La verdadera crisis electoral no está vestida de verde

Los colombianos en estos momentos asistimos a una nueva crisis política de la nación, centrada específicamente en lo moral y en lo ético. Es una crisis entendida no como la culminación de un proceso, sino como el comienzo de la imposición de “algo nuevo en la sociedad” (Gutiérrez G., 1998, p. 264). Esa novedad concatena, al menos cuantitativamente, cerca de diez millones de electores que el pasado 27 de mayo optamos por propuestas en lo afín al nuevo presidente y vicepresidente, con una mirada de país distinta a la que hemos tenido durante muchos años.

Con base en los resultados electorales aparece otra crisis, sobre todo para los votantes de los candidatos perdedores. Instrumentalmente, la situación de los ciudadanos se resuelve con: el voto en blanco, la abstención o la adhesión a uno de los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta presidencial. La gran mayoría de los ciudadanos prosélitos de los candidatos finalistas mantienen su apoyo.

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Hasta este punto, la situación no parece complicada, pese a la inmoralidad y falta de ética de la registraduría ante el fraude electoral que ella niega amparada en lo legal. No obstante, para quienes hemos nacido en la laguna de la violencia y hemos crecido en el cauce de los ríos de sangre, la desembocadura que pueda tener la elección del nuevo presidente es motivo de preocupación. El meollo del asunto, más allá de lo político, lo cognitivo y lo emocional, es de corte moral y ético porque se trata elegir entre dos opciones contrarias.

Una de las opciones significa el retorno a la guerra, al sostenimiento de la corrupción, mantener el atraso, la pobreza, la destrucción de lo poco que queda de lo público y de la naturaleza. Mientras que otra, prefiere mantener la Paz Positiva (Galtung, 1984) con todo lo que ella engloba: “igualdad en la distribución de la riqueza y erradicación, por lo tanto, de la pobreza, resolución pacífica de los conflictos y cooperación a todos los niveles, respeto por la naturaleza, desaparición del analfabetismo y de la fabricación de armamento, etcétera” (Kant, 2011, p. 10).

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No debería haber duda de que la mejor opción es la segunda, al menos para quienes le apostamos con el sufragio a las candidaturas alternativas. Pero la duda existe y crece exponencialmente. En este marco de reflexión pasamos de lo moral a lo ético, en cuanto que la o el ciudadano que escruta debe ser consciente del beneficio o el daño su decisión le ocasiona al país.

Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena” decía Gandhi. Ese silencio disfrazado de “neutralidad” y manifiesto a través de la abstención o del voto en blanco, no favorece al país, no en el actual momento histórico. Al contrario, coadyuva al continuismo de la guerra, al sostenimiento de la corrupción a partir del atraso, la pobreza, la destrucción de los pocos bienes públicos que nos quedan, la ruina de la naturaleza y al desmoronamiento de la esperanza, la cual se sobrepone a los males de una clase de gobernantes sin ética, sin moral y sin vergüenza.

Así que la ética nos sirve “para recordar que es más prudente cooperar que buscar el máximo beneficio individual” (Cortina, 2013, p. 93). Cooperar con el rescate de un país que durante siglos ha estado secuestrado por malos gobiernos que han buscado y logrado enriquecerse, por la imposición de la guerra y por el engaño del régimen: es el llamado que la realidad colombiana hoy pide a gritos a quienes deliberadamente promueven el voto en blanco o la abstención. “Hacer sin mirar a quien se daña, no es libertad” (Cortina, 2013, p. 100) y si algo requiere Colombia es libertad y bienestar.

El proceso electoral que ha transitado por el escenario nacional durante el 2018 y la movilización de la ciudadanía en busca del cambio de modelo de gobierno acreditan el proceso de crecimiento de colombianos, con consciencia, coraje, dignidad y decisión para dejar atrás las descoloridas franja azul y roja de los partidos tradicionales y responder, en la praxis, esa pregunta que nos está haciendo la historia: “Ahora que el rojo y el azul han dejado de ser un camino, ¿Dónde está la franja amarilla? (Ospina, 1999, p. 78)”.

