El trastorno del sueño en tiempos del Covid-19 ¿Cómo prevenirlo y cómo potenciar el bienestar?

 El trastorno del sueño en tiempos del Covid-19: ¿Cómo prevenirlo y cómo potenciar el bienestar?

Estamos frente a una situación que nos ha traído muchos cambios en nuestro modo de vivir y de actuar: modus vivendi, modus operanti. De estos cambios hay quienes, de manera inmediata nos percatamos y sentimos sus efectos; hay personas que hasta ahora lo están reconociendo y aún hay quienes se niegan a aceptar lo que está pasando. Si nos detuviésemos por un instante a valorar lo dicho, llegaríamos al acuerdo de que por esos tres momentos, que componen un duelo, iremos pasando todas y todos consciente o inconscientemente.

Gran parte de los cambios ocasionados por el Covid-19 no han favorecido nuestros deseos y expectativas, tampoco nuestros hábitos, sentimientos, emociones, lo cognitivo, la percepción, la conducta, el ser, en fin, nuestro comportamiento individual y colectivo. Hemos percibido temor, incertidumbre, ansiedad, angustia, desasosiego, rabia, irritabilidad, embotamiento, impotencia, desinterés, preocupación, despreocupación, molestias físicas, trastornos digestivos, cansancio, debilidad, insomnio, somnolencia, pesadillas y hasta la alteración de la percepción de uno mismo, expresiones que no eran comunes hasta antes de la pandemia.

Hemos tenido, en distintos niveles y circunstancias, alteraciones en la claridad mental, la lucidez, concentración, atención y trastornos de la memoria y del pensamiento. Los gustos, la motivación, el apetito, los juegos de roles, los deseos, el proyecto de vida y hasta hemos estado muy cerca al estrés, la soledad, la ansiedad y de pronto de la depresión.

¿Y a qué viene esta lista sentimientos, emociones y comportamientos?

Viene a que nos ocupemos del sueño, de ese proceso fisiológico reparador, y para hacerlo qué mejor que comenzar por recordar aquella enfermedad que atacó a Macondo: La peste del insomnio. La peste- como ustedes recordarán- provino del municipio de Manaure, a través de Rebeca, una niña huérfana que llegó a la casa de José Arcadio Buendía, con un baulito de ropa y un talego de lona con los huesos de sus padres. A Rebeca le detectó la peste Visitación, una indígena Guajira quien estaba huyendo, con su hermano, de dicha peste. Una vez detectado el insomnio, aislaron a Rebeca, una niña que, dicho sea de paso, presentaba muchos problemas de comportamiento y ante lo cual Úrsula le echaba hiel de vaca en el patio, le untaba ají picante en las paredes y le suministraba, todas las mañanas, una pócima de jugo de naranja, serenada la noche anterior, con ruibarbo, para que no comiera tierra húmeda cuando estaba sola. (Hagamos una pausa para preguntarnos: ¿Con qué y cómo estarán los padres de familia corrigiendo a nuestros chicos y chicas en la pandemia?)

La peste cundió en todo el pueblo, pero el mismo pueblo buscó las formas de protección y autoprotección de la máxima amenaza que era el olvido. Para ello marcaron cada cosa con su nombre, pero también registraron los rasgos, por ejemplo, de la vaca escribieron: hay que ordeñarla todas las mañanas, la leche hay que hervirla, mezclarla con café y así obtener café con leche para tomar. José Arcadio Buendía, más precavido, construyó la máquina de la memoriacon 14.000 piezas, hasta que llegó Melquiades con la sustancia de color apacible que al ingerirla José Arcadio restableció la luz en la memoria y en la de los habitantes, superándose así la epidemia y retomando el pueblo a la cotidianidad.

Todas y todos recordamos que en la primigenia la peste no se vio como amenaza sino como una posibilidad de aprovechar mejor el tiempo, hasta que transcurrieron 50 horas sin dormir. Ese hecho, en nuestro medio, podría leerse, como trastorno de sueño, cuyas expresiones pueden ser, despertarnos sin motivo, tener pesadillas, dormir más tiempo del de costumbre, dormir menos tiempo del acostumbrado, dormirse más tarde o más temprano, levantarse más tarde o más temprano, demorar en dormir, dormir en horas no acostumbradas, tener pesadillas, despertarse asustada o asustado y otros arrebatos. 

Qué nos recomiendan:

Mantener un horario estable con hábitos de aseo, buena alimentación, trabajo y ocio. Hacer ejercicio físico no en tiempo cercano al acostarse; ingesta de una cena suave siquiera dos horas antes de acostarse; no usar la cama como sitio de trabajo, tampoco llevar al celular ni el computador, ni el tv a la cama; desconectar todos los artefactos eléctricos menos el marcapasos; mantener la obscuridad; respirar bien; relajarse en vísperas del ritual del sueño mediante masajes, yoga, meditación al levantarse y al acostarse; descansar; además de darse su baño de sol y aire, dese la oportunidad de desintoxicarse de esos pensamientos que le atormentan, esclarezca los temores que le asisten, a la luz del sol y no con la obscuridad.

Sea realista, básese en datos objetivos de fuentes confiables; no consuma noticias falsas; destine un tiempo corto para informarse a través del celular, la tv, la radio u otro medio. Controle sus emociones y no se sugestione negativamente; duerma entre 6 y 8 horas. ¡Esa fue una de las conquistas de las y los héroes de Chicago!

¡Así el cuerpo se lo pida no haga siestas superiores a 30 minutos, máxime si nota que lo desvelan en la noche! Igualmente, no consuma drogas sin prescripción médica.

¿Por qué son importantes estas recomendaciones?

  1. Somos seres humanos y como tales tenemos una composición biológica, por eso decimos que el sueño es un proceso fisiológico y como tal funciona con la química y con la física de nuestro organismo.
  2. Nuestro cuerpo funciona electromagnéticamente y viene programado para la luz diurna azul y para la obscuridad. La obscuridad es para dormir.
  3. El cerebro, de acuerdo con la información que le manda el Sistema Nervioso Central y el Sistema Periférico, produce las hormonas que requiere el organismo para el bienestar o para estar en alerta. La serotonina, la dopamina y la noradrenalina son neurotransmisores que fortalecen el ánimo, la alegría, son las “hormonas de la felicidad” que contribuyen con el excelente funcionamiento del cuerpo incluido el dormir bien. Si alguno de nosotras o nosotros se acuesta con la impresión de que algo negativo va a ocurrir pues el organismo produce cortisol y así mantiene alerta el cuerpo trastornando el sueño.

Podemos cerrar esta conversación afirmando que una de las tantas pérdidas, en esta pandemia, ha sido la habituación que traíamos en el sueño. Se han alterado, en muchos casos, la cantidad y calidad del mismo, pero podemos mejorar, a través de la detección de síntomas, la prevención de hechos que deterioren nuestra salud física y mental y la promoción de la misma en la cotidianidad.

José Israel González Blanco

Publicado por

Jose Israel Gonzalez Blanco

Sativanorte (Boyacá). Maestro de Escuela la Normal de Soatá. Trabajador social de la Universidad Nacional de Colombia. Pedagogo Reeducador, Magister en Educación Comunitaria, diplomado en DDHH. Trabajador social y orientador escolar en Bogotá Colombia

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