Primera carta: a cuidarnos y ayudar a cuidar.

Hola niña, hola niño, hola joven, hola mamá, hola papá:

Buenos días, tardes o noches (según leas esta carta)

Soy la profe Esperanza. He estado pensando mucho en cada una, cada uno de ustedes y en algunos momentos del día me pongo a imaginar cómo transcurren los minutos, las horas, los días de cuarentena para mis estudiantes y sus familias. Es un tiempo muy corto si lo relacionamos con una centena de días, con medio año, o con un año de aislamiento social.

Eso en el tiempo…. en el espacio podríamos imaginarnos un viaje de Bogotá a Ibagué, un viaje para el cual necesitamos cerca de 6 horas montados en un bus, a la velocidad permitida y haciendo las paradas reglamentarias. –¡Uf, seis horas es mucho tiempo profe! me dirá cualquiera de ustedes, pero en verdad es poco si lo comparamos con un viaje a Cartagena, en el que requerimos cuatro veces más tiempo, es decir, un día completo, o un viaje a Quito (Ecuador), o a Santiago de Chile en bus.

Y ahora que hablo de días viene a mi memoria uno de los relatos de El Principito, ¿si se acuerdan de ese inquieto personaje que decía que “lo esencial es invisible a los ojos”? ¿O sea que la esencia de lo material y de lo mental no lo pueden ver nuestros ojos? Lo dejo ahí para que lo piensen y dialoguen como familia, porque lo que quiero decir, volviendo al viaje a Ibagué la ciudad musical y a Cartagena la ciudad heroica, es que El Principito decía que Él pertenecía al quinto planeta “el planeta raro y pequeño, donde solamente se pueden alojar el farol y el farolero, donde cada minuto nace un día y donde se presentan mil cuatrocientas cuarenta puestas al sol al día” (Saint-Exuspery, 2001).

Nosotras y nosotros somos terrícolas, pertenecemos a un planeta hermoso que tiene alrededor de 7.500 millones de habitantes de los cuales Colombia aporta apenas el 1,5% de ese universo poblacional. Acá, en nuestro territorio, los días son de 24 horas, 60 minutos componen una hora y no 1.440 puestas al sol o días como en el planeta raro de El Principito. Si viviéramos en el planeta raro donde mora El Principito, la cuarentena o los 19 días de aislamiento social equivaldrían a 16.360 días, es decir que mas de 44 años y medio de nuestra existencia la pasaríamos encerrados para evitar el contagio con el Coronavirus. Afortunadamente son apenas 40 días, eso sí acatando las recomendaciones que nos hacen, porque si no cumplimos entonces ahí si no será veintena sino cuarentena, es decir el doble de tiempo.

Como lo pueden percibir, el asunto no es tan complicado, se requiere voluntad para hacerlo, “querer es poder” dicen muchas personas. Si queremos todo nos saldrá bien: volveremos a la escuela y al colegio, nos saludaremos con las palmas de las manos y con el puño como hace unas semanas, los abrazos volverán a ser nuestra expresión física de afecto, las actividades laborales y escolares retornarán a su cotidianidad, las personas mayores dejarán de estar en riesgo de muerte, seguiremos hidratándonos, cuidando nuestra salud y sobre todo valorando nuestra vida y la de las demás personas, las plantas, los animales, la naturaleza y todas aquellas cosas que nos parecían insignificantes como bañarnos las manos bien.

Como lo verán en algunas de las cartas que les estaré enviando, esta no es la primera vez que a la humanidad le ocurre esta situación de pandemia, tampoco será la última, de ahí la importancia de valorar esta experiencia. Ojalá escribirla para que cuando vuelva a ocurrir le contemos a la gente cómo la afrontamos. Nosotros no lo sabemos, estamos aprendiendo de los demás países y también de la historia. Sin duda, es la primera vez que nos pasa una situación tan grave y dolorosa en la que, si no nos cuidamos y no ayudamos a cuidar a los demás, muchos serán las perdidas materiales y en vidas humanas.

Con mucho cariño su profe Esperanza.

 

José Israel González Blanco

Nota. Para ampliar el mensaje sobre El principito pueden buscar el libro en internet con la siguiente referencia:

Saint-Exuspery, A. de. (2001). El principito. (E. Salamandra, Ed.). Bogotá.

Carta #33: Recuerden que la escritura es la aliada terapéutica de la vida

Hola todas y todos.

De manera similar a como encabezamos nuestro carteo, el abordaje de la muerte por suicidio no la vamos a afrontar haciendo juicios de valor, preguntas imprudentes ni buscando culpables, porque el mismo contenido descarta culpables como lo leeremos enseguida. La mirada es mas bien documentar un poco desde la literatura, desde la filosofía, desde la cotidianidad e incluso desde la psicología algunos mensajes del occiso. 

Expresiones como: “una cosa así no se avisa si se quiere tener éxito”, interpela ese eslogan social en el que nos tienen metidos a todos: el éxito, la competencia, el derbi, es decir quien llegue primero sin importar los medios. El éxito, ese que, al decir de Monterroso, “acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote” (Monterroso, 2002). Juzguen ustedes. “Tuve a la mejor y la más amorosa madre del mundo, simplemente perfecta en todo… papá, inteligente como nadie”. 

“Creo que no hubiera podido nacer en una mejor familia.” Entonces, si de encontrar responsables se tratara, la familia estaría exenta, porque generalmente esta primigenia organización es la caja de Pandora en nuestra sociedad, al igual que la guerrilla, más no lo es el Estado y la corrupción rampante en su seno y en la periferia. En Colombia, como en el País de las Maravillas, primero se sentencia, el veredicto viene después. 

