Su majestad, el biberón

Del 1 al 7 de agosto de 2019 la Organización Mundial de la Salud y la UNICEFcelebraron, en más de 170 países, la Semana Mundial de la Lactancia Materna conmemorando la Declaración de Innocenti. La actividad le apuesta a fomentar la lactancia materna y a mejorar la salud de los bebés de todo el mundo…reforzamiento de una “cultura de la lactancia materna”y su vigorosa defensa contra las incursiones de la”cultura del biberón”

La Declaración de de Innocenti y las cifras colombianas.

La Declaración de Innocenti, firmada el 1 de agosto de 1990 en Florencia Italia, reconoceque la lactancia exclusiva, en los seis primeros meses de existencia del ser humano y complementar el amamantamiento con otros alimentos durante los 18 meses siguientes, provee la nutrición que requiere el ser humano para su formación psicobiológica y social; contribuye con el saludable crecimiento y desarrollo en todas sus dimensiones; reduce la incidencia, la severidad de las enfermedades infecciosas, la morbilidad y la mortalidad infantil; coadyuva con la salud de la mujer reduciendo el riesgo de cáncer ovárico y del pecho; provee beneficios sociales y económicos a la familia y a la nación. La declaración también establece unas metas que debían cumplirse en 1995 relacionadas con la instalación en las políticas sociales de una estructura gubernamental garante del cumplimiento de la Declaración diseñando estrategias de acción para la protección, promoción y apoyo a la lactancia materna, incluyendo una monitorización y evaluación global de esas estrategias

Han pasado tres decenios de promulgada la Declaración y los resultados evidencian una realidad adversa a lo rubricado. Hoy hay niños y niñas que están muriendo de hambre, también por desnutrición y malnutrición. La FAO, el 15 de julio pasado, entregó los resultados del nivel nutricional de los habitantes del mundo. Según el informe, en Colombia, para no hablar de los vecinos ni del mundo, 2,4 millones de personas (4,8%) aguantaron hambre en el trienio 2016–2018. Las manifestaciones del “hambre oculta” como la anemia, en mujeres en edad reproductiva pasó del 22,1% en el año 2012 al 21,1% en el año 2016. En los niños la anemia está por el orden del 25% según los estimativos del Instituto Nacional de Salud. La baja talla para la edad, que afecta a medio millón de niños y niñas menores de 5 años y, el aumento progresivo del número de adultos mayores de 18 años que sufren de obesidad pasó de afectar a 6,3 millones de adultos en 2012 a 7,5 millones en el año 2016.

El 27 % de los niños, entre el primer año de vida y el cuarto, tienen deficiencia de vitamina A. El 28 % de las gestantes poseen anemia y el 44 % de las gestantes tienen deficiencia de hierro”, según el Instituto Nacional de Salud. Y eso que Colombia se comprometió con la seguridad alimentaria en el Objetivo de Desarrollo Sostenible “Hambre Cero”.

¿Y las campañas contra “cultura del biberón”?

En los últimos decenios la economía del mercado ha cambiado notoriamente la cultura. La postguerra trajo consigo el concepto de desarrolloque no es más que subdesarrollo y el concepto de necesidadligada al consumo. Hay quienes sostienen que esto hace parte de la segunda colonización, la primera fue la de los españoles de la cual festejamos ilusamente su independencia en actos como los del Bicentenario. Dentro de esta nueva dinámica desarrollista aparece el Control de la natalidad (recuerden la teoría de Malthus, el Club de Roma) y el biberón, que convirtió al tradicional infante de pecho en el bebé moderno y empujó a la mujer al empleo industrial, comercial y de servicios. La antisepsia, la inmunización y la dietética del bebé moderno se alteran, no solo por la ingesta del funesto azúcar de la leche sustituta de la leche materna, sino por los mismos contenidos y conservantes de la leche que impone el mercado de las multinacionales y por la desnaturalización de la relación madre-hijo.

Los estudiosos del comportamiento social y cultural de los seres humanos: psicólogos, docentes, psicopedagogos, psiquiatras, trabajadores sociales, sociólogos, filósofos, fonoaudiólogos, antropólogos, entre otros, deberíamos investigar, mas afondo, en las prácticas de crianza de niños, jóvenes y adultos la etiología de los problemas psicológicos, emocionales, de aprendizaje, de salud mental y anatómica, entre otros malestares. Son escasas las referencias que se hacen, al uso del biberón, en el estado del arte de los problemas de salud de los colombianos.

Desde que Rousseau escribió sobre la educación de los niños en su magna obra Emilio o de la educación(Rousseau, 2006)y Freud señaló que los orígenes de la personalidad humana se encontraban en la primera infancia, muchas generaciones de psicólogos, filósofos y educadores han tratado de investigar lo que se entiende por experiencia temprana y por aprendizaje temprano y la manera como influyen en la vida de una persona.  El acceso al biberón, el uso y abuso es una experiencia temprana que merece ser investigada para comprender, precisamente, cómo ha influido en los colombianos. Rubén Ardila, en uno de sus estudios sobre Pautas de crianza en los niños colombianos, decía, en los inicios de 1980: “el estudio del niño colombiano tiene importancia fundamental para entender la psicología del hombre colombiano” (Ardila, 1986, p. 86).

Se requiere ser un buen observador para percibir la desnaturalización ocasionada con el ingreso del biberón al hogar por la tensión física, psíquica, des afectiva, incomunicacional y emotiva que genera y sigue ocasionando. En 1960, el 96% de las madres de un país suramericano cuyo nombre dejo a la imaginación del lector, daban leche materna a sus hijos hasta después del primer año. Una década después, luego de un adoctrinamiento político con la teoría desarrollista, o segunda colonización, “solo el 6% amamantaba por más de un año y el 80% destetaban antes de que la criatura cumpliera dos meses. Como resultado, el 84% del potencial de leche humana quedaba sin producirse, emplazando así la producción de la leche de 32.000 vacas” (Illich, 2005, p. 604), con nefastas consecuencias para el ambiente (calentamiento global). Darle pecho a un niño o niña, durante los dos primeros años de existencia, vale por suministrarle el equivalente nutricional de 436 litros de leche de vaca al año.

El biberón, además de la desnaturalización ha traído consigo desnutrición endémica en los hogares y países empobrecidos, que cada año celebran el día de la madre y de la independencia contemplando la sobrealimentación patológica en los países colonizadores y con indiferencia ante los oprimidos. A propósito de las vacas, hago un paréntesis para comentar que según Fedegan en Colombia había, hasta el año pasado, 28 millones de vacas y este año han ingresado por contrabando alrededor de 4 millones, es decir,  32 millones de reses que alimentan el calentamiento global y se pelean el oxigeno con 47 millones de colombianos mal contados y con la cantidad de maquinaria cuyos combustibles provienen del carbón y el petróleo.

Una de las metas que contiene laDeclaración de Innocenties el reforzamiento de una “cultura de la lactancia materna.” En la Semana Mundial de la Lactancia Materna conmemorando la Declaración de Innocenti, en 2019, ¿Dónde están las campañas de sensibilización y concientización para padres, madres, empresarios, profesionales de la salud, educadores, niños, jóvenes, adultos, adolecentes, funcionarios y gobernantes que le apuesten a fomentar la lactancia materna, a mejorar la salud de los bebés, a defender vogorosamente la ingesta de la leche materna y contra el uso del biberón?

Si los datos oficiales señalan, a la fecha, que en los niños la anemia está por el orden del 25%; que la baja talla para la edad afecta a medio millón de niños y niñas menores de 5 años; que el 27 % de los niños, entre el primer año y el cuarto, tienen deficiencia de vitamina A; que el 28 % de las gestantes tienen anemia y el 44 % tienen deficiencia de hierro”. Sin duda que estas deficiencias tienen que ver con la falta del amamantamiento o del destete temprano. ¿Qué esperan el gobierno y las entidades del ramo para impulsar políticas de promoción del consumo de leche materna para ir previniendo, sin mayores costos, la baja morbilidad y mortalidad infantiles que elevados precios en vida y económicos le acarrean a la sociedad y al Estado? Ojalá este tipo de campañas no sea más vino nuevo envasado en botellas viejas.

 Algunas fuentes consultadas

Ardila, R. (1986). Psicología del hombre colombiano. (Planeta Colombiana Editorial S.A, Ed.). Bogotá Colombia.

Illich, I. (2005). Obras reunidas. (FCE, Ed.). México DF.

Rousseau, J. J. (2006). Emilio o de la Educación. (Barbera editores, Ed.).

 

http://www.unicef.org/spanish/nutrition/index_24807.html

http://www.fao.org/colombia/noticias/detail-events/es/c/1202301/

 

 

Educación Libertadora: Simón Bolívar un ejemplo para repensar el sistema educativo.

Es del resorte de las maestras y los maestros, en el contexto del Bicentenario, preguntarnos por la influencia de la educación en la formación del libertador de cinco repúblicas. La respuesta, sin duda, lactará la reflexión sobre todo para quienes, a diario, lidiamos con estudiantes “indisciplinados”, inquietos, rebeldes e inquietos. La historia educativa de Simón Bolívar es un ejemplo de transformación y potencialización del ser humano, por encima de las adversidades familiares, escolares y de personalidad. 

