La Familia post figurativa en el marco del Paro Nacional 2021

Los paros del año 2019, 2021 y otros han dejado entrever la actitud de gobernantes, ciudadanos, organizaciones sociales, niña/os, jóvenes y también de la familia. Sobre esta última institución se han destacado: el empobrecimiento, la enfermedad agudizada por la imposición de políticas económicas adversas al crecimiento humano y de naturaleza, el impacto de la crisis sanitaria ocasionada por el SARS-Cov-2, el problema de “La educación en casa”, la llamada violencia intrafamiliar y la actitud ante el comportamiento de los jóvenes protestantes, particularmente en la protección de la llamada primera línea y también en los intentos de control, de alguno/as manifestantes por una mínima cantidad de madres y padres de familia, quienes se atrevieron a reprender con soberbia a hijos e hijas en las manifestaciones. 

Con respecto a gobernantes, funcionarios, organizaciones sociales y protestantes ha corrido mucha tinta sobre el papel y se ha dicho bastante en pro y en contra a través de los medios de información; empero, acerca de los roles de los miembros de la familia es muy poco, salvo las noticias amarillistas que subestiman y ridiculizan esos actos de violencia contra las y los jóvenes que reclaman, indignados, los derechos de las y los colombianos. 

Esta actitud de madres y padres protectores, garantes, defensores de la vida de sus hijos e hijas y solidarios con la causa, que es nuestra causa, se opone a la de padres y madres de familia que salen a la calle a ejercer públicamente maltrato a sus hijos e hijas, pone de manifiesto el estado actual de la dinámica familiar, asunto que merece su análisis, porque eso hace parte de la violencia que hemos estado soportando desde hace décadas y también nos convoca a realizar mas cambios de fondo en dicha organización, pese a que ha sido una de las que más se ha transformado en el periplo de la historia (Tedesco, 1994, p. 67) . 

Los casos en los que padres y madres de familia han pasado por encima de la autonomía de sus hijos y no han tomado en serio sus reclamos a través del legítimo derecho a la protesta, y en cambio han pretendiendo afrentarla/os y reprimirla/os en el espacio público, verbi gracia en Bucaramanga (2019), en Armenia (2020) y en decenas de lugares de la geografía nacional, tan solo por citar dos ejemplos publicitados, dan cuenta de la normalización de la ciudadanía de la violencia intrafamiliar en el espacio privado y en el espacio público. Interpelan, también, a vuelo de pájaro, cinco estudios publicados en la segunda mitad del siglo XX, para ir desenredando la madeja de violencia interna y externa que ejercen algunos miembros de la familia y así poder avanzar en la consecución de la verdadera democracia. El primero es el de Padres problema y los problemas de los padres, el segundo Pedagogía del oprimido, el tercero, Por tu propio bien, el cuarto, Cultura y compromiso. Estudio sobre la ruptura generacional y, el quinto, El niño otro oprimido

Es verdad de Perogrullo que en un ejercicio escritural como el que nos ocupa no se alcanzan a referenciar los contenidos de estas y otras investigaciones, solo traigo a colación este quinteto para provocar la lectura y el debate en la familia, en la escuela y en la sociedad, ya que las actitudes referidas de padres y madres de familia son la punta del iceberg que indica unos síntomas que exigen el estudio de sus causas. El autoritarismo, la represión, la muerte, las agresiones sexuales, el odio y la venganza son algunos de esos síntomas que tienen como causa prácticas de crianza en “la célula de la sociedad”, en ese “núcleo del modelo de vida política y social” (Kadmon, 2017, p. 27), tesoro que presumía la cristiandad occidental.   

En el primer caso, Neill, apoyado en los hallazgos de la escuela de Summerhill, sostiene que el amor y la libertad son los cimientos imprescindibles en la formación de hija/os y educandos, pero no alude al amor cristiano que reclama la sumisión y la obediencia. “Si un muchacho se siente amado y animado…se convertirá en un adulto más feliz y maduro” y a renglón seguido apunta: “el castigo es siempre un acto de odio y el odio no puede generar sino odio” (Neill, 1994). Sobre la obra de Freire no me detengo, porque parto de la seguridad de que no es desconocida para los lectores. La tercera referencia proviene de la psiquiatría y del psicoanálisis y de ella se destaca la interpretación que Alice Miller hace del rol de la familia cuya fuente de autoridad “viene de Dios”, particularmente en la apelación al cuarto mandamiento de su ley: “honrar a padre y madre” (Miller, 2009) y el daño que eso ha causado en la sociedad. Y, hablando de mandamientos, merece especial atención, en el marco de los paros, la relación entre el quinto mandamiento de dicha ley: “no matar” con el eslogan de la policía: “Dios y patria” y la praxis que hace esa institución de la doctrina religiosa acogida a mediados del siglo XX y sobre la cual la jerarquía y la feligresía católica poco o nada ha dicho.  