Pero pese a tener núcleo familiar, denominador escasamente común en Macondo, el occiso expresa: “Terminé siendo una persona solitaria en un mundo donde todos necesitan de todos”, como los Buendía y su estirpe, cabalmente como Pietro Crespi, quien se suicida ante el rechazo de Amaranta (García M., 2007). Y hago este hipertexto con Cien Años de Soledad, porque el suicidio, el amor, el desamor, la traición, la libertad, el rencor, la pasión, el acercamiento hacia lo indebido, entre otros, son temas secundarios que hacen de Cien años de soledad una novela que cambia la perspectiva de muchos y nos da a entender que en este mundo vivimos y morimos solos.

Y podría detenerme a saborear este mensaje porque, aunque para algunos de ustedes sea inaudita mi aseveración, el mensaje es el último manjar que produce ese exquisito pastelero. Les manifiesto que cuando me lo dieron a probar por primera vez lo saboreé con lágrimas, inicialmente con dejillo amargo, pero luego esa sensación fue desapareciendo hasta encontrar la siguiente gota de miel: “Los amo profundamente, a todos y no estén tristes, es lo que yo quería. Sean felices, quiéranse mucho, dense un abrazo y un beso todos los días, pero que no se vuelva rutinario y pierda su significado, háganlo de verdad. Un “te quiero mucho” realmente es importante.”

Finalizo este tercer apunte, lamentando que viandas como esta y muchas otras, que han dejado impresos y en audiovisuales los cientos de José Arcadios, Aurelianos, Ursúlas, Rebecas, Pietros y Serafines, no los hubiesen hecho para potenciar la vida y lograr el aplazamiento de la muerte, probablemente en la escuela nos ha faltado enseñar que la escritura es una terapéutica aliada de la vida, que los grandes escritores han tenido como fuente principal de inspiración la prisión, el insomnio, la pobreza, la soledad, la muerte. 

La muerte que no nos roba a los seres queridos, por el contrario, nos los guarda e inmortaliza en el recuerdo. La soledad que, según la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, puede hacer que el ser humano explore nuevas cosas, que se encuentre consigo mismo, pero que en exceso puede ser grave y si es permanente refleja que algo malo está sucediendo”. 

Y, la angustia extrema, mezclada con profundos cuadros de ansiedad y depresión, el déficit cognitivo, los problemas de atención e hiperactividad, y las dificultades para el aprendizaje y la violencia están llevando a nuestros niños a suicidarse, desde los 4 años, como lo acaba de demostrar un estudio siquiátrico hecho por la U. Nacional de Colombia, entre 2003 y 2013. Si no cuidamos las rosas, mañana no habrá capullos, si no protegemos las espigas verdes de trigo, mañana no tendremos pan, apunta Fernando Soto Aparicio.  

Espero que este ejercicio nos haya permitido recordar que somos mortales, que los actos de amor se deben demostrar en vida, “hermano en vida” como lo invoca el poema, que no dudemos en vivir cada momento como si fuese el último- tal como lo recoge Borges en Instantes, que no llevemos flores a los interfectos sino a los  vivos, que recemos más por los mortales que por los fieles difuntos, y que esta apreciada carta de Serafín, nos sirva para comprender que su lectura no es más que un homenaje a la vida y que seguramente, desde donde él está no dudará en decirnos, a través de los versos de Enrique Linn (citado en González, 2015, p. 73): “Pero escribí y me muero por mi cuenta, porque escribí, porque escribí estoy vivo”.

Colegas y amigos, empecemos a ver lo diminuto, no concluyamos la edad de lo evidente, pero empecemos a ver lo invisible. Los dragones mínimos resultaron más letales que los inmensos, acota William Ospina. Lo discreto de la muerte trabaja igual en la sombra que en el silencio. Lo diminuto, lo invisible, la sombra y el silencio, es lo insignificante. La insignificancia, amigo mío, apunta Kundera en su nueva novela, “es la esencia de la existencia. Está con nosotros en todas partes y en todo momento. 

Está presente incluso cuando no se quiere ver: en el horror, en las luchas sangrientas, en las peores desgracias…pero no se trata sólo de reconocerla, hay que amar la insignificancia, hay que aprender a amarla” (Kundera, 2000), así como se debe aprender a reconocer y a amar la muerte, el silencio, lo diminuto, la sombra, lo invisible, la vida, la reflexión. La muerte no existe en el mundo por el pecado. “La única muerte que yo no voy a conocer es la mía” Que en Colombia el color del luto de se extrapole por el verde, ese verde que es de todos los colores como lo concibió Aurelio Arturo, no en el cementerio sino en el jardín del conflicto y en el barbecho del postconflicto.

Bueno chicas, chicos, madres y padres de familia: agardezco la atención prestadaa estas 33 cartas. Espero que hayan sido de su utilidad; espero tenr una segunda oportnidad para seguirnos comunicando a través de este ritual. Recuerden consultar las obras señaladas, son muy importantes para comprender la crisis sanitaria, la cuarentena, la pandemia y otras situaciones, pero además de comprnder nos dan herramientas para salir adelante. ¡Cuidense mucho! Nos volveremos a ver en las aulas de clase, todas, todos y todxs, so si, cuando las condicones sanitarias estén garantizadas, porque las condiciones para el cambio, “están dadas como nunca”. 

Nota. Les recomiendo esta vez consultar:

García M., G. (2007). Cien años de soledad. (S. Ediciones, Ed.) (Edición no). Bogotá Colombia.

González , M. P. (2015). Conflicto, postconflicto y “desconflictivización” de la escuela colombiana. (Códice Ltd). Bogotá DC.

Kundera, M. (2000). La ignorancia. (TusQuets, Ed.). Barcelona.

Monterroso, A. (2002). Pájaros de Hispanoamérica. (Alfaguara, Ed.). Madrid.