Simón Bolívar: un niño difícil de soportar, voluntarioso, criado por una esclava.

Simón Bolívar nace de la relación entre una mujer quinceañera y un cuadragenario cónyuge. Su madre, según las crónicas, era una mujer bella, de “instintos recios” que solo eran reprimidos superficialmente por la severa educación acostumbrada en la colonia para la mujer, ambiciosa de éxitos. La vida de su padre transcurrió muy holgadamente, pues gran parte de las preocupaciones se detenían en resolver los problemas propios de la administración de su fortuna.

Simón, desde el momento del nacimiento, fue entregado al cuidado de otras personas, una de ellas a la negra Hipólita, una fiel y abnegada servidora de la familia Bolívar. El hijo de Don Juan Vicente, entonces, no contó con los cuidados especiales que inspira el afecto maternal, porque su progenitora ya presentaba los primeros síntomas de una grave enfermedad del pecho, afección que 9 años después la llevó a la cripta. La esclava, de ascendencia negra, fue la encargada de seguirle y atenderle los primeros movimientos en el gateo y la locomoción, además de iniciarlo en el lenguaje verbal. Para Bolívar ese alejamiento de la madre fue inexplicable y reprochable, para él sus verdaderas madres fueron la negra y otra dama cercana a la familia Palacios.

La ausencia de cuidados naturales de la madre biológica fue compensada con creces por los mimos excesivos y amorosos de Hipólita, a tal punto que no había antojo, capricho, llamado y pedido que ella no estuviese presta a satisfacérselo. Esta situación forjó en el niño el poder de mandar y de ser obedecido, lo mismo que entender que todos los deseos se satisfacen como algo natural y sin controversia. Las crónicas, sobre la infancia de Bolívar, abundan visibilizando un profundo sentimiento de optimismo, una actitud voluntariosa y un niño difícil de soportar con intensas intemperancias en su carácter cuando sus deseos no eran logrados.

Con la muerte de su padre, a los 3 años, la madre lo entrega en custodia a un curador ad-litem, al parecer para evitar el contagio de su enfermedad, pero, sobre todo, por el deseo de que una autoridad judicial disciplinara el carácter que hemos descrito de Simón. El curador aceptó el encargo, “sin entusiasmo”, preocupándose por inspirarle temor con el fin de contrarrestar su díscolo comportamiento. Pero el traslado de Simoncito, de la extensa y alegre mansión señorial de la Plaza de san Jacinto, en Caracas, a la residencia del curador no produjo los efectos esperados, más bien su rebeldía y seguridad de sí mismo amargaron la existencia del custodio haciéndole sentir la inutilidad de sus esfuerzos, por modificar el comportamiento por la vía de la opresión. Ante los sucesos Simón fue devuelto a sus familiares con unos pronósticos que generaron más desesperación en la mórbida madre, optando ella, con uno de los tíos del niño, por entregarlo ahora a la dirección de los mejores maestros de Caracas, entre quienes se encontraba Andrés Bello.

No era de esperarse, pero estos maestros se formaron la peor idea de su discípulo, sintieron hostilidad y coincidiendo en creer que, por su falta de atención, por la nerviosidad que le impedía estarse por un rato quieto, por el carácter voluntarioso y reacio a someterse a un método de disciplina, del niño Simón no podía esperarse nada bueno. Empero, las condiciones características del desenvolvimiento del alma de Simón Bolívar, las facilidades y mimos para suerte suya que encuentra en los primeros años de su existencia, “determinan su natural compenetración con el medio exterior y la tendencia de su alma a vivir dentro de los problemas y para los problemas de ese medio.”(Liévano A., 1987, p. 13)

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Rousseau en la educación de Bolívar a través de un autodidácta.

De Rousseau recordamos, entre otros conceptos, el de “Educación natural” que no se ocupa de las formas de la sociedad o de las tradiciones de la escuela, sino del conocimiento de la verdadera naturaleza del ser humano y por ende sobre una rigurosa investigación afín a la naturaleza del educando. Para Rousseau, las primeras impresiones, los instintos naturales, los sentimientos y los juicios sencillos y espontáneos que brotan en el ser humano, en contacto con la naturaleza, son la mejor guía de comportamiento; de la pertinencia de respetar y promover el desarrollo de los referidos fenómenos instintivos en el niño y en la niña, en lugar de reprimirlos. En este contexto asoma el concepto de “educación negativa” que cuestiona la “educación positiva” de la época, la cual “tiende a formar prematuramente la inteligencia y a instruir al niño en los deberes del hombre maduro”. Para Rousseau lo que hay que hacer es “perfeccionar los órganos del saber antes de suministrarlo directamente, preparar el camino de la razón con un buen ejercicio de los sentidos…”.(Rousseau, 2011)

Luego de las tensiones iniciales en la vida de Simón Bolívar, por su comportamiento y ante el fracaso de sus preceptores, aparece un escribiente vinculado con la administración de la fortuna de uno de los consanguíneos del adolescente en referencia: Simón Carreño, un hombre “prematuramente cínico por las amargas desgracias de su existencia” (Liévano A., 1987, p. 16), desventurado desde su más tierna infancia y para quien la bondad, la virtud y el amor habían sido destruidos por los malos instintos de los hombres. Su vida, según los cronistas, se desenvolvió sin afectos y sin otros objetivos que su propia amargura y sus profundos odios a circunstancias de la vida, llegando incluso a sustituir el apellido de Carreño por el de Rodríguez de manera definitiva.

Simón Rodríguez, como se hará llamar en adelante, en uno de sus viajes a Francia se topó con la magna obra del pensador ginebrino. Emilioo de la educaciónle hizo replantear su situación encaminándose a librar a las personas de la nefasta educación y a educar a los hombres para la felicidad, en cambio de esclavizarlas como harapos humanos destinados al dolor y al fracaso, tal como él lo había vivenciado. El empuje del pensamiento rousseauniano lo estimuló a erigir un Memorial al Ayuntamiento de Caracas titulado: “Reflexiones sobre los efectos que vician la escuela de primeras letras de Caracas y medio del lograr su reforma por un nuevo establecimiento”(Liévano A., 1987, p. 16).Los oídos sórdidos de los gobernantes lo espolean a reducir esas aspiraciones y a buscar a un pequeño Emilio, no maleado todavía por la “Educación Positiva”, para aplicar preceptos de la pedagogía de Rousseau. El niño escogido, con la anuencia de la familia Palacios fue Simoncito.

Desde el comienzo la empatía entre “el pequeño Emilio” y el “Rousseau americano” fue inquebrantable. Rodríguez no le habló a Bolívar acerca de las tediosas asignaturas que le enseñaron, sino que más bien se ocupó de: remozar el juego, los deportes que le gustaban, los paseos, las caminatas y las diversiones. Es así como, apoyado en los peones de la hacienda, le enseña a montar a caballo, manejar lazo, y a nadar, actividades que afirman la seguridad y la facilidad para aprender, tal como lo logró la esclava en los primeros años de gateo y locomoción.

Rodríguez no atosigó a su educando con la enseñanza de matemáticas, religión, idiomas y otras asignaturas, dejándolo más bien entregarse a sus propios impulsos, para que se fueran adaptando naturalmente al medio ambiente, sin más correcciones que las impuestas por el mismo medio. “Ejercitad su cuerpo, sus órganos, sus sentidos, sus fuerzas; pero mantened ociosa su alma cuanto más tiempo fuere posible”, se lee en el Emilioo de la educación.

Tanto para Rodríguez como para Rousseau el quid de la educación estaba en hallar el equilibrio entre deseos y facultades. “Si a la par crecieran nuestros deseos más que nuestras facultades nos tornaríamos más infelices”(Rousseau, 2011), sostenía el pedagogo suizo. Para resolver este peligro se debía procurar el desarrollo de las facultades del ser humano sometiéndolo a vivir cerca de la naturaleza, para que en su permanente contacto de una parte, estimulara el crecimiento espontáneo de las facultades, y, de otra, fijara en forma natural límites a sus deseos y anhelos. “mantened al niño en la sola dependencia de las cosas, y en los progresos de su educación seguiréis el orden de la naturaleza”.

Una vez la familia Palacios le entregó a Simón Rodríguez, sin vacilaciones, el niño para educarlo, inició la tarea alejándolo de todo trabajo intelectual pretendiendo mantenerlo en contacto permanente con la naturaleza, a través de excursiones, por las áreas rurales en las que aprovechaba para enseñarle las leyes de la naturaleza, le enseñaba a orientarse y lo sometía a recios ejercicios físicos para templar su cuerpo en largas y enérgicas faenas. Para obedecerle al alma es necesario que sea vigoroso el cuerpo le decía el maestro a su estudiante, evocando la pedagogía rousseauniana.

