Octava carta: Extraño mucho a mis profes

Queridos estudiantes, queridas madres y queridos padres de familia.

En la carta anterior di unas puntadas en el dedal de la reflexión para que el contenido de la presente tenga su justa valoración, precisamente en el Día de la Maestra y del Maestro

¡A disfrutar la lectura!

Profe, atendiendo sus buenos caprichos y teniendo en cuenta que de verdad esos manes que la profe menciona le enseñan a uno mucho, yo quiero también responderle sus cartas parafraseando a uno de esos cracs de la literatura colombiana. Ahí va. Espero que le guste.

Lo que en realidad hacen las profes, día tras día, es tomar a los niños y a las niñas de la mano y llevarla/os a pasear por las letras, por los caminos de la patria y las orillas de los mares. No se cansan ellas, las profes y los profes, de enseñarnos a viajar y a descubrir el mundo. En sus cartas por la pandemia nos invita a viajar virtualmente, a navegar por internet, pero muchas y muchos no lo podemos hacer, porque no tenemos los medios. Nuestra única herramienta es la imaginación, los dibujos en el cuaderno, sus cartas y la imaginación. Los viajes por el interior del salón de clase, por el patio de recreo, por el barrio y la vereda nos hacen mucha falta. ¡La profe no se puede sustituir por un aparato! ¡Queremos volver a estar juntos pronto profe!. Queremos volver a celebrar su día con ponqué Ramo, gaseosa, maíz pira … con un compartir.

En la fibra de los tableros, oscura pero honrada, la profe dibuja ríos y volcanes, cordilleras y sumas inocentes, hasta que nosotras y nosotros intentamos comprender, con alegría y con asombro, que son muchos los nombres de la vida. La alegría que cada día nos inyecta en el salón de clase nos hace mucha falta profe, esa es la vacuna que necesitamos; por acá la tristeza nos embarga porque no hay comida y porque el hacinamiento nos genera malestar y entonces terminamos de pelea todas y todos.

Parte de lo que somos todas y todos lo debemos a las profes dice ese crac de la literatura. Ellas y Ellos nos han dado en la infancia, y lo siguen haciendo, un poco de su sangre, mucho de su amor y de su espíritu. Lo que nos enseñaron y nos siguen enseñando, a mañana, tarde y noche, con entusiasmo y buena voluntad, se confundió con nuestra vida, con nuestros sueños y esperanzas.

Las profes y los profes no se cansan de dar clase así haya pandemia, así llueva o truene, como gritan en la calle en el paro. A cambio de muy poco entregan su existencia, a manera de una llamita diaria y generosa para que no nos falte luz en las escuelas y para que aprendamos a amar la claridad, a veces a la vera de la obscuridad. La profe rural ilumina los campos, y la que trabaja en los suburbios de las ciudades y pueblos alumbra a los hijos e hijas de los trabajadores y les enseña a construir, sobre la pizarra o en la tableta, letra por letra, las primeras palabras, los primeros versos en español y en el idioma de los gringos.

Las profes y los profes, en medio del olvido, la ingratitud, la enfermedad y la pobreza en que a veces vivimos, hacen el más noble de los oficios: amasan el futuro de la patria, al inclinarse sobre nosotras y nosotros, como los panaderos sobre el trigo, para darnos consejos amorosos y lecciones elementales. Por eso, profe Esperanza, no es fácil comprender el mundo de las profes y de los profes, como Usted profe, un mundo aparentemente pequeño, pero en realidad grande, lleno de ternura y de mucho coraje; de ahí, que es un deber y una necesidad de la nación entera quererlos, cuidarlos y tratarlos bien y no como lo sigue haciendo el gobierno.

Todos estamos en deuda con las profes y con los profes, y si es verdad que aspiramos a hacer de Colombia una fuerza noble, equilibrada y al alcance de los niñas y niños, tenemos que contar con ellas y ellos, en primera instancia, y reconocer que es en sus manos y en su corazón en donde nace el porvenir y empiezan a crecer cosechas humanas. También los días de sol, de lluvia, de frío, de dolor y de pandemia son profes de escuela, de colegio, de “trabajo en casa”: Nos agrupan a los niños, niñas y jóvenes bajo la bóveda celeste para enseñarnos historias luminosas, como las que la profe nos está mandando en estos días que nos sentimos solitas y solitos, aunque estemos con mas familia, estamos en la mala.

Me queda mucho por decir Profe, pero eso lo haré en el colegio cuando retorne, espero que nos den el tiempo para contarles. Vendrán tiempos peores y tiempos mejores siempre y cuando los niños, niñas, jóvenes y adultos nos comportemos responsablemente, como lo dice la profe en sus bendecidas cartas sobre El viaje familiar en tiempos de pandemia.

Te quiero mucho, te mando un montón de abrazos en este día tan raro. ¡Saludos a las otras profes!

Aquiles Pinto Casas.

 

Publicado por

Jose Israel Gonzalez Blanco

Sativanorte (Boyacá). Maestro de Escuela la Normal de Soatá. Trabajador social de la Universidad Nacional de Colombia. Pedagogo Reeducador, Magister en Educación Comunitaria, diplomado en DDHH. Trabajador social del colegio Distrital Nuevo Horizonte de Bogotá.

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