La siguiente referencia es la de una gran estudiosa de la cultura: Margaret Mead, para quien la familia se mueve en tres tipos de cultura: pos figurativa, pre figurativa y cofigurativa. En la primera, tanto hijos como hijas aprenden y reproducen prácticas de los mayores; en la segunda, son los mayores quienes aprenden de los menores y, en la tercera, niñas, niños y mayores lo hacemos de los coetáneos. De las tres, la mas indicada para la convivencia y la verdadera democracia es la cofigurativa. La última referencia, atañe a un psiquiatra y psicoanalista colombiano Álvaro Villar Gaviria, quien retoma los aportes de Neill y de Mead para analizar la situación de la familia colombiana y en su interior al niño y la niña, lo mismo que la escolarización y la mujer que, dicho sea de paso, históricamente ha estado soportando la peor parte (Villar Gaviria, 1986, p. 30). 

De las investigaciones del extinto profesor se extractan algunas expresiones que, pese a que han transcurrido más de cincuenta años, están al orden del día en la concepción de los hijos e hijas como propiedad privada de los padres de familia y que justifican su modo de proceder. “Puedo mandarlo porque es mi hijo”, “soy yo quien se lo permite y nadie mas”, “si no haces tal cosa…”, “ si no te portas como a mi me gusta…”, “si no piensas como lo hago yo…”, si no te vistes como debe ser…”, “si no te gusta así pues te puedes ir”, “acá mando yo”, “usted no se manda sola/o”, “tienes que comportarse como hombre”, “primero pasa por encima de mi cadáver antes de yo dejarme mandar”  y podemos acrecentar la lista de expresiones para colegir que el modelo de familia post figurativa se resiste a la transformación y que a cambio de la cooperación y la ayuda mutua, entre padres e hija/os, lo que se instituye es la sumisión incondicional, la arbitrariedad, altas dosis de egoísmo, el sometimiento, el capricho, la ignorancia y el autoritarismo. 

Los acontecimientos del paro nacional, entonces, no pueden quedarse solamente en enunciar una serie de acontecimientos violentos (repudiables por supuesto) acaecidos, sino que nos emplazan a preguntarnos por sus causas y a actuar sobre ellas. La actitud de la policía, de algunos representantes de credos religiosos, el accionar de congresistas, ministra/os, funcionarios estatales, empresarios, organismos de control, presidencia y vicepresidencia de la república, son síntomas de una sociedad patriarcal, machista, enferma, de un Estado mórbido que merecen una profunda intervención sobre la base de sus causas para que podamos ser y para tener “una sociedad que se quiera más a sí misma”.

Esa actitud patriarcal, indolente, arrogante, represiva y evocadora de la sumisión, requiere cambiarse desde la “célula” para que el cuerpo se alivie, sane sus cicatrices; también debe pasar por la escuela con la coeducación en la que la igualdad de género sea instituyente y debe también comprometer al Estado y a la sociedad con la escucha a niña/os y jóvenes.

Es momento de que empecemos a escuchar con atención y con respeto a nuestros jóvenes, escribía Sandra Borda sobre el paro en 2019. “Es hora de conocerlos más comprensivamente y de dejar de silenciarlos a punta de gases lacrimógenos y de aturdidoras, porque en lo que llevan rato tratando de decirnos puede estar la clave de una verdadera transformación política y social del país” (Borda, 2020, p. 75).     

Fuentes consultadas   

Borda, S. (2020). Parar para avanzar. (Editorial Planeta Colombiana S.A, Ed.). Bogotá Colombia.

Kadmon, A. (2017). Panero y la antipsiquiatría: Dolor, magía y locura. (La RECI, Ed.). San Cristóbal de las Casas, México.

Miller, A. (2009). Por tu propio bien. Buenos Aires: Tusquets Editores.

Neill, A. S. (1994). Summerhill. (Fondo de Cultura Económica, Ed.). Bogotá Colombia.

Tedesco, J. (1994). El nuevo pacto educativo. (Grupo Anaya, Ed.). Madrid.

Villar Gaviria, A. (1986). El niño otro oprimido. (C. V. Editores, Ed.). Bogotá DE.

Publicado por

Jose Israel Gonzalez Blanco

Escritor. Trabajador social de la Universidad Nacional de Colombia. Pedagogo Reeducador, Magister en Educación Comunitaria. Activista por los derechos humanos y la salud mental. Miembro del Colectivo Caja de Pandora

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