Bolívar recibió con entusiasmo y agrado estas lecciones, porque lo mantenían en contacto con fenómenos nuevos y le posibilitaba eclosionar las fuerzas de esa naturaleza suya, hiperactiva e indómita, que necesitaba de incesante movimiento para liberarse del exceso de energías y encontrar el equilibrio. La convivencia con el preceptor le inspiró confianza valores éstos que le permitieron transformar su soberbia voluntad que había desesperado a familiares y mentores conduciéndolos a hacer los peores pronósticos de quien años más tarde fuese el libertador de gran parte de un continente.

Con la muerte de la madre de Bolívar, Simón Rodríguez se dedicó de lleno al discípulo. El aula predilecta fue la hacienda San Mateo. Allí, con frecuencia, lo hacía levantar al amanecer para emprender prolongadas excursiones en las que ingerían poca alimentación y en los recesos le platicaba sobre los peligros de la naturaleza, le hablaba de las reglas elementales de higiene y poco a poco lo fue induciendo a los conceptos de Libertad y Derechos del hombre. Vidas paralelas,de Plutarco, fue un texto que usó Rodríguez para estimular, con el ejemplo de la vida de grandes hombres, los instintos de superación del pequeño huérfano.

Bolívar apenas contaba con 14 años cuando de manera intempestiva se interrumpe el proceso educativo. Su maestro debió abandonar a Venezuela por haber participado en una conspiración. La custodia del joven retorna entonces a manos de sus tíos y familiares quienes no tardan en advertir y experimentar serias dificultades en el ejercicio de la autoridad. La marcada antipatía de sus familiares y las violentas escenas marcan en Bolívar una perceptible sensibilidad que lo transporta a darle demasiada importancia a cualquier crítica. Sin embargo, quienes vieron las transformaciones y lo observaron en su madurez daban otra valoración: “Es amante de la discusión; domina en ella por la superioridad de su espíritu; pero se muestra demasiado absoluto y no es bastante tolerante con los que le contradicen… la crítica de sus hechos le irrita; la calumnia contra su persona le afecta vivamente, y nadie es más amante de su reputación que el Libertador de la suya”.

Los tíos hacen que Bolívar, ansiosos de librarse de las molestias de su sobrino y resueltos a domar esa acerada voluntad, lo hacen ingresar a en las Milicias de los Valles de Aragua. Allí transcurre sin contratiempos su vida militar gracias a la fortaleza física adquirida con Simón Rodríguez. No obstante, su carácter altivo y dominante se torna incómodo para sus superiores, pero se le tolera por la idoneidad con que ejecuta las misiones encomendadas. Luego de un año de permanencia en este cuerpo aristocrático recibe el grado de subteniente abandona el regimiento y viaja a Caracas a lucir su lujoso uniforme de oficial. A partir de ahí erige su vida social y militar, amparado en las enseñanzas de Simón Rodríguez y en los cuidados de quienes lo vieron crecer.

La educación de Bolívar y sus enseñanzas para Colombia.

Tendría escaso valor esta reflexión si el lector no se toma el esfuerzo de hacer una relación sincrónica del modelo actual de escolarización con la educación que recibió Simón Bolívar. Para avanzar en ese debate ponemos a disposición tres puntos de vista:

  1. Simón Bolívar logra avanzar en su educación gracias a que Simón Rodríguez, con un espíritu autodidacta, se encuentra con Rousseau y de sus enseñanzas aprende unas lecciones que, inicialmente le propone al Ayuntamiento de Caracas en pro de una reforma al establecimiento escolar, dados los defectos que vician la escuela de primeras letras. Dada la negativa institucional acude a la familia Palacios para poner en practica la pedagogía rousseauniana en la humanidad de Simón Bolívar con excelentes resultados.
  2. Simón Bolívar es un niño que nace en un hogar de abolengo y muy acaudalado; no obstante, es un niño que desde los primeros días lo crían dos mujeres, una esclava negra y una doña ajena al abolengo. De ellas aprende valores, costumbres y habilidades corporales, emocionales, sociales e intelectuales que a posteriori usa para el ejercicio de sus roles. Pese a las vicisitudes por la muerte de su padre y de su madre a tan temprana edad, a pesar de la antipatía de su familia y a las advertencias de los preceptores y mentores, Bolívar se sobre pone y sale adelante.
  3. La implementación del modelo de enseñanza de Simón Rodríguez que logra equilibrar habilidades y deseos puede verse como una innovación en la que el maestro logra, en el contacto con la naturaleza neutralizar las emociones negativas que habían hecho de Bolívar un niño despreciable y antipático. Logra también el maestro poner en concierto los saberes de la cotidianidad con el apoyo de los peones de la hacienda y de otros agentes educativos. Esa lección nos lleva a cuestionarnos acerca del rol que está ejerciendo la escuela actual con los estudiantes que no quieren adaptarse al currículo impuesto y que terminan desertando o expulsados de la misma.
  4. Finalmente, si esto ocurrió en el siglo XVIII, ¿por qué, después de que dos siglos han transcurrido el sistema educativo colombiano sigue con esas prácticas de educación bancaria que no favorecen el crecimiento humano? El caso de Egan Bernal es muy diciente. Se trata de un joven con su familia nuclear existente quien, como bachiller, ingresa la universidad, obtiene buenos promedios y por inasistencia a algunas clases, dedicadas a su entrenamiento ciclístico, no alcanza a cursar un año de universidad viéndose obligado a abandonarla. Bernal es hoy campeón del Tour de Francia a pesar de la escolarización. García Márquez, quien también estudió en Zipaquirá, se retiró de la universidad para dedicarse al periodismo y terminó siendo premio Nobel de Literatura. Estanislao Zuleta pasó por la misma situación, abandonó el colegio y culminó siendo doctor honoris causa de la U. del Valle. ¿Qué pasa con la escolarización entonces? ¿Será que le estamos apostando al caballo equivocado? ¿Por qué no apostarle al caballo blanco de Bolívar, es decir al modelo de educación que lo forjó como Libertador y no a esta modelo que cada día nos hace más esclavos?

 Algunas fuentes consultadas

Liévano A., I. (1987). Bolívar.(Oveja Negra, Ed.). Bogotá Colombia.

Rousseau, J.-J. (2011). Emilio o de la educación. (A. Editorial, Ed.). Madrid.

El valor de la bicicleta y de la locomoción en un país subequipado

“Un país se puede clasificar de subequipadocuando no puede dotar a cada ciudadano de una bicicleta o prever una transmisión de cinco velocidades a cualquiera que desee pedalear llevando a otros”(Illich, 1974, p. 71).

El debate que despierta el nuevo plan de (sub)desarrollo para Colombia (2018-2022) gravita alrededor del problema de las energías, el cumplimiento de los acuerdos de paz, los Derechos Humanos, la educación, la salud, la equidad y sus pactos, las reformas a la Constitución, entre otros asuntos. En este artículo se llamará la atención acerca del uso de dos medios de movilidad amigables con la naturaleza y con el ser humano que las políticas sociales deberían incentivar: la bicicleta y la locomoción.

Iván Illich (1974) dedicó gran parte de su vida a investigar críticamente el modelo de desarrollo, y hacia la década de los setenta advertía sobre el impacto negativo de la industria en la sociedad y en la naturaleza: “el efecto de la industria en el medio social tiende a ser tan destructivo como su efecto en el medio físico” (Sousa Santos, 1974, p. 77)y aseguraba que para contrarrestar ese efecto destructivo “el único camino es limitar el crecimiento y prohibir el consumo de energía más allá de del nivel crítico”. Su planteamiento entonces se enfoca en una decisión política en la cual la gente debería poder participar activamente.

El autor cita un ejemplo diciente: el costo de transportar a una persona en un Volkswagen durante 6 horas o 500 kilómetros, medido en términos de oxígeno es de 175 kg y equivale a la misma cantidad del que una persona necesita para vivir todo un año que una persona consume en todo un año. Las plantas y las algas, pese al deterioro al que han estado expuestas, “a dura penas” reproducen el oxigeno para los miles de millones de seres humanos y animales existentes en el planeta. Pero esa producción se agota ante tantas máquinas de combustión, pues cada vehículo quema “por lo menos catorce veces más oxígeno del que quema un individuo” (Illich, 1974, p. 15). La la política pública debería estar dirigida a contrarrestar esta situación e incentivar a cada ciudadano a tomar medidas en el asunto.

Illich sostenía que “un país se puede clasificar de subequipadocuando no puede dotar a cada ciudadano de una bicicleta o prever una transmisión de cinco velocidades a cualquiera que desee pedalear llevando a otros”. Colombia está subequipadono solamente por la falta de dotación sino también porque no provee caminos ni buenas vías para las personas que quieren viajar en bicicleta. Paradójicamente, nuestros escarabajos ostentan un admirable reconocimiento en el mundo, pues “se han hecho a pulso” y ni siquiera así el Estado potencia el acceso a la bicicleta.

