El “casi” si vale en Colombia

Es común en el argot popular oír a personas decir que “los casi no valen en Colombia”. Esa aseveración muy general no aplica para el caso de la Consulta Anticorrupción. El “casi” si vale y vale mucho si tenemos en cuenta situaciones del diario trasegar. En el penúltimo Tour de Francia, por ejemplo, un ciclista colombiano “casi” gana, ocupó el segundo lugar. Los ciclistas colombianos han estado cerca de ese triunfo y le siguen apostando hasta llegar, algún día, al podio, sobreponiéndose al “casi”. En la clasificación para el último Mundial de Fútbol Colombia “casi” no logra llegar, pero llegó con muchos altibajos y “casi” clasifica a los cuartos de final. Miles de estudiantes que han aspirado a ingresar a la universidad Nacional han transitado por el “casi paso” y luego, hay quienes logran ser estudiantes y egresados y quienes definitivamente abandonan su pretensión. Miles de eventos podrían demostrar que el casi no es sinónimo de pérdida.

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No alcanzar el umbral requerido, por tan pocos sufragios, para la aprobación legal de la Consulta Anticorrupción, es análogo a la pérdida de un vuelo por escasos minutos de retardo. La solución, en este caso, no está en dejar de viajar por vía aérea sino pensar en el vuelo siguiente, porque el itinerario se retrasa, pero el viaje no se detiene. La conquista de los deseos por hacer de Colombia un país sin prácticas de corrupción, violencia e impunidad y donde se respeten los derechos humanos, llegará persistiendo, cambiando de actitud, tomando conciencia de nuestro rol como ciudadanos, animándonos, asumiendo la Mayoría de edad y, sobre todo, dejando atrás la indiferencia y la ignorancia.

El “casi” hace parte de los mundos posibles, de los sueños, de los planes y de las funciones hipotéticas. El casi es el equivalente a la denominación de contrafactuales hecha por algunos filósofos y psicólogos. Para los primeros, los contrafactuales son los “haría-podría-debería de la vida, todas las cosas que podrían suceder en el futuro, pero no han sucedido todavía, o que podían haber sucedido en el pasado, pero no sucedieron”. (Gopnik, 2010, p. 35). Para los segundos, “el pensamiento contrafactual está omnipresente en nuestra vida diaria y afecta profundamente a nuestros juicios, decisiones y emociones”.

El umbral de la Consulta Anticorrupción podría haber sido legalmente pero no, lo fue legítimamente. Sin embargo, desde el punto de vista de la democracia la relación mayoría- minoría no es jerárquica, es convencional y discutible. “Una cultura democrática no es una cultura de mayorías”, sostenía Estanislao Zuleta (1997). Democracia y mayorías son dos cosas muy diferentes. “Todo el mundo estaba de acuerdo con Hitler, por ejemplo, y eso no era democracia” (Zuleta, 1997, p. 268). La democracia entonces es el derecho del individuo a diferir, a pensar, a vivir distinto, a ser diferente. La democracia es el derecho a diferir y eso fue lo que hicimos 11.669.346 colombianos en la Consulta; 8.034.189 por la Colombia Humana y 6363.989 en el plebiscito por la paz.

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El efecto Pigmalión.

La continuidad en el viaje se puede transitar en compañía del efecto Pigmalión, es decir, seguir acariciando el cuerpo de Galatea, huelga decir de la auténtica democracia para que, en las próximas elecciones presidenciales, en corporaciones públicas y en el día a día, la Afrodita de la Colombia Humana le dé vida plena. Es verdad que hubo muchos colombianos que fueron indiferentes, que seguramente fueron inferiores al reto, que representaron los cinco centavos que el faltaron al peso. A Ellos y a Ellas juzgarlos no coadyuva con el acercamiento a Galatea y el reto nuestro es acercarlos para que el sueño se transforme en realidad. El campesino cuando encuentra, en su labrantío, una planta que está débil o enfermiza, no la siega ni la desprecia, la toma con su mano y le ayuda a que crezca y dé fruto. Eso lo debemos aprehender nosotros de la sabiduría y de la praxis popular. “Se aprende más teniendo que avanzar con el viento en contra que con el viento a favor” (Percy, 2012)

La invitación final es a que no les echemos los perros a los venados, porque son ariscos y los ahuyentamos, de lo que se trata es de tenerlos adyacentes acercándonos a ellos. Démonos por bien servidos con la cosecha del 26 de agosto, porque los frutos son sorprendentes, sin dejar renunciar a seguir regando con agua fresca el labrantío. Requerimos continuar despertando conciencia crítica y haciendo educación popular. No  nos dejemos invadir por el efecto Golen que es la cara contraria del efecto Pigmalión. Aprendamos de los ciclistas, de los futbolistas, de los estudiantes, de los agrodescendientes, de la experiencia y de la misma Consulta, que los “casi” si valen en Colombia.

¡Lleguemos temprano al aeropuerto para que no nos deje la nave! Igualmente, cuidemos a la tripulación promotora de la Consulta, porque los lotófagos -como en el viaje de Odiseo a su natal Itaca- pueden desviarlos de la ruta para embriagarlos, confundirlos y desorientar el rumbo de los 11.669.346 colombianos que nos hemos subido en la nave y los otros millones que nos esperan en el camino, para que los acojamos, no para que los juzguemos.

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Fuentes consultadas

Gopnik, A. (2010). El filósofo entre pañales. (Ediicones Planeta S. A, Ed.). Madrid.

Percy, A. (2012). Kafka para agobiados. (Géminis Ltda, Ed.). Bogotá DC.

Zuleta, E. (1997). La Educación un Campo de Combate. (Fundación Estanislao Zuleta, Ed.). Cali.

 

 

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