Políticas sociales que rasguñan y enceguecen el amor de los colombianos.

Para la comprensión de este artículo me valgo del texto de Mario Benedetti: El amor es ciego y la locura lo acompaña (Benedetti, 2013). Convengamos que la locura son las políticas sociales, impuestas por la hegemonía capitalista encarnada en los gobiernos de turno. El amor, el papel que juega la subalternidad o los gobernados frente a las políticas públicas; el texto del escritor uruguayo declara que la locura organizó un juego en el que ella se cubría los ojos y contaba, de uno en uno hasta un millón, mientras los sentimientos se ocultaban, tal como lo hacen los niños jugando al “palo libertado” o a “las escondidas”. El sentimiento más fácil de hallar fue la pereza y el más difícil fue el amor porque se escondió en un rosal en el que la locura al fin pudo llegar pero, al no darse cuenta de que estaba tan escondido, le rasguñó sus ojos dejándolo ciego.

El denominado sistema educativo colombiano es ciego y quiere enceguecer a los estudiantes, padres de familia y docentes, de todos los ciclos y modalidades de escolarización y a la sociedad en general, imponiendo unas políticas foráneas. El Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y los grandes empresarios del país, aliados con el capital transnacional, paulatinamente han venido causando serias heridas en la retina y en la cornea de la educación. Sus intervenciones no han sido para ayudar avizorar los pétalos del crecimiento intelectual ni para la construcción de democracia participativa y tampoco para salir de la ignorancia, de la pobreza y de la violencia, sino para sumirnos en ellas.

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El alto costo que estamos pagamos los colombianos con los intereses de Deuda Externa e interna son ostensibles en el Producto Interno Bruto y en el Presupuesto General de la Nación. Al comienzo del segundo semestre de este año, según el Banco de la República, la Deuda Externa representó el 36,5% del Producto Interno Bruto, el total la Deuda Externa Pública era de 72.772 millones de dólares (Banco de la República, 2018) mientras que, para el 2019, se advierte que el Presupuesto General de la Nación está desfinanciado en 25 billones de dólares, afectando los derechos de los nacionales.

El BM, el FMI, la OCDE, el BID y los grandes empresarios del país, en el juego que organiza la locura, son los lazarillos del gobierno nacional, del Congreso de la República, de los ministerios y de la burocracia estatal porque a través de ellos están dirigiendo la locomoción del país. A su vez, el gobierno nacional, el Congreso de la República, los ministerios y a burocracia estatal incluidos alcaldes, secretarios de educación y muchos directivos docentes, salva raras excepciones, asumen como lazarillos de las comunidades educativas y particularmente de los docentes.

En Colombia la locura es ciega y el amor quiere ser lazarillo

Tanto los lazarillos forasteros como los criollos, alienados, ignoran que los ciegos dejan de ser ciegos cuando sueñan y a través del sueño ven lo que ausculta la vigilia, como lo reveló el Filósofo Caleño Estanislao Zuleta, al ver la sombra de los grosellos y la estatua de Heidegger haciendo aguas. Desecha la locura de pensar que una sociedad de ciegos puede organizarse sin su mandato para vivir y que el solo hecho de “organizarse ya es, en cierto modo, tener ojos.” (Saramago, 1995, p. 396).

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No obstante, “el mundo está lleno de ciegos vivos” -le dice la mujer del médico a la chica de las gafas obscuras en la obra de Saramago (1995). Muchos colombianos estamos recuperando los ojos porque nos hemos dado cuenta de que “lo que verdaderamente nos está matando es la ceguera”. Son abundantes los ejemplos de los últimos tiempos: los Acuerdos de la Habana, los resultados de las elecciones presidenciales, las cifras electorales sobre la Consulta Anticorrupción, las convocatorias de estudiantes, maestros y padres de familia para defender la educación pública estatal, las Consultas Populares contra el extractivismo minero, los pronunciamientos de la ciudadanía de cara ante los hechos de corrupción, a la violencia contra líderes sociales y la actitud contra la imposición de más impuestos. Todas ellas expresiones que refrendan el mejoramiento de la retina y la cornea ojeada un país con justicia social.

Muchos colombianos nos estamos dando cuenta de que la Economía del Mercado es “la locura” -volviendo a Benedetti-, es quien dirige las políticas sociales en Colombia y en el continente. Lo hace por intermedio de los gobernantes de turno: así como en la salud la industria farmacéutica, que hace parte de esa Economía de Mercado, es la que le dicta a la Medicina cuándo, cómo y qué es lo que debe hacer con las personas estén o no enfermas.

