Educación Libertadora: Simón Bolívar un ejemplo para repensar el sistema educativo.

Es del resorte de las maestras y los maestros, en el contexto del Bicentenario, preguntarnos por la influencia de la educación en la formación del libertador de cinco repúblicas. La respuesta, sin duda, lactará la reflexión sobre todo para quienes, a diario, lidiamos con estudiantes “indisciplinados”, inquietos, rebeldes e inquietos. La historia educativa de Simón Bolívar es un ejemplo de transformación y potencialización del ser humano, por encima de las adversidades familiares, escolares y de personalidad. 

Simón Bolívar: un niño difícil de soportar, voluntarioso, criado por una esclava.

Simón Bolívar nace de la relación entre una mujer quinceañera y un cuadragenario cónyuge. Su madre, según las crónicas, era una mujer bella, de “instintos recios” que solo eran reprimidos superficialmente por la severa educación acostumbrada en la colonia para la mujer, ambiciosa de éxitos. La vida de su padre transcurrió muy holgadamente, pues gran parte de las preocupaciones se detenían en resolver los problemas propios de la administración de su fortuna.

Simón, desde el momento del nacimiento, fue entregado al cuidado de otras personas, una de ellas a la negra Hipólita, una fiel y abnegada servidora de la familia Bolívar. El hijo de Don Juan Vicente, entonces, no contó con los cuidados especiales que inspira el afecto maternal, porque su progenitora ya presentaba los primeros síntomas de una grave enfermedad del pecho, afección que 9 años después la llevó a la cripta. La esclava, de ascendencia negra, fue la encargada de seguirle y atenderle los primeros movimientos en el gateo y la locomoción, además de iniciarlo en el lenguaje verbal. Para Bolívar ese alejamiento de la madre fue inexplicable y reprochable, para él sus verdaderas madres fueron la negra y otra dama cercana a la familia Palacios.

La ausencia de cuidados naturales de la madre biológica fue compensada con creces por los mimos excesivos y amorosos de Hipólita, a tal punto que no había antojo, capricho, llamado y pedido que ella no estuviese presta a satisfacérselo. Esta situación forjó en el niño el poder de mandar y de ser obedecido, lo mismo que entender que todos los deseos se satisfacen como algo natural y sin controversia. Las crónicas, sobre la infancia de Bolívar, abundan visibilizando un profundo sentimiento de optimismo, una actitud voluntariosa y un niño difícil de soportar con intensas intemperancias en su carácter cuando sus deseos no eran logrados.

Con la muerte de su padre, a los 3 años, la madre lo entrega en custodia a un curador ad-litem, al parecer para evitar el contagio de su enfermedad, pero, sobre todo, por el deseo de que una autoridad judicial disciplinara el carácter que hemos descrito de Simón. El curador aceptó el encargo, “sin entusiasmo”, preocupándose por inspirarle temor con el fin de contrarrestar su díscolo comportamiento. Pero el traslado de Simoncito, de la extensa y alegre mansión señorial de la Plaza de san Jacinto, en Caracas, a la residencia del curador no produjo los efectos esperados, más bien su rebeldía y seguridad de sí mismo amargaron la existencia del custodio haciéndole sentir la inutilidad de sus esfuerzos, por modificar el comportamiento por la vía de la opresión. Ante los sucesos Simón fue devuelto a sus familiares con unos pronósticos que generaron más desesperación en la mórbida madre, optando ella, con uno de los tíos del niño, por entregarlo ahora a la dirección de los mejores maestros de Caracas, entre quienes se encontraba Andrés Bello.

No era de esperarse, pero estos maestros se formaron la peor idea de su discípulo, sintieron hostilidad y coincidiendo en creer que, por su falta de atención, por la nerviosidad que le impedía estarse por un rato quieto, por el carácter voluntarioso y reacio a someterse a un método de disciplina, del niño Simón no podía esperarse nada bueno. Empero, las condiciones características del desenvolvimiento del alma de Simón Bolívar, las facilidades y mimos para suerte suya que encuentra en los primeros años de su existencia, “determinan su natural compenetración con el medio exterior y la tendencia de su alma a vivir dentro de los problemas y para los problemas de ese medio.”(Liévano A., 1987, p. 13)

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Rousseau en la educación de Bolívar a través de un autodidácta.

