El Maestro partero…

Hoy, en el Día del Educador, podemos hacer el ejercicio analógico de emparentar el oficio del maestro con el de la partera. ¿Qué hace una partera? “Llevar hacia fuera lo que aún está en germen”. Eso es lo que etimológicamente significa educar. Y eso es, según Sábato, lo que “muy raramente se lleva a cabo, y tal vez es el centro de todos los males de cualquier sistema educativo.”

El que rara vez se lleve a cabo no es por la noble docta ignorantia, no, es muchas veces por la actitud, por la conciencia y por el sentido que se le viene dando a la escolarización, porque el partero tiene los saberes, las herramientas, los medios, la sala de parto, la asepsia, la criatura en sus manos, el ajuar, los padrinos, la cunita y hasta la Pila Bautismal. ¿Para qué? Para asistir la vida, no para darla, porque el maestro no es dador de vida, es potenciador de ella.

En ese oficio de partero se pueden avizorar tres momentos; el primero atinente al trabajo propedéutico para llevar hacia fuera lo que aún está adentro; el segundo, el trabajo de parto que es el puente entre el afuera y el adentro y, el tercero, el alumbramiento. La puesta en escena de estas tres etapas exige del partero, al decir de Fernando Vásquez, no temerle al contagio, disponer de una enorme capacidad de aventura y de riesgo, poder resistir con paciencia los ritmos de la gestación y hacerlo sin violentar los tiempos, no caer en el error de aquel mortal que se condolió de la crisálida y le rompió, a destiempo, la membrana dejándola inútil para siempre. Un partero no renuncia al humor, ni a su espíritu festivo y juguetón, así los quejidos de la criatura lo pongan nervioso o le indiquen que no palpita bien el corazón.

El trabajo propedéutico consiste en preparar sicológica y epistemológicamente a los estudiantes para vivir, para seguir estudiando, para germinar ideas y parirlas en el periplo de la existencia. El parto, es un proceso lento, repleto de incertidumbres y colmado de asombro, esa fuente de la filosofía, según Platón, que surge ante lo ignoto. Aquí el partero está preparado para romper el cordón umbilical, para forzar la salida si es el caso, en sí, listo a romper las barreras para que la vida-sabiduría fluya. En el parto importa mucho la palmada, el contacto piel a piel, el abrazo y no puede faltar la palabra acariciadora, el gesto consentidor y la parodia cotidiana.

Y llega el alumbramiento, luego de la propedéutica y del parto. La vida se hace sentir y se deja ver, eso es lo que está en juego en las manos, en la mente y en el corazón del maestro, parafraseando a Pestalozzi. El llanto, la búsqueda de calor, la rebeldía ante lo inhóspito, por la expulsión de El Paraíso, como le ocurrió a Adán y a Eva, el balbuceo, el gateo, los primeros pasos, el lenguaje articulado y erguirse la criatura, son señales que le dicen al partero: ¡caminemos hacia el horizonte!…y si los males están en el parto, ¡a ser mejores parteros de sueños, deseos, esperanzas y de nuevas realidades!

¡Feliz Día compañeros!

Con sentimientos de admiración y aprecio,

José Israel González B.

Bogotá DC, mayo 15 de 2013

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