Carta #32: Suicidio, desmitificar para dar apoyo y prevenir

Chicas, chicos, madres, padres de familia y docentes.

A medida que avanzamos en nuestra escritura de cartas van apareciendo situaciones que requieren ser tenidas en cuenta. Hace unos 15 años una extinta periodista publicó, en un periódico que dejó de circular, varias cartas de jóvenes que murieron por suicidio. En el marco de la pandemia hemos escuchado que en 2019 cada 40 segundos murió una persona por suicidio en el mundo. 

Como maestra me inquieta la situación de niños, niñas, adolescentes, jóvenes e incluso adultos que, ante la impotencia de transitar por encima de las adversidades de la pandemia, opten por este fatal desenlace.

Por eso, el mensaje que trae consigo esta carta va en dirección de aportarle al menos a la reflexión de sobre esa posibilidad de muerte no causada por el Covid 19 directamente sino motivada por las implicaciones emocionales y psicológicas ante pérdidas emocionales y materiales. También, llamar la atención sobre el valor de las redes de apoyo. 

“Hola! Lamento haberme ido así, sin avisar, pero una cosa así no se avisa si se quiere tener éxito. Sólo escribo esto para que sepan que los amo muchisísísimo a todos =D. Tuve a la mejor y la más amorosa madre del mundo, simplemente perfecta en todo, luchadora, cariñosa, tierna, hermosa, responsable, noh… mejor dicho todas las cualidades que existen, igual que mi papá, inteligente como nadie. Creo que no hubiera podido nacer en una mejor familia. A mis hermanas y hermanos les falta aprender más a valorar a su familia.

¿Por qué? Bueno, obviamente nadie de la familia tuvo la culpa, sólo yo. Yo mismo fui el culpable de mi destino y terminé siendo una persona solitaria en un mundo donde todos necesitan de todos. Básicamente eso. Dicen que un “porque si” no es una respuesta, pero para mi esa es la más completa de todas para este caso.

No sé si aquí acabe todo, ni siquiera me es posible pensar en la nada absoluta, son cosas tan exageradas como el tamaño del Universo; o si sea algo así como un eterno retorno; o una reencarnación. ¡Pero si termino de fantasma seguramente los visitaré eh!  así que no se asusten xD. OK no, pero tengo mucha curiosidad de saber qué hay del otro lado.

Solamente quería eso, decirles que no estén tristes, tomé esa decisión yo mismo, después de mucho pensarlo. Prefiero que se queden con la imagen de mí que tienen ahora y no arriesgarme a decepcionarlos.

Sólo eso, decirles que los amo profundamente, a todos y no estén tristes, es lo que yo quería. Sean felices, quiéranse mucho, dense un abrazo y un beso todos los días, pero que no se vuelva rutinario y pierda su significado, háganlo de verdad. Un “te quiero mucho” realmente es importante.

Disfruten la vida al 100 porque sinceramente lo único que sabemos es que es sólo una.

Los amos mucho. Serafín = )

Gracias, muchísimas gracias por todo. Si me voy al cielo siempre estaré cuidándolos = ) 

No quiero hacerle daño a nadie, sólo no hacerme daño a mí mismo.”

El contenido de la misiva abarca muchos tópicos, merecedores de profundización en la autopsia sicológica, si queremos cualificar la convivencia, prevenir suicidios y homicidios, porque no se puede perder de vista la interpretación de que el suicidio es un homicidio que no se comete contra otra persona sino contra si mismo. 

El manuscrito, por ejemplo, postula una estética apreciable en su elaboración; la semántica, la sintaxis, la ortografía, el tiempo y el estilo demuestran que no es cualquier adolescente el que decide partir, que no es “un cobarde” ni “un valiente “como suele valorarse este acto ligeramente o a priori; es un chico maduro, serio, consciente del acto, considerado con su estirpe y muy filosófico. 

Albert Camus inicia el ensayo Lo absurdo y el suicidio, en el Mito de Sísifo, anotando: <<No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía>> (Camus, 1999, p. 15). El suicidio “es como la depresión, una consecuencia del sufrimiento que negamos en la infancia” (Miller, 1985) 

En esta corta reflexión no voy a hacer hermenéutica acerca de la carta de Serafín, sencillamente quiero plantear un par de inquietudes respecto a lo a posteriori, es decir, a la desolación que queda tanto en la familia como en el colegio, ante un acto, que como bien lo precisa Margarita Hoyos “es como una cirugía sin anestesia” Una disección que padecen los hermanos, los padres, los amigos, los compañeros de colegio, los familiares, vecinos, los profesionales de la salud y hasta los encargados del sepelio, porque duele mucho enterrar a un niño o a un joven, porque eso es como apagar una luz en la obscuridad (Bonnett, 2013). 

Bonnett, P. (2013). Lo que no tiene nombre. (Alfaguara, Ed.). Bogotá Colombia.

Camus, A. (1999). El mito de Sísifo. (FCE, Ed.). México.

Miller, A. (1985). El drama del niño dotado. (Tusquets editores., Ed.). Barcelona.

Carta #31: Hora de levantarnos en colectivo

Buenos chicas, chicos, padres, madres y docentes: 

Como al terminar cualquier clase siempre sacamos algunas enseñanzas, del relato de Gladys se pueden extractar:

  1. Las pérdidas sólo se pueden superar desde el amor, desde esa fuerza que expone Einstein. Quien nunca ha amado no sufrirá ninguna pérdida verdadera, que deba superar.
  2. Aprender de El Buen Vivir a vivir bien. Un aprendizaje que vale la pena retomar de los nativos latinoamericanos: Abya Yala (Mejía, 2015).
  3. Saber vivir es abandonar los apegos conservando el amor, nutrirse bien, darle sentido a cada día, escuchar el cuerpo y ejercitar el cuerpo y la mente.
  4. Saber vivir es establecer relaciones y estar preparado para desprenderse de ellas sin causarse daños ni causarlos. 
  5. Saber vivir es abrirse a todas las cosas nuevas que ofrece la vida.
  6. La historia de Gladys es como un collar de perlas, colgado en su existencia, del cual se han zafado unas, pero quedan muchas para lucir.