De Rousseau recordamos, entre otros conceptos, el de “Educación natural” que no se ocupa de las formas de la sociedad o de las tradiciones de la escuela, sino del conocimiento de la verdadera naturaleza del ser humano y por ende sobre una rigurosa investigación afín a la naturaleza del educando. Para Rousseau, las primeras impresiones, los instintos naturales, los sentimientos y los juicios sencillos y espontáneos que brotan en el ser humano, en contacto con la naturaleza, son la mejor guía de comportamiento; de la pertinencia de respetar y promover el desarrollo de los referidos fenómenos instintivos en el niño y en la niña, en lugar de reprimirlos. En este contexto asoma el concepto de “educación negativa” que cuestiona la “educación positiva” de la época, la cual “tiende a formar prematuramente la inteligencia y a instruir al niño en los deberes del hombre maduro”. Para Rousseau lo que hay que hacer es “perfeccionar los órganos del saber antes de suministrarlo directamente, preparar el camino de la razón con un buen ejercicio de los sentidos…”.(Rousseau, 2011)

Luego de las tensiones iniciales en la vida de Simón Bolívar, por su comportamiento y ante el fracaso de sus preceptores, aparece un escribiente vinculado con la administración de la fortuna de uno de los consanguíneos del adolescente en referencia: Simón Carreño, un hombre “prematuramente cínico por las amargas desgracias de su existencia” (Liévano A., 1987, p. 16), desventurado desde su más tierna infancia y para quien la bondad, la virtud y el amor habían sido destruidos por los malos instintos de los hombres. Su vida, según los cronistas, se desenvolvió sin afectos y sin otros objetivos que su propia amargura y sus profundos odios a circunstancias de la vida, llegando incluso a sustituir el apellido de Carreño por el de Rodríguez de manera definitiva.

Simón Rodríguez, como se hará llamar en adelante, en uno de sus viajes a Francia se topó con la magna obra del pensador ginebrino. Emilioo de la educaciónle hizo replantear su situación encaminándose a librar a las personas de la nefasta educación y a educar a los hombres para la felicidad, en cambio de esclavizarlas como harapos humanos destinados al dolor y al fracaso, tal como él lo había vivenciado. El empuje del pensamiento rousseauniano lo estimuló a erigir un Memorial al Ayuntamiento de Caracas titulado: “Reflexiones sobre los efectos que vician la escuela de primeras letras de Caracas y medio del lograr su reforma por un nuevo establecimiento”(Liévano A., 1987, p. 16).Los oídos sórdidos de los gobernantes lo espolean a reducir esas aspiraciones y a buscar a un pequeño Emilio, no maleado todavía por la “Educación Positiva”, para aplicar preceptos de la pedagogía de Rousseau. El niño escogido, con la anuencia de la familia Palacios fue Simoncito.

Desde el comienzo la empatía entre “el pequeño Emilio” y el “Rousseau americano” fue inquebrantable. Rodríguez no le habló a Bolívar acerca de las tediosas asignaturas que le enseñaron, sino que más bien se ocupó de: remozar el juego, los deportes que le gustaban, los paseos, las caminatas y las diversiones. Es así como, apoyado en los peones de la hacienda, le enseña a montar a caballo, manejar lazo, y a nadar, actividades que afirman la seguridad y la facilidad para aprender, tal como lo logró la esclava en los primeros años de gateo y locomoción.

Rodríguez no atosigó a su educando con la enseñanza de matemáticas, religión, idiomas y otras asignaturas, dejándolo más bien entregarse a sus propios impulsos, para que se fueran adaptando naturalmente al medio ambiente, sin más correcciones que las impuestas por el mismo medio. “Ejercitad su cuerpo, sus órganos, sus sentidos, sus fuerzas; pero mantened ociosa su alma cuanto más tiempo fuere posible”, se lee en el Emilioo de la educación.