¿Y por qué debería potenciar el uso de este invento de dos ruedas? Porque andar en bicicleta hace posible que el movimiento del cuerpo humano franquee una última barrera: permite aprovechar la energía metabólica disponible al acelerar la locomoción a su límite teórico. En terreno plano, el ciclista es tres o cuatro veces más veloz que el peatón, gastando en total cinco veces menos calorías, por kilometro, que éste. “El transporte de un gramo de su cuerpo sobre esta distancia no le consume más que 0,15 calorías.” Con la bicicleta el ser humano “rebasa el rendimiento posible de cualquier máquina y de cualquier animal evolucionado” (Illich, 1974, p. 64).

Además de estas bondades, la bicicleta ocupa poquito espacio. Illich hacía los cálculos correspondientes: para que 40.000 personas puedan cruzar un puente, en una hora, moviéndose a 25Km/hora, se necesita que el puente tenga 138 metros de anchura si viajan en coche, 38 metros si viajan en autobús y 20 metros si van a píe; en cambio, si viajan en bicicleta el puente no necesita más de 10 metros de anchura. Únicamente un sistema hipermoderno de trenes rápidos, a100km/hora y “sucediéndose a intervalos de 30 segundos podría pasar esta cantidad de gente por un puente semejante en el mismo tiempo” (p. 63) .

El transporte motorizado nos ha paralizado, el hospital nos ha enfermado y la escuela nos ha ofrecido educación cada vez más segmentada, concluye el investigador vienés radicado en Cuernavaca. La locomoción de cada gramo de su propio cuerpo o de su carga sobre cada kilómetro recorrido en 10 minutos, le consume 0,75 calorías. El ser humano, en su generalidad, se mueve con eficacia sin ningún implemento. Comparándolo a una máquina termodinámica, es más rentable que cualquier vehículo motorizado, que consume por lo menos 4 veces más calorías en el mismo trayecto. Es más más eficiente que todos los animales de un peso comparable. El tiburón y el perro nos ganan por poca diferencia. Con este índice de eficiencia de menos de una caloría/gramo, históricamente la humanidad organizó su sistema de circulación, prevalentemente basado en el tránsito.

Si al “Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 le interesara en serio la vida y el crecimiento del país, otras serían sus apuestas prácticas. Seguimos viviendo el drama de la contaminación ambiental y del agotamiento de los recursos vegetales, minerales, animales y del mismo ser humano. Se dicen unas cosas y se hacen otras. Hay un discurso esquizofrénico en gran parte de las políticas sociales y de los actos humanos.

Por ejemplo, se sabe a ciencia cierta los efectos nefastos del glifosato en la salud humana, en la destrucción de vegetales y animales, pero el gobierno insiste en la aspersión para “controlar el aumento de la hoja de coca”. Se conocen a cabalidad los efectos dañinos de los combustibles en la salud, en el aire, en el agua, en los alimentos, la vida, pero se sigue aumentando el parque automotor, sobre todo con motores diésel en las ciudades y en el campo. Conocemos el impacto negativo que produce el plástico, pero se continúa promoviendo el uso de pitillos, vasos desechables y vasijas de icopor en la casa, en la oficina y en la calle. Es palpable la nefasta experiencia del fracking, empero, la política gubernamental aboga por su aplicación. Se enuncia el uso de energías limpias, pero por los elevados costos solo pueden acceder a ellas los ricachos.

Limitar el consumo de energía, no ir más allá de los límites naturales y humanos de la misma, coadyuva con la conservación del ambiente y por ende de la vida, en todas sus expresiones, pero para eso se requiere voluntad política y consciencia social. Usar el pocillo, la taza y el plato de barro o de porcelana, el vidrio, el pañal de tela, la bicicleta, caminar y echar mano de otros utensilios amigables al medio es una actitud saludable para quienes lo ejercitan y para quienes hacen resistencia porque todos estamos padeciendo el abuso del consumo, la destrucción del planeta y la extinción de la vida.

Como se puede apreciar tenemos a nuestro alcance posibilidades de ayudar a conservar el medio y a cuidarnos, sobre la base de nuestras capacidades. En la ciudad y en el campo hay miles de ejemplos de niños, niñas jóvenes y adultos que nos inspiran a caminar y a usar la “bici”. Si desde nuestro lugar forjamos esas iniciativas respetando y protegiendo al peatón y al ciclista, probablemente llegaremos a presionar a la industria y a los gobernantes a tener un mundo de órbitas con centro.

Fuentes consultadas

Illich, I. (1974). Energía y equidad (Barrial editores S.A., ed.). Barcelona.

Sousa Santos, B. (1974). Comentarios a energía y equidad. Iván Illich. Energía y Equidad, Apéndice.

 

 

 

 

Políticas sociales que rasguñan y enceguecen el amor de los colombianos.

Para la comprensión de este artículo me valgo del texto de Mario Benedetti: El amor es ciego y la locura lo acompaña (Benedetti, 2013). Convengamos que la locura son las políticas sociales, impuestas por la hegemonía capitalista encarnada en los gobiernos de turno. El amor, el papel que juega la subalternidad o los gobernados frente a las políticas públicas; el texto del escritor uruguayo declara que la locura organizó un juego en el que ella se cubría los ojos y contaba, de uno en uno hasta un millón, mientras los sentimientos se ocultaban, tal como lo hacen los niños jugando al “palo libertado” o a “las escondidas”. El sentimiento más fácil de hallar fue la pereza y el más difícil fue el amor porque se escondió en un rosal en el que la locura al fin pudo llegar pero, al no darse cuenta de que estaba tan escondido, le rasguñó sus ojos dejándolo ciego.

El denominado sistema educativo colombiano es ciego y quiere enceguecer a los estudiantes, padres de familia y docentes, de todos los ciclos y modalidades de escolarización y a la sociedad en general, imponiendo unas políticas foráneas. El Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y los grandes empresarios del país, aliados con el capital transnacional, paulatinamente han venido causando serias heridas en la retina y en la cornea de la educación. Sus intervenciones no han sido para ayudar avizorar los pétalos del crecimiento intelectual ni para la construcción de democracia participativa y tampoco para salir de la ignorancia, de la pobreza y de la violencia, sino para sumirnos en ellas.

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El alto costo que estamos pagamos los colombianos con los intereses de Deuda Externa e interna son ostensibles en el Producto Interno Bruto y en el Presupuesto General de la Nación. Al comienzo del segundo semestre de este año, según el Banco de la República, la Deuda Externa representó el 36,5% del Producto Interno Bruto, el total la Deuda Externa Pública era de 72.772 millones de dólares (Banco de la República, 2018) mientras que, para el 2019, se advierte que el Presupuesto General de la Nación está desfinanciado en 25 billones de dólares, afectando los derechos de los nacionales.

El BM, el FMI, la OCDE, el BID y los grandes empresarios del país, en el juego que organiza la locura, son los lazarillos del gobierno nacional, del Congreso de la República, de los ministerios y de la burocracia estatal porque a través de ellos están dirigiendo la locomoción del país. A su vez, el gobierno nacional, el Congreso de la República, los ministerios y a burocracia estatal incluidos alcaldes, secretarios de educación y muchos directivos docentes, salva raras excepciones, asumen como lazarillos de las comunidades educativas y particularmente de los docentes.

En Colombia la locura es ciega y el amor quiere ser lazarillo

Tanto los lazarillos forasteros como los criollos, alienados, ignoran que los ciegos dejan de ser ciegos cuando sueñan y a través del sueño ven lo que ausculta la vigilia, como lo reveló el Filósofo Caleño Estanislao Zuleta, al ver la sombra de los grosellos y la estatua de Heidegger haciendo aguas. Desecha la locura de pensar que una sociedad de ciegos puede organizarse sin su mandato para vivir y que el solo hecho de “organizarse ya es, en cierto modo, tener ojos.” (Saramago, 1995, p. 396).

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No obstante, “el mundo está lleno de ciegos vivos” -le dice la mujer del médico a la chica de las gafas obscuras en la obra de Saramago (1995). Muchos colombianos estamos recuperando los ojos porque nos hemos dado cuenta de que “lo que verdaderamente nos está matando es la ceguera”. Son abundantes los ejemplos de los últimos tiempos: los Acuerdos de la Habana, los resultados de las elecciones presidenciales, las cifras electorales sobre la Consulta Anticorrupción, las convocatorias de estudiantes, maestros y padres de familia para defender la educación pública estatal, las Consultas Populares contra el extractivismo minero, los pronunciamientos de la ciudadanía de cara ante los hechos de corrupción, a la violencia contra líderes sociales y la actitud contra la imposición de más impuestos. Todas ellas expresiones que refrendan el mejoramiento de la retina y la cornea ojeada un país con justicia social.

Muchos colombianos nos estamos dando cuenta de que la Economía del Mercado es “la locura” -volviendo a Benedetti-, es quien dirige las políticas sociales en Colombia y en el continente. Lo hace por intermedio de los gobernantes de turno: así como en la salud la industria farmacéutica, que hace parte de esa Economía de Mercado, es la que le dicta a la Medicina cuándo, cómo y qué es lo que debe hacer con las personas estén o no enfermas.