En los casos de niños, adolescentes y adultos, inmersos en el pérdidas emocionales El viaje familiar en tiempos de pandemia, la historia de Gladys es un ejemplo que le ayuda al maestro, a la maestra, a docentes orientadoras y orientadores, al igual que a las directivas docentes y al profesional de la salud Mental a proceder inicialmente en la recolección de la información primaria, para la comprensión de la situación y para pedir ayuda a profesionales especializados o destinados, por las entidades públicas, particulares y de voluntariado, al tratamiento de los afectados y a la prevención de síndromes, en el proceso de aprendizaje. 

El hecho de tratarse de un asunto atinente a un adulto y específicamente de un educador, convoca a mirar hacia adentro y no tanto hacia fuera, pero también a otros sujetos. Dicho de otro modo, si el educador hace consciencia de que el gremio es parte del problema y también de la solución de el sinnúmero de episodios que forja la pandemia, pues qué mejor que comenzar por uno mismo, tal como fue sugerido por E. Wiesel en Souls on fire

Pero ¿por dónde iba yo a empezar?  ¡el mundo es tan vasto! … Pero puedo empezar con mi país … es el que más conozco; el mío.  ¡Pero mi país es tan grande …! Mejor empiezo con mi departamento … ¡Pero éste también es muy grande! Empezaré por mi pueblo … claro que últimamente ha crecido mucho. Tal vez sea mejor empezar por mi colegio y mi barrio … pero no, ¡qué va … ¡Es mucha gente! … ¡No!, mejor empezaré con mi familia, con mi hogar … ¡No importa!, empezaré conmigo mismo” (González B., José Israel y Coronado, 1999, p. 143) 

La experiencia señala una verdad de Perogrullo: sólo se levanta quien se ha caído. Es hora de levantarnos.  

Con mucho amor:

Tu profe Esperanza. 

Como siempre mi recomendación: consultar 

González B., José Israel y Coronado, S. (1999). Hacia una pedagogía de la educación de adultos con sentido cultural. (UNAD, Ed.). Bogotá Colombia.

Mejía, M. (2015). La sistematización. Empodera y produce saber y conocimiento. (Ediciones desde abajo, Ed.). Bogotá DC.

Carta #30: “a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer”

Mis inolvidables pupilos, pupilas, padres, madres y docentes:“Al toro por los cuernos”

Este es otro escalón para subir. Tras los avances logrados, se avecina el capítulo del “pensar en sí misma”, pues ya se ha pensado en el lugar de otros. Ese pensamiento pasa por: atender la indicación del especialista de hacer balneoterapia. El placer de tomar jugos con azúcar y el sentido de hacerlo sin ella no hacen una buena pareja.

 Gladys no debía seguir desatendiendo el escuchar a su cuerpo y hacer algo para calmar sus clamores lumbares; de ahí, que la decisión siguiente –no tan drástica como la ofertada por la protagonista en La decisión de Sofía (Savater, 2003, p. 38) es ir al balneario acompañada por su hijo mayor. Luego vino el tema del ordenador, como herramienta para seguir con la Contaduría, ya había mucho terreno perdido en técnicas y nuevas formas de ejercer eficazmente la profesión. El reto, actualización. Por último, la casa, un bien lóbrego, sin marido, sin hijos y a punto de caerse.

En este escalón, Gladys ya tenía más ganas de vivir, más aliento para continuar y medios para desatafagarse. La acedia estaba perdiendo la batalla. Para el balneario se constituyó un plan de citas y de apoyo terapéutico; para la atención de Ezequiel ya había una ayuda: los hijos; para el trabajo, se estaba actualizando y retomando enseñanzas del pasado; para la casa se buscó a una persona que la cuidara y generara un ingreso; y, para las hipotecas se encontró la colaboración de un jurisconsulto, quien se comprometió a gestionar un préstamo bancario para el desembargo.        

El latido ya se viene sintiendo, el intersticio está dado. Gladys, efectivamente una vez asumida la actitud del pavo real, en el mundo de los pingüinos, pasa al reino de la Oportunidad. El balance: Ezequiel sigue en la misma situación sicomotora; la prole, cumple con lo establecido pero muy lentamente restablece los vínculos afectivos con la progenitora; el ambiente laboral se enrarece, por la falta de comprensión de sus colegas y porque “ya no es lo mismo que cuando prestaba mi cabaña gratis”; los bienes, aún no se desenredan de los litigios; los amigos ya no se acuerdan, como le ocurrió al médico autor de La teoría de la realidad inteligente, en el cuento: El lápiz del carpintero (Rivas, 2018);  pero  como ya quedó dicho, en  El escultor que talla y hace eco, a la vidale basta el espacio de una grieta para renacer” (Sabato, 2000, p. 130), como las semillas. 

Al andamiaje de Gladys, le basta con existir y tener vivos a Ezequiel y a sus dos descendientes, en primer grado de consanguinidad, para renacer, son una verdadera grieta que abre horizontes en el sentido de su existencia. Lo demás, como lo predica el adagio popular: “son bienes de fortuna”. Al preguntarle Polo, años después, por los móviles de su recuperación, no dudó en atribuirlos al amor, no el amor cristiano del que tanto se habla, pero muy poco se practica: amor a Ezequiel, amor a los chicos, amor la trabajo, amor a sí misma y, en menor cantidad, amor a los bienes. Dos de las pruebas que la llevaban a asegurar lo expuesto fueron el manejo del duelo por la muerte de su esposo y el divorcio de su hijo mayor.La derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece(Borges, 1974), adujo el nunca Nobel, escritor argentino, Jorge Luis Borges. 