Tanto para Rodríguez como para Rousseau el quid de la educación estaba en hallar el equilibrio entre deseos y facultades. “Si a la par crecieran nuestros deseos más que nuestras facultades nos tornaríamos más infelices”(Rousseau, 2011), sostenía el pedagogo suizo. Para resolver este peligro se debía procurar el desarrollo de las facultades del ser humano sometiéndolo a vivir cerca de la naturaleza, para que en su permanente contacto de una parte, estimulara el crecimiento espontáneo de las facultades, y, de otra, fijara en forma natural límites a sus deseos y anhelos. “mantened al niño en la sola dependencia de las cosas, y en los progresos de su educación seguiréis el orden de la naturaleza”.

Una vez la familia Palacios le entregó a Simón Rodríguez, sin vacilaciones, el niño para educarlo, inició la tarea alejándolo de todo trabajo intelectual pretendiendo mantenerlo en contacto permanente con la naturaleza, a través de excursiones, por las áreas rurales en las que aprovechaba para enseñarle las leyes de la naturaleza, le enseñaba a orientarse y lo sometía a recios ejercicios físicos para templar su cuerpo en largas y enérgicas faenas. Para obedecerle al alma es necesario que sea vigoroso el cuerpo le decía el maestro a su estudiante, evocando la pedagogía rousseauniana.

Bolívar recibió con entusiasmo y agrado estas lecciones, porque lo mantenían en contacto con fenómenos nuevos y le posibilitaba eclosionar las fuerzas de esa naturaleza suya, hiperactiva e indómita, que necesitaba de incesante movimiento para liberarse del exceso de energías y encontrar el equilibrio. La convivencia con el preceptor le inspiró confianza valores éstos que le permitieron transformar su soberbia voluntad que había desesperado a familiares y mentores conduciéndolos a hacer los peores pronósticos de quien años más tarde fuese el libertador de gran parte de un continente.

Con la muerte de la madre de Bolívar, Simón Rodríguez se dedicó de lleno al discípulo. El aula predilecta fue la hacienda San Mateo. Allí, con frecuencia, lo hacía levantar al amanecer para emprender prolongadas excursiones en las que ingerían poca alimentación y en los recesos le platicaba sobre los peligros de la naturaleza, le hablaba de las reglas elementales de higiene y poco a poco lo fue induciendo a los conceptos de Libertad y Derechos del hombre. Vidas paralelas,de Plutarco, fue un texto que usó Rodríguez para estimular, con el ejemplo de la vida de grandes hombres, los instintos de superación del pequeño huérfano.

Bolívar apenas contaba con 14 años cuando de manera intempestiva se interrumpe el proceso educativo. Su maestro debió abandonar a Venezuela por haber participado en una conspiración. La custodia del joven retorna entonces a manos de sus tíos y familiares quienes no tardan en advertir y experimentar serias dificultades en el ejercicio de la autoridad. La marcada antipatía de sus familiares y las violentas escenas marcan en Bolívar una perceptible sensibilidad que lo transporta a darle demasiada importancia a cualquier crítica. Sin embargo, quienes vieron las transformaciones y lo observaron en su madurez daban otra valoración: “Es amante de la discusión; domina en ella por la superioridad de su espíritu; pero se muestra demasiado absoluto y no es bastante tolerante con los que le contradicen… la crítica de sus hechos le irrita; la calumnia contra su persona le afecta vivamente, y nadie es más amante de su reputación que el Libertador de la suya”.

Los tíos hacen que Bolívar, ansiosos de librarse de las molestias de su sobrino y resueltos a domar esa acerada voluntad, lo hacen ingresar a en las Milicias de los Valles de Aragua. Allí transcurre sin contratiempos su vida militar gracias a la fortaleza física adquirida con Simón Rodríguez. No obstante, su carácter altivo y dominante se torna incómodo para sus superiores, pero se le tolera por la idoneidad con que ejecuta las misiones encomendadas. Luego de un año de permanencia en este cuerpo aristocrático recibe el grado de subteniente abandona el regimiento y viaja a Caracas a lucir su lujoso uniforme de oficial. A partir de ahí erige su vida social y militar, amparado en las enseñanzas de Simón Rodríguez y en los cuidados de quienes lo vieron crecer.