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“En un pasado reciente, el poder médico calificaba o descalificaba un comportamiento, una entidad, una afección. Hoy, ese poder está influenciado o superado por el poder farmacéutico, que trata de dictar los límites entre lo normal y lo patológico.” (La Rosa, 2009, p. 134), llegando al extremo de patologizar y psicopatologizar la vida cotidiana, haciendo creer que los problemas sociales de las personas no son problemas sino trastornos o enfermedades y así generar la demanda de remedios que incluso ya están dispuestos por la industria para medicalizar esas “enfermedades”, fabricadas e inexistentes científicamente. “La tendencia actual al tratamiento farmacológico de entidades relacionadas con las dificultades de la vida y con síntomas banales transformados en síntomas” (La Rosa, 2009, p. 135).

En la escolarización, de preescolar hasta la universidad, las principales “enfermedades” educativas, para los farmaceutas -el Ministerio de Educación, Ministerio de Hacienda y para el Departamento Nacional de Planeación-. Son la calidad y la financiación y para eso los empresarios capitalistas se han inventado el tratamiento de las Pruebas Saber, Pisa, el Día E, la privatización, entre otros, sin obtener mejorías significativas, porque se atacan los síntomas y no las causas y porque, al igual que hace la farmacia al desconocer los conocimientos del médico, acá se ignoran los saberes y conocimientos pedagógicos, didácticos y éticos de quienes, en el día a día, lidian con los problemas educativos: los Maestros.

 

  • En el caso de las desfinanciación de la educación estatal se han fabricado medicamentos como:
  • La financiación por parte de los padres de familia (cerca de 2.000.000 de estudiantes); la tercerización, es decir, entregarle a entidades particulares la prestación del servicio por concesión o de manera directa sin una justificación ética.
  • La desviación de recursos como ocurrió con los cerca de 80 billones de pesos del Sistema General de Participación (Ortiz, 2017).
  • La no asignación en el Presupuesto General de la Nación de lo requerido para garantizar el Derecho a la Educación; el no desembolso a tiempo del dinero destinado.
  • Los recursos que ha carcomido la corrupción, verbi gracia en el Programa de Alimentación Escolar, el empobrecimiento de la Canasta Educativa y el engendro de acciones y programas como Ser Pilo Paga, la Evaluación a los docentes, Aprendizajes Básicos, Competencias, Estándares, Jornada Única, Inclusión, ingreso a la OCDE y mantener excluidos del sistema educativo a más 1.500.000 estudiantes en educación Básica y Media,
  • Entre otras formulas.

Con base en lo expuesto, no hay duda de que nuestro rol está en fortalecer el amor y no seguirle el juego a la “locura”. Nuestro papel no consiste en escondernos para que nos busque la “locura”. No. Consiste en hacernos visibles, como lo estamos haciendo, para desenmascararla y enfrentarla.

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Nuestro reto es seguir aglutinando a los colombianos para que se quiten esas gafas del miedo y de la impotencia, para que no sean ciegos, sino que tengan consciencia de que la ceguera no es literal, no es fisiológica ni funcional, sino que es una “enfermedad fabricada” e impuesta por los farmaceutas de la Economía de mercado. Hölderlin sostenía que “el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona.” (Parra, 1996, p. 90) ¡A seguir soñando colombianos y americanos, porque la distancia que hay entre la ceguera “fabricada” y la visión real es mas corta que el trayecto que existe entre la mariposa y la larva, entre la larva y la crisálida y entre la crisálida y la mariposa! Mientras sueñan y asumen el rol del amor, acá podrán seguir encontrando a este mendigo.

 

Fuentes consultadas

 

Banco de la República. (2018). Boletín de deuda externa (pública y privada en dólares).

Benedetti, M. (2013). El amor es ciego y la locura lo acompaña. Retrieved from https://elaticodelalma.wordpress.com/2013/04/16/el-amor-es-ciego-y-la-locura-le-acompana-cuento/

La Rosa, E. (2009). La fabricación de nuevas patologías. (Supergráfica, Ed.). Lima.

Ortiz, I. (2017, February). El Sistema General de Participaciones. 118, 18–25. Retrieved from http://www.overdorado.com/wp-content/uploads/2017/10/Revista-Educacion-y-Cultura-FECODE-Nro.-118-Feb-2017-.pdf

Parra, R. (1996). Tarzán y el filósofo desnudo. (Arango Editores, Ed.). Bogotá DC.

Saramago, J. (1995). Ensayo sobre la ceguera. (Nomos S.A, Ed.). Bogotá DC.

 

 

El consumo de sustancias psicoactivas: Un aporte desde la escuela pública para su prevención.

En la arena púbica está en discusión otro proyecto de decreto que interpela a la escuela. Se trata del borrador de la norma según la cual los adictos deben demostrar su condición para portar la dosis mínima. El decreto busca frenar la creciente circulación de estupefacientes, especialmente en áreas cercanas a los centros escolares. Con esto, la iniciativa podría ser loable si se irrumpiese en atacar el fondo del problema y no la forma. Plausible, si se ocupase del cómo y no meramente del qué hacer; la acción demanda una metodología que no la resuelve la legislación sino algunas disciplinas de las ciencias sociales y de la salud, la ética, la experiencia, la política pública centrada en la satisfacción de Necesidades Básicas, el desarrollo de habilidades y capacidades, mediante la prevención, la intervención remedial y la promoción de Derechos Humanos -como Salud, Educación y Libertad-. Se trataría entonces de una acción que va más allá de lo instrumental, lo mediático y lo punitivo.

Con este borrador del proyecto se colige, una vez más, que los gobernantes siguen empeñados en ocuparse de los síntomas del problema sin descubrir los factores generadores. Es algo así como el dermatólogo que le formula a un adolescente cremas o grageas para combatir el acné sin saber si esa expresión epidérmica está pende de factores: hormonales, ambientales, alimenticios, emocionales, nutricionales, estrés, abulia.

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“No hay que confundir las causas de las cosas con las condiciones que las hacen posibles” (Zuleta, 1996). Para que las personas consuman sustancias psicoactivas hay unas condiciones que las hacen posibles, desde hace muchos decenios. Y claro, hay que minimizar o abatir esas condiciones, pero identificando su etiología; es decir, respondiendo preguntas como: ¿cuáles son los motivos del orden individual, familiar, social, afectivo, emocional, cognitivo, económico, de prácticas de crianza, culturales, de violencia intrafamiliar y de historia de vida de los farmacodependientes, que los llevan a usar marihuana, cocaína, bazuco, LDS, bóxer, éxtasis, alcohol, drogas sintéticas y sustancias volátiles, entre otros psicoactivos? De no adentrarse en las causas, diremos con el escritor de La franja amarilla que “todo proyecto histórico que pretenda erradicar los males sin conocer su fuente está condenado al fracaso” (Ospina, 1999, 60).

Más allá o más acá de lo legal, el proyecto de decreto es un pretexto para la reflexión acerca del problema del consumo y algunas opciones de tratamiento y prevención que la academia, los saberes comunitarios, la experiencia documentada, la escuela y las instituciones han venido erigiendo y que los legisladores deberían hacer suyas. No es un problema de poca monta para una sociedad y para un Estado, que el consumo de psicoactivos y de alcohol esté comenzando en los niños a los 10 años de edad; no es un flaco problema que una sociedad y un Estado Social y de Derecho tuviese, en el año 2015, cerca de 1.500.000 consumidores y que según los estimativos ascenderá, a finales del 2018, a 2.200.000 (Semana, 2018, p. 22), huelga decir cerca del 5% de la población del país.

La experiencia del hospital San Juan de Dios. 

A comienzos de 1980, la producción, distribución y uso de bazuco, el cual hoy ocupa el segundo lugar en el consumo nacional con el 13% según los últimos datos (Semana, 2018, p. 23), se torna en una preocupación del Estado y de las instituciones como la Universidad Nacional de Colombia. En esa época, el hoy destruido hospital san Juan de Dios tenía, al servicio de la ciudad y de la nación, la Unidad de Salud Mental en la que atendía a los drogodependientes y a las familias de éstos, a través de los programas: Hospitalización Día y mediante internado, con la asistencia de psiquiatras, médicos, trabajadores sociales, psicólogos, terapeutas, toxicólogos y enfermeras, practicantes, entre otros profesionales.

La familia, en sus distintas revelaciones, jugó un papel importante en el tratamiento, rehabilitación y prevención del consumo de sustancias psicoactivas, toda vez que participaban activamente del proceso terapéutico. La experiencia sirvió también como referente nacional y continental para el diseño de políticas públicas que involucraron directamente a la sociedad en el campo de la salud mental. Unidades como la referida son las que se requieren para que el problema se aborde en su integridad, comenzando por este peldaño. Para ello se requiere que mínimamente el gobierno potencie la salud pública estatal, facilitándole, de esta manera: acceso, permanencia, adaptabilidad, aceptabilidad y calidad a las personas afectadas y debilitando, por esa vía, el lucrativo negocio de los particulares.