Nos volveremos a ver niñas, niños y padres de familia.

Tu profe Esperanza.

Como siempre, sigan las consultas bibliográficas: 

Rivas, M. (2018). El lápiz del carpintero. (Alfaguara, Ed.). Barcelona.

Sabato, E. (2000). La resistencia. (Seix Barral, Ed.). Buenos Aires, Argentina.

Savater, F. (2003). El valor de elegir. (Ariel S.A, Ed.). Barcelona.

Carta #29: El perdón, un antídoto para una nueva normalidad

Chicas, chicos, padres, madres y docentes. Lo que la vida te da, también te lo quita.”

Mas consciente de su situación, convencida del tesoro de fortalezas que había tenido, del cúmulo de experiencias afectivas, de la ausencia de tribulaciones y de la abundancia en oportunidades económicas, Gladys, comprende que las bondades que ofrece el mundo son transitorias, que “hay que vivir cada momento como si fuera el último”, momentos que no los podrá borrar de la biografía ni la muerte, tal como quedó expedito al comenzar la segunda parte de este libro.

¿Cómo se puede abandonar lo que la vida le ha ofrecido a un ser humano en su momento? Muy difícil, de ahí que la prédica sobre “perdón y olvido” es muy falaz, un avance loable es perdonar, porque no perdonar, decía Nelson Mandela ” es como beber un vaso de veneno y esperar que tus enemigos mueran.” (Rojas, 2010). 

La carta de despedida a esos hijos bien educados que ya no están, a ese consorte que fue pero que ya no es, a los bienes que hubo pero que ya son de otros, y  al trabajo que tantas gratificaciones aportó, es un apoyo en esta grada, junto con la extinción de temores, la dejadez de la desconfianza, sin miedo a la libertad, parafraseando a Erich Fromm, es ir más allá del umbral de lo conocido (Fromm, 1978), del reino de los Aprendizajes al reino de la Oportunidad, subrayando la fábula del pavo real. 

Ante tantas pérdidas que catapultaron la existencia de Gladys o de cualquier ser humano, el otro escalón a subir es el relativo a atenuar los temores y generar esperanzas. Para ello, conviene realizar un viaje por algunos estadios de la realidad actual. Lo primero que encontró Polo, con su paciente, fue a Ezequiel, “el compañero maravilloso”, desplazándose en una silla de ruedas. Gladys queda sin palabras, llora, balbucea e intenta devolver el tiempo, pero no, la exigencia era estar cara a cara con el cónyuge discapacitado, habido de ayuda. “Me siento miserable cuando lo miro”, le manifiesta Gladys a Polo al ver a Ezequiel en esa situación. Entretanto, el abnegado esposo experimenta emociones positivas cuando su esposa le hace masajes, le coloca la cuchara en la boca con la comida, cuando le pone la música que le gustaba y cuando lo baja de la silla en el parque, para contactarse con el suelo.                

Ante una historia como esta, viene a la memoria una de las conclusiones de Einstein, en el fragmento de la última carta enviada a su hija: “Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas: El amor. “El amor –prosigue el emisor, es luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere” (González Ávila, 2015, p. 139).

Leída esta página con llanto, tristeza e impotencia, se pasa al capítulo de los hijos. Según su madre, le habían hecho mucho daño, porque ella no esperaba que “le pagaran con esa moneda”. Ante esta postura fluye la pregunta: ¿No sería que los hijos estaban sufriendo tanto, por la miserableza en que estaba su progenitor, que con la única persona que podían desahogarse era con ella, y de esa guisa, porque con él no era justo? La reflexión sacude a la madre y la induce a recordar que su relación con los chicos fue muy satisfactoria, acorde con unas condiciones y que hoy son adultos, que pueden y deben cooperar con ella y con su padre. 

En esa lógica, madre y primogénitos acuerdan un encuentro en el hospicio de está Ezequiel. Ahí Gladys ya llevaba claro los puntos a tratar. El primero, manifestarles, que como ellos, sentía mucho dolor por lo que estaba aconteciendo y que ese dolor lo compartía con los dos; lo segundo, que la decisión de llevar al padre a ese sitio se hizo con la mejor intención, más aún, acogiendo las recomendaciones de los profesionales de la medicina quienes desaconsejaron dejarlo en la casa; en tercer lugar, les perdonaría su comportamiento; y, como cuarto punto se elaboraría un plan de atención conjunto, incluyendo visitas y acciones con Ezequiel.

Hasta la siguiente oportunidad 

Su profe Esperanza

Recuerden la lectura de:

Fromm, E. (1978). ¿Tener o ser? (F. de C. Económica, Ed.). Ciudad de México.

González Ávila, M. P. (2015). Conflicto, postconflicto y “desconflictivización” de la escuela colombiana. (Códice Ltd). Bogotá DC.

Rojas, S. (2010). El manejo del duelo. (Planeta, Ed.). Bogotá DC.

Carta #28: ¿De qué nos ha servido todo esto?

Recordados educandos, padres y docentes: ¿De nada me sirvió todo esto? Se pregunta la profe Gladys y a renglón seguido expresa:

Es una ficticia y vacua conclusión a la que llega una persona con duelos o heridas abiertas. No obstante, hay que retomar la lección del albañil tranquilo de Neruda. Sin prisa hacer los movimientos, alzar la escalera y alistar todo para la inauguración. Dicho de otro modo, la escalera hay que contemplarla con detenimiento como el arco de Marco Polo, en la obra de Ítalo Calvino. Ya se le observaron las fisuras y se aceptó que eso es lo que se tiene. 