La educación de Bolívar y sus enseñanzas para Colombia.

Tendría escaso valor esta reflexión si el lector no se toma el esfuerzo de hacer una relación sincrónica del modelo actual de escolarización con la educación que recibió Simón Bolívar. Para avanzar en ese debate ponemos a disposición tres puntos de vista:

  1. Simón Bolívar logra avanzar en su educación gracias a que Simón Rodríguez, con un espíritu autodidacta, se encuentra con Rousseau y de sus enseñanzas aprende unas lecciones que, inicialmente le propone al Ayuntamiento de Caracas en pro de una reforma al establecimiento escolar, dados los defectos que vician la escuela de primeras letras. Dada la negativa institucional acude a la familia Palacios para poner en practica la pedagogía rousseauniana en la humanidad de Simón Bolívar con excelentes resultados.
  2. Simón Bolívar es un niño que nace en un hogar de abolengo y muy acaudalado; no obstante, es un niño que desde los primeros días lo crían dos mujeres, una esclava negra y una doña ajena al abolengo. De ellas aprende valores, costumbres y habilidades corporales, emocionales, sociales e intelectuales que a posteriori usa para el ejercicio de sus roles. Pese a las vicisitudes por la muerte de su padre y de su madre a tan temprana edad, a pesar de la antipatía de su familia y a las advertencias de los preceptores y mentores, Bolívar se sobre pone y sale adelante.
  3. La implementación del modelo de enseñanza de Simón Rodríguez que logra equilibrar habilidades y deseos puede verse como una innovación en la que el maestro logra, en el contacto con la naturaleza neutralizar las emociones negativas que habían hecho de Bolívar un niño despreciable y antipático. Logra también el maestro poner en concierto los saberes de la cotidianidad con el apoyo de los peones de la hacienda y de otros agentes educativos. Esa lección nos lleva a cuestionarnos acerca del rol que está ejerciendo la escuela actual con los estudiantes que no quieren adaptarse al currículo impuesto y que terminan desertando o expulsados de la misma.
  4. Finalmente, si esto ocurrió en el siglo XVIII, ¿por qué, después de que dos siglos han transcurrido el sistema educativo colombiano sigue con esas prácticas de educación bancaria que no favorecen el crecimiento humano? El caso de Egan Bernal es muy diciente. Se trata de un joven con su familia nuclear existente quien, como bachiller, ingresa la universidad, obtiene buenos promedios y por inasistencia a algunas clases, dedicadas a su entrenamiento ciclístico, no alcanza a cursar un año de universidad viéndose obligado a abandonarla. Bernal es hoy campeón del Tour de Francia a pesar de la escolarización. García Márquez, quien también estudió en Zipaquirá, se retiró de la universidad para dedicarse al periodismo y terminó siendo premio Nobel de Literatura. Estanislao Zuleta pasó por la misma situación, abandonó el colegio y culminó siendo doctor honoris causa de la U. del Valle. ¿Qué pasa con la escolarización entonces? ¿Será que le estamos apostando al caballo equivocado? ¿Por qué no apostarle al caballo blanco de Bolívar, es decir al modelo de educación que lo forjó como Libertador y no a esta modelo que cada día nos hace más esclavos?

 Algunas fuentes consultadas

Liévano A., I. (1987). Bolívar.(Oveja Negra, Ed.). Bogotá Colombia.

Rousseau, J.-J. (2011). Emilio o de la educación. (A. Editorial, Ed.). Madrid.

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Publicado por

Jose Israel Gonzalez Blanco

Sativanorte (Boyacá). Maestro de Escuela la Normal de Soatá. Trabajador social de la Universidad Nacional de Colombia. Pedagogo Reeducador, Magister en Educación Comunitaria, diplomado en DDHH. Trabajador social del colegio Distrital Nuevo Horizonte de Bogotá.

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