¡Feliz día maestras y maestros!

 

Jardineros e impulsores de estrellas:

¡Feliz día maestras y maestros!

Conmemoramos cuatrocientas cuarenta puestas de sol que han ocurrido cada veinticuatro horas, como en el quinto planeta de El Principito ( Saint-Exuspery, 2001). Es un día en el que, cual faroleros, mantenemos la lámpara encendida para continuar realizando un trabajo que a pesar de estar despreciado por “el rey, por el vanidoso, por el bebedor, por el hombre de negocios”; es “el único que no me parece ridículo, quizá, porque se ocupa de algo más que de sí mismo” como diría  Saint-Exuspery (2001).

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Los docentes nos ocupamos del conocimiento, de la vida de nuestros los estudiantes, de la situación de sus familias, de la comunidad, de la política y del contexto del colegio, de la entidad territorial, del país y del mundo, entre otros asuntos. Somos nosotras y nosotros, quienes conocemos más íntimamente las necesidades de los educandos. A propósito de nuestra labor, Russell (1985, p. 79) apunta:

“Son ellos quienes, a través del diario contacto, han llegado a quererles. Pero no son ellos quienes deciden qué se enseñará o cómo serán los métodos de instrucción”.

Es que “el maestro se ha convertido, en la vasta mayoría de los casos, en un funcionario obligado a cumplir con los mandatos de hombres que no tienen su instrucción, que no poseen experiencia alguna en tratar con los jóvenes y cuya única actitud hacia la educación es la del propagandista.”(Russell, 1985, p. 80). El Día de la Excelencia, creado y difundido por el Ministerio de Educación como el Día E, es el ejemplo más cercano.

Mantener el farol encendido exige mucho compromiso y esfuerzo. Para el filósofo, matemático y escritor británico:

“muchos maestros trabajan excesivamente y se ven obligados a preparar a sus alumnos para un examen, en lugar de proporcionarles un adiestramiento mental liberalizante. Las personas que no están acostumbradas a enseñar -y esto incluye prácticamente a todas las autoridades educacionales- no tienen idea del derroche de espíritu que eso representa. No se espera de los sacerdotes que prediquen sermones durante varias horas todos los días, y en cambio se exige un esfuerzo análogo a los maestros. El resultado es y se ven incapacitados para inspirar a sus alumnos el sentido de los deleites intelectuales que pueden obtenerse de nuevas comprensiones y nuevos conocimientos…Nadie consentiría, hoy en día, que se sometiese a los médicos a la fiscalización de autoridades ajenas a la medicina, en relación con la forma en que aquéllos deberían tratar a sus pacientes, salvo, naturalmente, cuando se apartan criminalmente del sentido de la medicina”(Russell, 1985)

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La llama que propaga el farolero es la verdad. El fuego de la lumbre que enciende el maestro es, en palabras de Umberto Eco (2012, p. 70), “símbolo de pureza y purificación” y eso ha costado la libertad y la vida de muchos educadores. Por enseñar lo que pensaban: Sócrates fue condenado a muerte, Platón fue encarcelado, Galileo obligado a retractarse, Giordano Bruno fue quemado, García Márquez fue exiliado. Pero tales incidentes no obstaculizaron la difusión de sus doctrinas. No obstante, para empoderarnos como intelectuales, como trabajadores de la cultura y como defensores de los derechos humanos; “un sentimiento de independencia intelectual” fue esencial y clave, porque así lograron un “adecuado cumplimiento de las funciones del maestro” (Russell, 1985, p. 69)

El gobernante propagandista no desea que sus gobernados observen el mundo y escojan libremente un propósito con base en lo que a ellos les parezca valioso. Desea, como un artista jardinero, “que su crecimiento esté dirigido y deformado para adaptarse a los fines del jardinero. Y, al frustrar su crecimiento natural, es posible que destruya también en ellos todo vigor generoso, reemplazándolo con la envidia, el ansia de destrucción y la crueldad. Tal como están las cosas en la actualidad, muchos maestros se ven imposibilitados de hacer todo lo que pueden”, aducía el pensador británico a mediados del siglo XX (p. 70).

Maestras y maestros de Colombia: pese a las adversidades causadas por el capitalismo y la modernidad tardía, nuestro trabajo tiene un sentido. Cuando uno enciende su farol, es como si hiciera nacer una estrella más o como si hiciera brotar una flor en el jardín de la escuela. Cuando el farol se apaga o el sol se oculta, la flor duerme y la estrella se posa en el ocaso. Ser educador, volviendo a El Principito (Saint-Exuspery, 2001),“es una ocupación muy linda. Es verdaderamente útil porque es linda.”. ¡No permitamos que el gobernante propagandista pode nuestro jardín con la sierra de las políticas educativas neoliberales, no dejemos que esa llama de lucha, que día a día encendemos por defender la vida, la educación, la libertad, la soberanía nacional y lo público; se extinga o se merme!

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Compañeras y compañeros: ¡No dejemos que la zombificación se apodere de nosotros para robarnos el espíritu luchador! Es la llama con la que hemos defendido nuestros derechos y los derechos de los colombianos. Las y los maestros somos “guardianes de la civilización” (Russell, 1985). “El hombre será lo que sean sus maestros” decía Martín Restrepo Mejía, en el periodo de la restauración católica en Colombia (1886-1930). Agustín Nieto Caballero, en la República Liberal, sostenía: “La sociedad será lo que sean sus maestros”. En el ocaso del siglo XX y en la aurora del Tercer Milenio, el profesor Mockus sostenía “el ciudadano será lo que sean sus maestros” (Dorado, 2017); entonces, ¡Colombia será lo que nosotros queremos que sea!

Tenemos al frente nuestro a más de ocho millones de niños y jóvenes que diariamente concurren a la escuela pública para enseñarles a pensar y no a repetir lo que está escrito, a ser conquistadores de lo posible, a mantener las flores despiertas y las estrellas encendidas en nuestro planeta. ¡Ensenémosle a nuestros estudiantes -como lo concibió Simón Rodríguez-, a ser preguntones! “porque pidiendo el porqué de lo que se le mande hacer, se acostumbran a obedecer… a la razón”. Ya lo decía Bachelard (2007), el niño “es un ser por hacer”.

¡Feliz día compañera Maestra y compañero Maestro!

El equipo sindical y Pedagógico Los Profes saluda a los educadores colombianos en este día.

Referencias

Bachelard, G. (2007). La formacion del espiritu cientifico: contribucion a un psicoanal isis de conocimiento objetivo (20a). México: Siglo XXI editores.

Dorado, O. (2017, May). El maestro y el ganso que ponía huevos de oro.

Eco, U. (2012). Construir al enemigo. (Lumen, Ed.). Barcelona.

Russell, B. (1985). Las funciones de un maestro. In Ensayos educativos (pp. 69–80). Madrid: EDHASA.

Saint-Exuspery, A. de. (2001). El principito. (E. Salamandra, Ed.). Bogotá.

 

 

 

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