Ahora hay que contemplar “la línea del arco” que forman las piedras, la estructura que la sostuvo, es decir: las piedras, porque “sin piedras no hay arco”: una vida saludable, un matrimonio feliz, unos trabajos dignos y bien remunerados, unos hijos juiciosos y educados y unos bienes que se disfrutaron, todo esto no puede percibirse sino a la luz de la satisfacción. ¿De nada sirvió todo esto?  ¿Fueron en vano todos los esfuerzos?  ¿Acaso, el sentido de estar bien todos?  

Freud –devolviendo la madeja de este ovillo hasta la historia de Antares -una amiguita de la emisora de la historia de la profe Gladys-, puntualmente en la relación de la pedagogía y la siquiatría, en la perspectiva de la Crítica Antiautoritaria- parte de la tesis de que existe, en la población, la tendencia a reprimir los recuerdos desagradables, depositándolos en el inconsciente. El castigo sicosomático de esta tendencia, según los sicoanalistas, sería la neurosis. “Todos somos neuróticos”, sostenía en anti siquiatra R.D. Laing. 

Pero, la represión no se reduce a los recuerdos negativos, también cobija a los recuerdos positivos, la gente se queja, protesta, no se siente cómoda con los medios que posee, no aplaude su existencia, ni todo aquello que le rodea; no se reconoce a sí misma y menos concede reconocimiento a los demás. “Entre más tiene, más quiere”, reza el aforismo popular. Hay un síndrome de abulia económica, política, social y personal, asunto que no es benéfico sino dañino para unos y otros. Gladys, en esta grada, sube y baja, literalmente, pero se contiene en la base: el reconocimiento de las pérdidas, el avistamiento de un pasado satisfactorio y unas posibilidades para ascender en una escalera con otras particularidades”. 

Hasta luego familia.

Les recuerdo hacer la consulta de los libros que parecen en el texto.

González Ávila, M. P. (2015). Conflicto, postconflicto y “desconflictivización” de la escuela colombiana. (Códice Ltd). Bogotá DC.

Carta #27: Una pausa para avanzar

Apreciados estudiantes, padres de familia y educadores: 

Esta segunda parte de la carta que envía la chica afirma que: “Nadie enseña a perder” y continúa: “Queda prohibido…no saber que cada uno tiene su camino y su dicha, no tener un momento para la gente que te necesita, no comprender que lo que la vida te da, también te lo quita” (González Blanco, 2008, p. 219). La mejor lección para quien no sabe perder ni ganar son los versos de Neruda, puestos en el poema: “Queda prohibido”. 

Es un buen comienzo en casos como el de Gladys y el de muchos niños, jóvenes y padres de familia que viven la pandemia. Reconocidas las heridas el paso siguiente no es calmar el dolor paliativamente, como tradicionalmente frecuentan hacerlo el médico con el paciente, los padres con los hijos, el maestro con el alumno. El peldaño para subir es conducir el reverso del dolor al centro de la manera cómo se está acostumbrado a pensar. Es, volviendo a Benedetti, “…hacer una pausa, contemplarse a sí mismo sin la fruición cotidiana, examinar el pasado, rubro por rubro, etapa por etapa, baldosa por baldosa y no llorarse las mentiras sino cantarse las verdades”.

Se trata, en esta fase, de valorar la escalera de la felicidad, escaño por escaño, y admirar su ascensión, acudir a los contrafactuales: habría-podría-debería (Gopnik, 2010, p. 35) de la vida, enunciados por Gopnik , volver a Viktor Frankl y asumir la postura socrática para interrogarse: 

¿Qué habría pasado si no se hubiese casado?  ¿Qué habría pasado si su marido hubiese sido un maltratador? ¿Qué habría pasado si hubiese sido estéril? ¿Qué habría pasado si uno de los niños hubiese nacido muerto? ¿Qué habría pasado si hubiese tenido que vivir en condiciones extremas de pobreza? ¿Qué habría pasado si uno de los hijos hubiese optado por el consumo de alucinógenos? ¿Qué habría pasado si no hubiese disfrutado de un apartamento citadino, de una cabaña campestre y de buenos vehículos? ¿Qué habría pasado si por alguna circunstancia, en el ejercicio de su profesión, hubiese tenido que ir a una penitenciaría? ¿Qué habría pasado, qué habría pasado, qué habría pasado sí?

Gladys nunca tuvo estas preguntas en su derrotero, siempre la pupila estaba puesta en el “deber ser”, aprendió a conseguir, pero nadie le enseñó a perder y a qué se hace cuando hay pérdidas, como las experimentadas. ¡A ningún pavo real lo preparan para vivir en el reino de los Pingüinos! Cuando una persona se pone en el plano adverso al de su statu quo, en el reino de la Oportunidad, cambia su actitud, porque el reino de la Oportunidad “más que un lugar, es un estado mental…es una actitud”, se lee en la fábula: “Un pavo real en el reino de los pingüinos”(Hateley, 2005). 

Es como Macondo: “más que un lugar en el mundo es un estado de ánimo (¿recuerdas?). Gladys logró, con el ejercicio, abrazar a la sabiduría popular: “Nadie valora lo que tiene hasta cuando lo pierde”, yendo más allá: darles sentido a las pérdidas, dentro del caos sentimental. Para ello requirió registrarlas, haciendo una Escalera de la felicidad, guardarlas en su memoria y aceptarlas completamente.” Ese es un paso por seguir después de la elaboración de la Carta de Resolución de Pérdidas Emocionales que deja la pandemia de la Covid-19.

Nos comunicaremos pronto chicas y chicos

Recuerden consultar:

García, G. (1985). El amor en los tiempos del cólera. (Norma, Ed.). Bogotá D.E.

