Su majestad, el biberón

Del 1 al 7 de agosto de 2019 la Organización Mundial de la Salud y la UNICEFcelebraron, en más de 170 países, la Semana Mundial de la Lactancia Materna conmemorando la Declaración de Innocenti. La actividad le apuesta a fomentar la lactancia materna y a mejorar la salud de los bebés de todo el mundo…reforzamiento de una “cultura de la lactancia materna”y su vigorosa defensa contra las incursiones de la”cultura del biberón”

La Declaración de de Innocenti y las cifras colombianas.

La Declaración de Innocenti, firmada el 1 de agosto de 1990 en Florencia Italia, reconoceque la lactancia exclusiva, en los seis primeros meses de existencia del ser humano y complementar el amamantamiento con otros alimentos durante los 18 meses siguientes, provee la nutrición que requiere el ser humano para su formación psicobiológica y social; contribuye con el saludable crecimiento y desarrollo en todas sus dimensiones; reduce la incidencia, la severidad de las enfermedades infecciosas, la morbilidad y la mortalidad infantil; coadyuva con la salud de la mujer reduciendo el riesgo de cáncer ovárico y del pecho; provee beneficios sociales y económicos a la familia y a la nación. La declaración también establece unas metas que debían cumplirse en 1995 relacionadas con la instalación en las políticas sociales de una estructura gubernamental garante del cumplimiento de la Declaración diseñando estrategias de acción para la protección, promoción y apoyo a la lactancia materna, incluyendo una monitorización y evaluación global de esas estrategias

Han pasado tres decenios de promulgada la Declaración y los resultados evidencian una realidad adversa a lo rubricado. Hoy hay niños y niñas que están muriendo de hambre, también por desnutrición y malnutrición. La FAO, el 15 de julio pasado, entregó los resultados del nivel nutricional de los habitantes del mundo. Según el informe, en Colombia, para no hablar de los vecinos ni del mundo, 2,4 millones de personas (4,8%) aguantaron hambre en el trienio 2016–2018. Las manifestaciones del “hambre oculta” como la anemia, en mujeres en edad reproductiva pasó del 22,1% en el año 2012 al 21,1% en el año 2016. En los niños la anemia está por el orden del 25% según los estimativos del Instituto Nacional de Salud. La baja talla para la edad, que afecta a medio millón de niños y niñas menores de 5 años y, el aumento progresivo del número de adultos mayores de 18 años que sufren de obesidad pasó de afectar a 6,3 millones de adultos en 2012 a 7,5 millones en el año 2016.

El 27 % de los niños, entre el primer año de vida y el cuarto, tienen deficiencia de vitamina A. El 28 % de las gestantes poseen anemia y el 44 % de las gestantes tienen deficiencia de hierro”, según el Instituto Nacional de Salud. Y eso que Colombia se comprometió con la seguridad alimentaria en el Objetivo de Desarrollo Sostenible “Hambre Cero”.

¿Y las campañas contra “cultura del biberón”?

En los últimos decenios la economía del mercado ha cambiado notoriamente la cultura. La postguerra trajo consigo el concepto de desarrolloque no es más que subdesarrollo y el concepto de necesidadligada al consumo. Hay quienes sostienen que esto hace parte de la segunda colonización, la primera fue la de los españoles de la cual festejamos ilusamente su independencia en actos como los del Bicentenario. Dentro de esta nueva dinámica desarrollista aparece el Control de la natalidad (recuerden la teoría de Malthus, el Club de Roma) y el biberón, que convirtió al tradicional infante de pecho en el bebé moderno y empujó a la mujer al empleo industrial, comercial y de servicios. La antisepsia, la inmunización y la dietética del bebé moderno se alteran, no solo por la ingesta del funesto azúcar de la leche sustituta de la leche materna, sino por los mismos contenidos y conservantes de la leche que impone el mercado de las multinacionales y por la desnaturalización de la relación madre-hijo.

Los estudiosos del comportamiento social y cultural de los seres humanos: psicólogos, docentes, psicopedagogos, psiquiatras, trabajadores sociales, sociólogos, filósofos, fonoaudiólogos, antropólogos, entre otros, deberíamos investigar, mas afondo, en las prácticas de crianza de niños, jóvenes y adultos la etiología de los problemas psicológicos, emocionales, de aprendizaje, de salud mental y anatómica, entre otros malestares. Son escasas las referencias que se hacen, al uso del biberón, en el estado del arte de los problemas de salud de los colombianos.