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“En un pasado reciente, el poder médico calificaba o descalificaba un comportamiento, una entidad, una afección. Hoy, ese poder está influenciado o superado por el poder farmacéutico, que trata de dictar los límites entre lo normal y lo patológico.” (La Rosa, 2009, p. 134), llegando al extremo de patologizar y psicopatologizar la vida cotidiana, haciendo creer que los problemas sociales de las personas no son problemas sino trastornos o enfermedades y así generar la demanda de remedios que incluso ya están dispuestos por la industria para medicalizar esas “enfermedades”, fabricadas e inexistentes científicamente. “La tendencia actual al tratamiento farmacológico de entidades relacionadas con las dificultades de la vida y con síntomas banales transformados en síntomas” (La Rosa, 2009, p. 135).

En la escolarización, de preescolar hasta la universidad, las principales “enfermedades” educativas, para los farmaceutas -el Ministerio de Educación, Ministerio de Hacienda y para el Departamento Nacional de Planeación-. Son la calidad y la financiación y para eso los empresarios capitalistas se han inventado el tratamiento de las Pruebas Saber, Pisa, el Día E, la privatización, entre otros, sin obtener mejorías significativas, porque se atacan los síntomas y no las causas y porque, al igual que hace la farmacia al desconocer los conocimientos del médico, acá se ignoran los saberes y conocimientos pedagógicos, didácticos y éticos de quienes, en el día a día, lidian con los problemas educativos: los Maestros.

 

  • En el caso de las desfinanciación de la educación estatal se han fabricado medicamentos como:
  • La financiación por parte de los padres de familia (cerca de 2.000.000 de estudiantes); la tercerización, es decir, entregarle a entidades particulares la prestación del servicio por concesión o de manera directa sin una justificación ética.
  • La desviación de recursos como ocurrió con los cerca de 80 billones de pesos del Sistema General de Participación (Ortiz, 2017).
  • La no asignación en el Presupuesto General de la Nación de lo requerido para garantizar el Derecho a la Educación; el no desembolso a tiempo del dinero destinado.
  • Los recursos que ha carcomido la corrupción, verbi gracia en el Programa de Alimentación Escolar, el empobrecimiento de la Canasta Educativa y el engendro de acciones y programas como Ser Pilo Paga, la Evaluación a los docentes, Aprendizajes Básicos, Competencias, Estándares, Jornada Única, Inclusión, ingreso a la OCDE y mantener excluidos del sistema educativo a más 1.500.000 estudiantes en educación Básica y Media,
  • Entre otras formulas.

Con base en lo expuesto, no hay duda de que nuestro rol está en fortalecer el amor y no seguirle el juego a la “locura”. Nuestro papel no consiste en escondernos para que nos busque la “locura”. No. Consiste en hacernos visibles, como lo estamos haciendo, para desenmascararla y enfrentarla.

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Nuestro reto es seguir aglutinando a los colombianos para que se quiten esas gafas del miedo y de la impotencia, para que no sean ciegos, sino que tengan consciencia de que la ceguera no es literal, no es fisiológica ni funcional, sino que es una “enfermedad fabricada” e impuesta por los farmaceutas de la Economía de mercado. Hölderlin sostenía que “el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona.” (Parra, 1996, p. 90) ¡A seguir soñando colombianos y americanos, porque la distancia que hay entre la ceguera “fabricada” y la visión real es mas corta que el trayecto que existe entre la mariposa y la larva, entre la larva y la crisálida y entre la crisálida y la mariposa! Mientras sueñan y asumen el rol del amor, acá podrán seguir encontrando a este mendigo.

 

Fuentes consultadas

 

Banco de la República. (2018). Boletín de deuda externa (pública y privada en dólares).

Benedetti, M. (2013). El amor es ciego y la locura lo acompaña. Retrieved from https://elaticodelalma.wordpress.com/2013/04/16/el-amor-es-ciego-y-la-locura-le-acompana-cuento/

La Rosa, E. (2009). La fabricación de nuevas patologías. (Supergráfica, Ed.). Lima.

Ortiz, I. (2017, February). El Sistema General de Participaciones. 118, 18–25. Retrieved from http://www.overdorado.com/wp-content/uploads/2017/10/Revista-Educacion-y-Cultura-FECODE-Nro.-118-Feb-2017-.pdf

Parra, R. (1996). Tarzán y el filósofo desnudo. (Arango Editores, Ed.). Bogotá DC.

Saramago, J. (1995). Ensayo sobre la ceguera. (Nomos S.A, Ed.). Bogotá DC.

 

 

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