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La franja amarilla está ondeando la transformación de la injusticia en justicia social, la inequidad en equidad social, la violencia y la guerra en paz positiva, la corrupción en manejo honrado de lo público, la ignorancia en educación gratuita para todos, la exclusión en inclusión, y despertando la potencialidad de ese “90 por ciento de la gente colombiana” que “es amorosa” (Llinás, citado en González, 2016). La franja amarilla le está apostando a la democracia auténtica a través de una nueva forma y un nuevo fondo de gobernar, en esta coyuntura, mediante la Colombia Humana.

La Franja amarilla ha nacido y ha crecido con la violencia pero no se resigna a seguir en ella. Ha comprendido el juego perverso que la oligarquía colombiana ha instaurado durante siglos para sotenerse een el poder: desde la Guerra de Los Mil Días, pasando por El Bogotazo, la dictadura de Rojas Pinilla, el Frente Nacional y la “paz” represiva( Ramírez-Orozco, 2012). Si, la misma que, agenciada por los gobiernos de López Michelsen y Turbay Ayala, promovía la criminalización de la protesta liderada por movimientos sociales.

Esa Franja Amarilla también ha atravesado el intento de “la paz objetiva” de Betancur, la desmovilización del M-19, del Quintín Lame, de una parte del Ejército Popular de Liberación (epl) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores; la constituyente de 1991; “El plan garrote”, en el que Bogotá y Washington firman el Plan Colombia y como consecuencia el fenómeno del narcotráfico entra a afectar la lucha armada; los episodios de el Caguán en el gobierno de Pastrana; las desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y el nacimiento de la Bacrim; y, por último, los Acuerdos firmados en la Habana con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

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La Franja Amarilla, en estos tiempos de crisis moral tiene claro que ni la “neutralidad”, ni la pasividad, ni la pusilanimidad le sirven a Colombia para salir de la violencia y poder avanzar en la conquista de la democracia auténtica. La Franja Amarilla, recordando a algunos pasajes de la Divina comedia (Alighieri, 1963), tiene conciencia de que, en tiempos de crisis moral: “los confines más oscuros del infierno están reservados para aquellos que eligen mantenerse neutrales”, por medio del voto en blanco o la abstención.

Para la mayoría de colombianos que estamos en la Franja Amarilla “todavía nos queda un país de fondo por descubrir en medio del desastre, una Colombia secreta que ya no cabe en los moldes que nos habíamos forjado con nuestros desatinos históricos” (García, 2003). El país de fondo es como el molusco y la concha del molde forjado con los desatinos históricos. En ese sentido, es en los momentos actuales que “hay que vivir para edificar la casa (Bachelard, 2000, p. 142). Esa es la invitación: dejemos atrás el molde, apostémosle a la vida, aprovechemos esta oportunidad que venimos construyendo y transformemos los destinos históricos que dibuja la guerra en una Colombia Humana.

Referencias

Alighieri, D. (1963). La divina comedia. (Ediciones Selectas S.R.L, Ed.). Buenos Aires.

Bachelard, G. (2000). La poética del espacio. (F. de C. Económica, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Cortina, A. (2013). ¿Para qué sirve realmente la ética? (Paidós, Ed.). Madrid.

Galtung, J. (1984). Hay alternativas. (Técnos, Ed.). Madrid.

García, G. (2003). La patria amada aunque distante. Universidad de Antioquia. Retrieved from https://books.google.com.co/books/about/La_patria_amada_aunque_distante.html?id=N_tCYgEACAAJ&redir_esc=y

González, J. I. (2016). Escuela, conflicto y paz. (Instituto para la Investigación Educativa y Desarrollo Pedagógico, Ed.). Bogotá DC.

Gutiérrez G., R. (1998). Insistencias. (A. S.A, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Kant, I. (2011). Kant. Por la paz perpetua & ¿cómo orientarse en el pensamiento? (E. B. S.L, Ed.). Barcelona.

Ospina, W. (1999). ¿Dónde está la franja amarilla? (Editorial Norma, Ed.). Santa Fe de Bogotá.

Ramírez-Orozco, M. (2012). La paz sin engaños. Estrategias de solución para el conflicto colombiano. (Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)., Ed.). México.

 

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