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Para iniciar con esta propuesta el gobierno nacional debe ponerse al día con las recomendaciones de la ONU: tener mínimo 10 profesionales de salud mental por cada 100.000 habitantes (Bienestar Colsanitas, 2018, p. 4).  En la actualidad se cuenta con 2 por cada 100.000 habitantes. En el caso de los centros escolares debería más bien retomar la resolución 2340 de abril de 1974 en la que se estableció asignar un docente orientador por cada 250 educandos, “para llevar a cabo la tarea de prevención primaria de las enfermedades mentales, trastornos emocionales y perturbaciones psicosomáticas” (González, 2004) que en ese momento alcanzaban altos índices pero no tan elevados como los que hoy tenemos, justamente por la falta de políticas de prevención potenciadas desde los campos de la educación y la salud. Datos recientes registran que “el 52,9% de los jóvenes entre 12 y 17 años tiene uno o más síntomas de ansiedad.” (Bienestar Colsanitas, 2018)

La experiencia de los habitantes de la calle.

Por tres métodos tenemos que aprender la sabiduría: primero por la reflexión, la más noble; segundo, por la imaginación, la más sencilla; y tercero por la experiencia, la más amarga”. Con esta frase, que en algunas páginas de internet se la atribuyen a Confucio, continúo la discusión acerca del papel del gobierno ante el consumo de sustancias psicoactivas.

Los llamados habitantes de la calle, en general, no han sido ajenos al consumo e incluso comercialización de sustancias psicoactivas. En eso cuentan con una larga y abundante experiencia que al registrarla y ponerla al servicio de la ciencia y de las políticas sociales contribuiría enormemente con la prevención del consumo de drogas.

Pues esta acción se realizó en un colegio del Distrito hace dos lustros. Cansados de tantas intervenciones de la Secretaría de Salud y de otras entidades del Distrito Capital, y agobiados por el desgaste y la falta de los resultados esperados, decidimos darle cabida a la voz de un padre de familia, quien se ofreció a estar en el colegio, con otros jóvenes rehabilitados, para dialogar con los estudiantes que no podían ocultar que eran consumidores, así no lo reconocieran.

El rector del colegio, el orientador, la coordinadora, los docentes y muchos padres de familia apoyamos la iniciativa logrando saber, en pocas horas, lo que en años el cuerpo docente quiso conocer sobre la situación de cerca de un centenar de jóvenes, que consumían marihuana, sustancias volátiles, éxtasis y bazuco, incluso sin que sus padres supiesen.

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Luego de esta intervención de los habitantes de la calle rehabilitados, los docentes se preguntaban el por qué de ese comportamiento de los educandos. La respuesta fue muy sencilla: “profes, los chicos no confían en ustedes, porque si ustedes saben que consumen, los sancionan, los sacan del colegio, porque así lo establece el Manual de Convivencia.” Igualmente, fluye la pregunta acerca de por qué a los habitantes de la calle si les contaron de manera sincera. La razón: “Ellos saben que nosotros sabemos cómo es el maní. A nosotros no nos pueden decir mentiras, porque los cogemos en ella y los parceros no son bobos: `el mico sabe en qué palo trepa`. Nosotros hemos aprendido a identificar quién consume, qué, cuándo, qué cantidad y hasta el lugar de adquirirla y de consumirla…y eso fue lo que conseguimos que ellos cantaran…A nosotros no nos maman gallo, maestros

De esta experiencia se puede inferir que, en cuanto a la identificación, comprensión, intervención y prevención del consumo de drogas alucinógenas, es substancial combinar experiencia, reflexión e imaginación. Lo ocurrido en este colegio es un acontecimiento que “exige ir donde es imposible ir”, enseña lo que no se sabe y lleva a “pensar lo que no se deja pensar” (Rancière, 2003).

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La ley, puesta en términos punitivos y dejando de lado la moral y la costumbre, a cambio de resolver, agrava. Ayuda muy poco en las actuales condiciones en que se halla el país. Lo que sirve es el cultivo de valores como la confianza, el respeto, el diálogo franco, la interacción del conocimiento experiencial y el conocimiento científico y una pedagogía que reconozca que “los alumnos aprenden solos sin necesidad de un maestro explicador”, porque la explicación, según Rancière, “es el mito de la pedagogía, la parábola de un mundo dividido en espíritus sabios y espíritus ignorantes, espíritus maduros e inmaduros, capaces e incapaces, inteligentes y tontos” (Rancière, 2003, p. 21). 

Los equipos de salud que iban a los colegios.

Siguiendo con la experiencia desde la escuela traigo a colación el programa de salud mental de la Bogotá Humana. Me refiero a los equipos constituidos por: médico, psicólogo, trabajador social, terapeutas, enfermeras y docentes de educación física. Ellos visitaban a los colegios para remediar y hacer prevención del consumo de sustancias psicoactivas. Era una deriva histórica de lo acontecido en la Unidad de Salud Mental del San Juan de Dios, pero itinerante, en el contexto barrial.

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En una de esas vistas, las directivas de un colegio y las orientadoras pusieron en sus manos la lista de 42 estudiantes, de una jornada escolar, cuyo consumo había sido evidente y por ese motivo se había pedido la intervención de la Secretaría de Salud Distrital, dado que, con la estrategia de Subir alertas, instituido por la Secretaría de Educación, nada se había conseguido, salvo ser un dato más para las estadísticas oficiales. Los profesionales acudieron al plantel y realizaron los protocolos de rigor para hacer el diagnóstico de los estudiantes, previo conocimiento y permiso de los padres de familia, mediante visitas domiciliarias.

Al lado de la acción con los 42 educandos, y sus familias, hubo una sensibilización y acercamiento de los docentes a la etiología del consumo y a las formas de actuación, en las distintas situaciones en las que un estudiante fuese sorprendido consumiendo o bajo los efectos de sustancias psicoactivas.

Todos los educandos pasaron por consulta externa in situ y participaron del programa terapéutico ofrecido por la mencionada entidad distrital. Lo sorprendente de los hechos es que, pese a que los docentes y directivos evidenciaron, durante meses, el consumo en baños, aulas y fuera del colegio -asunto que los llevó a buscar ayuda- los resultados del diagnóstico psicosocial señalaron que solamente uno de los 42 estudiantes consumía alcohol, nada más.

El acontecimiento condujo a que las directivas, los docentes y el equipo contrastaran sus versiones de donde surgen preguntas cómo: ¿Por qué los estudiantes no expresaron el problema del consumo de sustancias psicoactivas ante el equipo de salud? La respuesta la dieron, los mismos estudiantes, una vez culminado el año escolar: “no quiero que familia sepa, porque me cascan” y “quiero seguir en el colegio y si saben que consumo me echan y yo soy el que pierdo”.

No hay duda del valor de este tipo de ejercicios para adentrarse en conocer la problemática del consumo en contexto, abordando al consumidor dentro del ámbito familiar, escolar y comunitario. También es importante la cualificación a los docentes, porque el manejo de la situación es desconocido, eso no se lo enseñan en la formación inicial ni en la formación avanzada en la universidad. El meollo de la cuestión está en que vuelve a hacerse ostensible la desconfianza de los educandos, en el manejo de la información y el miedo a las sanciones por parte de la familia y de las instituciones.

La clase de química

El colegio Nuevo Horizonte de Bogotá, por iniciativa de la docente de Química, con el apoyo de los demás maestros de la jornada, viene desarrollando una propuesta pedagógica, con los estudiantes de Educación Media, en la que los educandos escogen temáticas para profundizar y exponer ante padres de familia, docentes y escolares de Educación Básica.

Lo llamativo de este trabajo es que gran parte de los temas propuestos a la profesora y asumidos por los estudiantes, emergen de las problemáticas del contexto institucional y comunitario. La muerte, la violencia y la exclusión, generados por el consumo de sustancias psicoactivas ocupa el mayor porcentaje de las exposiciones.

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Enunciados como: “El bóxer te pega al infierno”; “dolor sin sangre”, “La droga zombi”; “Muriendo sin sentirlo”; “Un viaje alucinante”; “Pasión sin límites”; “La heroína de los pobres”; “Morir antes de vivir”; “Sueño, adicción y muerte”; “El placer y sus desgracias”, “El deporte como equilibrio químico y mental”, entre cientos de títulos,  dejan entrever, además de figuras lingüísticas, concepciones ignoradas por el currículo, fibras dobles o dilemas epistemológicos, la preocupación de los educandos por las afectaciones que genera el consumo de psicoactivos y alcohol en la existencia, en la familia y en la sociedad.

Son más de 700 exposiciones hechas por los estudiantes en las que no ocultan su experiencia cercana al flagelo del consumo.  Con base en el conocimiento, que aporta la bioquímica, comprenden lo nefasto que es el ingreso al Sistema Nervioso Central de marihuana, cocaína, bazuco, LDS, bóxer, éxtasis, alcohol, drogas sintéticas y sustancias volátiles, entre otros psicoactivos y se lo documentan a profesores, estudiantes y padres de familia incitándolos a combatir esa práctica y a no caer en ella.