Desde que Rousseau escribió sobre la educación de los niños en su magna obra Emilio o de la educación(Rousseau, 2006)y Freud señaló que los orígenes de la personalidad humana se encontraban en la primera infancia, muchas generaciones de psicólogos, filósofos y educadores han tratado de investigar lo que se entiende por experiencia temprana y por aprendizaje temprano y la manera como influyen en la vida de una persona.  El acceso al biberón, el uso y abuso es una experiencia temprana que merece ser investigada para comprender, precisamente, cómo ha influido en los colombianos. Rubén Ardila, en uno de sus estudios sobre Pautas de crianza en los niños colombianos, decía, en los inicios de 1980: “el estudio del niño colombiano tiene importancia fundamental para entender la psicología del hombre colombiano” (Ardila, 1986, p. 86).

Se requiere ser un buen observador para percibir la desnaturalización ocasionada con el ingreso del biberón al hogar por la tensión física, psíquica, des afectiva, incomunicacional y emotiva que genera y sigue ocasionando. En 1960, el 96% de las madres de un país suramericano cuyo nombre dejo a la imaginación del lector, daban leche materna a sus hijos hasta después del primer año. Una década después, luego de un adoctrinamiento político con la teoría desarrollista, o segunda colonización, “solo el 6% amamantaba por más de un año y el 80% destetaban antes de que la criatura cumpliera dos meses. Como resultado, el 84% del potencial de leche humana quedaba sin producirse, emplazando así la producción de la leche de 32.000 vacas” (Illich, 2005, p. 604), con nefastas consecuencias para el ambiente (calentamiento global). Darle pecho a un niño o niña, durante los dos primeros años de existencia, vale por suministrarle el equivalente nutricional de 436 litros de leche de vaca al año.

El biberón, además de la desnaturalización ha traído consigo desnutrición endémica en los hogares y países empobrecidos, que cada año celebran el día de la madre y de la independencia contemplando la sobrealimentación patológica en los países colonizadores y con indiferencia ante los oprimidos. A propósito de las vacas, hago un paréntesis para comentar que según Fedegan en Colombia había, hasta el año pasado, 28 millones de vacas y este año han ingresado por contrabando alrededor de 4 millones, es decir,  32 millones de reses que alimentan el calentamiento global y se pelean el oxigeno con 47 millones de colombianos mal contados y con la cantidad de maquinaria cuyos combustibles provienen del carbón y el petróleo.

Una de las metas que contiene laDeclaración de Innocenties el reforzamiento de una “cultura de la lactancia materna.” En la Semana Mundial de la Lactancia Materna conmemorando la Declaración de Innocenti, en 2019, ¿Dónde están las campañas de sensibilización y concientización para padres, madres, empresarios, profesionales de la salud, educadores, niños, jóvenes, adultos, adolecentes, funcionarios y gobernantes que le apuesten a fomentar la lactancia materna, a mejorar la salud de los bebés, a defender vogorosamente la ingesta de la leche materna y contra el uso del biberón?

Si los datos oficiales señalan, a la fecha, que en los niños la anemia está por el orden del 25%; que la baja talla para la edad afecta a medio millón de niños y niñas menores de 5 años; que el 27 % de los niños, entre el primer año y el cuarto, tienen deficiencia de vitamina A; que el 28 % de las gestantes tienen anemia y el 44 % tienen deficiencia de hierro”. Sin duda que estas deficiencias tienen que ver con la falta del amamantamiento o del destete temprano. ¿Qué esperan el gobierno y las entidades del ramo para impulsar políticas de promoción del consumo de leche materna para ir previniendo, sin mayores costos, la baja morbilidad y mortalidad infantiles que elevados precios en vida y económicos le acarrean a la sociedad y al Estado? Ojalá este tipo de campañas no sea más vino nuevo envasado en botellas viejas.

 Algunas fuentes consultadas

Ardila, R. (1986). Psicología del hombre colombiano. (Planeta Colombiana Editorial S.A, Ed.). Bogotá Colombia.

Illich, I. (2005). Obras reunidas. (FCE, Ed.). México DF.

Rousseau, J. J. (2006). Emilio o de la Educación. (Barbera editores, Ed.).

 

http://www.unicef.org/spanish/nutrition/index_24807.html

http://www.fao.org/colombia/noticias/detail-events/es/c/1202301/

 

 

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Publicado por

Jose Israel Gonzalez Blanco

Sativanorte (Boyacá). Maestro de Escuela la Normal de Soatá. Trabajador social de la Universidad Nacional de Colombia. Pedagogo Reeducador, Magister en Educación Comunitaria, diplomado en DDHH. Trabajador social del colegio Distrital Nuevo Horizonte de Bogotá.

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