Gopnik, A. (2010). El filósofo entre pañales. (Ediicones Planeta S. A, Ed.). Madrid.

Hateley, B. (2005). Un pavo real en el reino de los pingüinos. (Norma, Ed.). Bogotá.

Carta #26 ¿Es la vida, más que la muerte, lo que no tiene límites?

Carísimos estudiantes, padres, madres de familia y docentes

Ya había dado por hecho que de ahora en adelante me sentaría a esperar las cartas de mis estudiantes y padres de familia para saborearlas, así fuese con un sabor amargo por la carga de dolor que lagunas transportarían; ¡pero no!, “una cosa mira el burro y otra quien lo está enjalmando” decían los campesinos de mi pueblo.

Cómo les parece que una chicuela me escribió para decirme: <<Uf pana, seamos más breves, eso último está muy fuerte, ¡no aguanta!>> Ella me explicaba que las últimas cartas estaban muy pesadas porque se centraban en abordar algunas emociones negativas de esas que jugaron con la locura y que, si uno no pasa de ahí, se enferma y de lo que se trata es de seguir adelante, porque <<es la vida más que la muerte la que no tiene límites>>(García, 1985, p. 409). Así como nos lo enseñó Florentino Ariza después de esperar cincuenta y tres años, siete meses y once días a su amada Fermina Daza. 

La niña que me interpela con su misiva me echó una curiosa historia. Que una vez había un escultor agachado sobre un enorme bloque de piedra y que todos los días daba martillazos y picaba la piedra informe, y que de repente un día recibió la visita de un niño quien le dijo: 

Oye, ¿qué estas buscando en esa piedra? 

El escultor no le puso cuidado al niño, como suele suceder, siguió concentrado labrando el bloque. Al cabo de unos días el niño volvió. Para entonces el escultor había esculpido un hermoso caballo del bloque de granito. El niño lo miró asombrado y le dijo: 

– ¿Cómo podías saber que el caballo estaba ahí dentro?

La niña me dice que el dolor es como un bloque de piedra de donde pueden salir algunas soluciones para la resolución de las pérdidas emocionales y, después de contarme esa historia, me sugiere la historia de Gladys que es como un caballito que ella tenía en su corazón y que un escultor de los sentimientos se lo hizo salir.        

Gladys es una persona de esas que en esta sociedad suelen denominarse muy afortunada. Se casó, por la iglesia a los 19 años, con un marido muy fiel, su luna de miel tuvo lugar en una isla caribeña. Cumplidos los 26 años, además de ejercer el magisterio, en una sola jornada, complementa su actividad laboral con la contaduría. A esa edad ya tenía dos hijos varones sanos y normales, a quienes creó con dedicación. En la relación conyugal construyó una sociedad patrimonial representada en dos vehículos, uno de alta gama y el otro “de combate”, más un apartamento en la ciudad y una cabaña en las afueras de la urbe. 

Su vida transcurrió sin mayores contratiempos. Pero un día, hizo un alto en el camino para visitar a Polo, un galeno especializado en siquiatría. El motivo de la consulta: su marido, ese hombre fiel, hacendoso, tierno y trabajador sin tregua, había sufrido un ataque al miocardio, que desde ese momento necesitó atención y monitoreo médico permanente. 

Gladys, menguó su fortaleza, a partir del inesperado episodio. Conoció el significado emocional y económico de los descuentos, por inasistencia al lugar de trabajo. Los clientes de la contabilidad se fueron retirando, porque la fijación de la atención estaba centrada en los problemas de su pareja y no en la acción profesional. Los hijos, a quienes “levantó” con dedicación, amor y esperanza, le “dieron la espalda”, porque ella, ante los infortunios, tuvo que internar a su cónyuge en una “pensión”, sin el consentimiento de la progenie.  

El apartamento fue embargado por un amigo de Ezequiel, su esposo. La cabaña, fue hipotecada por deudas y debido a que no había tiempo para frecuentarla, como otrora, ni dinero para sostenerla. Pero lo más delicado, Gladys es diagnosticada de una hernia discal que le impide hacer ejercicio y moverse como solía hacerlo. 

  • ¿Qué será lo que he hecho para que me pase todo esto, Dios mío? – exclamaba la atormentada mujer a las escasas amigas que, de vez en cuando, la llamaban. 
  • No puedo más doctor -le manifestó, en una ocasión al siquiatra, llorando y estrujando un pañuelo con sus manos- estoy destrozada, ¡mi vida es una carga y usted mandándome a hacer balneoterapia! ¡No tengo ganas de nada…ojalá ya estuviera muerta!       

Soledad, melancolía, desilusión, ganas de no seguir existiendo, limitaciones físicas y descenso en los ingresos y en las finanzas, en una mujer que subió por la escalera de la felicidad y aún con menos de medio siglo de existencia. 

Muy poco por hacer, salvo que la dolida maestra llegase a la conclusión –con Elisabeth Lukas, <<de que perder y ganar tiene un sentido, que la vida está incondicionalmente llena de sentido y que a todos nos depara siempre un deber cuya realización puede proporcionar, por lo menos, un atisbo de alegría>> (Lukas, 2001).

Efectivamente, Polo, con su mirada logoterapeútica, traza una visión con interrogatorio que contiene el siguiente itinerario: primero, examinar las grandes pérdidas expuestas: ya no podía disfrutar de ese matrimonio feliz. La relación armoniosa con los hijos y el acogedor hogar habían perdido su esplendor; su salud y la de su marido estaban deterioradas; el trabajo ya no convocaba como antes y los bienes se estaban esfumado, esa era la cruda realidad, es la herida para airear. 

Feliz día

Recuerden siempre complementar la lectura con las fuentes citadas. 