Este silencioso trabajo, que se viene forjando en este centro educativo, es otro aporte que la educación pública viene haciendo, “con las uñas”, para contrarrestar y prevenir, desde el conocimiento de las Ciencias naturales, el problema del consumo de drogas en el contexto escolar y comunitario. Se trata de hacer uso del conocimiento para emancipar a los educandos y a sus familias, a través, de la puesta en escena del conocimiento en el contexto educativo y barrial y de la toma de consciencia sobre el daño que causa.

¿Y qué nos pueden enseñar las comunidades indígenas?

Faltaría en esta reflexión registrar las experiencias y recomendaciones de las comunidades indígenas sobre el uso de la marihuana y la coca, porque ellas han practicado ancestralmente el consumo de estas hierbas sagradas sin llegar al abuso y degradación social.

Igualmente, queda pendiente el análisis del problema de los llamados cultivos ilícitos y la manera como se vienen encarando que, dicho sea de paso, sin acatar los aportes de la ciencia, de la ética y del respeto a la vida en todos los ordenes. Por ahora la reflexión convoca es a mirar el cuidado de los consumidores y la prevención del consumo, a través de la experiencia escolar.

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Finalmente digamos que si “el crimen es falta de patria para la acción, la perversión es falta de patria para el deseo, la locura es falta de patria para la imaginación.” (Zuleta, 1997), la escuela, las comunidades y la academia cuentan con conocimientos y experiencias que pueden contribuir con el tratamiento y prevención del consumo de drogas en los colombianos, y con el mantenimiento de una patria para el deseo, para la imaginación y para la acción.

Algunas referencias

Bienestar Colsanitas. (2018). Salud mental en Colombia. Bienestar Colsanitas, 159, 4.

González, J. (2004). La Orientación Escolar: una necesidad relevante en Colombia. Bogotá.

Rancière, J. (2003). El maestro ignorante. Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual. (Laertes, Ed.). Barcelona.

Semana. (2018, September). Sin salida. 1897, 22.

Zuleta, E. (1996). Lógica y crítica. Lecciones de filosofía. (U. del Valle, Ed.). Calí.

Zuleta, E. (1997). La Educación un Campo de Combate. (Fundación Estanislao Zuleta, Ed.). Cali.

 

El “casi” si vale en Colombia

Es común en el argot popular oír a personas decir que “los casi no valen en Colombia”. Esa aseveración muy general no aplica para el caso de la Consulta Anticorrupción. El “casi” si vale y vale mucho si tenemos en cuenta situaciones del diario trasegar. En el penúltimo Tour de Francia, por ejemplo, un ciclista colombiano “casi” gana, ocupó el segundo lugar. Los ciclistas colombianos han estado cerca de ese triunfo y le siguen apostando hasta llegar, algún día, al podio, sobreponiéndose al “casi”. En la clasificación para el último Mundial de Fútbol Colombia “casi” no logra llegar, pero llegó con muchos altibajos y “casi” clasifica a los cuartos de final. Miles de estudiantes que han aspirado a ingresar a la universidad Nacional han transitado por el “casi paso” y luego, hay quienes logran ser estudiantes y egresados y quienes definitivamente abandonan su pretensión. Miles de eventos podrían demostrar que el casi no es sinónimo de pérdida.

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No alcanzar el umbral requerido, por tan pocos sufragios, para la aprobación legal de la Consulta Anticorrupción, es análogo a la pérdida de un vuelo por escasos minutos de retardo. La solución, en este caso, no está en dejar de viajar por vía aérea sino pensar en el vuelo siguiente, porque el itinerario se retrasa, pero el viaje no se detiene. La conquista de los deseos por hacer de Colombia un país sin prácticas de corrupción, violencia e impunidad y donde se respeten los derechos humanos, llegará persistiendo, cambiando de actitud, tomando conciencia de nuestro rol como ciudadanos, animándonos, asumiendo la Mayoría de edad y, sobre todo, dejando atrás la indiferencia y la ignorancia.

El “casi” hace parte de los mundos posibles, de los sueños, de los planes y de las funciones hipotéticas. El casi es el equivalente a la denominación de contrafactuales hecha por algunos filósofos y psicólogos. Para los primeros, los contrafactuales son los “haría-podría-debería de la vida, todas las cosas que podrían suceder en el futuro, pero no han sucedido todavía, o que podían haber sucedido en el pasado, pero no sucedieron”. (Gopnik, 2010, p. 35). Para los segundos, “el pensamiento contrafactual está omnipresente en nuestra vida diaria y afecta profundamente a nuestros juicios, decisiones y emociones”.

El umbral de la Consulta Anticorrupción podría haber sido legalmente pero no, lo fue legítimamente. Sin embargo, desde el punto de vista de la democracia la relación mayoría- minoría no es jerárquica, es convencional y discutible. “Una cultura democrática no es una cultura de mayorías”, sostenía Estanislao Zuleta (1997). Democracia y mayorías son dos cosas muy diferentes. “Todo el mundo estaba de acuerdo con Hitler, por ejemplo, y eso no era democracia” (Zuleta, 1997, p. 268). La democracia entonces es el derecho del individuo a diferir, a pensar, a vivir distinto, a ser diferente. La democracia es el derecho a diferir y eso fue lo que hicimos 11.669.346 colombianos en la Consulta; 8.034.189 por la Colombia Humana y 6363.989 en el plebiscito por la paz.

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El efecto Pigmalión.

La continuidad en el viaje se puede transitar en compañía del efecto Pigmalión, es decir, seguir acariciando el cuerpo de Galatea, huelga decir de la auténtica democracia para que, en las próximas elecciones presidenciales, en corporaciones públicas y en el día a día, la Afrodita de la Colombia Humana le dé vida plena. Es verdad que hubo muchos colombianos que fueron indiferentes, que seguramente fueron inferiores al reto, que representaron los cinco centavos que el faltaron al peso. A Ellos y a Ellas juzgarlos no coadyuva con el acercamiento a Galatea y el reto nuestro es acercarlos para que el sueño se transforme en realidad. El campesino cuando encuentra, en su labrantío, una planta que está débil o enfermiza, no la siega ni la desprecia, la toma con su mano y le ayuda a que crezca y dé fruto. Eso lo debemos aprehender nosotros de la sabiduría y de la praxis popular. “Se aprende más teniendo que avanzar con el viento en contra que con el viento a favor” (Percy, 2012)

La invitación final es a que no les echemos los perros a los venados, porque son ariscos y los ahuyentamos, de lo que se trata es de tenerlos adyacentes acercándonos a ellos. Démonos por bien servidos con la cosecha del 26 de agosto, porque los frutos son sorprendentes, sin dejar renunciar a seguir regando con agua fresca el labrantío. Requerimos continuar despertando conciencia crítica y haciendo educación popular. No  nos dejemos invadir por el efecto Golen que es la cara contraria del efecto Pigmalión. Aprendamos de los ciclistas, de los futbolistas, de los estudiantes, de los agrodescendientes, de la experiencia y de la misma Consulta, que los “casi” si valen en Colombia.

¡Lleguemos temprano al aeropuerto para que no nos deje la nave! Igualmente, cuidemos a la tripulación promotora de la Consulta, porque los lotófagos -como en el viaje de Odiseo a su natal Itaca- pueden desviarlos de la ruta para embriagarlos, confundirlos y desorientar el rumbo de los 11.669.346 colombianos que nos hemos subido en la nave y los otros millones que nos esperan en el camino, para que los acojamos, no para que los juzguemos.

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Fuentes consultadas

Gopnik, A. (2010). El filósofo entre pañales. (Ediicones Planeta S. A, Ed.). Madrid.

Percy, A. (2012). Kafka para agobiados. (Géminis Ltda, Ed.). Bogotá DC.

Zuleta, E. (1997). La Educación un Campo de Combate. (Fundación Estanislao Zuleta, Ed.). Cali.

 

 

“La ignorancia es atrevida” … tanta legislación atonta, no emancipa.

Ahora aparece un nuevo proyecto de ley para reglamentar el uso de los celulares en los ámbitos escolares. Es un proyecto que ignora el contexto escolar en el tiempo, en el modo y en las circunstancias, porque los maestros, lo y directivos docentes y las comunidades educativas, desde hace varios lustros, le hemos dado tramitación al uso de los celulares, por parte de los educandos. Los Manuales de Convivencia son testimonios fidedignos del sentir, pensar y actuar de los agentes educativos referidos desde la promulgación de la Ley General de la Educación. Más aún, hay experiencias de maestros que dan de cuenta de innovaciones pedagógicas y didácticas usando del celular en el aula de clase. Prohibir el uso del celular atentaría contra esas iniciativas bien documentadas.

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Evocando pasajes de La Ignorancia (Kundera, 2000), no cabría duda en sostener que el autor del proyecto, que busca prohibir el uso de los celulares en los centros educativos, es ignorante; huelga decir, está muy distante de la realidad que se vive en los planteles escolares, está como Odiseo, lejos de su país, porque el hijo de Itaca, luego de 20 años de ausencia no sabía qué ocurría en su patria chica, entre otras cosas porque estuvo de rehén y engreído con la ninfa Calipso. “Aquellos que como Irena o Ulises, no frecuentan a sus compatriotas caen en la amnesia”, apunta el escritor checo (Kundera, 2000, p. 39). Amnesia es la que padece el representante a la Cámara con su descontextualizado proyecto. No sabe qué está pasando en las instituciones escolares o está desinformado.

