos causado a la naturaleza.

Hasta pronto estimadas y estimados,

Con cariño,

Su profe Esperanza

Nota. Les recuerdo volver a leer a: 

Zuleta, E. (1996). Lógica y crítica. Lecciones de filosofía. (U. del Valle, Ed.). Calí.

Zuleta, E. (1997). La Educación un Campo de Combate. (Fundación Estanislao Zuleta, Ed.). Cali.

Novena carta: Estamos perdiendo la esperanza ¿qué podemos hacer?

Apreciados estudiantes, madres y padres de familia. (accede a la octava carta aquí)

Después de haber saboreado el dulce y el amargo del mensaje escrito por el estudiante me dispongo a la escribir la novena misiva, pero antes de que las ondas del pensamiento me notifiquen esas voces tiernas, frescas y sinceras, que están en algún lugar del país: <<¿cómo así dulce?>> y <<¿por qué amargo Profe?>> Hay un sabor dulce que embelesa y un trago amargo que me alarma.

El primero es el reconocimiento que hace el chico a la labor docente; el segundo, las condiciones adversas en que se hallan los educandos al tener cerrada literalmente la institución educativa, la soledad, los conflictos que genera el encierro y la manera en que los resuelven cuando dominan el aburrimiento, la intriga, la curiosidad, la duda, la euforia, el entusiasmo, la apatía, la antipatía, el poder, la soberbia, la cobardía, la pereza, la envidia, el hambre, la lucha por los espacios y tiempos, el egoísmo y el cansancio, como lo dejaba entrever El Principito en la Primera carta

En todo caso dulce y amargo son compatibles en el paladar, eso sí más el dulce que la amargura. En tal sentido, la generosidad, la belleza, la fe, la libertad y el triunfo son los mejores aliados. Para ilustrar un poco este llamado de atención, comparto la escena protagonizada por cinco tortugas alrededor de un abrelatas (Da Silva, 1993), cuya cardinal enseñanza es que <<no es grande el que siempre triunfa sino el que jamás se desalienta>>.  

Las tortugas tienen un mensaje

A la vera del camino están sentadas tres jóvenes tortugas con ochocientos años cada una; una tortuga vieja con mil doscientos años y una tortuga todavía muy pequeña con ochenta y cinco años. Como les decía, las cinco tortugas están sentadas y aún sostengo que ellas están realmente sentadas. Veinticinco años después del comienzo de esta historia la tortuga vieja abrió la boca y dijo: <<¿Qué tal si hacemos alguna cosa para romper la monotonía de esta vida?>> <<Formidable>> dijo la tortuga más joven, doce años después, y propuso:<< vamos a hacer un picnic>>. 

Veinticinco años después, las tortugas decidieron hacer el picnic. Cuarenta años más tarde, habiendo comprado algunas docenas de latas de sardinas y varias decenas de refrescos, partieron. Ochenta años demoraron en llegar a un lugar más o menos apropiado para el picnic.

<<¡Ah– dijo la tortuguita, ocho años después- este lugar está excelente!>>

Necesitaron siete años para ponerse de acuerdo todas las tortuguitas. Pasaron quince años y rápidamente arreglaron todos los menesteres para el picnic. Pero aunque suena inverosímil, tres años después, se dieron cuenta de que faltaba el abrelatas para las sardinas. Luego de 20 años de discusión llegaron a la conclusión de que la tortuga más joven debía ir a conseguir el abrelatas; obviamente, la razón no era por la vulnerabilidad de las tortugas adultas mayores ante la Covid-19.

<<Está bien -dijo la tortuguita tres años después- yo voy si me prometen que no van a tocar nada en mi ausencia>>. Trascurridos dos años las tortugas aceptaron que no tocarían nada, ni el pan ni los dulces. Entonces la tortuguita se fue por el abrelatas. Pasaron cincuenta años y la tortuguita nada que llegaba; no obstante, las otras continuaron esperando.

Transcurrieron siete años y nada, nueve años y nada. Al final una de las tortugas mayores murmuró: <<Se está demorando demasiado, ¿vamos a comer alguna cosa mientras viene?>> Dos años después las otras se negaron. Y esperaron diecisiete años más. Entonces otra tortuga dijo: <<Tengo mucha hambre, vamos a comer sólo un pedacito de dulce, que ella ni lo notará>>. Las otras tortugas dudaron un tiempo. Quince años más tarde pensaron que deberían esperar a la otra. 

Así pasó un siglo. Al final la tortuga mas vieja no pudo más y expresó: <<Bueno, vamos a comer solo unos dulcecitos mientras viene>> (imaginen qué pasó). Como un rayo cayeron las tortugas seis meses después. Y justamente cuando iban a morder el dulce oyeron un ruido en la mata que estaba detrás de ellas, pues era la tortuga más joven que hacía su aparición.  <<Ahhhh, murmuró- yo sabía, yo sabía, que ustedes no cumplirían lo prometido y por eso me quedé escondida detrás del árbol. Ahora no voy a buscar el abrelatas y listo>> 

Y colorín colorado este cuento aún no ha terminado, porque la lección que nos deja es que debemos untarnos todos los días de una loción muy apetecida que se llama: paciencia.

La paciencia es la clave

Paciencia deriva de paz, ese bien y derecho tan anhelado por los colombianos y por el mundo, que empieza por casa. <<La paciencia es buena para la vista (Saramago, 1995, p. 398)>> le dijo la chica de las gafas oscuras al impaciente médico que no podía recuperar la visión sobrevenida por una epidemia de ceguera, en un mundo que <<está lleno de ciegos vivos>> y en el que el pensamiento es cóncavo, convexo, plano, vertical, aplanado y la ceguera voluntaria.

¡Con paciencia! vamos lentos, como las tortugas, con los ojos abiertos porque la pandemia no es de ceguera sino de necro política, vayamos con la seguridad de que, así como los enfermos de ceguera recuperaron la visión luego de un tiempo de encierro en un manicomio, nosotros recuperaremos nuestro modus operandi, nuestros días de clase, nuestros encuentros, incluso el sueño de otra educación, de otros gobernantes, de un país y un mundo para los humanos y no para el capitalismo. Somos grandes y lo seguiremos siendo porque jamás nos desalentamos.              

Mis pupilas y pupilos: ¡nos veremos!

Nota. Les recuerdo consultar las siguientes lecturas:

Da Silva, E. (1993). Lectura y ciudadanía: Derrumbando los simulacros de la alienación. Primer Congreso Nacional de LecturaMemorias, 19.

Saramago, J. (1995). Ensayo sobre la ceguera. (Nomos S.A, Ed.). Bogotá DC.