González Ávila, M. P. (2015). Conflicto, postconflicto y “desconflictivización” de la escuela colombiana. (Códice Ltd). Bogotá DC.

Lukas, E. (2001). Paz vital, plenitud y placer de vivir. (Paidós, Ed.). Barcelona.

Carta # 25: La esperanza en alto

Queridísimos estudiantes y padres de familia. 

Las y los invito a que recuerden cómo iniciamos nuestra correspondencia. Lo iniciamos imaginándonos un viaje de 6 horas entre Bogotá e Ibagué; 24 horas de Bogotá a Cartagena y varios días a Quito (Ecuador) o a Santiago de Chile en bus. Igualmente, rememoramos el planeta raro de E1 principito donde un día correspondía a1440 puestas al sol y dijimos que la cuarentena o veintena de 19 días de aislamiento social equivaldrían a 16.360 días, es decir que mas de 44 años si viviésemos donde El principito. Pues bien, siguiendo con la invitación a que sigamos imaginando y con la Esperanza en alto, démosle el turno al escritor de la carta para que la lea teniendo en cuenta: 

1. Elegir un lugar privado que lo haga sentir seguro.

2. Llevar contigo unos pañuelos desechables, para evitar interrupciones en el momento en que alguien se los alcance.

3. Trae a la memoria la imagen del destinatario o persona con quien desea aclarar la relación, respira profundo, cierra los ojos antes de comenzar. 

4. Ahora, abre los ojos e inicia la lectura sin detenerse, no deje embotellar las palabras y los sentimientos. 

5. Cuando llegue al final, antes de pronunciar el adiós, vuelve a cerrar los ojos por un momento.     

6. No hay que perder de vista que se le está diciendo adiós es al dolor y a la pena de emociones pendientes. La despedida no es de los buenos recuerdos, tampoco se está despojando de sus creencias espirituales.           

7. Al terminar, si hay varias personas escuchando y si a ninguna se le ocurre darle un abrazo al lector, pide que alguien lo haga.

Y como en la cuarentena también hay tiempo para el cine, permítanme terminar haciendo el siguiente comentario sobre la película Historia sin fin– en la que se persigue a un hombre bestia que hostiga a unos niños y adolescentes que quieren salvar al reino de la Fantasía de una peste que lo está acabando, llamada “la nada” o la violencia. La Fantasía no tiene límites y por ello Atreyu, otro personaje, pregunta que por qué está muriendo. La respuesta de Gmork es: “porque los humanos están perdiendo sus esperanzas y olvidando sus sueños. Así es como la nada se vuelve más fuerte. Los habitantes de Macondo se impusieron a la peste del insomnio y del olvido escribiendo y construyendo la máquina de la memoria, logrando recuperar la luz de la memoria; los habitantes de aquella ciudad asaltada por la ceguera también lograron recuperar la visión, por encima de las vicisitudes. 

Ahora nos corresponde a nosotros por encima del dolor y de todas las pérdidas humanas y materiales salir adelante. Estas cartas apenas son 25 piezas de la 14.000 que elaboró José Arcadio Buendía para ayudar a su pueblo. Queda a merced de cada lector seguir con la segunda parte de esta iniciativa, consignando sus relatos sobre esta experiencia: El viaje familiar en tiempos de pandemia. 

Las y los quiero mucho, mucho peladas, pelaos, madres y padres de familia.

Hasta pronto.

Esta vez la fuente a consultar es la película Historia sin fin.

Su profe Esperanza

Carta #24: Escucharnos para sanarnos

Mis recordados chicos, chicas, madres y padres de familia.

¡Vamos, vamos! Ya estamos en el cuarto momento de elaboración de la Carta de Resolución de Pérdidas Emocionales. Una vez escrita la carta, el maestro, el orientador, el adulto o quien dirige su elaboración debe:

1. Visualizarse con un “corazón con oídos”, escuchar, solamente escuchar. Puede llorar o reír, pero no hablar. Nada de lo que se haga debe implicar juicio, crítica, análisis o comentario. El ser humano comete errores, aprende de ellos, por eso no vilifique ni divinice.  

2. Siéntese a una distancia cómoda del discípulo o escribiente, relájese y asuma el rol de ser un amigo que está escuchando algo importante. “Cuando la gente hable, escucha absolutamente todo. No estés pensando en qué es lo que va a decir. La mayoría de la gente nunca escucha. Ni observa”, sustenta Ernest Hemingway. 

3. No toque a la persona durante la lectura, porque puede detener la expresión emocional y justamente se trata de sacarlas a flote, de dejarla fluir.

4. Mantenga sus emociones bajo control, si se siente afectado, acéptalo. Si, por ejemplo, los ojos se le llenan de lágrimas por lo que escucha, deje que corran por las mejillas como el médico oftalmólogo, en la obra de Saramago, que sufrió el mal blanco o ceguera, evite limpiarse en el momento. Aliste pañuelos.

5. Permanezca todo el tiempo que dure la lectura. Escuchar con el corazón abierto.

6. Cuando el lector, alumno o adulto, pronuncie el adiós, ofrézcale un abrazo, la duración depende del nivel de emoción del uno, del otro o de la otra. 

7. Recuerde que la intelectualización de lo escuchado no tiene cabida: reiteramos: no juzgue, no analice, no critique, no comente. La carta es la culminación de una cantidad de trabajo difícil, muchas veces de la carga de emociones negativas, pero “para indagar en el alma humana es mucho más fructífero adentrarse en las cualidades negativas.”(Vernaza, 2014, p. 65) (Vernaza, 2014).

Hasta luego mis parceras y parceros.

La consulta es la misma de la carta anterior. 

Vernaza, C. (2014). Reflexiones y herramientas sobre el dolor, el duelo y el sufrimiento humano. Bogotá Colombia.