El celular es un medio de comunicación hijo de la tecnología, nieto de la ciencia y bisnieto de la educación si tenemos en cuenta que la tecnología es hija de la ciencia y la ciencia es hija de la educación. Según uno de los comisionados de la Misión Ciencia Educación y Desarrollo este entrecruzamiento parental “será uno de los ejes principales del futuro de nuestro país en el siglo XXI” (Llinás, 1995, p. 17). Pero si el Estado, a través de las leyes, sigue interviniendo a la escuela, impidiéndole a los maestros y directivos docentes ejercer, con autonomía, su labor pedagógica y vulnerando la libertad de enseñanza y de aprendizaje, los deseos de los científicos de la Misión de Sabios y los de los docentes están condenados a transformarse en frustración, y los sueños de los educandos no serán más que pesadillas, ocasionadas por los gobernantes que ignoran la realidad del país y de los “ciudadanos del mundo”.

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El celular es un bien cuya tenencia y uso facilita unos fines en los educandos, en sus familiares, acudientes, entre pares, con el conocimiento, en la relación pedagógica y didáctica. Pero además de que los educandos accedan al mencionado bien y hagan uso de este, los docentes vamos más allá y nos preguntamos ´acudiendo a Amartya Sen- por “los funcionamientos alcanzados” y su “transformación en capacidades.” Eso no se lo pregunta el congresista ni los gobernantes, porque la pedagogía no es su dominio y en ese sentido debe dejarse a la comunidad educativa que continúe resolviendo una situación que ha venido encarando, con base en la experiencia y desde su sabiduría, con resultados no tan desfavorables como los que puede traer la prohibición del uso del celular en la escuela, proyecto de ley que va en contravía de los aportes de la humanidad y que no coadyuva con la emancipación sino que la atonta a la escuela, evocando a Ranciére ( 2003).

Ahora bien, los funcionamientos o realizaciones se definen como todo aquello que, en el hecho que nos ocupa, los educandos pueden hacer o Ser con el bien que tienen a su disposición, verbi gracia, el celular. Y ¿qué hacen los estudiantes sino comunicarse, ser felices, bromear, hacer videos, tomar fotos, usar datos, interactuar con el mundo, hablar y escribir, entre otras actividades? Todo esto lo hacen con libertad positiva (libertad para) y negativa (libertad de). Ahí es donde, justamente, entra en juego el desarrollo de capacidades que, según Sen, van ligadas a las posibilidades de Ser y hacer, es decir, a la libertad positiva yendo más allá de una perspectiva centrada en “los bienes y servicios a los cuales las personas acceden y en consecuencias es una perspectiva que sitúa la discusión en otro orden” (Bula, 2002, p. 45).

En el hecho avocado, la discusión se ha puesto en la arena pública desde lo punitivo, no desde lo ético, lo histórico, tampoco desde lo cognitivo, ni lo cultural y menos del orden pedagógico y emocional. Y el debate es desde lo ético en tanto que corresponde a la esfera del ethos escolar y familiar, de la relación entre medios y fines. Es desde lo educativo, dado que el uso de las tecnologías es parte del saber del maestro, de su discurso y de los métodos para enseñar. El celular es otra herramienta para la enseñanza tal como lo han sido, hasta ahora: el libro, el periódico, la radio, la televisión y el computador, la internet, entre otras.

 

El celular, un “bien de mérito”

Los bienes de mérito son aquellos que la gente se merece en razón de su existencia. El celular es un producto del desarrollo cultural, científico, tecnológico, económico, social y en tal sentido hace parte del modus vivendi de adultos, niños y jóvenes, desarrollando lo que Sen denomina “Capacidades básicas” o si se quiere, en términos de la economía neoliberal: competencias. Las Capacidades Básicas, entonces, se pueden definir como la relación entre los bienes y la habilidad de las personas para lograr niveles adecuados de funcionamientos especiales.

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Es, precisamente, en esta relación del celular con la habilidad donde los niños y jóvenes nos llevan una ventaja enorme de la que podemos aprehender al lado de ellos, en cuanto al manejo de la herramienta y en lo afín al uso más racional de la misma. El quid de la cuestión, por lo tanto, no está en prohibir el artefacto sino en que los adultos aprendamos a manejarlo mejor y a que sobre esa base se haga una interacción con los niños y jóvenes, para poner ese bien de la humanidad al servicio de la formación, de la comunicación asertiva -como se dice hoy día- y de las buenas relaciones personales, toda vez que lo que está en escena también es la libertad de Ser y de hacer.

Desde los círculos escolares hay muchas voces de maestros y directivos docentes que le decimos a la sociedad y a los gobernantes: ¡déjenos desempeñar nuestra labor, porque somos nosotros quienes sabemos Qué hacer, Cómo y Para qué hacerlo! ¡No nos resquebrajen mas la escuela con tantas normas que al contextualizar son poco útiles para la formación! Los Manuales de Convivencia están saturados de normas que en ocasiones fomentan la doble moral, por ejemplo: “prohibido fumar en el colegio” y al salir de éste o antes del ingreso el estudiante fuma y la sanción legal no aplica, porque está fuera del modo, del lugar y del tiempo.

Con el celular pasará lo mismo incluso porque algunos padres de familia, por diversos motivos, desautorizarán a los educadores y directivos, permitiéndole a su hijo el uso del celular. O, en su “malicia indígena”, el niño hará todas las triquiñuelas para usarlo a escondidas del profesor, así como algunos consumen los psicoactivos dentro de los planteles, valiéndose de mecanismos imperceptibles para el educador y para sus padres como “el mangazo”, la ingesta por la vía genital, la mezcla en botellas de agua o gaseosa; en fin, son múltiples las estrategias que ingenian los educandos para transgredir las normas.

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De ahí, que lo importante es el acercamiento a ellos para que aprendamos juntos, es despertar la confianza hacia los adultos y establecer acuerdos sobre el uso – en este caso- de la herramienta, para que no caigamos, además de la doble moral en marchitar el Ser y hacer de una generación de relevo que ha nacido con ese chip, que no va a renunciar a él así exista la prohibición -porque “lo prohibido es apetecido”- , y que si la norma lo lograse estaría truncando el desempeño social de unos adultos en potencia que buscan emanciparse de la pobreza material, pero que los legisladores quieren sumirlos en la pobreza cultural y en el analfabetismo tecnológico, al negarles las posibilidades de realización que ofrecen tecnologías de punta como el celular en el proceso educativo.

No hay duda de los beneficios y los daños que produce cualquier herramienta vetusta o de tecnología de punta; pero aducir que la experimentación de algún grado de ansiedad, si el adolesente no sabe lo que ocurre en internet o si se encuentran desconectado, es una enfermedad, no es más que patologizar el comportamiento social y caer en la lógica de la creacción de las denominadas “no enferemdades” (La Rosa, 2009, p. 91). Es confundir síndromes, signos y síntomas con enferemdad. Lo que si está demsotrado es el alto grado de accidentalidad acaecido por el inadecuado uso del celular. El año pasado (2017), en un encuentro de Salud Mental realizado en Bogotá, una funcionaria del Ministerio de Educación Nacional ostentaba la preocupación, de esa entidad, por el alto grado de accidentalidad de sus funcionarios, engendrado por el uso del celular en los pasillos y los espacios de la edificación.

Finalmente, no hay discusión de que los menores no pueden estar expuestos al manejo de herramientas que tienen altos factores de riesgo. Deben contar con factores protectores y los primeros en serlo son sus padres. La familia es responsable de la educación y de la socialización primaria de sus hijos. Hay normas específicas que conminan a los padres a responder por el cuidado y protección de los hijos. La prohibición, en el caso en cuestión, debe hacerse para quienes le han suministrado, a los hijos, la herramienta. Hay que atacar la causas y no los síntomas. “Nos hemos desgastado luchando contra los síntomas mientras las causas se eternizan” decía el autor de: “Por un país al alcance de los niños” (García M., 1995, p. 53). El proyecto intenta atacar los síntomas, en los escolares, de un problema social que afecta a toda la población y que tiene unas causas específicas de las que no se ocupa.

 

Fuentes consultadas

 

Bula, J. (2002). Amartya Sen y la medición del bienestar. Cuadernos de Trabajo, 24.

García M., G. (1995). La proclama, I.

Kundera, M. (2000). La ignorancia. (TusQuets, Ed.). Barcelona.

La Rosa, E. (2009). La fabricación de nuevas patologías. (Supergráfica, Ed.). Lima.

Llinás, R. (1995). Colombia al filo de la oportunidad. (P. de la R.- Colciencias, Ed.). Bogotá DC.

Rancière, J. (2003). El maestro ignorante. Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual. (Laertes, Ed.). Barcelona.