Minizar los duelos es perjudicial para la salud

Carta # 13: minimizar los duelos es perjudicial para la salud

Carísimos estudiantes, madres y padres de familia. 

La epístola anterior, al igual que la Octava carta enviada por uno de mis estudiantes, me ha dejado un agridulce muy penetrante. Ya se estarán preguntando ¿por qué profe? ¿qué pasó esta vez? El suceso está en la agudeza de la situación que están afrontando los educandos en esta cuarentena destinada al cuidado, autocuidado de la existencia y a la prevención de la salud y a la promoción del bienestar. 

Rebeca es el espejo de miles de niñas, niños y jóvenes que no tienen garantizada la protección de su integridad física y mental por parte de su familia y del Estado. La educación no es una condición suficiente como lo son: la alimentación, el sueño, el ejercicio, el mínimo vital, el buen trato, las relaciones y la salud. A Rebeca, su prima, sin saber por qué comía tierra húmeda y cal, le prescribió una pócima de jugo de naranja con ruibarbo, serenada la noche anterior para que el hígado de la niña le reaccionara; untó el patio con hiel de vaca, le embadurnó las paredes con ají y como si fuese poco le propinó tundas y correazos. 

El dolor que la niña transporta en su equipaje, compuesto por un baulito de ropa, un pequeño mecedor de madera con florecitas de colores pintadas a mano y en el talego de lona con los huesos de sus ascendentes, no fue leído por Úrsula como una puerta a la posibilidad de apoyarla en su tramitación y elaboración de los duelos. Parafraseando a El principito, lo esencial de los niños y de las niñas, como en este caso, es invisible a los ojos de los adultos y esa invisibilidad lleva a tomar decisiones desafortunadas.    

El viaje familiar en tiempos de pandemia contiene episodios de los que da cuenta el viaje de Rebeca. Son vicisitudes perceptibles a nuestros ojos de las que se ocupa más de un docente pensando en la situación de los educandos, porque nosotros y sobre todo nosotras vamos más allá de la cuestión escolar. 

En 2018, según los datos del escritor Ricardo Silva Romero, más de 12 millones de colombianas son madres solteras (Silva Romero, 2019); es decir, de cada 10 mujeres 6 son madres solteras y la gran mayoría son jóvenes y tienen hijos en edad escolar. Ellas hoy están recargadas con las labores de cuidado que sostienen a la sociedad porque están en la casa cuidando a los hijos, pero muchas lo están haciendo sin las mínimas condiciones mínimas de sobrevivencia y eso causa angustia, miedo, estrés y depresión tanto en niños, madres y educadores. Bertold Brech, dramaturgo alemán, advertía que a una persona que no come no se le puede exigir moral.      

Cuando uno bucea en cifras sobre la convivencia familiar encuentra datos como los siguientes: 86% del total de la violencia sexual, entre 2017 y 2018, según el violentómetro de SISMA, fue contra niñas y adolescentes. Esas cifras están distribuidas así: el 39,97% en el rango de 10 a 13 años; y 24,84% entre 5 y 9 años. Pero hay un agravante: por encima del 70% en esa práctica, participan familiares y el lugar es la residencia de las menores (González, 2018, p. 143). La vida de las mujeres peligra en este país por la condición de ser mujeres, y uno de los lugares en los que más peligro corren en su propia residencia.

Y como si no fuese grave lo anterior, cada 12 minutos una mujer, entre 20 y 34 años es violada por su pareja o expareja y cada 32 minutos una mujer fue agredida en el ámbito familiar. ¿Ahora si comprendemos las razones de la guacamaya y de los animales para no invitarnos a sus reuniones? 

No terminaba aún de leer estas cifras cuando veo en el correo un nuevo mensaje, esta vez de la docente orientadora del colegio, quien se ha puesto la 10 y viene siguiendo, paso a paso, los contenidos de nuestras cartas. Con respecto a la enseñanza virtual Ella apunta: “el tiempo de tareas no debería exceder las horas habituales de estudio. Incluso pueden ser menos, porque todas las dificultades que hay en las casas, lo que genera es que cumplir con muchas tareas y sobre todo si implican materiales o uso de internet que muchos no tienen, lo que está generando es complicar aún más la situación del encierro”. 

Una cosa -nos hace caer en cuenta la docente orientadora-, es confinarse con la alacena llena, con casa propia, con un padre y una madre, con libros en casa, con trabajo y salario, con play, con internet, con plan complementario, con minutos en el celular, con una cama propia y otra, muy distinta, sin nada de eso o con muy poco”

En cuanto al día a día de nuestras chicas y chicos escribe: “muchos estudiantes han tomado una avena al día, otros deben hacerse cargo de los oficios, del cuidado de los más pequeños cuando el adulto debe salir a rebuscarse, so pena de contagiarse; otros, tienen a sus madres o padres enfermos o están enfermos ellos mismos, sin poder ir al hospital; para otros por problemáticas previas, estar en casa con sus propios maltratadores es intolerable emocionalmente. Incluso, en nuestras propias familias puede estar pasando algo así.”

En lo atinente al rol nuestro como maestras, maestros y directivos docentes, Ella sostiene: “esta experiencia debe invitarnos a transformar, no solo a cambiar los medios o estrategias de enseñanza-aprendizaje, no es sólo cambiar de cuaderno a clase virtual o guía virtual, sino los principios, valores y sentido de ese proceso educativo. El cambio no ha de ser solo de forma sino de fondo”. En ese raciocinio nos interpela con las siguientes preguntas: 

¿Qué deben aprender nuestros estudiantes en este tiempo de crisis mundial? ¿Qué contenidos son realmente importantes para transformar las evidentes condiciones de desigualdad? A no ser que pretendamos seguir en ella… ¿Qué experiencias de aprendizaje puedo aportarle yo como docente a los estudiantes para fortalecer sus capacidades? ¿A qué población escolar estoy dirigiendo mi saber? (porque las enormes diferencias de contexto social quedan develadas). ¿Qué experiencias puedo generar para fortalecer el desarrollo científico, lingüístico, creativo, socio afectivo, y crítico? ¿Qué puedo aprender yo como ciudadanx que hago parte de la crisis y qué puedo aprender de esta misma experiencia como maestrx? ¿En estas mismas condiciones y sentidos, debo evaluar? ¿Qué puedo evaluar? ¿Cómo? ¿Qué vínculos estoy generando en mi familia, mi comunidad y mis estudiantes, ese vínculo fortalece o debilita? ¿Mi acción pedagógica qué aporta en todo esto? Luego de pensar en estar preguntas…tal vez podamos hablar de estrategias o de “aprender en casa.”

Muchas gracias por su atención chicas, chicos, padres y madres.   

Nota. Recuerden siempre consultar a las autoras y autores de los escritos referidos virtualmente o en los libros impresos si los tienen. 

González, J. I. y otros. (2018). Pasado presente de la Orientación Escolar en Bogotá y en Colombia. Pedagogía, historia e investigación. (E. Magisterio, Ed.) (Primera ed). Bogotá DC.

Silva Romero, R. (2019). Historia de la locura en Colombia. (Intermedio editoresSAS, Ed.) (Primera ed). Bogotá DC.

Publicado por

Jose Israel Gonzalez Blanco

Trabajador social de la Universidad Nacional de Colombia. Pedagogo Reeducador, Magister en Educación Comunitaria y activista por los derechos humanos y la salud mental.

2 comentarios en “Carta # 13: minimizar los duelos es perjudicial para la salud”

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